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Sin tornillos no habría automóviles
Tornillos

Se calcula que entre los componentes de un carro puede haber unos 3.500 que son tuercas y tornillos.

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Sin tornillos no habría automóviles

Casi el 10 por ciento de las más de 30.000 piezas de un automóvil mediano son tuercas y tornillos.

Sin aire no funcionan los motores de combustión, sin ruedas no avanzarían los carros. Sin hierro, acero, cobre, bronce, titanio, aluminio, plásticos, arena, caucho, fibras y muchos más elementos con los cuales se fabrican las cerca de 30.000 piezas que hay en un automóvil mediano, de nada servirían sin algunos geniales compañeros que las mantienen unidas y funcionales: las tuercas y los tornillos.

Se dice que, sumando todas las variedades y tipos de estos esenciales componentes, la lista podría ser de unas 3.500 unidades, es decir que el 10 por ciento de la cantidad bruta de la lista de las partes de un carro son las tuercas y los tornillos que permiten construirlo.

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Por supuesto, hoy todos nos remitimos a Wikipedia para escarbar datos y en esa enorme nube del conocimiento encontramos no solo la historia del tornillo, sino también algunas estadísticas simpáticas. Por ejemplo, un teléfono portátil puede tener hasta 75 tornillitos, pero un avión necesita más de un millón y medio, y estas cifras son necesariamente inexactas pero a la vez reflejan la indispensabilidad de los tornillos. Porque llevando la reflexión a un punto extremo, supongamos que se podría pegar, soldar, fusionar o de alguna manera unir todo el andamiaje mecánico de un carro, pero luego sería imposible desarmarlo y, mucho más, repararlo.

La historia es igualmente inexacta. Reporta que en el año 400 antes de Cristo usaban tornillos para mover agua, prensas para las uvas (el vino ya era esencial), pero se tienen mejores datos de los últimos 400 años, cuando en realidad aparece el tornillo, con una incógnita tan indescifrable como la de la primacía entre el huevo y la gallina.

Porque, aunque hay la certeza de que los tallaban a mano o soldaban hilos de alambre en una varilla, o los formaban en las forjas, en la realidad se asocia su nacimiento y producción en alguna escala con el uso de un torno, pero este a su vez necesita tornillos para funcionar.

Le asignan a Da Vinci, como tantas otras genialidades, diseños para máquinas que podían cortar las roscas de los tornillos, y está claro que a mediados del siglo XV, Guttenberg, en su prensa para imprimir documentos, usaba tornillos. Pero el primer paso industrial y conocido lo dio el matemático francés Jacques Besson, en 1568, quien desarrolló una máquina para hacerlos en serie y exactos, que es la precursora del torno.

Hasta ahí los anales. Pero ni las medidas ni los diseños podían ser el capricho de cada artesano y con el desarrollo del torno se llegó a una primera estandarización de las medidas en 1841, que fueron propuestas por el inglés Joseph Whitworth.

Estas se usaron masivamente en los autos y máquinas de ese país, pero de estas se apartaron luego los formuladores de la ingeniería mecánica, que definieron las reglas de los tornillos y tuercas en cuanto a los ángulos de las roscas, la profundidad, sus bordes, cantidad en una distancia y proporciones en el grueso de la pieza. Es lo que conocemos como norma ISO, pero esta apenas se universalizó en ¡1964!

En estos países y muchos más donde la influencia de la maquinaria de Estados Unidos es muy marcada, nacimos y convivimos con las tuercas y los tornillos hechos con el patrón de las pulgadas

Los tornillos Whitworth fueron un dolor de cabeza mundial para los talleres que se ocupaban de los carros ingleses cuando había que arreglarlos en otros territorios pues, además, requerían herramientas diferentes ya que las dimensiones de las cabezas de los tornillos y las tuercas eran distintas y los tornos no tenían los pasos para repararlos o fabricarlos. En Colombia lo sufrimos con los MG y otras aves de ese tipo de vuelo británico, pues acá imperaban solo las medidas americanas y eran raras las métricas.

El sistema universal es el métrico, o milimétrico como acá lo digerimos, pero en estos países y muchos más donde la influencia de la maquinaria de Estados Unidos es muy marcada, nacimos y convivimos con las tuercas y los tornillos hechos con el patrón de las pulgadas. Inclusive, en el argot, es más popular oír “páseme la tres octavos o la nueva diez y seis” que una “diez o una catorce”. En materia de llaves y copas para ajustar o aflojar los tornillos, hay una equivalencia muy cercana y más compatible que en las roscas, que permite usar –aunque no se ajuste al rigor de la mecánica– muchas llaves de una familia en las cabezas de la otra, con algunas excepciones. Por ejemplo, una llave de 10 milímetros no mueve una tornillería 3/8.

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La cohabitación de pulgadas y centímetros sigue vigente en Colombia, aunque la tendencia es ir con todo a lo métrico, pues con ese patrón llegan todos los vehículos presentes.

Sin embargo, en la aviación el cambio del ambiente de medidas a raíz de la norma ISO, más allá del de los tornillos, donde todo ha sido manejado en pies, galones, pintas millas y libras, fue caótico y fracasó porque el patrón mundial de los aires ya estaba escrito en el lenguaje de los Estados Unidos (hay millas, galones y otras medidas inglesas revueltas). Son conocidos muchos incidentes de malas lecturas y conversiones de los pilotos que derivaron en tanques secos en pleno vuelo. A fin de cuentas, el mundo está repartido: en tierra seremos métricos y en el aire, americanos.

Los tornillos tienen muchas especificaciones según su uso. Hay formas de las cabezas, paso de las roscas, materiales según la tensión que van a soportar, perfil y cantidades de los hilos de las roscas, y para usar el correcto ya se requiere dar una leída más exacta a la parte de los grados de resistencia (torque al cual se les puede apretar) que no es del caso en este ya extenso texto.

Los tornillos o tuercas se dañan cuando son mal manipulados. La rosca ‘robada’ es un mal recurrente. Su arreglo evidente es cambiarlos por nuevos de la especificación correspondiente, pero como no siempre trabajan en pareja, es decir, aprietan sobre otros materiales y piezas sin tuercas, estas a veces se dañan.

La reparación, cuando se puede, es pasar el orificio a la medida siguiente de tornillo que exista, pero hay casos donde no hay material y se utilizan insertos de alambres de acero que se colocan en la rosca dañada y la restauran. Por ejemplo, la rosca para las bujías en una culata o cuando hay ajustes fuertes de los tornillos de acero en piezas blandas de aluminio o parecidas.

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Si anda por fuera del país y necesita icopor, pida poliestireno, y si busca tornillos de cabeza hueca y sus llaves, solicite Allen

Así como tenemos nombres de productos nacidos de un logotipo comercial, como es el caso del Icopor, también con los tornillos tenemos nuestro propio lenguaje. Tal es el caso de los Bristol, que técnicamente no existen en ninguna parte del mundo. Se llaman Allen, así como las llaves para girarlos, y según he podido averiguar, acá se les dio ese nombre porque la primera fábrica que hubo en el país se llamaba Bristol y eso les dio el nombre genérico, como pasó durante muchos años cuando a todos los camperos les decíamos jeeps.

Por ello, si anda por fuera del país y necesita icopor, pida poliestireno, y si busca tornillos de cabeza hueca y sus llaves, solicite Allen.

Finalmente, en este ya largo paso de caracteres, algunas precisiones, asumiendo que quedó claro lo de milimétrico o americano.

Enseguida, es frecuente oír de rosca fina u ordinaria. Esto se aplica de manera más amplia a los tornillos ‘americanos’, que tienen más hilos en una distancia del cuerpo o estos van más abiertos y distanciados cuando se trata de los ordinarios.
Los métricos también tienen esas diferencias, pero usan un lenguaje más pulido para diferenciarse. Por ejemplo, 8 × 1,25 quiere decir que el tornillo es de 8 milímetros de grueso y los hilos van espaciados en 1,25 milímetros. Lo hay también 8 × 1,0, por ejemplo, más apretado.

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Para piezas que requieren mucho ajuste se usan pasos finos, ya que habrá más hilos para manejar la carga, pero es indiferente su labor si lo tallan en pulgadas o milímetros.

Fue entretenido averiguar todo esto y tal vez reseñar la importancia del invento del tornillo, sin el cual la mecánica no existiría. Ni tampoco miles y miles de elementos de nuestra vida diaria que no necesariamente son del mundo automotor, como por ejemplo la funcionalidad de una puerta. Si tuvo la paciencia de leer todo esto, es probable que la silla en la cual lo hizo tenga varios tornillos (los de madera son especiales también) o si fue en la cama, la tranquilidad de su sitio de descanso muy probablemente está garantizada por el fiel servicio de la tornillería.

JOSÉ CLOPATOFSKY
DIRECTOR REVISTA MOTOR

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