¿Cómo meterse en la fila de los países que adquirirán la vacuna?

¿Cómo meterse en la fila de los países que adquirirán la vacuna?

La presión para que Colombia asegure un número mayor de vacunas contra el covid-19 aumenta.

Vacunas en adultos

Organizar un plan de vacunación masivo y de largo aliento, que se extienda durante dos o tres años, es una tarea monumental.

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123RF

Por: Ricardo Ávila Pinto - Analista Sénior
06 de diciembre 2020 , 01:57 a. m.

La primera reunión tuvo lugar el 30 de junio pasado. Fue en aquella ocasión que los representantes del alto Gobierno, encabezados por Iván Duque, asistieron virtualmente a una cita programada con directivos de la multinacional Pfizer para hablar de varios temas, incluyendo uno que suscitaba el máximo interés: la vacuna para controlar la pandemia derivada del covid-19.

Si bien en la charla se habló más de generalidades que de puntos específicos, podría decirse que ese fue el momento en el cual Colombia comenzó el proceso de acercamientos con compañías privadas, orientado a adquirir dosis de un remedio eventual. Para entonces ya era claro que había arrancado una carrera entre diversos países con el fin de asegurarse un lugar de privilegio en el orden de distribución de las fórmulas que resultaran exitosas.

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Y la manera de ubicarse bien en la fila no fue otra que girar grandes sumas de dinero para garantizar la financiación de las pruebas masivas de diferentes compuestos y la construcción de fábricas. El riesgo de perder miles de millones de dólares en la apuesta existía, pero la recompensa potencial también era clara.

Cinco meses después, los dividendos están a punto de ser distribuidos. Tras los reportes según los cuales tres vacunas mostraron un elevado nivel de efectividad en la generación de anticuerpos que previenen la enfermedad –que ha dejado más de un millón y medio de muertes a lo largo y ancho del planeta– las inoculaciones masivas comenzarán muy pronto.

Una larga lista

Así ocurrirá en el Reino Unido, cuyas autoridades le dieron luz verde a la receta desarrollada por Pfizer y BioNtech. El jueves que viene será el turno de EE. UU., que aprobaría no solo el biológico elaborado por ese consorcio sino la de Moderna, un nuevo jugador en este campo.

A finales de diciembre está previsto que la Unión Europea haga lo propio, al tiempo que otras naciones usarán los permisos que se otorguen en el hemisferio norte como referencia para que sus respectivos sistemas sanitarios comiencen a inyectar a sus ciudadanos. En enero vendrá otra ronda de exámenes cuando AztraZeneca y la Universidad de Oxford sometan su invención al mismo trámite, una vez completen la documentación exigida.

El ciclo se repetirá varias veces más. Al fin y al cabo, hay otras 10 preparaciones que están en la última fase de pruebas y 48 adicionales en una etapa más temprana. Aunque muchas se quedarán a medio camino, es factible que el grupo de vacunas que funcione sea amplio pues aparte de las farmacéuticas más poderosas, Rusia, China e India también están en la competencia.

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Bajo esa perspectiva, la pesadilla está a punto de terminar. Más allá de que la segunda ola de la enfermedad esté cobrando un número récord de vidas al día y que en varias latitudes se haya vuelto a los confinamientos masivos para aminorar los contagios, la ciencia respondió con particular rapidez a la peor crisis de salud mundial en los últimos cien años.

Sin embargo, una cosa es ver la señal de salida en la distancia y otra dejar la amenaza atrás. Lo que viene ahora trae inmensas complejidades que comienzan por asegurar el suministro para proteger, al menos, a los grupos de mayor riesgo: aquellos que están en la "línea de fuego", como es el caso de médicos, enfermeras y personal hospitalario, al igual que los mayores de edad o las personas con comorbilidades, cuyas tasas de mortalidad son más altas.

Esa urgencia es compartida en todas las latitudes. Lamentablemente, aquí aparecen las inequidades conocidas. Aparte de que los países ricos recibirán los pedidos grandes primero que los demás, son notorios los casos de los que precompraron mucho más de lo que necesitan.

Por ejemplo, Canadá podría vacunar cinco veces a cada uno de sus ciudadanos; Estados Unidos y el Reino Unido, tres veces, mientras que la Unión Europea lo haría una vez y media. Es de suponer que cada uno acabará liberando o cediendo cupos; pero, por ahora, hay una especie de acaparamiento que le hace daño al resto.

Dicha circunstancia llevará a que los 1.300 millones de personas que habitan en el mundo desarrollado serán vacunados en su totalidad mucho antes que los 6.500 millones que viven en el resto del planeta. Así el número de compuestos que funcione sea grande, solo hasta 2023 sería posible inyectar al menos al 70 por ciento de la humanidad, el nivel necesario para alcanzar la anhelada inmunidad de rebaño.

Además, existe una situación indeseable en la cual la demanda supera con creces a la oferta inmediata y los vendedores son los que imponen las reglas. La firma de contratos de confidencialidad es una exigencia y las cláusulas acordadas entre compañías y países se mantienen en secreto. Nadie sabe a ciencia cierta si pagó más que su vecino o qué condiciones particulares le tocó aceptar.

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Por aquí no escampa

Colombia no es ajena a esa realidad. Desde el inicio del segundo semestre diferentes empresas tocaron las puertas del Gobierno con la promesa de hacer despachos si su fórmula funcionaba, pero con la advertencia de que el dinero se perdería en caso de que no funcionara. Moderna, para citar un caso concreto, pidió 37 dólares por dosis sin ninguna garantía a cambio.

Aunque otras capitales tomaron el riesgo, los obstáculos aquí eran grandes. Dado que se trata de dineros públicos, cualquier descalabro daría lugar a la declaratoria de detrimento patrimonial que obliga al funcionario de turno a responder con sus bienes.

En respuesta, hacia julio y agosto el sector privado nacional trató de sacar adelante un esquema consistente en asumir ese costo en caso de que una vacuna determinada no diera resultados en los ensayos. La iniciativa ganó adeptos y se llegó a hablar de respaldar la compra de 30 millones de dosis.

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No obstante, con el correr de las semanas tomó fuerza la entrada del país a la iniciativa Covax, que hoy congrega a 188 Estados y territorios en los cinco continentes. El propósito del esquema, que cuenta con la activa participación de las Naciones Unidas y el respaldo entusiasta de Bill Gates, es centralizar las adquisiciones para evitar los abusos de los fabricantes de vacunas.

Eventualmente, el mecanismo servirá para ordenar el mercado y asignar de manera equitativa tanto el inventario de dosis como los flujos de producción futura. No menos importante es que el precio debería acercarse a unos pocos dólares por inyección, lo cual hará más manejable el esfuerzo financiero en estos tiempos de estrechez.

Como bajo este modelo el peligro de pérdidas patrimoniales desaparece, la coalición de empresarios consideró que su labor no era necesaria y así se lo informó a la Casa de Nariño a comienzos de septiembre. Tres semanas después, el 22 de ese mes, Colombia suscribió el acuerdo formal para adherirse a Covax.

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Irse por ese camino tiene el inconveniente de que las vacunas no llegarán tan rápido. Por ese motivo se reactivaron las negociaciones con multinacionales del sector para tener una disponibilidad complementaria más inmediata e inmunizar a diferentes segmentos de la población.

Aunque los criterios precisos no se conocen, la lista la encabezarían los trabajadores de la salud y los equipos que responden a las emergencias, que son algo más de 800.000 a lo largo y ancho del territorio nacional. Acto seguido estarían los mayores de 65 años que suman unos 4,5 millones de personas y si a la cuenta se le suman quienes tienen comorbilidades, el total ascendería a unos 14 millones.

Tal como están las cosas, es altamente improbable cubrir a ese conjunto de individuos en 2021. Si bien sobre el papel la capacidad conjunta de Pfizer, Moderna y AstraZeneca daría para unos 5.000 millones de dosis el año que viene, cuando se resta lo que le corresponde al hemisferio norte o los grandes productores como la India, queda un saldo mucho menor para el grupo en el que está Colombia.

El cálculo realista es que unos cinco millones de colombianos serían inoculados el próximo año, al sumar lo que venga de Covax y de acuerdos con las compañías que ya tuvieron éxito. La cifra subiría si otras se suman a esa lista.

Saber aguantar

Ante semejante perspectiva, especialistas como Claudia Vaca, de la Universidad Nacional, señalan que es mejor esperar un poco. “Estoy segura de que a finales de febrero vamos a tener un portafolio de vacunas mucho más amplio y podríamos lograr lo mismo de ahora, pero sin someternos a algo que se asemeja a una extorsión”, afirma.

Para la experta, es cuestionable la falta de transparencia de lo que se está discutiendo, aparte de la indemnidad que se les da a los fabricantes en el proyecto de ley que aprobó el Congreso esta semana. Como si lo anterior fuera poco, las cláusulas de los contratos aplicarían la ley del estado de Nueva York y queda la posibilidad de que la Nación sea demandada en caso de que las cosas salgan mal.

A su vez, la comunidad médica ha expresado preocupación porque el seguimiento de los vacunados, que debería ser un proceso juicioso y de varios años, no quedaría en cabeza del Invima sino del Instituto de Evaluación de Tecnologías. “Esa entidad está cruda para hacer el oficio”, sostuvo un conocedor del asunto.

El dilema no es tan sencillo, porque sectores de la opinión comienzan a levantar su voz al señalar que en América Latina otros están por delante de Colombia. México, Brasil, Argentina, Chile o Costa Rica cuentan con fábricas o acuerdos de suministro ya firmados, que les permitirán comenzar con programas de vacunación pronto, así sean de tamaño modesto.

Aguantar la presión no será fácil, entre otros motivos, por las derivaciones políticas que puede tener una demora. Debido a ello el desafío de los funcionarios encargados es cerrar un pacto aceptable, lo que implica no ceder a principios mínimos de soberanía o incubar futuros dolores de cabeza.

Los retos no terminan ahí. Organizar un plan de vacunación masivo y de largo aliento que se extenderá durante dos o tres años es una tarea monumental, así el país sea un modelo regional por cuenta del Programa Ampliado de Inmunizaciones que inocula a unos ocho millones de niños y jóvenes al año.

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Y es que la logística requerida para distribuir hasta un centenar de millones de dosis es compleja y más si Colombia opta por vacunas como las de Pfizer o Moderna, que exigen temperaturas de 70 o 20 grados centígrados bajo cero para no perder sus propiedades. Desarrollar una cadena de frío confiable es algo que requiere de mucho trabajo y rigor, aparte de un entrenamiento intenso para los encargados de la parte operativa.

Todo lo anterior sugiere que en lugar de lamentarse por lo que pudo ser y no fue, ahora lo que procede es alistarse para lo que viene. De tal manera, no solo los criterios para la aplicación de las dosis deben ser estrictos con el fin de evitar favoritismos o desviaciones, sino que la transparencia es indispensable.

Adicionalmente, sería ideal una gerencia dedicada a esta labor, que se nutra de la experiencia del Ministerio de Salud, pero con un margen de acción mayor y una buena dosis de autonomía. El riesgo de que pase algo parecido al avance a medias de la estrategia de seguimiento de aislamiento de casos positivos conocida como PRASS, es grande.

Saber asignar responsabilidades es clave, entre otros motivos porque la pandemia sigue su marcha. Incluso en aquellas naciones en donde la vacunación va a ser más temprana se enfrentan a un número significativo de enfermos y fallecidos de más, por la sencilla razón de que el virus se mueve más rápido que el remedio.

Eventualmente, esas dos velocidades se invertirán, pero esto no va a pasar en el corto plazo. De manera que habrá que atender frentes de batalla simultáneos en forma eficiente y evitar cometer errores por apresuramiento o por falta de preparación.No se trata, en últimas, de quedarse de últimos en la fila sino de saber cuándo meterse en ella. Solo así se podrán minimizar las pérdidas ante un enemigo que todavía está lejos de comenzar la retirada.

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Por: Ricardo Ávila Pinto
Analista Sénior - Especial para El Tiempo
En Twitter: @Ravilapinto

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