La revolución sénior: una próxima batalla inclusiva

La revolución sénior: una próxima batalla inclusiva

Es la última discriminación ‘socialmente aceptada’ ya que aún hay poca conciencia y mucho prejuicio.

Empleados sénior

Juan Oliveira, de 71 años, es programador. Un trabajo en el que la gran mayoría de los empleados son jóvenes. Sin embargo, él marca la diferencia entre sus compañeros.

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Juan Pablo González Soler / La Nación (Argentina)

Por: Sebastián Campanario - La Nación (Argentina) - GDA
07 de enero 2019 , 04:41 p.m.

No le digan a Julio Oliveira, un programador de 71 años, que la vida que lleva “está muy bien para su edad”, porque lo más probable es que este comentario le parezca un sinsentido. “No me imagino haciendo otra cosa; me aburro en casa, y la mayoría de mis amigos, algunos mayores que yo, siguen trabajando como siempre”, explica. Oliveira estudia dos horas todas las mañanas, para mantenerse actualizado, y se anotó en un seminario de otro lenguaje de computación.

Entre actividades en la universidad, en empresas y en organizaciones sociales, la agenda de Mercedes Jones, socióloga de 71, no es menos intensa. Jones estudia cómo la sociedad moderna estigmatiza, con valores sumamente negativos, a la gente adulta. Comenzó a interesarse por esta agenda en los últimos años de su madre, que falleció a los 96. “Veía cómo la acompañaba a un banco y me hablaban a mí, o cómo se dirigían a ella como si fuera un bebé, cuestiones que si uno lo piensa son sumamente ofensivas –cuenta–. Tenemos en Argentina un paradigma de la vejez que atrasa siglos, lleno de falsos conceptos, y se trata de la última discriminación ‘socialmente aceptada’ porque, al contrario de otras batallas inclusivas como la de género, aún hay poca conciencia sobre este tema”. Ni siquiera, agrega Jones, reconocen el problema las propias personas adultas, las víctimas excluidas: tan profundo caló este estilo de pensamiento que se conoce como viejismo o edadismo (la discriminación por edad).

En Colombia, según proyecciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), los datos recolectados en el censo 2018 revelan que el índice de envejecimiento es del 46 %, es decir que por cada 100 jóvenes menores de 15 años hay 46 personas adultas mayores. Además, según un artículo del Instituto Rosarista para el Estudio del Envejecimiento y la Longevidad, el World Population Prospects the 2017 Revision estima que el número de personas mayores de 60 años en 2017, que era de 962 millones, para el 2050 se duplicará (2,1 billones) y para el 2100 se triplicará (3,1 billones); “de ahí que la población de la tercera edad esté creciendo más rápido que el resto de grupos poblacionales más jóvenes”, dice el texto. Y es que mientras que los avances medicinales están ampliando la posibilidad de vivir más décadas en condiciones saludables, las empresas y el Estado, por una cuestión de costos y de prejuicios, multiplican sus barreras de discriminación para mayores de 50. Según un trabajo de la consultora Candexar, en Argentina, a nivel local más de ocho de cada diez búsquedas laborales excluyen explícitamente a los mayores de 45 años.

Para el economista estadounidense Tyler Cowen, el desafío y el potencial de los trabajadores adultos es un fenómeno macroeconómico mucho más relevante que el eventual reemplazo de empleados por robots, un escenario con más prensa y repercusión en el debate público. En EE. UU. se están multiplicando las acciones de clase (juicios encarados por miles de damnificados) contra empresas de primera línea (como IBM o Intel) por despidos masivos de empleados que en promedio tienen más años que los de planta que conservan sus puestos.

Mientras que los avances medicinales están ampliando la posibilidad de vivir más décadas en condiciones saludables, las empresas multiplican sus barreras de discriminación para mayores de 50

Pero el edadismo no se limita al mercado laboral, también abarca un abanico de flancos que van desde los concursos y las notas sobre 30 innovadores sub-30 (y ninguna de 50 pos-50), el discurso estereotipado de los medios sobre los abuelos y abuelas y la falta de experiencia (global) en políticas públicas para apoyar y reconvertir a trabajadores de mediana edad, señala el economista del Banco Mundial Rafael Rofman. Todo con un agravante: la conversación sobre creatividad y emprendimiento también tiene un punto ciego cuando se trata de entender y hablarles a los mayores de 50. El campo de la innovación, supuestamente el motor de la nueva economía, está entre las áreas que más discriminan por edad.

Inés Castro Almeyra, que viene investigando el universo sénior y dirige la plataforma NAU Experiencias Compartidas, sobre esta temática, señala que en Argentina hay seis millones de mayores de 60 años (en Colombia son cinco millones y medio) que no responden a un perfil típico, sino que existe una enorme diversidad de trayectorias de vida y capacidades. Este es un primer foco de prejuicios: en el imaginario común, un adulto de 90 es muy similar a uno de 70, algo tan absurdo como pensar que un chico de 10 es igual a alguien de 30, o una de 20 a una de 40. Y mientras que la vejez se asocia a valores negativos como la enfermedad o la dependencia, más del 70 % de los mayores de 60 son autoválidos. Se los considera en retirada, cuando la mitad de ellos remarca que quiere dar, aportar, participar, y mencionan las pocas oportunidades que se les da en este sentido. El prejuicio indica también que los abuelos son más felices si viven rodeados de sus nietos. Otra mentira: los peores niveles de satisfacción se dan en hogares multigeneracionales, y las mejores condiciones cuando viven con un coetáneo. Tampoco es cierto que tiendan a organizar programas con gente de su edad: más del 85 % no participa de clubes ni de centros de jubilados.

La denominada economía de la felicidad demostró que el ciclo de vida del bienestar emocional tiene forma de U: es elevado en la juventud, alcanza su punto más bajo entre los 35 y 50 años (depende del país) y luego vuelve a subir. Los mayores de 50 no solo son más felices que en décadas anteriores, sino que además tienen un mayor poder adquisitivo, ya sin gastos en hijos.

La era de los ‘perennials’

“Los datos son abrumadores acerca de la influencia que están teniendo los mayores de 50 años en todo el mundo; es la gente que más dinero ha acumulado en la historia de la humanidad –cuenta Vega Olmos–. Se estima que manejan 15.000 millones de dólares, están dispuestos a usarlos y nadie les ofrece nada. Salvo jugar al golf, hacer cruceros con camisas hawaianas y tragos tropicales con pajitas-palmerita”.

El creativo cree que las marcas deberían empezar a cultivar un ‘marketing’ de la diversidad, en donde ya el género, la edad o el color de piel no definen a nadie, sino su actitud. Más que en los ‘millennials’ o los ‘centennials’, las compañías deberían empezar a hacer foco en los ‘perennials’, dice Vega Olmos.

Recientemente, el creativo Robert Hoffman, editor del blog The Ad Contrarian, contó que mientras que en EE. UU. un 42 % de la población tiene más de 50 años, en las agencias de ‘marketing’ el porcentaje baja al 6 %, y es cercano al 0 % dentro de los equipos creativos.

“La realidad es que hay muy poca creatividad e innovación para el desarrollo de productos y de servicios para séniores, salvo en el sector médico-terapéutico”, agrega Castro Almeyra. Las sociedades latinas valoran envejecer en su casa, y hay escasa oferta de dispositivos dedicados a mejorar la calidad de vida de este segmento (por ejemplo, muebles de cocina diseñados para evitar agacharse demasiado o subirse a algo para acceder). “Hay creativos que sostienen que si el diseño funciona para la capa adulta, funciona para todos. Y con esa lógica se podrían diseñar ciudades. Hay muchas cosas pensadas para adultos que también sirven para niños, embarazadas o personas con discapacidad. No quiero decir que las necesidades sean las mismas, pero hay cuestiones que pueden cubrir muchos grupos sociales si se encaran desde una perspectiva sénior: transporte, accesibilidad, espacios verdes, tecnología, etcétera, completa la titular de NAU.

En EE. UU. se espera que la cantidad de adultos mayores se duplique para 2050: es por lejos el nicho etario de mayor crecimiento. Este mercado, tradicionalmente desatendido, “está promoviendo una suerte de nueva fiebre del oro –analiza Daniel Silverman, experto en comercio electrónico de la firma Clavis Insight–, ya sea una fábrica de secadores de pelo o una empresa de telefonía, todos están pensando cómo satisfacer las demandas de una población de mayor edad”. Desde Best Buy, que compró recientemente GreatCall, una empresa que vende teléfonos amigables con los mayores de 50 (con pantallas y teclas más grandes), en 800 millones de dólares, hasta Gillette, que lanzó una línea de afeitadoras para pieles mucho más sensibles y que permiten que un tercero ayude con la afeitada.

Discriminación por dos

En conversación desde Londres, la creativa inglesa Cindy Gallop, una referente en denunciar el sexismo y el edadismo del sector publicitario, cree que hay que fomentar una agenda de diversidad en paralelo en todas sus dimensiones: género, raza, discapacidad, edad, preferencias sexuales, etcétera. “Ninguna de estas dimensiones se puede tratar en silo; todas existen en relación a las otras, y debemos atacarlas en simultáneo”.

Gallop remarca que las mujeres de más de 50 sufren doble discriminación, por edad y género, “y las mujeres adultas negras pueden agregar el racismo al coctel”. La creativa cree que las marcas se pierden una fuente de ideas cuando incurren en estos “puntos ciegos” en su comunicación por prejuicios. “Hay pocas personas mejor entrenadas para idear estrategias creativas y de la nada que madres con hijos pequeños, que tienen que convencer a seres irracionales de que hagan cosas que no quieren hacer todo el tiempo”, ejemplifica.

Los prejuicios asociados a la edad castigan más a mujeres que hombres, indica Gallop. En una reciente columna en ‘The New York Times’, Margaret Renkl escribe sobre el regalo de la menopausia: cómo las mujeres adultas se van volviendo invisibles a nivel social. No sucede exactamente lo mismo con los hombres, que luego de los 50 pueden adquirir perfil de hombres de Estado o CEO. En publicidad, George Clooney (57) y otros actores de más de 50 son la cara de marcas reconocidas. En cambio, entre las mujeres adultas los casos son más excepcionales, explica la estratega de marcas de Havas Julia Kaiser. “No podemos seguir haciendo campañas donde nos sorprendemos de que una abuela sabe usar internet, cuando a los 72 Susan Sarandon es arrestada en una protesta contra las políticas migratorias de Donald Trump y Marta Minujín inaugura una muestra de pintura erótica a sus 75”.

Los datos son abrumadores acerca de la influencia que están teniendo los mayores de 50 años en todo el mundo; es la gente que más dinero ha acumulado en la historia de la humanidad

Entonces, ¿qué hacer?

Por lo pronto, enriquecer esta conversación lleva a visibilizar el problema. “Francia fue un país que de antemano previó que su población iba a envejecer antes que las de otras naciones de Europa, y dio la discusión a tiempo”, señala la socióloga Mercedes Jones; “hay mucho para aprender de ellos”. Y, por supuesto, aprender de Oriente, que respeta a las personas adultas: el edadismo es un problema más grave en Occidente. Habrá que debatir nuevas políticas públicas para cuando se agote el bono demográfico, el momento en el que la población que trabaja pasa a ser menor que la dependiente. Esto ocurrirá a principios de la década de 2030, según el cálculo del economista experto en demografía José Fanelli. A nivel corporativo, fomentar los equipos intergeneracionales y más porosidad para tomar empleados de más de 50. Y en el discurso público, dejar de aludir a la edad avanzada con tono negativo y vergonzante.

SEBASTIÁN CAMPANARIO
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @LANACION

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