¿Qué causará la próxima recesión en Estados Unidos?

¿Qué causará la próxima recesión en Estados Unidos?

La culpable, probablemente, sea una repentina y marcada reacción de ‘huida a la seguridad’.

Recesión en Estados Unidos

Por primera vez en una década, los estadounidenses y los inversionistas no pueden descartar que se produzca una desaceleración.

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Beawiharta / Reuters

Por: J. Bradford Delong - Project Syndicate
02 de febrero 2019 , 09:16 p.m.

En los últimos 40 años, la economía estadounidense ha pasado por cuatro recesiones, de las cuales solo la prolongada desaceleración de 1979-1982 tuvo una causa convencional. La Reserva Federal pensó que la inflación era demasiado alta, así que noqueó la economía al aumentar las tasas de interés.

Las otras tres recesiones fueron causadas por fuertes alteraciones en los mercados financieros. Tras la crisis de ahorros y préstamos de 1991-1992 estalló la burbuja de las puntocom en 2000-2002, seguida del colapso del mercado secundario de hipotecas en 2007, que generó la crisis financiera global del año siguiente.

A principios de este año, las expectativas inflacionarias parecen estar bastante firmes en un 2 por ciento anual, y la curva de Phillips (que refleja la relación entre desempleo e inflación) permanece inusualmente plana. Los excesos o deficiencias de producción y empleo con respecto al producto potencial o las tendencias de las tasas naturales no han tenido un efecto significativo sobre los precios y los salarios.

Al mismo tiempo, la brecha entre las tasas de interés de corto y largo plazo sobre los activos seguros, representada por la llamada ‘curva de rendimiento’, es inusualmente pequeña.

Como regla de oro, se considera que una curva de rendimiento invertida, es decir, cuando los rendimientos de bonos de largo plazo son menores que los de los bonos de corto plazo, es un fuerte predictor de una recesión. Más aún, tras la reciente agitación del mercado de valores, las predicciones basadas en la relación de precio-beneficio ajustadas cíclicamente (Cape, por sus siglas en inglés), de John Campbell y Robert J. Shiller, pusieron las utilidades de los valores de ‘comprar y mantener’ a largo plazo en cerca de un 4% anual, lo que sigue siendo más alto que el promedio de las últimas cuatro décadas.

Tras la crisis de ahorros y préstamos de 1991-1992 estalló la burbuja de las puntocom en 2000-2002

‘Huir hacia la seguridad’

Estos indicadores copan la atención de los inversionistas, que valoran cómo y cuándo apostar contra la próxima recesión. Y se puede inferir del panorama macroeconómico actual que esta no se deberá a un abrupto cambio de actitud de la Fed, desde una política de estímulo al crecimiento a una de lucha contra la inflación, puesto que es probable que las presiones inflacionarias no se acumulen demasiado a lo largo de la próxima década.

La culpable, probablemente, sea una repentina y marcada reacción de ‘huida a la seguridad’
tras la revelación de una debilidad fundamental en los mercados financieros. Después de todo, ese es un patrón que ha generado desaceleraciones, al menos desde 1825, cuando colapsó el boom de las acciones de los canales en Inglaterra.

No es necesario decir que no es posible predecir el carácter y la forma específicas de la próxima crisis financiera. Los inversionistas, los especuladores y las instituciones financieras buscan por lo general protegerse de las crisis previsibles, pero siempre habrá otras contingencias que no se podrán tener en cuenta. Por ejemplo, el golpe de gracia a la economía global en 2008-2009 vino no del colapso de la burbuja inmobiliaria de mediados de la década de los 2000, sino de la concentración de la propiedad de los valores respaldados por hipotecas (débiles).

En cualquier caso, la actual curva de rendimiento casi invertida, los bajos rendimientos de los bonos nominales y reales, y los valores de las acciones sugieren que los mercados financieros estadounidenses han comenzado a considerar en sus precios la probabilidad de una recesión. Y todo lo que ahora se necesitará para desatar una recesión es un acontecimiento que genere una retirada del gasto de inversión.

Si llega a ocurrir una recesión, el gobierno estadounidense no dispondrá de las herramientas para combatirla. Una vez más, la Casa Blanca y el Congreso demostrarán su ineptitud para utilizar la política fiscal como estabilizador anticíclico. Ni la Fed tendrá margen suficiente para proporcionar un estímulo adecuado mediante recortes a la tasa de interés.

Por primera vez en una década, los estadounidenses y los inversionistas no pueden descartar que se produzca una desaceleración. Y también deberían prepararse para la posibilidad de una recesión profunda y prolongada que podría llegar cuando sea que venga el próximo desastre financiero.

J. BRADFORD DELONG*
© Project Syndicate
* Profesor de Economía en Berkeley. Fue asesor del secretario del Tesoro de EE. UU. en la administración Clinton.

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