¿Por qué la economía del cuidado será la profesión del futuro?

¿Por qué la economía del cuidado será la profesión del futuro?

La exministra Cecilia López asegura que aumentará la demanda de servicios en el país.

Cecilia López

López logró sacar en el Congreso la Ley 1413 en el 2010, pero no se aplica. Vale casi 20 % del producto interno bruto.

Foto:

Claudia Rubio. Archivo EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
09 de febrero 2020 , 08:25 p.m.

En entrevista, la exministra Cecilia López asegura que al ingresar más y más mujeres al mercado laboral y estar envejeciendo el país, aumentará la demanda de servicios.

¿Minimizo el tema si le pregunto: lo que busca con su nueva controversia es que se remunere la ‘profesión hogar’?

Más que sobre la profesión hogar, quiero hablarle de un sector que se llama ‘cuidado’. El cuidado son todas aquellas cosas que hacen la vida posible a la gente: comer a la hora que toca, tener una casa limpia, la ropa lavada, etcétera. Resulta que eso todo el mundo lo necesita, y todo el mundo lo da por sentado porque históricamente eso lo hicieron las mujeres en su casa, sin que eso trajera mayores preocupaciones.

¿Y por qué nos tenemos que preocupar ahora?

Porque la vida ha cambiado. Porque las mujeres se educaron y muchas de ellas necesitan o quieren salir a trabajar, pero no hay nadie, sobre todo en los niveles más bajos en América Latina, que preste ese servicio. La gente que tiene ciertos ingresos cuenta con servicio doméstico. Pero las mujeres que no cuentan con esa posibilidad tienen jornadas que empiezan a las cinco de la mañana, dan el desayuno a sus hijos, a las ocho de la mañana ya están en sus trabajos y a las seis de la tarde, cuando terminan ese trabajo remunerado, llegan a la casa a seguir trabajando en un trabajo no remunerado.

Para ellas la jornada laboral sigue…

Exacto. Eso quiere decir que hoy la jornada de muchas mujeres en el mundo es, según los estudios que hemos hecho en CiSoe, de entre 14 y 19 horas diarias. Pero además ha habido cambios demográficos importantes. Resulta que empezó a aumentar la edad de la población y por cuenta de ello está surgiendo una gran demanda de cuidado por parte de la gente mayor, que no hay quien lo brinde, porque el sector cuidado no se ha abordado como debe ser por la sociedad contemporánea.

Ese sector, en países como EE. UU. y muchos europeos, lo surten los inmigrantes, con los salarios más bajos posibles…

Así es. Entonces el cuidado se ha vuelto una de las alternativas de los inmigrantes, porque como nadie lo valora, nadie lo quiere y se paga mal. Pero hay otro elemento. ¿Hoy, cuántas mujeres, por ejemplo en Colombia, manejan su hogar solas? El 41,2 %. Pero hay otro fenómeno, el de los hogares unipersonales. Toda esa gente necesita cuidado. Entonces el tema ya está en la agenda y la pregunta es: ¿cuánto vale?

¿Y cuánto vale?

¿Cuánto es el trabajo de ese cuidado no remunerado? El nuevo concepto de hoy no es ni el hogar, ni la empresa del hogar ni el trabajo doméstico no remunerado, el asunto hoy es la economía del cuidado, que es pagada y no pagada. Resulta que la no pagada se está midiendo. Nosotros impulsamos la Ley 1413 en el 2010 para ello. Fue la única ley importante que yo logré sacar en el Congreso y además la primera en América Latina, después ayudamos a Perú. México lo ha hecho sin ley, y ya es una cosa generalizada. ¿Sabe cuánto vale? Vale entre 19 y 20 % del producto interno bruto. Ese es el valor de la economía del cuidado no remunerado.

¿Cómo han logrado medir eso que casi es intangible?

Con encuestas de uso del tiempo. O sea, midiendo cuánto gastan las personas en distintos oficios. En cocinar, en lavar, en limpiar, en planchar... Cuánto tiempo. Y después ese tiempo se valora. Por eso es que el valor se calcula entre 19 y 20 % del PIB.

Hora trabajo…

Hora trabajo. Eso ha dado en todos los países de América Latina. ¿Sabe cuánto contribuye la agricultura? 6,7 %. ¿Sabe cuánto la industria?, 11 o 12 %. Ni siquiera el sector financiero contribuye tanto.

Pero ¿para qué sirve en términos prácticos saber ese valor?

Fíjese que fue el tema central de la conferencia de Davos. Y bueno, hasta ahora, ¿para qué ha servido? Para mostrarle al mundo esa gran contribución que las mujeres hacen, que nadie les reconoce y por la que no les pagan, y que, sin ellas, la vida no sería como la de hoy. Pero hasta ahí llegamos. Lo único que hemos logrado es que esta cuestión esté en la agenda. Que la gente se empiece a preocupar.

Pues hay que aterrizar el tema…

Pues exactamente en eso trabaja ahora el CiSoe, en cómo distribuimos ese trabajo y quién debe asumirlo. La base de la desigualdad entre hombres y mujeres en el mundo se debe a que estamos subestimando, ignorando, la profunda contribución que las mujeres de todo el mundo hacen a la vida de las personas. Y lo que dice la OIT, que es muy interesante y eso se disparó, es que ahora el cuidado tiene que estar en la agenda. El cuidado no forma parte de ninguna preocupación de nadie. No les preocupa ni a los planificadores, porque lo dan por hecho. ¿Y en qué ha terminado? En nuestros países en que las mujeres viven estranguladas con unas horas de trabajo exageradas, y en los países ricos, donde ya hay una oferta, nadie le para bolas, no la controla el Estado, la surten los inmigrantes con sueldos miserables, mucha de la gente asume el cuidado sin la capacitación.

¿Qué es exactamente, doctora Cecilia, lo que a usted le preocupa?

Mi gran preocupación, y creo que la de muchos, es: ya lo reconocimos, ya lo valoramos. Ahora, cómo lo distribuimos para que por ejemplo la mitad de las mujeres que no pueden trabajar, en gran parte porque no tienen quien les ayude en ese proceso, la responsabilidad la asuma en parte el Estado y en parte el mercado. Porque pensar en que los hombres lo asuman, me muero de la risa…

¿Qué pasa con estos horarios tan largos de mujeres que están trabajando?

Que la productividad es muy baja. La gente se queja de que las mujeres son muy poco productivas; mientras que los hombres tienen horarios de 8 y 10 horas, las mujeres tienen agendas de 19 horas. El tema económico es el que a mí me preocupa.

Pero ¿la propuesta va a que tiene que haber alguna forma de retribuir económicamente a esas mujeres que prestan esos servicios domésticos?

No, no, no. No se trata de pagarles, porque eso es mirar solamente la dinámica asistencial. Esto es un asunto gordo. Y es que el cuidado cada día está creciendo más y los países y el mundo tienen que reconocer que esa es una actividad prioritaria en una sociedad.

Mientras que los hombres
tienen horarios de 8 y 10 horas,
las mujeres tienen agendas de 19 horas. Pero los países todavía no lo valoran seriamente como sector

Pero ¿cómo se mete en la corriente económica?

Logrando que el Estado lo asuma en serio. El Estado tiene que asumir, en mi opinión, una parte asistencial que es tan solo un pedacito del cuidado, que es el error que están cometiendo, inclusive aquí en Colombia, los que están trabajando sobre esta materia. La parte asistencial es darles guarderías a todos los niños que lo necesiten, tener jornadas de tiempo completo en educación para que las mamás tengan tiempo para hacer sus cosas, y que el Estado asuma la cuestión del envejecimiento. ¿Qué va a hacer con los viejos? ¿Qué va a hacer con los enfermos?

Esa es una de las grandes preocupaciones del Presidente, según le he entendido, de sus reformas laboral y pensional. Eso está en el centro de la agenda…

Pero en darles plata. En darles una cosa mínima.

Pues en garantizarles una ayuda para la vejez, porque en muchos casos no tienen ni un peso…

Sí, eso es cierto, y está bien, es una parte del cuidado. Pero hay otra parte. ¿Qué pasa con el mercado? Me refiero a la industria del cuidado. Ese potencial, que es el que yo estoy explorando, de que sea una actividad tan importante como lo pueden ser la educación y la salud, y que haya oferta de desarrollo tecnológico. Por ejemplo, a través de la economía naranja. Que ese pobre tipo, pongamos, que vive solo en su apartamento y que sale a las ocho de la mañana corriendo a la oficina y que llega a las seis tenga todas las facilidades para que le ayude un robot que le limpie el apartamento mientras él no está. Pero un robot que no valga 1.500 dólares, sino que valga 100 dólares, para esa clase media. Que se abarate ese tipo de servicios para que el cuidado sea mucho más fácil. Eso es meter el cuidado en la economía. Por ejemplo, que el Gobierno les dé estímulos a los que hagan desarrollos tecnológicos en aspectos de cuidado. Para eso hay que aplicar mi ley.

¿Y qué dice su ley al respecto?

Que la economía del cuidado, una vez se mida, tiene que ser parte de las cuentas nacionales. Eso es lo que no se ha logrado en ninguna parte. Y eso va a reconocer que es una actividad fundamental para la vida, que todo el mundo, ricos, pobres, viejos, todo el mundo la necesita y que hay que mirar las políticas públicas que van a permitir que el mercado genere servicios de cuidado, y que el Estado provea la ayuda para los que no tienen ingresos para eso.

¿Eso no implicaría que en el fondo lo que se está buscando es subirle el nivel a ese servicio de cuidado que se brinda hoy? ¿Que se valore y se profesionalice más?

Que suba de categoría. Primero, que se reconozca que eso es vital. Porque es que hoy en día todo el mundo da por sentado que llega a su casa y la comida está caliente, y da por sentado que tiene la ropa limpia. ¿Sí? Y no se dan cuenta de que eso implica un subsidio, una transferencia de energía, de tiempo, de millones de mujeres en el mundo. Y, además, si se sube de categoría, ¿qué pasa? Hoy, como se subestima, porque el servicio lo prestan las mujeres, nadie lo regula. Pero créeme: se trata de reconocer que es una actividad fundamental para la vida. Va a ser la nueva actividad del futuro.

¿Este es un debate totalmente nuevo?

Esto nace de una reivindicación de las mujeres a principios del siglo XX, en los países ricos, cuando algunas feministas empezaron a pelear para que se les pagara suficientemente a los hombres para que sus mujeres pudieran hacer el cuidado en su casa.

Esa no es la pelea hoy…

No. La pelea hoy es ¿qué hacemos cuando las mujeres están en el mercado laboral y nadie está asumiendo el cuidado del hogar? La gente vive más, se enferma más, en fin. El cuidado es la profesión del futuro. Pero yo, como economista, he encontrado dificultades en difundirlo, porque, como la cuestión nace por las feministas, le ha costado mucho trabajo a la sociedad pasar de eso, que es una reivindicación absolutamente válida, a mirar las dimensiones económicas que trae valorizar la economía del cuidado, reconocerla como una actividad que genera bienestar, pero también dinámica económica. Ese paso nos está costando sangre.

¿Hay que mirarlo con ojos feministas o con ojos de economista?

Ambos. Hay que reivindicar una contribución que históricamente han hecho las mujeres. Pero a eso hay que sumarle que a la gente le importa la economía, cuánto crece, y esto puede influir en eso. Hay gente que empieza a hablar del bienestar como un asunto realmente prioritario. ¿Será justo que sigamos subestimando la contribución que miles de millones de mujeres están haciendo? Esa es la pregunta.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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