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Y por fin reventó la burbuja del cannabis medicinal / Opinión
Marihuana en Jamaica
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Y por fin reventó la burbuja del cannabis medicinal / Opinión

Análisis de Nicolás Lloreda, exembajador de Colombia en Canadá.

El optimismo generado por la aprobación de la ley que autorizó la producción y venta de cannabis medicinal en 2016 ha dado paso, cuatro años después, a un creciente pesimismo. En el 2019, todavía circulaban en Colombia los planes de negocios de empresas buscando atraer inversionistas prometiendo ganancias extraordinarias en pocos meses.

La premisa era simple: así como 40 años atrás, Colombia se había convertido en una potencia mundial de exportación de flores, nuestras condiciones naturales de clima moderado, tierra abundante y mano de obra barata prácticamente garantizaban que Colombia sería un gran exportador de materia prima para este nuevo mercado. La realidad es que hoy prácticamente no se ha realizado ninguna venta importante del producto, y las empresas que sobreviven están gastando su capital sin tener mercados asegurados. Son más las empresas que cierran, se han perdido cientos, si no miles de empleos y el futuro del sector no es para nada promisorio a menos que se tomen urgentes correctivos.

(Lea también: Industria del cannabis pide a Gobierno avalar exportación de flor seca).

¿Qué falló? Principalmente, tres cosas:

Primero, no se tuvo en cuenta la falta de acuerdos internacionales para el comercio de un producto aún considerado ilegal por la mayoría de los países. El gobierno aún no ha negociado acceso real para el cannabis medicinal con los principales mercados de exportación. Tampoco se consideró que en los países donde se ha legalizado el cannabis, como Canadá, hay un gran interés de su industria local en impedir la competencia con productos extranjeros.

Segundo, a diferencia de los Estados que legalizaron la marihuana medicinal, aquí se nos ocurrió que los médicos no podrían recetar libremente el consumo de la planta, sino que solo podrían recetar un medicamento con registro sanitario. Es decir que antes de poder venderlo, en Colombia o en el extranjero, el producto tendría que ser sujeto de un estricto y dispendioso procedimiento que requiere presentar y validar costosos estudios técnicos. Esto nunca se exigió en Canadá, cuando solo se permitía la venta con receta médica, o en los más de 30 estados de los Estados Unidos que permiten el uso del cannabis medicinal.

En Canadá, según Bloomberg, hay una oferta de cannabis en bodegas equivalente a tres años de consumo

(Puede leer: El desempleo volvió a aumentar: en enero fue del 17,3 por ciento)

Tercero, solo se autorizó la producción de derivados del cannabis, como el aceite, y se prohibió la comercialización de la flor de la planta, que representa más del 70 por ciento de las ventas del producto en los países donde existen cifras. Es decir, de entrada se impide a nuestros productores competir en igualdad de condiciones con los mercados que pensamos conquistar.

A corto plazo, la industria no tiene posibilidades reales de conquistar mercados internacionales. En Canadá, según Bloomberg, hay una oferta de cannabis en bodegas equivalente a tres años de consumo. En Estados Unidos, aún no se legaliza el uso del cannabis a nivel federal, y cuando se logre, habrá que negociar un acceso al mercado en contra de los intereses de cientos de empresas locales organizadas. Con Alemania, todavía no tenemos un acuerdo para poder exportar de manera constante. Para que la industria sobreviva, mientras se abren los mercados, tendrá que ampliar el mercado nacional, lo que es insostenible a punta de fórmulas magistrales.

Inclusive un gobierno conservador como el actual podría fácilmente retirar de la clasificación de estupefaciente el cannabis con baja concentración de THC, integrarlo como medicamento homeopático que no requiera prescripción médica, o permitir su comercialización como producto fitoterapéutico.

Es entendible que en el país del Sagrado Corazón, y con la reputación internacional que tenemos, se hayan tenido que incluir salvaguardias para poder legalizar este producto. Pero seamos serios. El Estado colombiano ha tenido que incrementar el gasto público y su endeudamiento a niveles históricos debido a la pandemia. Tanto el alcohol como el tabaco, perfectamente legales, son la causa de miles de enfermedades y muertes anuales, pero también constituyen una importante fuente de recaudo en impuestos, lo que permite la destinación de recursos para su tratamiento y prevención.

El cannabis puede tener propiedades curativas para ciertas enfermedades, pero cuando contiene ciertos niveles de THC es también una sustancia psicoactiva, aunque bastante menos tóxica. (Dirk Lachenmeir and Jurgen Rehm, Comparative risk assessment of alcohol, tobacco, cannabis and other illicit drugs using the margin of exposure approach, National Institute of Health, 2015).

En la flexibilización de las regulaciones del cannabis medicinal está la ventana de oportunidad para un mayor recaudo y poder competir en este creciente mercado de los países industrializados.

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NICOLÁS LLOREDA

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