Café duró 2 años a la baja y a consumidores no les bajaron: Federación

Café duró 2 años a la baja y a consumidores no les bajaron: Federación

El gerente de la Federación de Cafeteros, Roberto Vélez, cumplió tres años en el cargo.

Roberto Vélez

El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, dijo al iniciar su cargo que buscaría la rentabilidad del sector. Le tocó sortear con 22 meses de bajos precios.

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Mauricio León / EL TIEMPO

Por: MARTHA MORALES MANCHEGO
14 de noviembre 2018 , 01:01 a.m.

Han pasado tres años desde cuando Roberto Vélez tomó las riendas de una Federación de Cafeteros dividida. Al llegar prometió empujar la rentabilidad, pero la caficultura quedó al vaivén del precio y, hasta octubre, cuando volvió a tomar aire, llevaban 22 meses en declive. Tuvieron que volver a poner el sombrero para pedir ayuda al Gobierno. ¿Qué pasó?

¿Por qué la rentabilidad buscada para la caficultura no ha llegado?

Uno quisiera enfocar los objetivos hacia un solo esfuerzo, pero pasan y pasan cosas. En medio de todo hemos logrado mantener el foco en la rentabilidad. Por el lado de los ingresos, lanzamos la variedad Cenicafé 1, que empieza a dar frutos. El cafetero recibirá más producto por la misma área. También nos metimos de cabeza con los cafés especiales. Este año ya llevamos 100 eventos para promocionarlos. Por el lado de los costos, el 22 de noviembre lanzamos la primera máquina que acompaña la recolección. Ya contábamos con las mallas que aumentan la productividad de la recolección en 30 por ciento. Con la maquina vamos a subir un 50 por ciento. El otro gran costo es en fertilizantes, y Cenificafé sacó una formulación para un fertilizante que ahorra casi 1 millón de pesos por hectárea.

Si hay tecnología, ¿por qué siguen los problemas?

El problema es la adopción. ¿Cómo se hace para que el cafetero la adopte? Hace un año lanzamos las mallas. En los nuevos comités de cafeteros les pregunto, ‘¿cuántos han usado malla?’ Nadie levanta la mano. No son alternativas caras, pero no les resulta fácil cambiar el chip.

Uno pensaría que con más rentabilidad se podrían proteger del precio.

Sí. Con más rentabilidad se pueden hacer otras acciones, como ventas a futuro, cobertura. Pero decirle a un cafetero chiquito ‘venda su cosecha del 2019 y del 2020 a precio de hoy’ no lo asimilan tan fácil. Y eso que en los últimos días hemos tenido precios de más de 900 mil pesos.

El precio estuvo cayendo por dos años. ¿Por qué piden apoyo pero siguen en la caficultura?

Este es un cultivo en el que uno no se puede salir al otro día. En Colombia, buena parte de la agricultura la tenemos en cultivos de tardío rendimiento. En Estados Unidos plantan soya, millo, maíz y tomate. Si al agricultor le fue mal, a los seis meses tiene otra alternativa.

Estamos con café, pero también con cacao, palma, aguacate. Claro, necesitamos estabilidad en las políticas del sector agropecuario. Ya no solo peleamos por el café. Ahora estoy de presidente de la junta directiva de la SAC. Necesitamos una junta nacional agropecuaria que sea similar a la del Banco de la República. Integrada por tecnócratas que tomen decisiones de la política agraria de largo plazo, que no esté al vaivén de los cambios de gobierno.

Existe la percepción de que el café es el más apoyado, y cada vez que hay dificultades salen a poner el sombrero.

Eso es cierto. Por eso hemos venido pidiendo la transformación hacia un fondo de estabilización de precios, de forma que cuando caigan los precios no tengamos que estar pidiendo. Si algo me gustaría es dejarle a la caficultura una independencia, una autonomía del sector.

Es algo ilógico que se quejen por bajos precios y el café para el consumidor se encarezca.

Así es. El precio se cayó y a nadie le han bajado el precio de la taza. Entonces ¿dónde está la plata? Yo le he dicho a la industria ¿por qué no se comprometen a que no nos van a pagar nunca por debajo del costo de producción más una rentabilidad? Con eso garantizaríamos que nunca le tendríamos que caer al gobierno para que nos dé plata. El cafetero podría estar tranquilo.

¿Cuánto ha avanzado la productividad?

Hemos estado sembrando entre 7.000 y 9.000 árboles por hectárea. El promedio nacional es 5.180. Somos capaces de subir los números. La cantidad de árboles por hectárea tiene que reflejarse en la productividad. Tenemos que renovar cada 5 años. Para mantener una rentabilidad en la caficultura hay que tenerla joven. Un cafetal que tenga más de 8 o 9 años empieza a declinar. La meta es que cada año se debe estar renovando el 10 % del área de café.

¿Se ha logrado?

No hemos llegado hasta allá. Hoy hay 880.000 hectáreas. Deberíamos renovar 88.000 hectáreas. Este año deberemos llegar a cerca de 80.000. Como se está renovando con variedades nuevas de mayor densidad, esto no se ve hoy; el café empieza a producir dentro de 2 años. Creo que al caficultor le va a ir bien en la medida en que va a recolectar más café por hectárea.

Del Fondo de Estabilización se habla desde que se posesionó. ¿Por qué no ha avanzado?

Lo hemos trabajado. Duque dijo que trabajar por el fondo era un compromiso para él. Se requiere una ley de la república, pero el tema es ¿de dónde salen los recursos?

¿Por qué no le ponen más valor agregado en vez de vender el grano?

Hemos venido echando cabeza de cómo aprovechar el emprendimiento cafetero. Algo que yo he mencionado es la revolución silenciosa del consumo de café de calidad en Colombia. La pregunta es cómo darle mayor visibilidad. Estamos buscando alinearnos con Colombia Compra Eficiente para que el café que se consume en los establecimientos públicos provenga de los establecimientos de los cafeteros y asociaciones. Sería una belleza.

También hay una idea que hemos tratado de madurar y es sacar un sello de café tostado en origen. Si le compro un café a un cafetero y lo tuesto, a los ocho días tiene un sabor, pero si lo tengo que embarcar, esperar que llegue a Japón, que lo liberen, se van dos meses. Parte de la propuesta que vamos a llevar en julio a la cumbre de países productores en Brasil es esta.

El Gobierno dio un incentivo de 100.000 millones y no ha sido necesario porque el precio empezó a mejorar. ¿Qué van a hacer con esa plata?

El ministro de Hacienda dijo que iba a esperar hasta diciembre porque no se sabe si el precio se mueva. La plata está en Minagricultura. Está destinada para apoyar la caída del precio.

Ahí está el arranque del fondo.

Hay muchas ideas. Puede ser para el fondo de estabilización, para la renovación, para fertilización, pero para otra obsesión que tengo que es el mejoramiento de la vivienda rural. Para el pago de las obligaciones de la Flota Mercante.

¿Cómo es eso de que ustedes aún pagan pensiones de la Flota?

Es justo que los empleados de la Flota tengan su pensión. Lo que no me queda claro es por qué tiene que venir de los caficultores. Son como 800 pensionados, pero se gastan 55.000 millones de pesos. Éramos codueños de la Flota. Ellos aportaron. Es increíble. Las entidades que tienen más tiempo en Colombia están casi llamadas a desaparecer por las demandas por pensiones. En esos tiempos no se pagaban, ahora con retroactividad, a los comités les están cobrando montones de plata.

¿Hay preocupación con el IVA?

No sabemos si la venta de café pergamino tendrá IVA. Hoy no. A la cosecha le pega duro un IVA de 18. Sería un billón de cuenta de los cafeteros. Eso no lo aguantan: impuesto a los insumos, al abono; los cálculos nuestros es que encarecería el costo de producción un 2 por ciento. Tercero, impuesto al consumo del café: hoy tiene el 5 por ciento, le subirían el IVA al 18 por ciento. Se caería el consumo.

¿No sería mejor pensar que la caída sería pasajera porque la gente no deja de consumir?

El Gobierno tiene razón en la teoría de la reforma para generalizar el IVA: como se tiene un impuesto bajo o el producto está exento, las clases altas se ven más beneficiadas. Pero da susto que se caiga el consumo.

¿Por qué seguimos importando café, y los cafeteros buscando fórmulas de rentabilidad?

Importamos mucho. La ecuación es la siguiente: este es un país que consume 2 millones de sacos, exporta 13 millones, produce 14 millones. Es decir, necesita 15 millones de sacos.

¿Por qué no producimos ese otro millón que falta?

Porque importamos café de segunda. La industria de solubles necesita materia prima más barata. En términos de rentabilidad, se importa un café que vale 2 dólares y se exporta uno que vale 5. Aquí a nadie se le queda una pepa. Lo que importamos son segundas. Es el precio de mantener un café de alta calidad, para exportar.

MARTHA MORALES MANCHEGO
marmor@eltiempo.com

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