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La injusticia del IVA en cuerpo propio / Opinión
Compras en supermercado

La estrategia de eximir de IVA muchos bienes y servicios es injusta, porque no ayuda a reducir la desigualdad.

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Jaiver Nieto. EL TIEMPO

La injusticia del IVA en cuerpo propio / Opinión

'No tiene lógica perder 51 billones de pesos de recaudo para que lo disfrutemos los más afortunados'

El IVA es un impuesto indirecto. Es decir, no lo pagamos con base en el ingreso que recibimos sino con base en el gasto que efectuamos.

Al estar desvinculado del ingreso, puede ser muy poco solidario. Para ilustrar esa afirmación voy a comparar sus efectos sobre las finanzas de un funcionario público de altos ingresos, como yo, con una trabajadora que recibe la remuneración promedio en nuestro país.

Los ministros recibimos unos 19 millones de pesos al mes, a los cuales se suman varias fuentes adicionales –primas, cesantías, etcétera–, que elevan nuestro ingreso a unos 28 millones de pesos. La trabajadora promedio en nuestro país recibe, en contraste, algo así como 1,7 millones de pesos al mes. Como es apenas lógico, yo pago impuesto sobre dicha renta (unos 4,8 millones de pesos al mes) y ella no. Si usted opina que personas como yo deberíamos ser más solidarios y pagar más, no podría estar más de acuerdo y así se lo propondremos al Congreso.

Ahora bien, en el caso del IVA que poco o nada tiene que ver con nuestro ingreso, lograr la solidaridad se complica. Si ella y yo compramos productos idénticos, gravados al 19 por ciento, el resultado es injusto. Digamos que un lunes cualquiera ambos adquirimos un paquete de cosas que nos costó 200.000 pesos. Ambos pagamos 38.000 pesos de IVA, pero la injusticia es clara.

(Además: Reforma vendría con más devoluciones del IVA para los más vulnerables)

En mi caso esa suma representa apenas el 0,13 por ciento de mi ingreso mensual, en tanto que para ella representa el 2,2 por ciento del suyo: 17 veces más. En los países de alto desarrollo y amplias redes de protección social, esa injusticia tributaria se corrige a través del gasto público financiado con impuestos directos amplios y solidarios. Los ministros de Estado pagan tasas altas de impuesto de renta –bastante más altas que las mías, dicho sea de paso– y no reciben transferencias. En cambio, las trabajadoras de remuneración media pagan mucho menos impuesto de renta, aunque sí pagan algo. Y a su vez, los trabajadores de ingresos bajos no pagan impuesto de renta y son quienes reciben, junto con la población en desempleo, el grueso de las transferencias sociales.

A diferencia de los países avanzados que resuelven la injusticia a través de la solidaridad, en Colombia, donde buscamos hacerlo a punta de exenciones, los indicadores de inequidad son muy malos

Antes de que se paguen los impuestos y se ejecuten las transferencias sociales (programas como Familias en Acción, Ingreso Solidario, Colombia Mayor, Compensación del IVA) las medidas de desigualdad de ingresos, como el Gini, son casi tan altas como en Colombia. Una vez cancelados todos los impuestos y ejecutadas todas las transferencias sociales, la desigualdad baja sustancialmente. En Alemania, por ejemplo, el coeficiente Gini baja de 0,51 antes de impuestos y transferencias a 0,29 después.

En Colombia durante décadas hemos buscado corregir la injusticia haciendo caso omiso del principio de solidaridad: seleccionamos muchos bienes y servicios y a ellos los eximimos del pago de IVA. Para los defensores de esta manera de resolver la injusticia, el hecho de que la trabajadora de ingreso promedio pague cero IVA basta para calificar la estrategia como exitosa. Pero esta solución está muy lejos de ser justa y no logra mejorar nuestros indicadores de desigualdad. A diferencia de los países avanzados que resuelven la injusticia a través de la solidaridad, en Colombia, donde buscamos hacerlo a punta de exenciones, los indicadores de inequidad son muy malos y prácticamente idénticos antes y después de cancelar los impuestos y ejecutar el gasto social.

(Lea también: Lo que se sabe de la tributaria y los efectos en su bolsillo)

Es completamente cierto que ella y muchas más personas en condiciones económicas aún menos holgadas terminan pagando cero en el contexto de la solución tradicional colombiana, y eso está muy bien. El problema es que yo también pago cero en esta solución. Y es grave porque el dinero termina favoreciéndome a mí, donde el retorno social es cercano a cero, pudiendo lograr retornos sociales enormes si se usara para ayudar a aliviar las enormes urgencias que tiene nuestro país.

Las cifras son, en mi opinión, inaceptables en una sociedad moderna. El ahorro en IVA que disfrutamos todos los colombianos totalizó unos 51 billones de pesos en 2019 y otro tanto en 2020. El grueso de este ahorro nos favoreció a personas como yo, ubicadas en el 10 por ciento más pudiente. Miremos los números: en 2019 los hogares que conforman el 20 por ciento más pobre del país disfrutaron en promedio un ahorro de 31.000 pesos al mes al no haber pagado IVA por los productos exceptuados. Los 1,5 millones de hogares del decil 10 de la población (el 10 por ciento más rico) disfrutamos un ahorro promedio de 377.000 pesos al mes. En mi caso personal, la presunta solución colombiana generó un ahorro todavía más grande: unos 600.000 pesos por mes.

El país tiene que insistir en resolver la injusticia que implica el IVA. Pero también tiene que aceptar que la estrategia no ha resuelto el problema de fondo ni jamás lo va a hacer si no la sometemos a una profunda reingeniería. No tiene lógica perder 51 billones de pesos de recaudo para que lo disfrutemos los más afortunados. Ese dinero alcanzaría para graduar nuestra red de protección social del preescolar actual al bachillerato del siglo XXI, y sería extremadamente difícil entender un escenario en el que no logremos ponernos de acuerdo y hacerlo con la urgencia que exigen las circunstancias.

(Además: Anif propone impuesto de renta a quienes ganen más de $ 1,5 millones)

Podríamos empezar por darle un golpe mortal a la injusticia derivada del IVA, profundizando de manera sustancial y muy rápida la compensación anticipada del IVA que hoy ya hace parte de nuestra política social, ya le llega a más de 1 millón de hogares pobres y muy pronto les estará llegando a unos 2 millones.

ALBERTO CARRASQUILLA
Ministro de Hacienda y Crédito
Especial para EL TIEMPO

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