Las dos razones por las cuales subió el desempleo

Las dos razones por las cuales subió el desempleo

Es errático y oportunista justificar la necesidad de reforma laboral con el aumento del desempleo.

Desempleo juvenil

Los jóvenes son una de las poblaciones más afectadas por el desempleo.

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Guillermo González / Archivo EL TIEMPO

Por: Silverio Gómez Carmona
29 de noviembre 2019 , 12:14 p.m.

La tasa de desempleo en Colombia ha rondado el 10 por ciento, en promedio, durante la última década, que podría ser considerado un nivel de una economía en recesión. Pero no es así, pues el PIB en el país no ha tenido tasas negativas en los últimos 20 años.

Por eso no deja duda la incapacidad del sistema productivo para absorber un volumen importante de esa desocupación, el lastre y deuda social más grandes y que, con razón o sin ella, es usado para justificar buena parte de los problemas, incluyendo la delincuencia, la guerrilla y el mismo narcotráfico.

Aunque solo se ha hecho una reforma laboral grande en dos décadas (Ley 50 de 1990) sí se han dado muchos ajustes de la economía con el objetivo de generar empleo, entre los cuales se incluyen varias reformas tributarias para reducir los tributos generales, recorte sustancial de los parafiscales, como aportes a salud, Sena e ICBF, y prudentes aumentos del salario mínimo, pensando que es una variable que afecta seriamente la ocupación y la inflación, teoría que hoy deja dudas.

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Ahora se plantea que el país requiere una reforma que se ajuste a las prácticas modernas de trabajo, ligadas a la tecnología e innovación, lo cual es totalmente cierto, pero a renglón seguido se hace ruido innecesario pidiendo que se deben quitar los festivos y horas extras, cuando en la realidad se debe estudiar es un cambio en el modelo de contratación, lo cual es muy distinto, sin desmejorar las condiciones para el cada vez más productivo pero costoso talento humano.

Son muchos los temas por revisar, pero con un sentido integral y no de coyuntura. Por el espíritu mediático que nos inspira, se está tomando la tasa de desempleo de ahora, poco más del 10 por ciento, para pregonar la necesidad de esa reforma, lo cual, de nuevo, es errático y oportunista.

Un aumento del desempleo de 0,7 puntos porcentuales (de 9,5 a 10,2 %) en el año –hasta septiembre– da para un plan de choque, pero no puede ser la razón central para la requerida reforma estructural en este tema.

Lo primero que debe hacerse es estudiar las cifras con criterio menos superficial o, como dice el profesor Moisés Wasserman para explicar la “ley de polarización de grupo”, en el sentido de darse un contagio de posiciones extremas.

Las cifras del Dane sobre desempleo a septiembre son un ejemplo elocuente. El dato global muestra que se perdieron 409.000 puestos en el año, lo cual lleva a afirmar que hay un desastre contra la clase obrera, y estimula protestas y consignas. Si se desagregan las cifras, se comprueba que el número de empleados y obreros particulares subió 280.000, se contrataron 96.000 jornaleros y peones adicionales, hay 58.000 personas más vinculadas a trabajos domésticos, 15.000 nuevos trabajadores sin remuneración, y en el Gobierno no hubo un cambio relevante en la nómina, lo que suma en total 445.000 nuevos empleos.

Entonces, ¿por qué subió el desempleo? Por dos motivos, según los datos del Dane: el número de patronos y empleadores cayó de 935.000 a 831.000 en el período. Esto es una disminución de 104.000, y los trabajadores por cuenta propia se redujeron en 643.000, para una reducción total de casi 750.000, lo cual no compensó los 445.000 que entraron al mercado laboral.

En principio, solo en principio, hay una explicación para esto: la obligatoriedad de presentar la factura electrónica y el trabajo de la Dian para normalizar están comenzando a sincerar el mercado laboral en el país, y es mejor no decir mentiras. Y hay otra paradoja.

El sector de la construcción fue el único que mostró un retroceso en las cifras del PIB a septiembre, y sin embargo aumentó en cerca de 60.000 el número de contrataciones.

La gran recuperación de las obras civiles compensó la caída de trabajo en la edificación y la vivienda de interés social, que va bien (no aporta PIB, pero trae empleo). Podría ir mejor, y las cifras de la edificación son muy mediocres.
Así, no hay duda de que el desempleo existe y golpea en particular a los jóvenes, pero el análisis que se está haciendo no necesariamente es el correcto y presenta una visión demasiado cortoplacista en un tema con características estructurales.

Por eso, la reforma laboral debe ir más allá de la calentura y pensarse para que sus resultados se compadezcan con el país del siglo XXI, en la que el talento es hoy el capital más costoso porque es el más productivo y rentable. O si no, pregúnteselo a los empresarios.

SILVERIO GÓMEZ CARMONA
DIRECTOR DE INDUARROZ

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