‘Migración venezolana puede ser benéfica para la economía colombiana'

‘Migración venezolana puede ser benéfica para la economía colombiana'

Aunque implican costo fiscal, los inmigrantes pueden representar beneficios para la economía.

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La migración venezolana se ha transformado, se ha multiplicado y se ha convertido en uno de los principales retos que enfrenta la economía colombiana.

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Jaime Moreno / EL TIEMPO

Por: Mauricio Reina
03 de noviembre 2018 , 09:25 p.m.

¿Se acuerdan cuando, hace unos años, alguien decía que había visto unos venezolanos en un restaurante, y todos pensaban en los dueños de una petrolera? Eran los tiempos en que los más ricos salían por el aeropuerto de Maiquetía, llevando sus capitales a muchos destinos, entre ellos Colombia. Pero las cosas cambiaron: hoy es difícil recorrer las principales ciudades del país sin cruzarse con un venezolano que sobrevive en los más diversos oficios, ya sea como mesero, como mensajero o pidiendo ayuda en un semáforo.

La migración venezolana se ha transformado, se ha multiplicado y se ha convertido en uno de los principales retos que enfrenta la economía colombiana. Hasta hace poco, la cantidad de inmigrantes venezolanos con vocación de permanecer en Colombia se duplicaba cada año, y al final de 2017 ya ascendía a 415.000. Ahora, el ritmo de la migración se ha acelerado, y lo que antes sucedía en un año ahora pasa en seis meses: en junio de este año, la cifra se había duplicado de nuevo y ya había 865.000 venezolanos con intención de quedarse en Colombia. De mantenerse esa tendencia, 2019 arrancará con más de un millón doscientos mil venezolanos en el país.

Como es de esperar, una inmigración de semejantes proporciones tiene un impacto económico. La teoría de las migraciones y la evidencia internacional indican que un fenómeno de tal magnitud tiene efectos en dimensiones como los salarios, el empleo, las finanzas públicas y el dinamismo económico.

¿Qué ha pasado en el caso de la inmigración de venezolanos al país? Un estudio que hemos terminado en Fedesarrollo, junto con Carlos Antonio Mesa y Tomás Ramírez, analiza la migración venezolana y sus características, evaluando sus principales efectos sobre la economía colombiana.

El estudio arroja varias conclusiones interesantes. En el corto plazo, el principal efecto económico es el costo fiscal de atender las necesidades prioritarias de los inmigrantes. Los estimativos indican que en 2017, el Estado colombiano gastó entre 0,7 billones y 1,7 billones de pesos en la atención de necesidades de educación, urgencias en salud, atención a la primera infancia, ayuda humanitaria y algunos apoyos en programas sociales.

Tomando en cuenta la actual aceleración de la inmigración y su proyección para lo que queda del año, esas cifras estarían entre 1,9 billones y 4,2 billones de pesos al final de 2018. En la práctica, los valores podrían ser menores, pues una fracción de esos servicios se puede prestar con una misma capacidad instalada y con recursos locales subutilizados.

La inmigración en el corto plazo se siente especialmente en los mercados laborales de las ciudades que registran mayor concentración de venezolanos: Cúcuta, Bogotá, Barranquilla, Cartagena y Medellín. En todos los casos, la población inmigrante, como es de esperarse, busca trabajo en una proporción mayor que la población colombiana, con resultados diversos en términos de ocupación. Cúcuta y Bogotá registran las mayores tasas de desempleo de venezolanos, comparadas con las de los colombianos, mientras que el mejor desempeño en ese sentido lo ha registrado Barranquilla, donde el desempleo entre los inmigrantes es casi igual al de los nacionales. Esto no solo obedece al mayor dinamismo relativo que ha tenido la costa Caribe en el pasado reciente, sino además a la mayor afinidad cultural y apertura de la idiosincrasia currambera ante los inmigrantes.

Cúcuta y Bogotá registran las mayores tasas de desempleo de venezolanos, comparadas con las de los colombianos

Pero una llegada masiva de extranjeros no solo conlleva costos para el país receptor. Los inmigrantes tienen un impacto positivo sobre la población económicamente activa y la demanda por bienes y servicios, aumentando así el potencial de crecimiento de la economía. De hecho, los flujos migratorios han jugado un rol central en el desarrollo de países como Australia (donde los inmigrantes representan el 28 % de la población), Canadá (con 22 % de inmigrantes) o Estados Unidos (con 13 %).

Además, la experiencia internacional muestra que, por lo general, los inmigrantes tienen un espíritu emprendedor más acentuado que los nacionales, por su necesidad de hacer una nueva vida en una tierra extraña. Por ejemplo, en Estados Unidos, los inmigrantes tienen una mayor tasa de registro de patentes que los nativos, y el 40 % de las empresas Fortune 500 (las más grandes de la economía estadounidense) fueron fundadas por inmigrantes o hijos de inmigrantes.

Por supuesto que una cosa es el fenómeno migratorio en Estados Unidos y otra muy distinta, el que llega a Colombia. La evidencia empírica muestra que el efecto económico de la inmigración en el mediano plazo depende de sus características: si los inmigrantes complementan la mano de obra local, su efecto económico será positivo; pero si compiten con ella, el efecto puede ser nulo o negativo. De hecho, estudios para distintos países muestran que el impacto de la inmigración sobre el crecimiento económico oscila entre –1 % y 1 % del PIB.

En el caso de la migración venezolana hacia Colombia hay dos características que vale la pena resaltar. Por una parte, los venezolanos que están llegando al país son más jóvenes en promedio que la población colombiana. Aproximadamente, 59 % de los inmigrantes venezolanos son menores de 28 años, mientras que entre los colombianos, esa proporción solo asciende a 49 %. La diferencia se mantiene si uno se concentra en los niños: 27 % de los inmigrantes son menores de 13 años, mientras solo 23 % de los nativos están en ese rango de edad.

Este es un dato muy importante, teniendo en cuenta que la economía colombiana está perdiendo lo que los especialistas denominan el bono demográfico. En pocas palabras, esto quiere decir que nuestra población está envejeciendo y cada vez hay menos gente en edad de trabajar para mantener a los que están en edad de retiro. El arribo de una población más joven, como la venezolana, hará que Colombia pueda prolongar la vigencia del bono demográfico, estirando así sus beneficios económicos y sociales.

Las noticias no son tan buenas cuando se analiza el nivel educativo. Los inmigrantes venezolanos tienen niveles de alfabetización y escolaridad levemente menores que los de los colombianos, con el agravante de que la situación tiende a deteriorarse. Al analizar las olas de inmigración según el momento en que llegaron al país, se encuentra que los que arribaron antes de 2015 tenían un mayor nivel educativo que los que han llegado en los últimos años. Esta situación hace que el país no pueda aprovechar una de las grandes ventajas que ha tenido la inmigración para otras economías: elevar la productividad promedio del trabajo gracias a la incorporación de personas más calificadas al mercado laboral.

El análisis arroja otro resultado interesante: mientras hace unos años migraban más hombres solos, ahora están migrando más mujeres y niños, lo que sugiere que se está dando una reunificación de familias completas. Ese comportamiento de unos pioneros que prueban suerte primero y después traen consigo a sus familias es consistente con lo que predicen los modelos teóricos de migración y con lo que ha sucedido en varios países. El fenómeno de la reunificación familiar evidencia la creación de unas redes sociales entre los inmigrantes que son propias de una etapa de aceleración de la migración como la que estamos viviendo.

De esta manera, y como ha sucedido en muchos casos alrededor del mundo, la migración venezolana a Colombia tiene efectos positivos y negativos sobre nuestra economía. La experiencia internacional muestra que la mejor manera de maximizar sus beneficios y minimizar sus costos consiste en buscar la integración pronta de los inmigrantes en el mercado laboral formal y en el sistema educativo. Al integrar los venezolanos a la formalidad se evita su explotación, además de lograrse elevar su productividad y su ingreso. Los datos de la Encuesta de Hogares del Dane muestra que hoy en día, el ingreso promedio de los inmigrantes venezolanos es 17 % menor que el de sus pares colombianos, y buena parte de ello se explica por la informalidad.

Mientras hace unos años migraban más hombres solos, ahora están migrando más mujeres y niños, lo que sugiere que se está dando una reunificación de familias completas

Entre tanto, la pronta incorporación de los niños y jóvenes inmigrantes al sistema educativo garantiza que no haya brechas en su proceso de formación que puedan terminar siendo fatales. Tomemos el caso de los niños. Los estimativos sugieren que a mediados de este año había en el territorio nacional unos 230.000 niños venezolanos menores de 13 años, cuyas familias tienen vocación de permanencia en el país y que a la vuelta de unos años seguramente terminarán siendo colombianos por adopción. Si se vinculan oportunamente al sistema educativo y, después, al mercado laboral formal, en unos años jugarán un papel importante en el proceso de desarrollo económico. En cambio, si pierden el tren de la educación, seguramente entrarán a engrosar las filas de la informalidad y, probablemente, de la ilegalidad.

En ese contexto, los retos del Gobierno son diversos. En el corto plazo debe conseguir recursos para atender las necesidades fiscales que conlleva la inmigración, tratando de no afectar más las ya deterioradas finanzas públicas y de no alterar las condiciones que impone la Regla Fiscal. En ese sentido, es esencial que se impulse una vigorosa diplomacia de cooperación internacional que fortalezca el fondo que en buena hora creó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hace unos meses, y busque recursos en otras entidades multilaterales, como el Banco Mundial, y en países amigos cuyos funcionarios pontifican más que lo que aportan cuando hablan de Venezuela.

En paralelo, es fundamental que el Gobierno siga avanzando en la regularización de los inmigrantes venezolanos, su formalización y la pronta incorporación de los jóvenes al sistema educativo. La administración Santos hizo un buen trabajo en esos frentes, y el gobierno de Iván Duque lo ha continuado con buen tino. Sin embargo, todos debemos ser conscientes de que, a medida que siga acelerándose la inmigración, seguirán creciendo los retos y los llamados a adoptar políticas restrictivas que sirven para animar las tribunas, pero que resultan inútiles ante una frontera de más de 2.200 kilómetros de extensión.

MAURICIO REINA
Investigador de Fedesarrollo

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