La lucha contra la pobreza: una batalla que el país está ganando

La lucha contra la pobreza: una batalla que el país está ganando

Entre 2010 y 2016 la pobreza bajó de 37,2 al 28 %. 4,3 millones de colombianos salieron de esto.

Cifras de pobreza en Colombia

Los datos oficiales evidencian que 4,3 millones de colombianos han salido de la pobreza entre el 2010 y el 2016.

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Jaime Moreno / Archivo EL TIEMPO

Por: Luis Fernando Mejía
14 de enero 2018 , 09:51 p.m.

Uno de los principales objetivos de la política pública debe ser la reducción de la pobreza y la pobreza extrema. La superación de las condiciones de pobreza se refiere no solo al aumento del dinero disponible en los hogares para adquirir una canasta básica de bienes y servicios, sino también a la mejora en la calidad de vida de los hogares, fenómeno que se mide a través de la pobreza multidimensional.

Esto implica que la política pública debe propender por acciones multisectoriales en vivienda, agua y empleo, entre otros, en el marco de un buen manejo macroeconómico que permita mitigar los choques externos que afectan de manera negativa especialmente los ingresos de las personas más vulnerables.

En este sentido, los datos oficiales de pobreza evidencian que el Gobierno ha cumplido cabalmente con esta tarea: 4,3 millones de colombianos han salido de la pobreza entre el 2010 y el 2016. La incidencia de la pobreza monetaria se redujo en ese periodo de 37,2 por ciento a 28 por ciento, con una tasa promedio de 31 por ciento, siendo este el promedio más bajo desde que se tienen registros históricos.

En efecto, durante las décadas de los años 1990 y 2000 la incidencia de pobreza monetaria se mantuvo en niveles muy superiores, de 45 por ciento y 46 por ciento, respectivamente.

Una tendencia similar se observa en la pobreza extrema. Mientras que en los años 90 este indicador estuvo en promedio en 16,1 por ciento y en la década del 2000 se ubicó en 15,6 por ciento, en los últimos siete años la pobreza extrema se redujo a 9,2 por ciento en promedio, lo que permitió que 2,3 millones de colombianos pudieran superar esta condición.

También se ha avanzado en el propósito de reducir la alta desigualdad que por décadas ha caracterizado a la economía colombiana. Una de las formas de medir la concentración del ingreso es a través del coeficiente de Gini, que va de 0 a 1, en donde mayores valores representan distribuciones del ingreso más desiguales.

Mientras que el promedio del coeficiente de Gini en la década de 1990 y de 2000 para Colombia fue de 0,56, entre el 2010 y el 2016 el Gini se redujo de 0,560 a 0,517, alcanzando anticipadamente la meta del Plan Nacional de Desarrollo para el 2018. Si bien no parece muy grande este descenso, es importante anotar que, de acuerdo con los datos del Banco Mundial, Colombia fue el país de América Latina que más redujo la desigualdad en el período 2010-2015.

Colombia fue el país de América Latina que más redujo la desigualdad en el período 2010-2015

Esta reducción en la desigualdad refleja un aumento generalizado en los ingresos de la población, pero especialmente en los ingresos de los más vulnerables. En efecto, entre el 2010 y el 2016 los ingresos del 20 por ciento más pobre crecieron en promedio 5,5 por ciento por año, mientras que los del 20 por ciento más rico crecieron alrededor del 1 por ciento anual.

A su vez, el aumento de los ingresos de los hogares se debe en gran medida a un mercado laboral que ha respondido adecuadamente: la tasa de desempleo se ha mantenido en un solo dígito desde el 2013 y por cinco años consecutivos. Es importante recordar que la última vez que el país había visto una cifra de desempleo promedio anual en un dígito fue hace 23 años.

Además, la reforma tributaria del 2012, que redujo la carga de parafiscales a las empresas, representó una considerable mejoría en la calidad del empleo, en donde por primera vez el número de empleos formales supera al de informales en las 13 grandes ciudades, lo que ha permitido más estabilidad laboral y mayor protección social.

Con la dinámica de crecimiento

El comportamiento de las cifras de pobreza responde de manera determinante a la dinámica del crecimiento económico. Por ejemplo, entre 1993 y 1995 la economía creció en promedio 5,6 por ciento anual y entre el 2003 y el 2005 creció 4,7 por ciento en promedio. En estos dos periodos, la incidencia de la pobreza se redujo en 1,1 y 1,6 puntos porcentuales promedio al año.

Por el contrario, en periodos de menor crecimiento se observan aumentos en la pobreza. Por ejemplo, entre 1995 y 1997 la economía creció en promedio 3,4 por ciento anual y la pobreza aumentó en 1,9 puntos porcentuales por año. El caso más severo se observa en el periodo 1997-1998, en el cual se presentó una caída promedio anual de 0,5 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB) (-5,2 por ciento en 1999), con aumentos promedio anuales de la pobreza de 2,2 puntos porcentuales.

Esta dinámica desaparece en lo corrido de la presente década. Durante el periodo 2010-2012, en el cual el crecimiento promedio de la economía fue de 4,9 por ciento, la caída promedio en la pobreza fue de 2,5 puntos porcentuales. Incluso en el periodo 2014-2016, en el cual la economía bajó su ritmo de crecimiento con un promedio de 3,1 por ciento anual, la pobreza siguió cayendo en 0,9 puntos porcentuales cada año en promedio.

Es así como, si bien en el periodo 2014-2015 el país experimentó el cuarto peor choque económico en el último siglo debido a la reducción súbita e inesperada en los precios del petróleo, entre el 2015 y el 2016 la pobreza monetaria apenas creció 0,2 puntos porcentuales. Aunque la caída en la pobreza monetaria es menor en los últimos dos años, la tendencia a la reducción persiste y el país no ha vuelto a los índices de pobreza que registró en los años 1990 y 2000, pese al menor crecimiento.

Esto refleja una política pública encaminada a lograr un crecimiento sostenido, a la par con la consolidación y expansión de las redes de protección social, algunas de ellas creadas en anteriores administraciones, así como acciones de política focalizadas que permiten proteger el ingreso de los más pobres.

Mejores condiciones de vida

La caída significativa en la pobreza observada en la última década es el resultado de una política social orientada a mejorar las condiciones de vida de la población pobre y vulnerable del país, en el contexto de un manejo económico que ha permitido un crecimiento promedio de 4,1 por ciento en lo corrido de esta década. Si bien hemos abierto el debate sobre la necesidad de mejorar la focalización de los subsidios sociales, también es importante destacar el impacto favorable de programas como, por ejemplo, Más Familias en Acción o Colombia Mayor.

En efecto, las estimaciones de Planeación Nacional permiten afirmar que en el 2016 la incidencia de la pobreza total y la pobreza extrema son 1,3 puntos porcentuales menores de lo que serían en ausencia de los subsidios sociales, lo que implica que más de 600.000 personas lograron superar la pobreza gracias a estos apoyos. Por ello, el Gobierno ha sido muy cuidadoso en épocas de estrechez fiscal de no afectar estos programas que claramente están dando los resultados deseados.

Las mejores condiciones de vida de la población también se observan con los avances en la reducción de la pobreza multidimensional, que mide el acceso a la educación y la salud

Las mejores condiciones de vida de la población también se observan con los avances en la reducción de la pobreza multidimensional, que mide el acceso a la educación, a la salud y el nivel de vida representado en servicios básicos. Esta medición más integral de la pobreza presenta también grandes avances en lo corrido de esta década, al pasar de 30,4 por ciento en el año 2010 a 17,8 por ciento en el 2016. Esta mejora implica que entre el 2010 y el 2016 salieron de la pobreza multidimensional 5,1 millones de personas. Solo en el último año, más de un millón de colombianos, 804.000 de la zona urbana y 246.000 en lo rural, tienen mejores condiciones de vivienda y de acceso a servicios sociales.

A estos importantes resultados han contribuido programas como el de vivienda gratuita, que ha beneficiado a cerca de 100.000 hogares; la estrategia nacional de Cero a Siempre, dirigida a promover y garantizar el desarrollo integral de los niños y las niñas, que ya cuenta con más de 1’230.000 beneficiarios; y el programa Colombia Mayor, que busca beneficiar a los adultos mayores en pobreza extrema, que se amplió de 482.000 cupos en el 2010 a 1’500.000 cupos asignados en el 2016.

También de manera crucial se han visto los efectos de la apuesta decidida del Gobierno en educación, con programas como Jornada Única, Todos a Aprender y Ser Pilo Paga, que han permitido aumentar la cobertura y calidad de la educación básica, media y superior.

Retos hacia adelante

En lo corrido de esta década el país ha alcanzado logros sustanciales en la reducción de la pobreza, la pobreza extrema y la desigualdad, al tiempo que se ha observado una buena dinámica en la generación de empleo, especialmente el formal. Estos logros han permitido que, por primera vez, el número de personas en la clase media sea superior a la cantidad de personas en la pobreza, consolidando un número sustancial de hogares con mayores ingresos que seguirán dinamizando el crecimiento económico en los próximos años.

Si bien la batalla contra la pobreza se viene ganando, es imperativo no desacelerar el paso. Hacia adelante, el país debe seguir construyendo sobre lo construido. Es necesario continuar las mejoras en la focalización del gasto en subsidios, aumentando aún más su eficiencia y eficacia, y creando mecanismos de graduación que permitan garantizar la temporalidad de los mismos.

Simultáneamente, debe posicionarse de manera central la agenda de productividad, como la base del crecimiento económico futuro. Aspectos como mejoras en la calidad de la regulación, la política de formalización empresarial, así como los temas de ciencia e innovación, crecimiento verde, desarrollo productivo, educación y TIC constituyen parte central de la política pública, con medidas que profundicen los logros alcanzados, y que permitan a nuestro país continuar por la senda del crecimiento económico incluyente.

LUIS FERNANDO MEJÍA
Director General del Departamento nacional de planeación (DNP)
Especial para EL TIEMPO

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