No hay empleo para tanta gente: así está el mercado laboral en el país

No hay empleo para tanta gente: así está el mercado laboral en el país

Conozca en cifras gruesas y términos sencillos a qué se dedican los 50 millones de colombianos.

Desempleo y empleo

Según el Dane, los desempleados son alrededor de 2’600.000 colombianos.

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123rf

23 de agosto 2018 , 07:52 a.m.

Bayardi Fernández es un profesional de 52 años que se ha pasado la mayor parte de su vida productiva buscando trabajo. Hoy todavía no lo ha conseguido y las esperanzas de lograrlo son mínimas por su edad. Todos los días se levanta y se arregla no para conseguir un empleo sino para buscar algún ingreso que le permita vivir, por lo menos a medias, el día a día.

Como Bayardi son más de dos y medio millones de personas desempleadas. La gran mayoría siente, hace y piensa a diario lo mismo: antes que empleo necesito plata para sobrevivir.

Buscar algún dinero diario y hacer algo son las principales metas de este ejército de desocupados que sale todos los días a las calles de todas las ciudades a arañar unos pesos y pasar el día en alguna ocupación productiva.

En ese orden de ideas, Bayardi se inventó unas cartillas que tituló ‘Educación para la paz y la convivencia ciudadana, el tema del día’, y lleva años golpeando puertas en pueblos y grandes ciudades sin una respuesta positiva para su propuesta.

Como no ha conseguido quién le ayude, hace unos meses se presentó a una convocatoria de la Alcaldía de Bogotá para la zona franca y lo descabezaron por tener más de 35 años. Ante eso, dice, uno necesita un plante para arrancar a hacer algo y echar para arriba.

Definiciones insólitas

En materia laboral, las cifras, definiciones y análisis del Dane son tan frías que producen el contraste de risa en unos y dolor en otros. Solo tiene uno que visitar el portal de la entidad pública que lleva las estadísticas.

La cruel radiografía de la distribución de la población colombiana teniendo en cuenta el concepto de fuerza de trabajo, según el Dane, es hoy la siguiente en números gruesos, aproximados y redondos: están ocupadas cerca de 22 millones de personas. De estas, unos 8 millones son los llamados formales, es decir, los que cotizan a pensiones, tienen contrato y pueden recibir prestaciones sociales. El resto, más de 13 millones de habitantes, son informales, es decir, los que se dedican al rebusque y a quienes el Dane divide y bautiza como subempleados subjetivos y subempleados objetivos.

Según los técnicos, el subempleo subjetivo se refiere al deseo manifestado por el trabajador de mejorar sus ingresos, incrementar el número de horas trabajadas o de tener una labor más propia de sus competencias personales, y el subempleo objetivo comprende a quienes también tienen el deseo de mejorar sus ingresos, el número de horas trabajadas o tener una labor más propia de sus competencias personales, además de haber hecho una gestión para materializar su aspiración y estar en disposición de efectuar el cambio, como es el caso de Bayardi.

Lo más grave y curioso de la realidad es que el Dane considera ocupadas a las personas que durante el período de encuestas se encontraban en una de las siguientes situaciones:

1. Quien trabajó por lo menos una hora remunerada en dinero o en especie en la semana de referencia. (Aclaración: lo que se recibe por una hora de trabajo no alcanza ni para pagar el TransMilenio).

2. Los que no trabajaron la semana de referencia, pero tenían un trabajo.

3. Los trabajadores familiares sin remuneración que trabajaron en la semana de referencia por lo menos una hora. Todos estos pasan en las cuentas públicas como ocupados y empleados.

Ahora vamos al peor escenario: los desocupados o simplemente desempleados son alrededor de 2’600.000 colombianos y extranjeros, más del 10 por ciento de la población económicamente activa.

El Dane contempla como desocupadas a las personas que en la semana de referencia se encontraban en una de las siguientes situaciones:

“Desempleo abierto, es decir los que hicieron diligencias en el último mes, y desempleo oculto, quienes no hicieron diligencias en el último mes, pero sí en los últimos 12 meses y tienen una razón válida de desaliento”. Aquí hay que advertir que desalentados viven todos.

Pero si todo esto nos preocupa, las razones del Dane que validan el desempleo son: a. No hay trabajo disponible en la ciudad. b. Está esperando que lo llamen. c. No sabe cómo buscar trabajo. d. Está cansado de buscar trabajo. e. No encuentra trabajo apropiado en su oficio o profesión. f. Está esperando la temporada alta. g. Carece de la experiencia necesaria. h. No tiene recursos para instalar un negocio. i. Los empleadores lo consideran muy joven o muy viejo.

En casi todos estos ítems clasifica Bayardi. El Dane seguramente aplica técnicas y metodologías mundiales que son tenidas en cuenta por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Por eso también veamos en contraste, cuáles son las razones no válidas del desempleo, según los mismos técnicos: a. Se considera muy joven o muy viejo. b. Actualmente no desea conseguir trabajo. c. Responsabilidades familiares. d. Problemas de salud. e. Está estudiando.

Stefano Farné, especialista en materia de empleo y docente de la Universidad Externado de Colombia, sostiene que no se sabe qué pasa con los que se están retirando del mercado de trabajo, pues ellos dicen que no están buscando. Entonces, ¿de qué viven? Ese es el acertijo. Y el mismo Farné responde: puede ser de los subsidios, y eso podría ser una razón, pero no hay pruebas tan contundentes.

Para este experto, el quid no es cuánto crece el desempleo, pues él considera que su aumento está por debajo del porcentaje de población que entra en la edad de trabajar. Agrega que el asunto es la gente inactiva, pues si en un mes la población en edad de trabajar sube 1,3 por ciento, el desempleo aumenta la mitad, es decir, poco más del 0,6 por ciento.

Este planteamiento indica que el desempleo debería subir más si la gente entra al mercado laboral, pero, al parecer, buena parte de la población no quiere trabajar o se cansó de buscar, y seguramente decide vivir de los subsidios, es decir, busca un ingreso y no un puesto. Asistencialismo, claro, que no es productivo.

¿Quiénes son los inactivos?

Para seguir con las cifras gruesas, en el país hay un poco más de 14 millones de personas inactivas. Se consideran inactivas “todas las personas en edad de trabajar que en la semana de referencia no participan en la producción de bienes y servicios porque no necesitan, no pueden o no están interesadas en tener actividad remunerada. A este grupo pertenecen estudiantes, amas de casa, pensionados (con mesada), jubilados (sin mesada), rentistas, inválidos (incapacitados permanentemente para trabajar), personas a las que no les llama la atención o creen que no vale la pena trabajar”, según el Dane.

A estas alturas y con las cifras descritas, la suma de la población ocupada, desempleada e inactiva llega a casi 40 millones de habitantes. Y para ir acercándonos al total de la población nacional, a los 40 millones se le suman cerca de 10 millones de menores de 12 años, que no están en edad de trabajar. Dato que no coincide con la realidad, pues los niños trabajadores y sin ingreso suman varios millones.

Ahora veamos los términos que hemos mencionado y que identifican la clasificación en la cual se ubica cada colombiano según su actividad. De la población total (PT) sale la población en edad de trabajar (PET), que se divide en población económicamente activa (PEA) y población económicamente inactiva (PEI). La PEA se divide en ocupados y desocupados. ¿Dónde está usted?

La riqueza de los países está representada en el producto interno bruto (PIB). La demanda interna de bienes y servicios es fundamental para salir de pobres. Y como dicen que la pobreza solo con plata es llevadera, lo primero que la gente pide es tener un ingreso o mejorar el que recibe para poder comprar más. Segundo, la población reclama, antes que puestos, una ocupación, es decir qué hacer. Y, por último, la población aspira a un empleo, ahora menos, pues se habla más de emprendimiento.

Para el especialista Farné, a veces no hay alternativa: hay que recurrir al trabajo temporal, y es muy difícil saber hoy si los jóvenes quieren un trabajo estable, pero llegará el día en que se den cuenta de que un empleo estable es mejor. Y hay, añade, un principio de la economía: si quiere trabajo estable, debe estar dispuesto a un ingreso más bajo, y la pregunta es: ¿sí hay gente que prefiere un trabajo inestable y lo busca? Ahí está el punto, y no hay muchas respuestas.

El panorama inicial y las razones anteriores son la principal explicación de que la gente hoy, por su orden de necesidad, busca primero ingreso y ocupación, y por último un empleo.

Ahora bien, cuál es el público objetivo de esta situación: primero, los más de 2,6 millones de desempleados; segundo, los 3,5 millones de jubilados sin pensión y los varios millones de colombianos y extranjeros inactivos, informales y subempleados que no tienen plata en el bolsillo para sus gastos básicos.

Soluciones, financiación y salidas

El nuevo gobierno y los empresarios tienen que propiciar el ingreso, la ocupación y el empleo en infraestructura, turismo, entretenimiento, jornales rurales, producción de alimentos, confecciones populares, gente que trabaja en prevención de las enfermedades, asesores de pensiones, obligación de empresas con más de 50 trabajadores a contratar los servicios de un sicólogo y un comunicador, y más plazas de policías y maestros, pues el país tiene como prioridades la educación y la seguridad.

Pero se requiere además facilitar el funcionamiento de los subsidios y del seguro para el desempleo. Las cajas de compensación tienen en sus arcas miles de millones de pesos que no han podido entregar a sus beneficiarios por complejos trámites.

Hay que crear para los desempleados auxilios o descuentos en transporte público, salud, celular, alimentos, ropa y arriendo, las prioridades para sobrevivir. Congelar pago de cuotas de créditos de vivienda. Todo este paternalismo con una rigurosa vigilancia.

Las políticas de ingreso, ocupación y empleo no deben descartar beneficios tributarios para los que creen un nuevo puesto de trabajo formal con salario mínimo.

Y por qué no pensar en un primer empleo, por un año, sin pago de seguridad social pero con afiliación del trabajador a salud como beneficiario de los padres.
También prácticas laborales, con medio salario mínimo y las mismas condiciones de seguridad social anteriores.

Además, ampliar cobertura, facilitar trámite y subir el monto al auxilio mensual de la Colombia Mayor que se paga a los ancianos indigentes o en la extrema pobreza.

En cuanto al emprendimiento y la microempresa, ahí radica la gran fuente de ingreso, ocupación y empleo. Estímulos para popularizar franquicias y muchas opciones más que están a la vista y necesitan compromiso y decisión del gobierno, los empresarios, los bancos y la misma gente interesada. Aquí debemos tener en cuenta que por mejor que nos vaya, no hay empleo para tanta gente (desempleados).

Y, de dónde saldrán los recursos, pues de una o varias de las siguientes fuentes: un 1 del 4 por mil, del 1 por ciento de los dividendos de los accionistas, de deuda externa, del presupuesto nacional, de las regalías, del recorte al impuesto a la guerra, de tributos al vicio (cigarrillos y licores), del pago de peajes, de capitales del exterior con amnistías tributarias, de inversión extranjera, de los grandes empleadores (telefonía móvil, EPS, sector financiero e hipermercados), de la industria del turismo y el entretenimiento, de la construcción y de la población en general, pues la ciudadanía también debe entrar en el pensamiento de la filosofía popular del todos ponen.

Y qué puede hacer la población común y corriente, pues contratar cada persona, cada familia o cada comunidad en servicios tales como docentes, niñeras, cuidadores de ancianos, paseadores de perros, conductores, mensajeros, jardineros, domésticas, vigilantes, formadores en tecnología, trabajo por días, toderos para arreglos de casas...

Estas iniciativas, para que Colombia crezca su demanda interna y sus habitantes puedan salir, unos de la pobreza extrema, otros de la pobreza y muchos más subir su calidad de vida. Y claro, que Bayardi Fernández consiga por lo menos un ingreso y algo qué hacer.

ALMÍKAR HERNÁNDEZ
Especial para EL TIEMPO

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