Las necesidades están, ¿qué esperamos? / Opinión

Las necesidades están, ¿qué esperamos? / Opinión

Una economía próspera respalda desde la obra pequeña hasta la autopista más grande.

Puente Paso Real

Colombia debe reforzar, aún más, el desarrollo de su infraestructura.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

17 de agosto 2018 , 05:54 p.m.

Cada vez que se revelan las cifras del Dane sobre producción de cemento y concreto en el país, siempre llama la atención la cifra general para saber si el volumen creció o disminuyó con respecto al año anterior, sin ir más allá.

No hace falta explorar mucho este tema y los números detallados que la información oficial brinda, para empezar a reflexionar. Veamos. En cuanto al cemento, si bien el consumo per cápita en nuestro país ha venido creciendo en los últimos años y hoy en día ronda los 250 kilos por habitante al año, ese valor está por debajo del promedio mundial y de países cercanos como México o Perú.

No podemos compararnos con el promedio de aquellos donde se ha dado un boom moderado en el desarrollo de vivienda e infraestructura que superan los 400 y 500 kilos, y hasta una tonelada por habitante al año. Internamente, tenemos departamentos donde el consumo apenas supera los 100 kilos anuales por habitante, similar al consumo de Haití, el país de menor índice de desarrollo de toda América. Tampoco podemos dejar de mencionar que ciudades como Bogotá, exhiben un número sorprendentemente bajo de consumo.

¿Cómo queremos que quienes están en las zonas más alejadas tengan una mejor calidad de vida, si no cuentan con vías transitables?

La relevancia de estas cifras debería preocupar, pues existe una altísima correlación entre el PIB de los países y su consumo de cemento –la organización Asocem de Perú indica que es del 95,8 por ciento–, es decir, que a pesar de los esfuerzos por avanzar en materia de vivienda y de conectividad, aún estamos lejos de ser un país competitivo.

¿Cómo queremos que quienes están en las zonas más alejadas tengan una mejor calidad de vida y sean parte del país ‘formal’, si no tienen una sola carretera transitable y eficiente que les permita acceder a servicios de salud o, simplemente, enviar a sus hijos a la escuela? ¿Cómo queremos que la gente que vive en nuestras capitales tenga calidad de vida, si para moverse no tiene otra opción que gastar buena parte de su día en el transporte por la insuficiencia de vías? Las obras –públicas y privadas– nos impactan a todos en nuestro desarrollo pero como ciudadanos, muchos somos ajenos a su importancia.

De ahí que llamemos “gasto” a la inversión en infraestructura e ignoremos que a pesar de los anuncios recientes, esta en el país sigue siendo muy baja, en comparación con otros. Si queremos que nuestra economía prospere, los colombianos debemos respaldar desde la obra pequeña en el municipio más alejado, hasta la autopista más importante. Las necesidades están y las fórmulas de desarrollo –sin corrupción– también. ¿Qué esperamos?

MANUEL LASCARRO
*Asociación Colombiana de Productores de Concreto.

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