‘Compre libretas y dibuje fue el consejo que me dio Le Corbusier’

‘Compre libretas y dibuje fue el consejo que me dio Le Corbusier’

La última entrevista del fallecido arquitecto Germán Samper Gnecco en EL TIEMPO.

Germán Samper Gnecco, arquitecto colombiano

Germán Samper Gnecco murió este miércoles a las 95 años de edad.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Gabriel E. Flórez G.
22 de mayo 2019 , 03:39 p.m.

En 1947, Germán Samper Gnecco recibió el título de arquitecto de la universidad Nacional de Colombia y un año después ya formaba parte del equipo del arquitecto suizo nacionalizado francés Le Corbusier, donde estuvo hasta 1954. “Quería aprender con él, lo busqué y eso fue determinante en mi vida…”, recuerda.

De la estadía en París, evoca cómo desde la habitación en la que vivía apreciaba la Torre Eiffel antes de salir al taller, donde, incluso, compartió el aprendizaje con su colega Rogelio Salmona.

Ese contacto con el maestro Le Corbusier fue el que, precisamente, reforzó su interés en los bocetos y los trazos: “Era agosto, no tengo la fecha exacta, pero recuerdo que tras unos meses de trabajo llegó el momento de salir a vacaciones; Salmona estaba conmigo y mientras Le Corbusier cerraba la puerta del taller con candado nos preguntó: ‘¿Tienen buenas cámaras fotográficas?’. ‘Claro’, respondimos. Entonces, nos miró y dijo: ‘Guárdenlas bien y mejor compren lápices, libretas y dibujen...’ ”.

Samper Gnecco asegura que fue el mejor consejo que recibió, y, sin duda, el punto de partida para “los croquis” compuestos actualmente por más de 5.000 dibujos hechos durante sus viajes a través del mundo.

“Hoy, los sigo utilizando en mis conferencias como herramienta pedagógica”, anota el autor de proyectos emblemáticos de Bogotá como la Ciudadela Colsubsidio; el barrio La Fragua, desarrollado en autoconstrucción; la biblioteca Luis Ángel Arango y el edificio de Avianca, por citar algunos

A estos se suman el edificio Coltejer, en Medellín, el Centro de Convenciones de Cartagena y otros en Ecuador y Perú.

Samper Gnecco –quien cumplió recientemente 95 años (nació en Bogotá el 18 de abril de 1924)– es reiterativo en que sus dibujos han sido el camino para despertar la sensibilidad de los nuevos arquitectos, a quienes les enseña que también pueden crear los suyos y armar su patrimonio gráfico”.

De hecho, ese legado del lápiz y el papel sigue vigente a través de sus alumnos, en quienes se ve reflejado cuando los invita a sentarse en la esquina de alguna ciudad colombiana para que dibujen. “Recientemente, en Tunja, hicimos ese ejercicio y me conmovió verlos cómo la pintaron, cómo la sintieron…”.

Sobre la ineludible transición, tras la llegada de la tecnología, el arquitecto señala que ha sido interesante, aunque –dice– ha fomentado la pereza de muchos arquitectos, que teniendo aptitudes para dibujar, prefieren tomar una foto.

“Creo que no es lo mejor, porque la imagen pasa directo; en cambio, al hacer el croquis hay un primer ejercicio que no termina allí, sino que es el punto de partida para ir a los detalles, con trazos y mucha observación”, enfatiza.

Es fabuloso ver que desde la profesión también se está desarrollando una conciencia
verde

Clase de urbanismo

Sin embargo, más allá de los croquis el arquitecto anota que durante su vida profesional ha seguido otras dos líneas de acción: la vivienda popular y el diseño de edificios, que, reconoce, ha reducido.

De la primera destaca el barrio La Fragua, en Bogotá, un ejemplo de aporte social que data de 1958, en el cual se manejó la autoconstrucción, donde las actividades para desarrollar estas viviendas populares fueron diferentes a las de una vivienda tradicional.

“Cuando no hay recursos, la gente se instala en los lugares de manera informal sin que haya sentido de pertenencia; por eso, hay que proveerles un techo y en La Fragua, los beneficiarios trabajaron en el suyo”, recuerda.

Al caso de esta emblemática urbanización, Samper le suma el del barrio Guacamaya, también en Bogotá, donde la vivienda se presentó como sustento en inmuebles desarrollados de forma progresiva.

“Allí, encontré una casa en la cual vivía un zapatero, que no necesitaba mucho espacio. Incluso, su esposa tenía una tienda, y, además, el segundo piso, también de ellos, estaba arrendado. Es decir, había tres actividades productivas, lo que, 'per se', no era un error. Claro, se evaluó bien el proceso para que esto se pudiera hacer”.

Como los lápices, el papel y sus croquis, estos temas urbanísticos siguen apasionando al arquitecto, quien convierte la charla en una clase magistral de lo que implica hacer ciudad.

Así, tras una pausa para firmar una carta que le muestra su hija Ximena Samper, también arquitecta y con quien trabaja actualmente, retoma otro tema que le apasiona: los proyectos mixtos como solución para minimizar los costos de la tierra.

“Recuerdo que Le Corbusier sugería no mezclar usos, sino hacerlo de forma zonificada. Es decir, un espacio para comercio, otro para vivienda… sin embargo, yo era de la idea de integrarlos. Hoy, los usos múltiples son posibles y deseables”, señala.

Con esto, una consecuencia lógica ha sido el crecimiento en altura, la cual Samper no considera una solución. “Los edificios muy altos no siempre entregan lo mejor y pueden fallar. Por ejemplo, en las viviendas de interés social (VIS) que se desarrollan en cinco pisos y sin ascensor, hay un vacío que se debe resolver. Aun así, reconozco que ante esta ineludible necesidad, la idea de más pisos debería estar compensada de mejores servicios”, explica.

Su descendencia

Y es una dinámica que el arquitecto le atribuye, entre otros aspectos, al crecimiento de la migración del campo a la ciudad, que, en el caso de Bogotá, ha impulsado su crecimiento sin control. “Y aquí será clave el papel del Estado”, anota.

Hoy, estos temas siguen en su agenda, al lado de su hija Ximena, quien tiene la responsabilidad del diseño de los proyectos. Samper Gnecco tiene otro hijo arquitecto, Eduardo, el mayor que abrió su propia oficina. Y el tercero –agrega– es muy particular porque tiene varias profesiones, pero demostró que, de una u otra forma, es arquitecto, pues ha sorprendido con varias obras.

“Actualmente, construye un hotel donde el sentido ecológico y el buen uso de los materiales es determinante, algo de lo que me siento afortunado, pues es fabuloso ver que desde la profesión también se está desarrollando una conciencia verde, pues, vale decirlo, estamos acabando con el planeta y hay que asumir acciones”.

Algo que demuestra que Samper está conectado con las nuevas generaciones, a las cuales, de hecho, las está orientando en diferentes etapas de su carrera. Una de ellas es la venezolana Marieth Castro, estudiante de la Universidad del Táchira (UNET), quien desde agosto del año pasado hace una investigación del arquitecto colombiano y su obra, y en sus libretas de apuntes ha empezado a ‘dibujar’ su propia historia...

GABRIEL E. FLÓREZ. G.
Coordinador editorial Vivienda
Twitter: @GabrielFlorezG

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