¿Estamos al borde de que el empleo sea el peor problema del país?

¿Estamos al borde de que el empleo sea el peor problema del país?

El ex ministro y analista económico Juan Camilo Restrepo, en entrevista con María Isabel Rueda.

Tras renuncia de Restrepo a diálogo con el Eln habrá renovación del equipo

Juan Camilo Restrepo ha estado al frente de varios ministerios. Hoy es analista económico.

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Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
15 de julio 2019 , 06:52 a.m.

Restrepo prende la alarma sobre la forma como se están destruyendo empleos. ‘No es que haya más demanda, sino menos oferta’, dice, y lo demuestra con cifras.

Recientemente le hemos oído que el mayor problema del país en este momento es el empleo. Pero nadie está debatiendo el tema…

Como van las cifras que ha ido divulgando el Dane, es cierto que el tema del desempleo se está volviendo, desde el punto de vista social, el mayor problema del país. Y lo más grave es que tiene trazas de complicarse aún más.

¿Cuál sería el diagnóstico preciso?

Es el siguiente: entre abril del año pasado y abril de este año se destruyeron 750.000 empleos…

¿Qué quiere decir destruir? ¿Quiere decir que se anularon, que se cerraron…?

En las cifras que se publican de empleo hay unas que comparan el empleo que había hace un año con el que hay ahora. Entonces, en abril de este año había 750.000 menos que hace un año, y en mayo había 280.000 empleos menos que hace un año. Si uno suma esos dos rubros, pues prácticamente se han destruido un millón de empleos en el último año.

Pero, perdón insisto: ¿“destruir” quiere decir que existían y los cerraron?

Existían y los cerraron, existían y no se renovaron, y, entonces, el nivel de empleo ha bajado.

La oferta de empleo ha bajado…

Sí. Entonces, siguiendo con el diagnóstico, las empresas que finalmente son las generadoras del empleo, llevan casi un semestre sin generar nuevos empleos. No es tanto que haya un exceso de demanda de empleo insatisfecha, sino que hay un déficit de oferta de nuevo trabajo.

Entonces, vamos a analizar las dos partes. Primero, ¿qué significa que la economía colombiana no esté produciendo nuevos empleos?

Si la economía no está generando nuevos empleos, quiere decir que cada vez más el volumen total de empleos está estático en relación con la gente en capacidad de trabajar, y por eso es que se está subiendo de esta manera el desempleo. Olvidémonos, cómo van las cosas, de cifras de desempleo de un solo dígito. Las últimas cifras, que son las de mayo, muestran que en las 13 principales ciudades del país el desempleo superó el 11 por ciento; ya está llegando al 12 por ciento. Y a nivel nacional también nos volamos la barrera del dígito y ya hoy nos pasamos al 10,5 por ciento de desempleo.

Hablemos, entonces, de la demanda. Todo el mundo piensa que es por culpa de los venezolanos que tenemos un millón largo, un millón quinientos mil nuevos demandantes de empleos que, digamos, han sido factor para subir la tasa de desempleo. En su opinión, ¿es más la falta de oferta que el exceso de demanda?

Las cifras muestran que el problema del mercado laboral es falta de oferta de nuevos empleos. Algo tendrá que ver el fenómeno de los inmigrantes venezolanos, tampoco puede decirse que no. Entre otras cosas, las cifras de los mayores desempleos se están registrando en las ciudades donde no llega la migración venezolana, mientras que ciudades como Cúcuta, por ejemplo, o Bucaramanga no son las más altas de desempleo en el país, lo cual es un indicio de que sí pesa la inmigración venezolana, pero no es el factor determinante. El factor determinante es que las empresas, agobiadas de cargas, agobiadas de falta de demanda, desanimadas, no están abriendo nuevos frentes de empleo.

¿Por qué están desanimadas las empresas colombianas?

Aunque se hizo un esfuerzo, que no se puede desconocer, de bajar algunos impuestos a las empresas, en realidad fue tan mínima la baja que todavía siguen asfixiadas. Por factores tributarios o por otras cargas.


Deme un ejemplo…

Un ejemplo. Uno de los sectores que más empleo produce en un país es el de la vivienda y, entonces, la última reforma tributaria extendió a todas las transacciones inmobiliarias que deban registrarse en notaría, más allá de compras y ventas, un nuevo impuesto del 2 por ciento. Eso ha paralizado mucho el mercado inmobiliario del país, ha creado incertidumbres, y la sumatoria de esas cosas es lo que lleva al desánimo empresarial para crear nuevos empleos.

¿En el área de construcción?

Sí. Bueno, hay también un factor técnico que lo miden las cifras de la encuesta de hogares. Hay un concepto que se llama ‘tasa de participación’. ¿Qué es la tasa de participación? La que mide qué porcentaje de la gente que pudiendo trabajar está buscando empleo. Y resulta que esa tasa de participación ha bajado. ¿Eso qué muestra? Que no es un exceso de demanda la que está generando el desempleo, y que ya podemos estar llegando a una situación en la que uno puede decir que la gente se está empezando a aburrir de buscar empleo.

¿Es decir que se están inventando empleos independientes?

Que se está rebuscando porque la gente tiene que vivir de algo, pero cada vez es con un factor de informalidad mayor.

¿Qué hacer?

Primero, no seguir atosigando al sector empresarial con nuevos tributos como el que acabo de mencionar.

Y menos con el del doctor Álvaro Uribe, de la prima extra…

Y segundo, tener mucho cuidado con que no vayan a prosperar iniciativas como la del expresidente, de poner un recargo a ciertos niveles del empleo, porque eso sí es pegarse un tiro en el pie, y mucho más en este momento en que el empleo está empezando a mostrar sus garras. Yo creo que es un error monumental haber propuesto eso, y echo de menos que el Gobierno como tal, a saber, el Presidente de la República o la propia ministra de Trabajo no hayan disentido de esa prima propuesta por el expresidente Uribe. Los salva una furtiva discrepancia del ministro de Hacienda con esa iniciativa.

¿Algo se le puede reconocer al Gobierno que esté haciendo bien en empleo?

Yo creo que está haciendo cosas buenas. Por ejemplo, me parece muy afortunado el arreglo y el diagnóstico que entraña el arreglo que hicieron con los paneleros. ¿Por qué? Porque el café, el arroz y la caña panelera son los tres cultivos que más empleo generan en Colombia. Trescientas mil familias viven del cultivo y la producción trapichera de la panela. De manera que cuando decimos que se arregló con los paneleros, quiere decir que se arregló, y creo que bien arreglado, un problema que podría hacer explosivo el tema del desempleo. Como también me parece bueno, hay que reconocerlo, lo que el presidente Duque hizo en la Cumbre del Pacífico, donde dijo, no vamos a entregar el sector lechero al programa de desgravación, porque también hay 300.000 familias, muy frágiles, cuyos empleos estaban en peligro si se meten en la licuadora de un tratado de libre comercio. Los centroamericanos excluyeron el sector lechero, hace ya algunos años, de sus acuerdos con Estados Unidos y con la Unión Europea. Me parece que estuvo bien hecho eso.

Las cifras muestran que el problema del mercado laboral es falta de oferta de nuevos empleos

Pasemos al de la inflación. ¿Por qué se siente preocupación por los nuevos índices de inflación, que es, digamos, la causa de existir del Banco de la República? Cuidar que la tasa de inflación no se dispare, y así ha subido…

Dentro de todos los indicadores económicos el que menos mal va es la inflación. Eso hay que reconocerlo. Sin embargo, en el último mes hubo algún cabeceo de la inflación que hay que ponerle mucho cuidado, porque si eso se prolonga en el tiempo y se acentúa, pues, estaríamos en el peor de los cócteles.

¿El cabeceo fue de cuánto?

El cabeceo fue como de medio punto más con relación a las metas que maneja el Banco de la República. Todavía está bajo control, no es que esté desbordada la inflación ni mucho menos, y puede estar explicado por la cuestión de la vía al Llano y algunos otros problemas, pero no es bueno que haya tenido ese cabeceo.

Leí en alguna parte que las consecuencias de la interrupción de la vía al Llano tampoco son el factor principal de este cabeceo de la inflación…

Sí, hay fuerzas de inflación por todo lado, hay una inflación de costos, todo esto que estábamos hablando del empleo es finalmente factores de fuerza; mayores costos en servicios públicos han también subido mucho, ciertos servicios públicos son controlados; y lo del Llano, pues sí, como el Llano es proveedor de alimentos, algún efecto ha tenido en ciudades como Bogotá.

Bueno, y el tercer tema de esta entrevista es el Plan de Desarrollo frente al presupuesto nacional. El Plan de Desarrollo parece ser un plan muy feliz, lleno de metas muy plausibles, muy bonitas, muy románticas, muy sociables, ¿Pero qué tan real es enfrentado con el presupuesto nacional?

El plan cuatrienal de desarrollo, primero que todo, es un documento abigarrado, 1.500 páginas, casi 400 artículos, pero tiene una parte que son las inversiones que se aspiraría ejecutar en este cuatrienio, y allí se programan inversiones de todo lo habido y por haber, y en todas las magnitudes, hasta el punto de que el Plan de Desarrollo prevé para este cuatrienio inversiones de 1.100 billones de pesos. Pero claro, como la constitución colombiana dice que no se puede gastar un solo peso en Colombia que no esté autorizado por el presupuesto, ya con miras al presupuesto del año entrante, que se está preparando y que se va a presentar en estos días, ya se empieza a ver la discrepancia…

¿Ante el Congreso?

Sí, ante el Congreso se tiene que presentar en los primeros diez días de cada legislatura, es decir, en la última década de julio hay que presentar el presupuesto. Entonces, ya cuando el presupuesto se empieza a preparar, ve uno cómo por un lado el Plan de Desarrollo se preparó con el deseo y se apuntó esta vida y la otra. Pero cuando se ve qué de eso se puede ejecutar, ya choca contra las realidades de las precariedades presupuestales…

¿Cuáles serían las protuberancias de ese choque?

Las protuberancias de ese choque es que frente a las proyecciones del Plan de Desarrollo de gasto y las posibilidades reales de gasto hay una brecha cada vez más grande. Y eso lo vamos a ver patéticamente cuando se registre en los próximos días el presupuesto en el Congreso. Ya tenemos los primeros indicios: a la JEP y a las entidades de la justicia transicional ya les anunciaron un recorte del 30 por ciento (que fue reversado después de esta entrevista). Ayer salió la noticia de que Invias, para sus carreteras, va a tener un recorte de 3 billones de pesos. Y va a haber un chillido monumental, anticipo yo, cuando se conozca el magro presupuesto de inversión para el año entrante. Es decir, lo que uno ve es que el Plan de Desarrollo y sus faraónicas inversiones están teniendo un aterrizaje de barriga en las realidades del presupuesto.

Si usted fuera el ministro de Hacienda del momento, ¿qué haría para virar?

Mire, durante la presidencia de Betancur hubo una emergencia laboral en el país, como la que empieza a verse en el horizonte aquí en Colombia en este momento. Y, entonces, no solo se convocó de urgencia una misión del empleo, que coordinó la OIT, sino que el país se puso en modo de generar empleo. Yo veo al Gobierno hablando de todo lo habido y por haber…

En el Congreso han citado para un debate político a la ministra, concretamente sobre el tema de Rappi. No digo que no haya que discutirlo. Pero el problema del empleo es mucho más general y de fondo…

Sí, lo de Rappi, eso naturalmente hay que regularlo, esa gente no se puede dejar con esos morrales anaranjados tirados en las esquinas de las calles sin ninguna prestación social y demás. Está bien que le pongan algún orden. Pero el problema empieza a lucir mucho más grave que eso, y entonces cuando las soluciones tienen que ser mucho más grandes, pues uno vería que no solo se está convirtiendo el desempleo en el mayor problema, sino que debía ser el gran tema del Gobierno, que es el que tiene que empujar, promover las grandes políticas de generación de empleo. El sector privado también, no puede sacar el bulto, pero el Gobierno tiene que ser el líder, como lo fue en ese último año de Betancur. Que entre otras cosas, nos hace mucha falta Belisario.

Por muchas. ¿Pero cuál es la suya específicamente?

Porque viendo todo esto que está pasando, constata que Belisario tenía mucha razón cuando dijo: “Puede que yo no haya sido el mejor presidente, pero sí creo haber sido el mejor expresidente”. Y eso se está corroborando en estos días… (risas de los dos).

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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