¿Cree que, bajo su dirección, el Dane ha ganado credibilidad?

¿Cree que, bajo su dirección, el Dane ha ganado credibilidad?

El director del Dane, Juan Daniel Oviedo, explica las cifras de la pandemia y habla de su labor. 

Juan Daniel Oviedo

‘Yo me acuesto todos los días pensando: ¿qué me puedo inventar para que le crean al Dane?’, reconoce Oviedo.

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Rodrigo Sepúlveda. Archivo EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
25 de octubre 2020 , 10:45 p. m.

El director del Dane, Juan Daniel Oviedo, explica las cifras de la pandemia. Confiesa que lo más difícil ha sido ganarse la credibilidad. ‘No dejo que esos prejuicios que la gente hace públicos en Twitter y en diferentes medios de comunicación afecten mi función’, asegura.

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El Dane es el gran termómetro de la pobreza, del empleo, de la inflación, del deterioro o de la mejora en la calidad de vida. Tiene que contar con una enorme credibilidad. ¿Usted cree que se la ha ganado?

Hemos utilizado todas las herramientas para promover esa credibilidad, con la adopción de las metodologías de vanguardia para la medición de esos fenómenos, incluyendo el marco particular de la pandemia del covid-19. Como oficina estadística vamos a desarrollar al final de este año una encuesta de confianza, para tener una medición objetiva de efectivamente qué porcentaje de hogares, y de empresas, confían en la información que produce el Dane.

Vamos a la pepa. ¿Qué dificultades le ha planteado al Dane la recolección de datos en estos tiempos de pandemia y de confinamientos?

Una de las mayores es que la encuesta más importante que tiene el Dane es la Gran Encuesta Integrada de Hogares. Lo que ella hace es tomar fotos de cómo viven los hogares del país. Esa encuesta es fundamental, no solo para la medición del mercado laboral, sino también de la pobreza. En países más avanzados, se realiza todavía de forma presencial, aunque tiene unos complementos a través de operativos telefónicos.

¿En Colombia cómo es?

Tradicionalmente ha sido presencial. Entonces, lo que más me trasnochó a mí el 12 de marzo, cuando se declara la emergencia sanitaria, es cómo íbamos a lograr obtener esa información de los hogares, en la medida en que nunca se había hecho un piloto telefónico para ese tipo de encuestas en el Dane. Lo logramos, con una especie de tiger team, para estar meticulosamente manejando sistemas logísticos, llamando a los operadores móviles para pedir colaboración. De una encuesta de 200 preguntas, que toma una hora presencialmente en promedio, la redujimos rápidamente a 39 preguntas para que se demorara 25 minutos, y ahí apelamos a la comunicación. Hicimos unas llamadas pregrabadas con mi voz, y eso sirvió porque como me imitan tanto, la gente sabía que era el director del Dane el que llamaba, para avisar que el hogar había sido seleccionado para la encuesta. Fue un éxito. En agosto volvimos a la presencialidad.

Explíqueme didácticamente, doctor Oviedo, no con una avalancha de datos, cómo es que por la pandemia nos empobrecimos…

¿Cómo nos empobrecimos o cómo nos vamos a empobrecer? Hasta el momento, el Dane no ha podido presentar el dato oficial de pobreza de 2020, porque ese sale hacia mayo de 2021. Pero lo que nos muestra el dato del 2019 es que nos empobrecimos porque el mercado laboral, que se venía deteriorando desde 2015, entre 2018 y 2019 se ganó prácticamente, así para decirlo sencillito, un punto de más de desempleo, y ese punto de más representó un punto de más de pobreza. Eso significa que pobreza-empleo es una relación muy fuerte que existe en el país. Hoy, el efecto del mercado laboral y estos seis puntos de desempleo van a tener un impacto muy importante sobre la pobreza, y por eso ese nuevo estándar de medición se vuelve muy útil para identificar a esas personas que verdaderamente necesitan esa ayuda complementaria del Gobierno Nacional.

En esa relación pobreza-empleo, usted me puede decir, más o menos, ¿cuántos colombianos han pasado a la pobreza y a la pobreza extrema?

Bueno, entre 2018 y 2019 estábamos reportando que específicamente 662.000 colombianos ingresaron a la situación de pobreza monetaria, es decir, que no tienen un ingreso suficiente para poder pagar su alimentación y sus gastos de vivienda, de artículos de primera necesidad; pero esa situación de pobreza fue mucho más pronunciada en las personas que ingresaron a la situación de pobreza monetaria extrema o de indigencia, en donde específicamente nosotros estamos reportando que casi 728.000 personas ingresaron a esa situación.

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¡Qué triste! En agosto de este año, con relación a agosto del año pasado, la economía cayó 10,6 %, rompiendo una leve tendencia a la recuperación que empezaba a verse. ¿Cómo debemos interpretar este resultado, el más malo mes de agosto de la región, con excepción de Chile, según el propio informe de seguimiento de la economía del Dane?

Efectivamente, el 10,6 % de contracción del valor agregado de la economía en agosto del 2020, contra agosto del 2019, es el resultado de que la economía se va recuperando y es como que se va agarrando de cosas para subir, ¿sí? Acuérdese de que en abril tuvimos la contracción más fuerte, que fue del -20,2 %. Una contracción semejante a bajar los tacos de la economía; como decir, todo el mundo se queda quieto. Cuando empiezan a subir los tacos, manufactura empieza a subir, construcción empieza a subir. Lo mismo cuando comienzan a habilitarse algunos servicios médicos que pesan de forma indicativa dentro del PIB.

Pero hay tacos que nunca se prendieron, como, por ejemplo, el transporte urbano, y el intermunicipal y el aéreo, y esos tacos que estaban apagados, alguien los apagó incluso más fuerte, con unas medidas de cuarentenas estrictas en agosto en la zona urbana más importante del país, que es Bogotá, que pesa una cuarta parte de la economía, y Medellín, que también tiene una representación muy importante. Bogotá, Valle y Antioquia son la mitad del PIB de la economía colombiana. Agosto, al no tener días sin IVA y otra vez el comercio cerrado, como en abril, por cuenta de las cuarentenas, llevó a que esa velocidad de ajuste mes a mes que se venía viendo se frenara temporalmente.

¿En septiembre vamos a mejorar?

Por inercia, en septiembre el número tiene que mejorar, porque los carros se están moviendo más y están consumiendo combustible, hay transporte intermunicipal, hay vuelos, aunque los aeropuertos no estén en su capacidad plena.

¿Qué me puede decir del empleo? ¿Hay posibilidad de que algún día volvamos a desempleo de un solo dígito?

Es difícil que eso vaya a suceder muy rápido. Porque cuando nosotros hacemos un balance de los seis meses de confinamiento, el país se quedó con 1,5 millones más de personas desempleadas, de las dos y medio millones de personas que tenía desempleadas el año pasado. Pero, particularmente, esas personas desempleadas tienen bajo nivel de formación. Va a ser muy difícil que las actividades en las que trabajaban recuperen su normalidad. Luego no serán rápidamente empleables, llamémoslo así, aunque esa palabra no existe, y van a tener que buscar algo que hacer, probablemente por el canal de la informalidad. Y otras, pues, van a seguir engrosando las cifras de desempleo.

¿Y qué hacer para alivianarles la situación?

Habrá que pensar en cómo vamos a establecer unos mecanismos de formación para que esas personas que estaban trabajando en labores tan básicas rápidamente puedan adquirir algunas competencias para ser empleables en otras actividades.

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¿Regionalmente, cuáles son las ciudades más golpeadas por el desempleo, y cuáles las que mejor libradas salieron?

Las políticas de empleo no solo tienen que pensar en una diferencia urbano-rural, sino para cada ciudad tener un enfoque distinto. Las ciudades más afectadas por el desempleo son las principales grandes ciudades, como Bogotá, Medellín, Cali. En Bogotá, durante el periodo del confinamiento, específicamente entre marzo y agosto, se perdieron 885.000 puestos de trabajo; 490.000 de mujeres y 395.000 de hombres. Se perdió trabajo en las actividades de comercio, de entretenimiento, en el empleo doméstico, en la confección de prendas de vestir, y en los hombres se perdió específicamente en el sector manufacturero, y en otro tipo de actividades como la fabricación de plásticos y de productos metálicos. Medellín también tuvo una afectación importante, perdió 415.000 puestos de trabajo; 275.000 de hombres y 140.000 de mujeres.

Hubo otras ciudades muy afectadas como Neiva, con una tasa de desempleo del 34 %, o Ibagué, con una cercana al 33 %. En estas ciudades, la población ocupada que tenían antes de la pandemia se concentraba en comercio minorista básico, en tiendas, cigarrerías, misceláneas, en proceso de alimentos, panaderías, cafeterías, sitios de perros, corrientazo y empleo doméstico, actividades que más rápidamente apagaron la pandemia y las medidas de confinamiento, y el desempleo se les disparó.

¿Dónde ve usted las luces de alerta más preocupantes hacia adelante?

En la demanda. Como la afectación de la economía está llevando a que casi una cuarta parte de los hogares nos empiecen a decir que no están recibiendo ingresos, rápidamente la demanda interna, el consumo, que era lo que estaba moviendo la economía en 2019, va a ser muy difícil que vuelva a tener la misma velocidad del 2019. Hay que evaluar muy bien los datos para saber qué incentivos a la demanda se podrían generar, para que vuelva a ser motor de reactivación. Hay unos sectores que están afectando, de forma significativa, particularmente a las mujeres y a los jóvenes. Entonces, ese enfoque de género se le debe plantear al escenario de reactivación, porque si no, vamos a tener un retroceso histórico en materia de equidad de la mujer.

En Bogotá, durante el periodo del confinamiento, específicamente entre marzo y agosto, se perdieron 885.000 puestos de trabajo

El Dane no hace pronósticos. ¿Pero me puede contestar para cuándo ve usted que empezará a darse la recuperación de la economía y de la situación social?

Si bien no hacemos predicciones, porque nos enamoramos de ellas, lo que sí les preguntamos a los empresarios y a los hogares es cómo ven lo que va a pasar en los próximos tres meses.

Precisamente, la semana pasada presentamos los resultados del pulso empresarial. Les preguntamos a las empresas y a los empresarios: ‘venga, ¿usted espera un aumento de sus ingresos en los próximos tres meses, es decir, en octubre, noviembre y diciembre?’. El 39,3 % de los empresarios dijo que sí. Entonces creo que el tercer trimestre ya no va a ser como el segundo, que fue de menos 15,7 %. En septiembre se van a mover otras cosas, vamos a tener una contracción bastante inferior a la que vivimos en el segundo trimestre, pero la clave es cómo vamos a manejar ese cuarto trimestre de la economía. Pero cuando los empresarios tienen muchas expectativas de mejorar sus ingresos, sería terrible que nos cogiera otro confinamiento con un rebrote de la pandemia.

Para concluir, ¿qué ha sido lo más difícil de su paso por el Dane?

Lo más difícil, el tema de la credibilidad, que fue su primer pregunta. Yo me acuesto todos los días pensando: ¿qué me puedo inventar para que le crean al Dane? Qué pesar que el país siga pensando con morbo en que no le cree al Dane porque el Presidente nombra a su director. Si este demuestra que es competente, pues valdría la pena creerle…

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¿Usted cree que ha logrado demostrarlo? Se lo pregunto porque su aspecto físico no es el de un funcionario público común y corriente. Es mechudo, habla con acento ‘play’. ¿Eso le ha traído problemas de confiabilidad?

La sociedad colombiana tiene muchos prejuicios y yo lo único que quiero es evitar que me afecten a mí. Es natural que haya gente que se siente incómoda con la forma en que yo hablo, y he procurado que eso no contamine mi deber, que es ser la voz de la información y hacerlo de manera profesional y ética. Lo que puedo responder es que al menos he hecho y he dado lo mejor de mí para que esos prejuicios que la gente hace públicos en Twitter y en diferentes medios de comunicación no afecten mi función. He hecho lo que está a mi alcance humano, y aprovecho las 24 horas del día para hacerlo lo mejor posible.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO


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