FMI llama a limitar elusión y revisar regímenes especiales en Colombia

FMI llama a limitar elusión y revisar regímenes especiales en Colombia

Entrevista a la economista jefe del FMI, Gita Gopinath

PIB

Gita Gopinath interviene el jueves en la conferencia de la Flar, en Cartagena.

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Por: Mauricio Galindo
14 de julio 2020 , 10:24 p.m.

¿Quién imaginó al Fondo Monetario Internacional recomendando que no se recorte el gasto? ¿Lo vislumbró alguna vez su actual economista jefe, Gita Gopinath?

La pandemia del coronavirus es una situación única en la historia que ha llevado al FMI a pedirle al mundo decisiones como esa, pero el reto, como lo advierte aquí Gopinath, es mantener el estímulo fiscal y, a la vez, que las deudas de los gobiernos sean sostenibles ¿Cuál es la fórmula?

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La economista -que participa desde las 4 de la tarde de este miércoles- en una charla virtual de la Universidad de los Andes, con la decana de Economía, Marcela Eslava, analiza aquí las alternativas de Colombia y la región ante la actual emergencia.

¿Qué tiene Colombia para afrontar la pandemia?

Colombia ha sido una de las economías más estables de la región, por décadas. No ha sufrido una recesión desde 1999 y ha logrado superar grandes choques, como la crisis financiera mundial en 2008 y 2009 y el colapso del precio del petróleo del 2014 al 2015. Sin dudas, esto es un testimonio del muy sólido marco de política económica del país.

Seguramente, estas fortalezas ayudarán a que Colombia se recupere de esta crisis, aunque debemos reconocer que se trata de un choque sin precedentes y que la recesión económica será severa. Nuestro pronóstico es que la economía se contraerá 7,8 por ciento este año, aunque mantenemos alta incertidumbre sobre esta cifra. Para el año que viene esperamos que se recupere y crezca alrededor de 4 por ciento, en parte gracias a las medidas de política económica rápidas y decisivas que el gobierno ha implementado.

Pero llegó una recesión global. ¿Cómo afrontarla?

Más allá del contexto actual, Colombia también enfrenta desafíos estructurales en relación con el crecimiento inclusivo y la competitividad externa, que ya estaban antes pero se hacen más críticos por el covid-19. Colombia corre el riesgo, al igual que muchos países de América Latina, de retroceder en muchos de los logros de los últimos años en reducción de la desigualdad y la pobreza.

Si bien, el Gobierno ha adoptado medidas para proteger a los hogares más vulnerables, muchos de los cuales son de los más afectados por la pandemia, el Gobierno también necesitará llevar a cabo reformas de mediano plazo para reducir el alto desempleo estructural y lograr crecimiento inclusivo de los sectores más vulnerables, en un contexto donde las perspectivas de crecimiento no son tan favorables y el espacio fiscal es más limitado.

¿Luego de asumir el costo de la pandemia, será inevitable una reforma tributaria para aumentar el recaudo?

La respuesta no solo incluye un mayor gasto fiscal para los sistemas de salud, sino también gastos cruciales para proteger vidas y proteger los ingresos de los hogares vulnerables y apoyar a pequeñas empresas, como lo ha hecho Colombia. En consecuencia, los costos fiscales serán muy altos. Además, la pérdida de ingresos fiscales por la fuerte recesión aumentará los déficits y la deuda.

En Colombia, estas presiones probablemente ampliarán el déficit fiscal. Una vez que la pandemia haya sido superada, las finanzas públicas deberán ajustarse para garantizar su sostenibilidad. Esto requerirá planes de consolidación fiscal a mediano plazo claros y creíbles. El gobierno colombiano ya anunció que tiene la intención de restablecer su regla fiscal en el 2022. Como parte del ajuste fiscal, se podría considerar aumentar los ingresos tributarios de manera justa, como por ejemplo limitando la elusión fiscal y revisando regímenes especiales.

Colombia corre el riesgo, al igual que muchos países de América Latina, de retroceder en muchos de los logros de los últimos años en reducción de la desigualdad y la pobreza

Muchos ven un golpe más fuerte para Latinoamérica y el Caribe que para otras regiones. ¿Por qué?

Yo veo cuatro factores. Primero, en salud, muchos países de la región tienen menor nivel de preparación para manejar la pandemia en comparación con otras regiones; con baja capacidad en términos de camas hospitalarias en UCI y baja capacidad de prueba y rastreo.

En segundo lugar, tienen altos niveles de informalidad. Cumplir con una cuarentena y el distanciamiento social ha sido un desafío ya que los trabajadores informales carecen de una red de seguridad financiera y viven en hacinamiento. En tercer lugar, varios dependen en gran medida de los ingresos del petróleo y el turismo. La caída de la demanda en el turismo y el colapso del precio del petróleo se sumaron al estrés económico. Cuarto, a medida que disminuyó el apetito por el riesgo, algunos países, especialmente aquellos con vulnerabilidades como la alta deuda pública, enfrentan restricciones de financiamiento externo para el gasto por la crisis.

¿Cómo mantener el estímulo fiscal y, a la vez, que la deuda sea sostenible?

Esta crisis requiere un importante apoyo fiscal. La alternativa de hacer menos en el frente fiscal sería probablemente un aumento de la deuda en la medida que la actividad económica colapse aún más. Muchos países también se beneficiarán de las tasas de interés que se espera sigan bajas por mucho tiempo, a medida que se recupere el crecimiento. Al mismo tiempo, los países deberán garantizar que las deudas sigan siendo sostenibles a mediano plazo. Esto requerirá, en la crisis, un mejor apoyo focalizado, lo que irá reduciéndose gradualmente a medida que los países se recuperen, mejorando la movilización de ingresos y la eficiencia en el gasto.

¿Es sólo un tema de deuda?

El apoyo internacional y la cooperación multilateral también son esenciales para ayudar a estos países con menor espacio fiscal y financiero, particularmente para los países de bajos ingresos. Muchos tienen una deuda alta, y algunos ya están en una situación precaria, con escasez de alimentos y medicinas. Su capacidad para desplegar la respuesta necesaria para evitar un costo humano aún más alto y un impacto duradero en la economía depende fundamentalmente del alivio de la deuda, las donaciones y el financiamiento concesional por parte de la comunidad internacional.

¿Qué papel juegan las entidades multilaterales de crédito para el rescate de la economía mundial?

El FMI está proporcionando financiamiento de emergencia en una escala sin precedentes: ya hemos desembolsado más de 25.000 millones de dólares a 72 países. Hemos establecido una Línea de Liquidez a Corto Plazo para fortalecer aún más la red de protección financiera global. Esperamos que el crédito en condiciones favorables a los países de bajos ingresos se triplique, para las necesidades financieras derivadas del covid-19. Hemos proporcionado alivio inmediato de la deuda a 28 de nuestros miembros más pobres bajo el Fondo Fiduciario para Alivio y Contención de Catástrofes.

Junto con el Banco Mundial, pedimos a los acreedores bilaterales oficiales que suspendan los pagos del servicio de la deuda de los países más pobres. El G20 respondió con la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda, que podría poner a disposición de 73 países de bajos ingresos unos 12.000 millones de dólares.

¿Es posible perdonar la deuda a los países más pobres, como lo piden voces como la del Vaticano?

Para tener éxito, el enfoque general para restaurar la sostenibilidad de la deuda requiere una amplia participación entre los acreedores y un consenso internacional por este enfoque. Considerando la incertidumbre, ese consenso no existe en este momento. En esta etapa, nuestro objetivo es ayudar a los países a abordar las cargas de deuda insostenibles, caso por caso. En algunos casos, la sostenibilidad de la deuda soberana puede restablecerse mediante un acceso suficiente al financiamiento concesional, mientras que, en otros, se necesita una reestructuración.

¿En febrero o marzo, imaginaba un impacto como el que se ha visto?

En marzo, la pandemia ya se había extendido a más de cien países, y de nuestras conversaciones con epidemiólogos nos dimos cuenta de que esto era solamente el comienzo. A medida que los países se cerraron, quedó claro que el choque desencadenaría una crisis como ninguna.

Si bien las cuarentenas y el distanciamiento social ayudaron a retrasar la transmisión del virus y dieron más tiempo para preparar los sistemas de salud, también cerraron muchas partes de la economía. La pérdida del producto asociada a la pandemia eclipsará las pérdidas por la crisis financiera mundial.

¿Además de reactivación del crecimiento, el año entrante habría recuperación frente a los retrocesos en empleo y desigualdad?

Para 2021 proyectamos que el crecimiento global se recupere al 5,4 por ciento, tras caer 4,9 por ciento en 2020. Esto dejaría el PIB global para el 2021 unos 6,5 puntos porcentuales más bajo que en las proyecciones anteriores al covid-19 de enero de 2020. La expectativa es una recuperación gradual del empleo a medida que los países se reabran.

En ausencia de una solución médica, la fortaleza de la recuperación permanece altamente incierta. La necesidad de continuar con el distanciamiento social significa que sectores como restaurantes y el sector hotelero no estarán operando a la capacidad previa al covid. Reasignar el empleo hacia sectores en crecimiento como la industria digital llevará tiempo. El retroceso del progreso en la lucha contra la desigualdad también tardará más en superarse, ya que el impacto ha sido particularmente agudo en los hogares de bajos ingresos.

¿En medio de todo, hay oportunidades que haya traído la pandemia?

La primera se encuentra en el sector digital. La crisis ha arrojado luz sobre la importancia de invertir en infraestructura digital sólida y marcos de políticas para desarrollar este sector. El internet de alta velocidad es clave para trabajar desde casa, para la educación de los niños cuando no pueden ir a la escuela, para la telemedicina, para beneficiarse de los programas de apoyo social y para permitir el acceso a servicios financieros. Aun así, el uso de internet sigue siendo un lujo: la mitad de la población mundial no tiene acceso.

La segunda oportunidad es reorientar las economías para la sostenibilidad y la resiliencia: para apoyar bienes públicos como aire limpio, infraestructura resistente al cambio climático o energía renovable. La recompensa por priorizar un crecimiento más verde sería considerable: en 2018, un informe de la Comisión sobre la Nueva Economía del Clima mostró que se podría crear más de 65 millones de nuevos empleos con bajas emisiones de carbono para 2030. Tendremos muchos trabajadores con escasa calificación que necesitan empleos, y las inversiones ecológicas pueden ayudar a absorberlos.

¿Antes de llegar al FMI, lo imaginó recomendar, como ahora, algo opuesto a recortes y ajustes del gasto?

El Fondo es una institución que sigue aprendiendo y evolucionando. Hemos vivido muchos tipos de crisis: de balanza de pagos, de deuda soberana y emergencias de salud pública. El Fondo fue la primera institución financiera que proporcionó financiamiento presupuestario a los países afectados por el ébola en África occidental entre 2014 y 2015. Reconocemos la necesidad inmediata de aumentar el gasto fiscal a medida que colapsaron los ingresos gubernamentales y que las medidas de contención detuvieron la actividad económica.

Las subvenciones presupuestarias resultaron esenciales para mantener las operaciones de los gobiernos, incluso la atención médica, la educación y la seguridad. El Fondo también desempeñó un papel muy importante para catalizar la asistencia financiera de donantes bilaterales y multilaterales. Por ende, hemos sido consistentes al recomendar que los países necesiten contrarrestar el impacto económico de la pandemia a través del aumento del gasto.

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía y Negocios
En Twitter: @galmau

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