El mantra del crecimiento

El mantra del crecimiento

Si bien la economía colombiana cayó menos de lo esperado, ahora viene el desafío de la reactivación.

Reactivación económica

Aparte del aumento de la pobreza, está la contracción de la clase media, a la cual pertenecían el 30 por ciento de los hogares en 2019.

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Milton Díaz. Archivo EL TIEMPO

Por: Ricardo Ávila
20 de febrero 2021 , 10:13 p. m.

Después de que el lunes pasado el Dane hizo su reporte con respecto al comportamiento de la economía colombiana en 2020, abundaron las reacciones de los analistas. Contra lo que podría esperarse, y a pesar del tono sombrío del diagnóstico, la respuesta fue mayoritariamente positiva.

Quizás el sentimiento general se resume en lo escrito desde Nueva York por Ben Ramsey, del banco J. P. Morgan, para quien los datos del último trimestre “cerraron el capítulo de un año oscuro y tormentoso con un rayo de esperanza”.

Semejante afirmación puede sonar contradictoria a la luz de la peor cifra desde cuando se llevan estadísticas confiables hace más de un siglo: 6,8 por ciento de caída en el producto interno bruto. Como es sabido, la pandemia y las medidas adoptadas para contenerla llevaron al país a un retroceso de magnitud inédita que implicó un deterioro en las condiciones de vida de millones de personas.

(Lea además: Seguros de vida no reflejan más muertes en 2020 por covid-19)

Las desoladas calles de Medellín durante el toque de queda

La Cepal afirma que recuperar el nivel de producción observado en 2019 tomará hasta 2024 para el conjunto de países al sur del río Grande, pero en nuestro caso ello ocurriría en 2022.

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Esneyder Gutiérrez Cardona

Sin embargo, el punto de vista expresado arriba está relacionado con una mejoría significativa al final de calendario que acaba de terminar. La recuperación del consumo en noviembre y diciembre sirvió para que se superaran las proyecciones de los expertos, quienes le apuntaban a un guarismo peor.

Por cuenta de esa circunstancia, las expectativas con respecto a 2021 vienen al alza. Ramsey habla de una expansión del 5,8 por ciento y no descarta que sea mayor, aunque es importante señalar que se ubica dentro del grupo de los más optimistas. Fedesarrollo, en cambio, se inclina por 4,8 por ciento, un cálculo en cualquier caso superior al que hacía meses atrás.

Sea cual sea el resultado final, todo apunta a que Colombia estará por encima del promedio de América Latina y logrará salir del bache con mayor rapidez que sus pares en la región. La Cepal afirma que recuperar el nivel de producción observado en 2019 tomará hasta 2024 para el conjunto de países al sur del río Grande, pero en nuestro caso ello ocurriría en 2022.

Viento a favor

Lo anterior no debe ser motivo de ferias y fiestas, ni llevar a desconocer el tamaño de una crisis de enormes proporciones. Basta con recordar que los cálculos de los especialistas hablan de un incremento de siete puntos porcentuales en la tasa de pobreza, lo cual equivale a haber borrado de un plumazo década y media de avances.

Recuperar el terreno perdido tomará tiempo, sobre todo en materia laboral. Aun si la cantidad de desocupados viene en descenso, todavía en diciembre superaba en más de 1,3 millones de individuos el guarismo registrado en el mismo mes de 2019.

Reactivación Atlántico

El plan de reactivación en el Atlántico incluye trabajar e impulsar el turismo.

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Archivo/EL TIEMPO

Aun así, han aparecido varios “retoños verdes”, que es la expresión que usan quienes le toman el pulso a la economía para decir que el invierno quedó atrás y comienza a verse la primavera. Para citar un caso, los indicadores con que cuenta el Banco de la República muestran un comportamiento alentador de la demanda interna en lo que va del año, a pesar de las restricciones que se tomaron en buena parte de las capitales en enero.

No menos destacable es el recaudo de las cesantías, el cual aumentó en más de tres por ciento. Semejante desempeño sorprendió incluso a las firmas administradoras de esos recursos, que anticipaban una disminución debido al alza en la tasa de desempleo. Según lo observado, es posible concluir que se perdieron menos puestos de trabajo formales que lo esperado, a pesar de la dureza de la recesión.

De otro lado, hay motivos para prever una buena dinámica de la inversión, cuyo bajón el año pasado bien se puede caer de estrepitoso: 21 por ciento. Factores como el repunte en el precio del petróleo son muy importantes, pues, aparte de mejorar las cuentas externas, hacen viables una serie de proyectos que estaban paralizados y ayudarán a dinamizar varias economías departamentales.

Y en un plano más general, hay una buena dosis de estabilidad en varios niveles claves. La inflación se encuentra ubicada en un nivel bajo, las tasas de interés también y el precio del dólar no muestra la volatilidad de otras épocas.

Al ritmo de la pandemia

No obstante, para que las cosas salgan relativamente bien, es indispensable continuar con el proceso de reapertura y, en la medida de lo posible, acelerarlo. Así ocurre con la educación y el regreso pleno de los alumnos a las aulas.

Tal como lo señalan los conocedores, la época de la virtualidad no solo ocasionó daños cognitivos y emocionales serios a cientos de miles de niños y jóvenes, sino que ha tenido graves repercusiones en otros aspectos. El cierre de escuelas y colegios viene con un costo económico que sienten sectores como transporte, alimentación, comercio o fabricación de útiles escolares.

El impacto es tremendamente inequitativo y profundiza un problema estructural que Colombia ya tenía antes de la pandemia

Ximena Cadena, subdirectora de Fedesarrollo, subraya que la obligación de permanecer en la casa para cuidar de los menores sacó a una gran cantidad de mujeres del mercado laboral. “El impacto es tremendamente inequitativo y profundiza un problema estructural que Colombia ya tenía antes de la pandemia”, anota.

En ese sentido, es desafortunada la postura de Fecode y otras organizaciones que se niegan de plano a la presencialidad. Ojalá en las semanas que vienen, y una vez se hagan las debidas evaluaciones de la etapa que comenzó en febrero, para el segundo trimestre se reanude la enseñanza en la mayor cantidad de instituciones posible, lo cual pasa por incrementar los aforos en los salones.

Reactivación

Los empleos se que se perdieron durante la pandemia en Cali se están recuperando.

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Archivo EL TIEMPO

Todo depende, claro está, de que no surjan nuevos focos de contagio de covid-19 importantes de ahora en adelante, algo que pasa por mantener la guardia en alto. Las duras lecciones que dejó la segunda ola por cuenta de las festividades de fin de año deberían servir para que la prevención y el autocuidado sean asumidos de manera más responsable por la población en general.

La advertencia es válida, y más ahora que comenzó la vacunación. Tanto el aumento en el número de personas inoculadas como el hecho de que más de la mitad de la población habría desarrollado anticuerpos luego de haber sido infectada por el covid-19 deberían llevar a que las cifras de enfermos y fallecidos disminuyan en forma más significativa.

A pesar de ello, si bien los estudios de seroprevalencia realizados indican que en algunos lugares como Montería o Barranquilla más del 60 por ciento de sus habitantes fueron contagiados, el peligro no ha desaparecido. Basta con mirar el caso de Leticia, en donde las nuevas cepas del virus desembocaron en recontagios y personas hospitalizadas, así la letalidad sea menor.

El llamado de alerta no debe confundirse con una excusa para nuevas restricciones. La eliminación de medidas como el pico y cédula o los toques de queda necesita estar acompañada de una buena dosis de madurez y del consabido control social.

Promesas y realidades

Bajo el supuesto de que no vendrán grandes emergencias en el campo de la salud, es indudable que la prioridad también debe ser el renacer de la economía. La razón es que así los porcentajes de crecimiento que tendrán como base de comparación el momento de la parálisis de 2020 sean altos, no se puede olvidar que por ahora el país está en proceso de recuperar el terreno perdido.

Bares Santa Marta

Este sector del comercio nocturno en Santa Marta se ha declarado como uno de los más afectados por la pandemia en la ciudad.

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Roger Urieles

Debido a ello, es fundamental que los buenos propósitos pasen del papel a la práctica. Por ejemplo, el documento aprobado por el Consejo Nacional de Política Económica y Social el pasado 11 de febrero y cuyo título es ‘Política para la reactivación, la repotenciación y el crecimiento sostenible e incluyente’ ha sido descrito como un buen compendio de lo que se requiere, incluyendo inversiones importantes por parte de los sectores público y privado.

Para Daniel Gómez Gaviria, subdirector de Planeación, parte del mérito del escrito es que “fue construido de abajo hacia arriba e incluye metas realistas y precisas, a cargo de cada entidad o ministerio”. Ahora, el énfasis merece concentrarse en la ejecución, lo cual requiere liderazgo y capacidad de seguimiento, algo fundamental en un país en donde los gobernantes creen que las instrucciones dadas se cumplen de manera inmediata.

(En otras noticias: ‘No veo que este sea un año de subir tarifas’: presidente Fasecolda)

Fue construido de abajo hacia arriba e incluye metas realistas y precisas, a cargo de cada entidad o ministerio

De tal manera, conseguir que la ejecución de las obras de infraestructura se logre o que los proyectos mineros en espera de permisos comiencen a adelantarse una vez superen los exámenes técnicos es un verdadero desafío. Es por eso que en repetidas ocasiones se pide una especie de microgerencia, que va más allá de lo que pueden hacer las consejerías presidenciales.

Tampoco se pueden olvidar ciertas urgencias. Entre las más inquietantes se encuentra el manejo fiscal, que es un verdadero quebradero de cabeza. Después de registrar un déficit histórico el año pasado, ahora viene el momento de disminuir el saldo en rojo de manera gradual.

Al respecto, es inevitable coger el toro por los cuernos y buscar nuevas fuentes de ingreso. La reforma tributaria –así reciba otro nombre– es ineludible, pero su discusión exige buenos argumentos, transparencia y pedagogía, además de liderazgo.

Un mal manejo en este campo sería fuente de nuevas dificultades y afectar la recuperación, al igual que el clima social. La principal responsabilidad de que el resultado sea positivo recae en el Ejecutivo, pero el Congreso no debe ser inferior a la tarea, a sabiendas de que aquí está en juego la sostenibilidad de las finanzas públicas y la propia competitividad.

Hay que hacer un esfuerzo especial en apoyar la generación de empleo

En la justificación de los mayores recaudos hay que incluir que se requieren medidas adicionales a las ya ensayadas. Bruce Mac Master, el presidente de la Andi, opina que “hay que hacer un esfuerzo especial en apoyar la generación de empleo”. El dirigente destaca experiencias de otras latitudes que comprenden que el Estado asuma las contribuciones asociadas a la nómina durante un tiempo, como forma de estimular la creación de vacantes.

Así las cosas, es importante entender que el esfuerzo que sigue es de largo aliento y que al mismo tiempo son fundamentales las victorias tempranas. Caer en la autocomplacencia puede ser tentador a la hora de buscar réditos políticos, pero tendría resultados efímeros si los cimientos de la recuperación no son sólidos.

En términos prácticos, las obligaciones son dos. De un lado, asegurar que el programa de vacunación se desarrolle sin contratiempos, dándole prioridad a la efectividad del proceso de aplicación de las dosis sobre el espectáculo, pues cuando se regularicen los suministros habrá que llegar a más de un millón de inyecciones a la semana.

Plan pescao del Atlántico

Con el Plan Pescao, la Gobernación del Atlántico promueve la reactivación de la economía y pone el sector pesquero a toda marcha.

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Gobernación del Atlántico

Del otro, entender que los vientos soplan en favor de la reactivación, pero que siempre hay un espacio para ganar velocidad adicional si las señales son las correctas, sobre todo en lo que corresponde a la inversión privada. Al mismo tiempo, ejecutar el presupuesto nacional sin retrasos es un imperativo, especialmente después de registrar la considerable suma que se quedó en las arcas públicas el año pasado, cuando las urgencias estaban en su punto máximo.

Si bien lo peor quedó atrás, el balance de daños es enorme. De ahí que el mantra de “crecer, crecer y crecer” es indispensable de ahora en adelante, sin desconocer que hay que hacerlo de manera mucho más incluyente y sostenible que antes. Solo así Colombia podrá decir que realmente cesó la horrible noche que le dejó la pandemia. Y para llegar ahí, todavía falta mucho tiempo.

RICARDO ÁVILA
Especial para EL TIEMPO

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