‘Las reformas son más urgentes que nunca’: Eduardo Lora

‘Las reformas son más urgentes que nunca’: Eduardo Lora

El economista sostiene que es fundamental un nuevo pacto social para actuar de manera coordinada.

Eduardo Lora

Según Lora, a algunas fuerzas políticas les conviene crear cortinas de humo para tapar los problemas.A otras,que los problemas sigan.

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Diego Caucayo. Archivo EL TIEMPO

Por: Ricardo Ávila
23 de noviembre 2020 , 12:05 a. m.

Eduardo Lora es uno de los economistas más agudos del país. Aunque vive en Washington desde hace un cuarto de siglo, sigue de cerca la realidad nacional. Tras una larga carrera en el Banco Interamericano de Desarrollo, del cual se retiró en 2012, actualmente es investigador no residente de la Universidad Eafit, además de columnista en varios medios. Autor del libro Economía esencial de Colombia, habló con EL TIEMPO.

(Lea también: ‘Las reformas son más urgentes que nunca’: Eduardo Lora).

¿Cómo está viendo el país?

Con una mezcla de esperanza y temor. Con esperanza porque el panorama internacional ha mejorado con la perspectiva de las vacunas recién descubiertas y de Biden como presidente de Estados Unidos. Pero con temor porque la recuperación en Colombia ha sido muy poca y, sobre todo, porque no veo que las fuerzas políticas del país estén orientadas a resolver los problemas más graves que tenemos.

¿A qué se refiere?

Nos estamos desgastando en confrontaciones políticas inconducentes, en vez de concentrarnos en evitar la quiebra de empresas y en generar empleos de buena calidad. Ni el Gobierno ni las fuerzas políticas más importantes tienen una estrategia para hacer las reformas fiscal, laboral y pensional, que son más urgentes que nunca.

¿Cuál es su evaluación tras ocho meses largos de haberse identificado el primer caso de covid-19 en Colombia? ¿Desde la salud?

Nuestro desempeño no ha sido malo si nos comparamos con otros países de América Latina, porque hemos hecho cosas parecidas, buenas y malas. Pero si nos comparamos con todos los países del mundo, las cosas no pintan muy bien. En Colombia hemos tenido 687 muertes por cada millón de personas, según la información hasta el 21 de noviembre. El promedio mundial de muertes ha sido mucho más bajo: 178 muertes por millón. Eso nos coloca entre los peores 18 países del mundo. Pasa lo mismo cuando hablamos de número de pruebas. A pesar del enorme esfuerzo que se ha hecho, apenas hemos tomado unas 118 pruebas por cada mil personas, lo cual nos coloca en el puesto 93 en el mundo.

(De su interés: ¿Qué va a pasar con la economía colombiana cuando termine el 2020?).

¿Desde la economía?

En el tercer trimestre, la caída del PIB fue 9 %, la segunda peor de los países de la OECD. Al terminar el año, la economía será por lo menos 7 % más pequeña de lo que era en 2019. Esto no es muy distinto de los demás países de América Latina, pero en otras regiones hay muchos países que lo hicieron mejor. De hecho, Colombia quedará ubicada por crecimiento económico este año en el puesto 29, de los 43 países que tienen proyecciones comparables según The Economist. Para no ir más lejos: se espera que este año el PIB en Estados Unidos caiga 4,6 %. En los países nórdicos, las caídas son aun menores.

Muchas familias que habían llegado a ser clase media se hundieron en la pobreza, y muchos de quienes ya eran pobres están aguantando hambre

¿Cuál fue el principal lunar?

Colombia fue uno de los países del mundo donde más aumentó el desempleo, aunque eso en parte se ha corregido desde abril, pero mucho más por la recuperación del empleo informal que de los buenos empleos.

Esto ha debido tener efectos sociales muy graves. ¿Qué ha pasado con la pobreza?

Es paradójico: Planeación Nacional y algunas otras entidades, como la Alcaldía de Bogotá, desplegaron esfuerzos impresionantes para llegar con ayudas a muchas familias pobres y a mucha gente que quedó sin empleo. Pero los montos han sido muy pequeños, de modo que se ha contrarrestado muy poco el aumento de la pobreza. Según unos cálculos de Fedesarrollo que están por publicarse, la crisis hizo que la pobreza pasara de 35,9 % en 2019 a 47,8 % en 2020, y la pobreza extrema, de 10,4 % a 21,7 %. Estos son niveles intolerables e injustificables para un país de ingreso medio como Colombia.

(Le recomendamos: Clase media y pobreza oculta: una realidad que viene en ascenso).

Hay quienes señalan que el esfuerzo no fue menor…

Las ayudas que se están dando reducirán apenas unos pocos puntos estas tasas de pobreza, cuando, holgadamente, podría contrarrestarse todo el aumento de la pobreza. Es decir, el país no ha sido solidario con quienes han tenido que sufrir el efecto de las cuarentenas y restricciones, que se hicieron para protegernos a todos. Muchas familias que habían llegado a ser clase media se hundieron en la pobreza, y muchos de quienes ya eran pobres están aguantando hambre.

¿Pero podríamos haber hecho las cosas de otra forma?

Sí, definitivamente, y no me refiero a las cuarentenas y otras medidas de salud, en las cuales había muy poca claridad al principio. Me refiero a la estrategia económica. En los primeros días de la cuarentena, hace unos ocho meses, los dos escenarios más factibles eran uno bueno y uno malo. El bueno implicaba que el Gobierno reconociera rápidamente que era necesario no solo dar ayudas directas a las familias, sino además subsidiar directamente el empleo, evitar quiebras de empresas y tomar medidas para asegurar recursos tributarios futuros. El escenario malo consistía en que el Gobierno fuera demasiado cauteloso en sus ayudas a las empresas y a las familias y que, como resultado, las empresas despidieran en forma masiva a sus trabajadores, aumentara el desempleo y no pudiera evitarse el deterioro fiscal.

¿Fue una especie de desenlace anunciado?

Así lo expusimos varios analistas los primeros días de abril. Jorge Humberto Botero y yo difundimos una propuesta para que el Gobierno subsidiara el empleo. Proponíamos que ese gasto fuera financiado con un crédito del Banco de la República, respaldado con recursos tributarios futuros. Lo que se hizo fue tarde y poquito. Los subsidios a la nómina han sido escasos y difíciles de conseguir. Mejor dicho, hoy estamos en el escenario malo que habríamos podido evitar.

(Además: ONU: población en extrema pobreza subiría por primera vez en 22 años).

Pero eso ya es historia, ¿qué habría que hacer ahora?

Cierto, eso ya es historia. Creo que lo fundamental en este momento es lograr un nuevo pacto social basado en cuatro reformas que deben hacerse de forma coordinada: la tributaria, la laboral, la pensional y la de protección social a los pobres.

Tenemos una economía maltrecha y problemas sociales muy graves que no logramos resolver porque no es fácil que las fuerzas políticas se alineen hacia un objetivo común

¿Y eso cómo funcionaría?

Ninguna de estas reformas es viable en forma aislada, porque los perdedores en cada caso se opondrían a la reforma y ninguna tendría el apoyo suficiente para salir bien en el Congreso. Como pasa usualmente con las reformas tributarias, se conseguiría muy poco después de mucho desgaste político porque los grupos económicos más poderosos y los rentistas lograrían de nuevo no tener que pagar impuestos. El mismo destino tendrán seguramente algunas propuestas que están circulando en el Congreso para aumentar sustancialmente el gasto en protección social.

¿Hay manera de cambiar ese destino?

Las cosas serían distintas si las reformas se hicieran coordinadamente, después de un proceso de diálogo y concertación amplio, pues quienes pierden con alguna de las reformas pueden salir ganando con otras. El problema es que esto requiere una dosis de liderazgo, que yo no veo en ninguna parte porque, como le decía al principio, estamos enfrascados en confrontaciones políticas bastante inútiles.

¿Qué rol tendría que jugar el Banco de la República?

Mucha gente cree que emitir dinero es la forma de salirle al paso a esta situación. Yo no estoy de acuerdo con eso. Es más, creo que el Banco de la República ha respondido en forma oportuna.

(Le puede interesar: ‘Software’ colombiano va por 5 % del PIB: Fedesoft).

Explíquese.

Desde las primeras semanas de la cuarentena, en marzo, el Banco de la República tomó medidas para ampliar la liquidez en pesos y en dólares y ha bajado en varias oportunidades las tasas de interés de intervención. Al sistema financiero no le ha faltado liquidez, tampoco le ha faltado apoyo del Gobierno. De hecho, el Gobierno fue mucho más decisivo en apoyar a los bancos para que tomaran más riesgos de crédito que en ayudar a las empresas para que no despidieran trabajadores.

Pero no me ha explicado por qué cree que emitir ahora no es la solución.

Sencillamente porque al Gobierno no le ha faltado plata. De hecho, tiene a su disposición los recursos ampliados de la línea de crédito flexible del Banco de la República con el Fondo Monetario Internacional, que equivalen a 2 % del PIB. Aunque el Ministerio de Hacienda dijo inicialmente que usaría esos recursos para financiar el presupuesto de este año, hasta ahora no lo ha hecho porque no lo ha necesitado. Quizás los utilice las próximas semanas si se ve corto de recursos. En cualquier caso, el problema no es que al Gobierno le haga falta liquidez o fuentes de financiamiento sano, sino que no tiene intención de aumentar más el gasto. Emitir no resolvería ese problema. Como dice el dicho: se puede llevar el caballo al río, pero no se le puede obligar a beber.

Pero, ¿qué razones tiene el ministro de Hacienda para no gastar más?

Ahí regresamos al tema de antes. Puesto que no está despejado cuándo se harán las reformas estructurales que hay que hacer, incluyendo la tributaria, es muy posible que el Gobierno esté tratando de evitar mayores riesgos.

¿En qué consisten esos riesgos?

Pues, primero que todo, en el riesgo de perder el grado de inversión, lo que de inmediato encarecería la deuda pública y el financiamiento para el sector privado, y complicaría todo aún más. Las quiebras de empresas, que no han parado, podrían recrudecerse y tendríamos más y más informalidad laboral, con un montón de gente empobrecida y frustrada.

¿Y a largo plazo?

A más largo plazo tendríamos el riesgo de un desorden inflacionario. Eso ocurriría si, como lo han propuesto algunos, el Gobierno se pusiera a gastar con recursos de emisión sin respaldo, pagaderos a 30 o 50 años.

(Le sugerimos: Vacuna de Moderna hace rebotar a los mercados mundiales).

¿Qué otro peligro ve?

La pandemia no ha terminado: aunque ya parecen haberse descubierto dos vacunas eficaces, tomará por lo menos un año hasta que puedan distribuirse en forma masiva en Colombia. Esto porque Pfizer, Moderna y otros posibles proveedores tienen ya vendida gran parte de su producción y porque esas vacunas deben mantenerse congeladas (la de Pfizer a temperaturas de -70 grados centígrados), lo que requiere una logística que el país tomará tiempo en desarrollar. Así que durante todo 2021 seguiremos viendo nuevas oleadas de contagios y de enclaustramientos.

¿En un escenario más amplio, le preocupa más la política o la economía?

Pregunta complicada. Se la voy a responder con la primera frase de mi libro Economía esencial de Colombia: “La economía refleja siempre la estructura de poder de la sociedad”. Mejor dicho, política y economía siempre andan juntas. Tenemos una economía maltrecha y problemas sociales muy graves que no logramos resolver porque no es fácil que las fuerzas políticas se alineen hacia un objetivo común. A algunas fuerzas políticas les conviene crear cortinas de humo para tapar los problemas. Y a otras les conviene que los problemas sigan para mejorar sus posibilidades de llegar al poder.

¿A qué nos puede conducir eso?

Quién sabe qué tanto tiempo estaremos al margen de la oleada de populismo que se está adueñando de América Latina.

RICARDO ÁVILA
Especial para EL TIEMPO

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