Coronavirus: la economía también necesita remedios urgentes

Coronavirus: la economía también necesita remedios urgentes

Hay que pensar fuera de la caja y dejar la ortodoxia atrás, dicen los expertos.

Aeropuerto El Dorado

La economía colombiana se enfrenta a una de las encrucijadas más difíciles de su historia.

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Néstor Gómez. EL TIEMPO

Por: Ricardo Ávila Pinto
21 de marzo 2020 , 10:20 p.m.

La cara de preocupación de Yoyber García era evidente al filo del mediodía del miércoles pasado. Pocas horas antes supo que el restaurante en donde se venía desempeñando como mesero en pleno centro de Villa de Leyva cerraría sus puertas hasta nuevo aviso por cuenta de la imposibilidad de operar normalmente.

No sé qué voy a hacer”, lamentó, para después señalar en voz alta que “ojalá el Gobierno me ayude con lo del arriendo y la comida para mi familia”.

Inquietudes similares con respecto a lo que puede traer el porvenir han pasado por la mente de millones de colombianos en los últimos días, tanto en las grandes ciudades como en las poblaciones intermedias y pequeñas. Desde vendedores informales hasta empresarios medianos o de menor tamaño, además de trabajadores vinculados a los más diversos sectores, todos se preguntan cómo van a hacer para superar en sus casas la dura prueba planteada por la necesidad de contener la pandemia causada por el coronavirus.

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Los interrogantes son mayores ahora, tras el anuncio de la cuarentena que comenzará por espacio de 19 días en la noche del martes. Sin desconocer que el sacrificio es fundamental para evitar seguir por la misma senda recorrida por sociedades como la italiana o la española, el reto será enorme no solo para mitigar el impacto inmediato sobre la calidad de vida de incontables hogares, sino para asegurar que la economía colombiana recupere el ritmo perdido en el menor tiempo posible.

Todos en las mismas

A decir verdad, la incertidumbre es un fenómeno global, pues las preocupaciones que agobian a los gobiernos de las más diversas latitudes se parecen. Aunque la velocidad de reacción no es la misma, la mayoría de las capitales han optado por una estrategia de choque, consistente en limitar al máximo los contactos entre las personas con el fin de evitar las tasas de incremento exponencial en la cantidad de enfermos por el covid-19.

Lo observado en algunos puntos de Europa, en donde el número de casos se duplica cada tres días, lleva a un solo desenlace: el colapso de los sistemas de salud, ante la incapacidad de asistir adecuadamente a los individuos que requieren cuidado intensivo. Las proyecciones de los especialistas han servido para convencer a los escépticos de que es obligatorio reaccionar para aplanar la curva y evitar que llegue un pico inmanejable.

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Incluso líderes como Boris Johnson y Donald Trump, que habían tratado de minimizar la emergencia, tomaron nota de los cálculos realizados. Un documento del Imperial College en Londres -que colabora con la Organización Mundial de la Salud- estimó que para septiembre el número de muertos por la pandemia podría ascender a medio millón en Gran Bretaña, mientras que en Estados Unidos la cifra sería de 2,2 millones. En caso de un confinamiento moderado, el dato bajaría a la mitad, sobrepasando todavía con creces las camas de los hospitales.

Por tal razón, la opción preferida ahora es seguir el ejemplo de China. Como es bien conocido la nación más populosa del mundo obligó a los 11 millones de residentes de la ciudad de Wuhan a encerrarse en sus casas durante seis semanas y cortó los accesos a la provincia de Hubei, que alberga a 60 millones de personas. La draconiana determinación funcionó, pues la cuenta de contagios provenientes de fuentes locales se detuvo, aunque los “importados” -que traen los viajeros que retornan- no han cesado.

No obstante, el costo de la cuarentena es enorme. Durante el primer bimestre, la producción industrial en la segunda economía más grande del mundo cayó en más de 13 por ciento y el consumo se desplomó en una quinta parte. Así algunas actividades empiecen a normalizarse, es previsible que el saldo de marzo será negativo, con lo cual una contracción resultará inevitable. En respuesta, Pekín no solo planteó una serie de alivios y estímulos destinados a fortalecer la demanda, sino que está en proceso de apoyar a decenas de miles de empresas.

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Por su parte, las democracias occidentales comenzaron a actuar. Aparte de que los bancos centrales bajaron tasas de interés e inyectaron liquidez en una escala similar a la registrada durante la crisis financiera internacional de 2008, hay grandes programas de gasto en marcha.

Alemania, cuyo manejo conservador en asuntos fiscales ha sido considerado excesivo en más de una ocasión, viene de anunciar que emitirá el equivalente de 350.000 millones de euros en títulos de deuda -que equivalen a un 10 por ciento de su producto interno bruto- con el propósito de aumentar el presupuesto de 2020, alimentar un fondo que podrá comprar acciones en compañías en problemas y fortalecer su banco de desarrollo para que les preste dineros a firmas de todos los tamaños.

No menos audaz es lo que quiere hacer Estados Unidos, en el sentido de repartirles dinero directamente a sus ciudadanos. El término de “plata lanzada desde un helicóptero” empieza a ser cada vez más usado y seguramente será puesto en práctica no solo en Norteamérica, sino también en el Viejo Continente.

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Frente a quienes recuerdan que hay que mantener la ortodoxia, están los planteamientos de que hay que adoptar medidas típicas de una economía de guerra. Estas comprenden no solo aumentar el déficit público, sino incluso imprimir billetes, pues de lo que se trata es de sostener a la población para que pueda sobrevivir.

Para ponerlo de manera esquemática, las que se imponen son dos estrategias que van más allá de acopiar los recursos que exigirá la emergencia en lo que atañe a la salud. La primera está dirigida a proteger el consumo y la segunda a rescatar sectores estratégicos, sin los cuales el camino de la recuperación será más tortuoso, una vez se encuentren vacunas o tratamiento efectivos contra el coronavirus.

Cruzarse de brazos, sería la peor decisión. Aparte de que millones de hogares verían desaparecer ingresos y ahorros engrosando las filas de la pobreza, la quiebra de incontables negocios desembocaría en una recesión que podría tardar años en terminar. El peligro de eventuales abusos de carácter puntual acaba siendo inferior al riesgo de una verdadera implosión de la cual muy pocos escaparían.

Esa es la razón por la cual todo apunta a que las aerolíneas -cuya posición de caja escasamente aguanta dos meses- serán una de las primeras en recibir una transfusión. Cuando la gente se vuelva a sentir segura de subirse un avión, comenzará a moverse un ramo que genera una gran cantidad de empleos, vinculados a una larga cadena que va desde pilotos hasta taxistas, pasando por hoteles y restaurantes. Pero eso no será posible, si no hay con qué encender los motores.

Las consecuencias económicas y sociales de esto pueden ser devastadoras si no se hace pronto una intervención

Y Colombia ¿qué?

En medio de esa circunstancia, la economía colombiana se enfrenta a una de las encrucijadas más difíciles de su historia. Tras haberse destacado como el país de mejor desempeño en América Latina a lo largo de los últimos años, ahora el reto es mayúsculo, pues comienza por impedir la expansión del coronavirus, sin olvidar que una debacle social de grandes proporciones es algo que se debe evitar a toda costa.
Como si el entorno derivado de la pandemia no fuera lo suficientemente complicado, la absurda guerra entre exportadores de petróleo, que llevó el precio del barril de crudo a cerca de 25 dólares esta semana, hace todo mucho más difícil. Justo cuando los capitales foráneos abandonan el territorio nacional en búsqueda de refugios seguros, la principal fuente de divisas se verá disminuida en forma significativa.

Hay válvulas de escape, claro. La tasa de cambio flotante, que alcanza nuevos máximos históricos con el paso de los días, sirve para contener la avalancha. El Banco de la República también ha puesto mucho de su parte, con el fin de inyectarle dinero al sistema de pagos y mantener aceitada la maquinaria. A su vez el Ministerio de Hacienda señaló que dispondrá de más de 14 billones de pesos que servirán para fortalecer la salud, algo que pasa por la compra de equipos para hacer más test y atender a los enfermos.

Sin embargo, los mensajes venidos de afuera sugieren que es obligatorio ir mucho más allá. “Hay que salirse de la caja”, sostiene el exministro José Antonio Ocampo, quien señala que el objetivo de reducir el déficit fiscal debería quedar pospuesto de manera indefinida.

Aumentar el gasto en el equivalente de dos o tres puntos del producto interno bruto -que equivalen a más de treinta billones de pesos- no debería ser una herejía. “El mundo de ahora es distinto”, afirma.

En concreto, la preocupación es cómo darles una mano a aquellos que no están cubiertos por los programas existentes. La mesada adicional que recibirán los beneficiarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción o Adulto Mayor, le ayudan a unos diez millones de personas, según las cuentas de la Casa de Nariño. En ese grupo se encuentran los más pobres, pero no todos, pues habría que llegar a unos cuatro millones de individuos más que están bajo la línea de la pobreza, si se toman como base los cálculos más recientes del Dane.

Adicionalmente, hay que pensar en aquellos que están en la mitad. Los trabajadores independientes, formales e informales, usualmente no cuentan con los ahorros necesarios para atender sus necesidades en caso de una calamidad.

Y no recibir dinero durante semanas -que se pueden convertir en meses- entra dentro de esa categoría. Tal como Yoyber García en Villa de Leyva, la mayoría vive con lo que genera diariamente, por lo cual hay quienes piensan -como lo dijo el exministro Mauricio Cárdenas- que no es descabellado pensar en que aquí también podría operar el “helicóptero” que manda plata.

Defender el empleo tiene que ser la prioridad más alta, algo que exigirá abaratar costos laborales temporalmente, como podría ser el pago de los parafiscales. Ciertos apoyos estarían condicionados a que no se reduzca el tamaño de las nóminas.

El otro frente que requiere atención es el del apoyo a empresas de todos los tamaños. Avianca y las demás aerolíneas no saldrán adelante si no cuentan con fondos adicionales, pues entre cierre de rutas y caídas de tráfico, la caja comienza a tener problemas.

Pero también hay que pensar en la peluquería de la esquina, la tienda de electrodomésticos o el restaurante que vende “corrientazos”, que necesitan abrir sus puertas una vez termine la cuarentena.

“El Gobierno debe ser más agresivo con programas de gasto y hay que pensar en un financiamiento heterodoxo que podría venir del Banco de la República”, sentencia la economista María Angélica Arbeláez.

Aquí, como en el resto del mundo, se aplica la máxima de que la mejor defensa es el ataque. “Las consecuencias económicas y sociales de esto pueden ser devastadoras si no se hace pronto una intervención”, dice la exdecana de economía de la Universidad de los Andes, Ana María Ibáñez. “Los ingresos de las personas más vulnerables caerán significativamente y con esto su alimentación, capacidad de pago de servicios públicos, y otros rubros”, agrega.

Por tal motivo, hay que pasar cuanto antes a la ofensiva. Las medidas adoptadas por la administración de Iván Duque van en la dirección correcta, pero será necesario avanzar mucho más para evitar que después de la enfermedad del coronavirus, venga la depresión económica. Ello implica trabajar con departamentos y municipios, para sumar esfuerzos y garantizar una ejecución rápida. Cuando está en juego el todo por el todo, no queda más camino que elevar la apuesta.

RICARDO ÁVILA PINTO
ANALISTA SÉNIOR
Especial para EL TIEMPO

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