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Todos los caminos conducen a que la clase media se encoja
Coronavirus

La cifra de reducción de la clase media y el aumento de la pobreza es el estimativo que hizo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

Todos los caminos conducen a que la clase media se encoja

Pasaría del 30 a 12,7 %. Covid-19 contagia a parte de la población, pero efecto económico, a todos.

De tener 30 por ciento de ciudadanos en la clase media consolidada, Colombia pasará a contar solo con un 12,7 por ciento; mientras que la clase media vulnerable caerá, desde un 37,7 por ciento a un 28,6 por ciento. Por el contrario, el grupo de personas ubicadas en la franja de pobreza, que es el que debería bajar –en condiciones normales de un país en desarrollo–, tendrá un incremento sustancial, al pasar de 29,8 por ciento antes de la pandemia a casi el doble: 59,5 por ciento en el 2020.

En ese fuerte retroceso en la escala social está, desde el ciudadano que transportaba niños a la escuela; o el vendedor de collares y gafas en las playas atestadas de turistas; hasta el asesor tributario de una empresa, cuya actividad dejó de realizarse y probablemente, no seguirá más en el mercado. 

La cifra de reducción de la clase media y el aumento de la pobreza es el estimativo que hizo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el informe ‘La clase media andina frente al shock del covid-19’, presentado esta semana, para alertar a los líderes de los países de la región.

Si bien el Gobierno colombiano ha destinado 117 billones de pesos, equivalentes a 11,04 por ciento del PIB, para atender la emergencia en sus dos fases (la sanitaria y la económica), las características que ha tenido el ascenso social en el país llevarán a que nada pueda detener el curso de achicamiento de la clase media y, por consiguiente, de abultamiento de la población en situación de pobreza.

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Así lo sostiene Alejandro Gaviria, actual rector de la Universidad de los Andes e investigador social de amplia trayectoria.

“La vulnerabilidad es medida muy mecánicamente en los estudios. Aquellos que no son pobres ni clase media se consideran vulnerables. En esta coyuntura, muchos van a ser afectados. Sus trayectorias económicas han sido difíciles, de ires y venires. Con una crisis muy dura, como la que se vislumbra, van a sufrir hagan lo que hagan”.

En esta coyuntura, muchos van a ser afectados. Sus trayectorias económicas han sido difíciles, de ires y venires. Con una crisis muy dura, como la que se vislumbra, van a sufrir hagan lo que hagan”.

Pero ¿qué es lo que hace que este choque saque a relucir la fragilidad social de países en desarrollo como el nuestro?

Más allá de que la clase media en todas partes sea el queso que está en la mitad del sanduche, por lo cual tiene dos opciones, o asciende o cae en la vulnerabilidad; en Colombia, el ascenso social ha estado empujado con rieles poco firmes.

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“El modelo ha mostrado gran falencia y los errores de una política social que estimula la demanda de educación y salud, pero no mejora la oferta. Además, los subsidios fueron los que crearon la clase vulnerable porque no los volvieron realmente productivos. En consecuencia, esta es una sociedad en la que se ha bajado la contribución del trabajo y ha aumentado la del capital”, argumenta la investigadora Cecilia López.

Sin fuerza en los choques

En el mismo sentido, un perfil de la vulnerabilidad que hay en los grupos sociales de la parte baja de la pirámide, realizado con base en datos del Dane, señala que los hogares que han superado la pobreza en términos monetarios, no cuentan con ingresos o capacidades suficientes para enfrentar choques como la muerte o enfermedad; choques económicos como caer en bancarrota o perder el empleo, o choques en sus ingresos como los que se dan en situaciones como la del covid-19.

Si bien entre el 2010 y el 2018, la pobreza en el país se redujo de 37,2 a 27 por ciento, la proporción de personas en situación de vulnerabilidad aumentó, al pasar de 35,6 a 39,8 por ciento. “Esto muestra que una parte de las personas que han salido de la pobreza han pasado a una situación de vulnerabilidad y no transitaron hacia la clase media consolidada”, indica Juan Daniel Oviedo, director del Dane.

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Parte del problema en Colombia y los países andinos es que, a diferencia de las naciones desarrolladas, los ingresos de las personas que hoy son más vulnerables a retroceder socialmente no son estables. En su gran mayoría, provienen de la informalidad o de subsidios, lo que se junta con que no se había logrado mayor avance en la creación de empleos de calidad.

Ese panorama endeble se ve ahora impactado con la peor crisis de la que se tenga memoria, en la cual, según estimativos del centro de pensamiento económico Anif, “en un mes de coronavirus se perdieron los avances de dos décadas de reducción del desempleo”.

A ponerlos en el visor

Como bien dice el adagio que ‘guerra avisada no mata soldado’, y con la convicción de que la situación es de mucha incertidumbre y constante cambio, el BID sugiere que “la resiliencia de la clase media frente al shock del covid-19 sea una de las prioridades de las políticas públicas durante la pandemia, en el período de transición, y en la etapa de recuperación económica”.

Esto, porque la clase media es clave para la actividad productiva y el consumo, lo que genera una bola de nieve, pues el productor se arriesga a aumentar producción si hay quien compre, y la capacidad de compra depende de la estabilidad del ingreso, el cual depende del empleo o el emprendimiento.

Desafortunadamente, con la llegada de la crisis, la precariedad de las condiciones de los grupos sociales emergentes salió a flote. Por ejemplo, el nivel de ahorro es casi inexistente; gran parte de los hogares de clase media integran el sector laboral informal (de 22 millones que hacen parte de la población económicamente activa, solo hay 2’654.00 de empleos usualmente formales).

La capacidad para el trabajo remoto se reduce, por lo cual, el nivel de ingresos de los informales podría caer –inclusive– a cero, advierte el BID.

Otra característica que empuja a los ciudadanos hacia abajo, en un choque como el actual, es la predominancia del trabajo por cuenta propia, que es el más susceptible de afectarse en una crisis. El 45 por ciento de los ocupados son cuenta propia.

Además, la mayor parte de los que trabajan en empresas están ubicados en compañías pequeñas, que absorben el 90 por ciento de la mano de obra, según Acopi. Esas compañías son las que quedan más en riesgo de desaparecer cuando surge una crisis como la actual.

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Una salida para mantener la producción en medio del aislamiento ha sido el teletrabajo, pero en el caso del sector informal, que es el que abunda, la capacidad para el trabajo remoto se reduce, por lo cual, el nivel de ingresos de los informales podría caer –inclusive– a cero, advierte el BID.

Es más, dentro del segmento que tiene empleo formal, aunque continuaron ganando un sueldo durante la cuarentena, también hay caída de ingresos, puesto que los recursos de los hogares son complementarios, es decir, además de un sueldo, generalmente bajo, buscan otra entrada económica para completar el gasto, lo que se vio afectado durante la pandemia.

Así las cosas, se estima que la pérdida de empleo formal podría estar en un rango de 18,5 a 22,5 por ciento, según cálculos de Anif. En consecuencia, en Colombia, inevitablemente, la escala social se verá afectada en forma negativa.

¿Quiénes son y dónde están los vulnerables?

Desde el año pasado, Colombia adoptó nuevas categorías para ubicar los hogares en una escala social según sus ingresos. De ahí que la sociedad colombiana ahora se divide en pobres, clase media vulnerable, clase media consolidada e ingresos altos.

En todos los escalones, irremediablemente, habrá un efecto, según el BID (ver gráfico), pero, claramente, los dos escalones de la mitad son los más vulnerables pues, como han dicho algunos analistas, los ricos podrán perder parte de lo que tenían, pero no solo les quedará lo suficiente para seguir, sino que recuperarán más pronto que los demás lo perdido.

Por eso, poner la lupa sobre los vulnerables será clave. Estas son las coordenadas.

En el caso del grupo social ubicado como clase media vulnerable, el 45,2 por ciento se concentraba (antes del coronavirus) en las 23 capitales de departamento; 23,8 por ciento estaba en las otras ciudades o contextos urbanos, y 31 por ciento, en los centros poblados y rural disperso.

Los hogares vulnerables se caracterizan porque son más numerosos: en promedio, están integrados por 3,6 personas.

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Sobre el nivel educativo, los mayores de 17 años, en un 36,4 por ciento, solo llegan a la primaria o no tienen ninguna formación académica. Un 46,7 por ciento ha realizado la secundaria, un 8,1 por ciento tiene preparación técnica o tecnológica, y el 8,7 ha ido a la universidad o tiene posgrado.

En relación con la actividad laboral, en números concretos, el Dane habla de 19’254.801 personas que pertenecían a la población vulnerable, de las cuales 15’314.583 estaban en edad de trabajar (mayores de 12 años). De estos, 8’812.119 registran en las estadísticas como ocupados. Los restantes están entre desocupados o inactivos (es decir que por alguna circunstancia no salen a buscar empleo). En el universo de ocupados, 4’005.593 son asalariados, 4’389.356 trabajan independientes y 417.169 realizan actividades familiares, pero sin remuneración.

“Ese panorama ayuda a la comprensión de los choques a los que se están enfrentando estas personas en medio de la emergencia por la covid-19”, según el informe del Dane.

Más aún, el 68,2 por ciento de la población ocupada en situación de vulnerabilidad eran trabajadores informales. Representan el 44,8 por ciento del total de trabajadores informales del país. “En este sentido, se puede esperar que los impactos de las medidas de aislamiento preventivo, en términos de desempleo e ingresos, se vean reflejados en el riesgo de caer en la pobreza”, indica el Dane.

La mayor debilidad está en el sector de agricultura, que aporta el 27,4 por ciento de la población trabajadora informal de la clase vulnerable; seguido por otras actividades que aportan el 10,9 por ciento, y hoteles, restaurantes y bares, que ponen el 8,1 por ciento.

“Estas estadísticas dejan en evidencia la necesidad de generar políticas sociales que permitan la reducción de los riesgos que tiene la población vulnerable de caer nuevamente en la pobreza”, concluye el Dane.

Así nos clasifica el Dane según los ingresos

En Colombia, a partir del 2019, se acogió una metodología acorde con estándares internacionales para organizar las escalas sociales así:

1. Hogares con nivel de ingresos pobres extremos.

La línea de pobreza monetaria en Colombia es la que está por debajo de los 117.605 pesos.

2. Ingresos vulnerables (pobreza). Hogares que reportan ingresos per cápita del hogar diarios entre la línea de pobreza monetaria y hasta diez dólares.

3. Ingresos de clase media. Hogares que reportan ingresos per cápita del hogar diarios entre diez y hasta cincuenta dólares.

4. Ingresos altos. Corresponde a hogares que reportan ingresos per cápita diarios iguales o superiores a cincuenta dólares.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Economía y Negocios
Twitter: @marthamoralesm

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