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Análisis / Segundo debut
Paro Cali

Cientos de manifestantes se encuentran de forma pacífica en el sector de Puerto Rellena, oriente de Cali, rechazando la Reforma Tributaria, pese a la lluvia, el toque de queda y el covid-19.

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Juan Pablo Rueda

Análisis / Segundo debut

El nuevo Minhacienda trabaja en otra propuesta tributaria muy distinta de la que fracasó.

Puede sonar contradictorio, pero así son las cosas. En un país en el cual todavía se encuentran en las manifestaciones que pasan diariamente los letreros de "no a la reforma tributaria", las probabilidades de que el Congreso le dé luz verde a una iniciativa para recaudar más recursos vienen en aumento.

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Claro, no se trata del proyecto que radicó en el Capitolio el pasado 8 de abril el hoy exministro Alberto Carrasquilla y que fue retirado el siguiente 2 de mayo, sino de un texto muy diferente. Aunque todos los elementos no están definidos, las múltiples reuniones sostenidas con diferentes bancadas por José Manuel Restrepo, el nuevo designado para la cartera de Hacienda, permiten vislumbrar que un entendimiento preliminar está cerca.

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Ahora de lo que se trata es de presentar en cuestión de semanas una propuesta corta, de una treintena de artículos, cuya intención -sujeta del desarrollo de las negociaciones con el Comité del Paro- es conseguir cerca de 14 billones de pesos el próximo año.

La suma en cualquier caso sería inferior al objetivo de un mes atrás. Aunque sobre el papel esto sería suficiente para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas en el mediano plazo y hacer viable un ambicioso paquete de ayudas orientado a los colombianos más golpeados por los efectos de la pandemia.

Aun así, no se trata de un monto menor. Un paquete como el esbozado conseguiría el doble de los fondos, como proporción del tamaño de la economía, que las pasadas reformas tributarias.

Un nuevo estilo

José Manuel Restrepo, nuevo ministro de Hacienda de Colombia

Foto:

El Tiempo / cortesía

¿Qué cambió ahora para hacer factible una meta que sigue siendo ambiciosa? La respuesta simple es que han variado tanto la forma como el fondo para transmitir la necesidad de corregir el gran descuadre en las cuentas estatales.

Basta recordar que este año el saldo en rojo será cercano a los 90 billones de pesos. Aplazar el remedio llevaría a que el costo de endeudarse sea mayor y a que el peso pierda terreno frente al dólar, como les ha sucedido a varias naciones latinoamericanas en situación similar.

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Además, está el mensaje de que las nuevas cargas recaerán sobre las personas jurídicas y no las naturales, con excepción de los individuos de mayor patrimonio. En consecuencia, no vendrán más impuestos para la clase media, ni tampoco tocar la renta familiar que tanto rechazo ocasionaron.

Tales principios vienen siendo enfatizados en público y en privado por Restrepo, cuyo estilo difiere radicalmente del de su antecesor. Asequible, tranquilo y de buenas maneras, este ex rector de la Universidad del Rosario habla con múltiples interlocutores: desde analistas hasta medios de comunicación, pero sobre todo con las cabezas de diferentes partidos políticos, congresistas y numerosos representantes del sector privado, entre otros.

Quienes lo elogian dicen que también sabe escuchar y que tiene paciencia para recibir sugerencias, vengan de donde vengan. Esa es la reacción de quienes asistieron a las citas que comenzaron con las colectividades afines a la Casa de Nariño, los encuentros claves incluyen al Partido Liberal, Cambio Radical y los Verdes.

El gesto de sentarse durante cinco horas con César Gaviria y a lo largo de dos horas y media con Germán Vargas, sirvió para disminuir las tensiones y generar resultados tempranos. De un no rotundo inicial, la afirmación del jefe del liberalismo en el sentido de que su bancada votará favorablemente la propuesta que venga del Gobierno, reconfigura la correlación de fuerzas en el Congreso a la hora de una eventual votación.

Aparte de lo anterior, Restrepo se ha sentado con grupos de jóvenes y expresado la voluntad de dialogar con los sindicatos. También está en contacto con varios de sus antecesores en el cargo, con los profesores de un buen número de universidades, al igual que con los tanques de pensamiento más conocidos. "Toma notas, es cordial y se deja decir las cosas. Parece poco, pero eso hace una gran diferencia", cuenta alguien que estuvo invitado a un encuentro con el ministro.

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Eso no quiere decir que aquí se esté comenzando de cero. La base de un nuevo proyecto de reforma tributaria es el planteamiento que hizo la Andi a mediados de abril pasado, cuando comenzó a enrarecerse el clima de opinión en contra de la fracasada "ley de solidaridad sostenible".

La idea, desde un comienzo, descansa sobre tres puntos básicos: suspender el descuento de los pagos por impuesto de industria y comercio en el impuesto de renta; aplazar la reducción de la tarifa de renta de las sociedades; y establecer por dos años un gravamen de uno por ciento a los patrimonios de más de 5.000 millones de pesos. Según las cuentas del gremio, eso daría unos 12 billones de pesos anuales.

Otras arandelas

Sin embargo, los técnicos del Ministerio de Hacienda consideran que el cálculo no solo puede ser optimista, sino que no alcanza para cubrir las necesidades. De ahí que el abanico de opciones sea amplio y vaya desde una sobretasa en el impuesto a la renta para el sector financiero, hasta un alza en el impuesto a los dividendos, a partir de un valor determinado.

Lo que viene, entonces, es una negociación política con el fin de acomodar peticiones aquí y sugerencias allá. En la medida en que más partidos se sientan representados en el nuevo texto que radique el Ministerio de Hacienda, aumentará la probabilidad de que este salga adelante sin demasiadas modificaciones.

Ante la crispación actual, puede ser que ese entendimiento no sea suficiente para que a sectores de la opinión les caiga bien la discusión de cualquier reforma tributaria, así las nuevas obligaciones recaigan sobre todo en los bolsillos de las empresas. En respuesta, viene una política de austeridad en el gasto, junto a más acciones para combatir la evasión.

Si bien en ambos frentes apenas se están construyendo los esquemas, un análisis preliminar permitió identificar partidas que serán canceladas para financiar el anuncio de matrícula cero, en beneficio de los estudiantes universitarios pertenecientes a los estratos uno a tres, el próximo semestre. Un plan de choque contra el desempleo, cuyos detalles apenas se están afinando, también tendrá como fuentes los ahorros que se hagan en el presupuesto de 2021.

Así las cosas, de lo que se trata es de presentar una estrategia que comienza con un gran plan de austeridad y de persecución a los evasores, junto con propuestas de dinero para los programas sociales. Respecto a las firmas calificadoras de riesgo que manifiestan inquietud por el comportamiento de la deuda pública, el propósito es mostrar que no todo se irá en programas oficiales, sino que habrá recaudos suficientes para que Colombia pueda honrar sus obligaciones, como ha ocurrido desde hace más de un siglo.

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Hecha esa aclaración, lo que sigue es redactar una iniciativa que será mucho más corta que las 110 páginas que tenía la que se fue al cesto de la basura a comienzos de mayo y que incluirá una parte de redefinición de la regla fiscal. Explicar una treintena de artículos debería ser más sencillo, tanto frente a los congresistas como a los ciudadanos.

Lo que buscamos es construir consensos"

Respetar la concisión es clave para que mensaje sea simple, por lo cual hay que abstenerse de caer en la tentación del conocido "ya que" e introducir asuntos que crearían ruido adicional. Ese también es un mensaje para el Congreso, para evitar la feria de las proposiciones sustitutivas, pues en la pasada reforma se registraron más de 1.200.

"Lo que buscamos es construir consensos", afirma Restrepo. "Y creo que con los representantes de los partidos vamos a estar de acuerdo en que es obligatorio reaccionar para combatir la pobreza con planes en favor de los grupos más golpeados de la población y que eso debe ser financiado por los más pudientes", agrega.

El ministro deja en claro que, a su manera, el país seguiría el "modelo Biden", pues la nueva administración estadounidense anunció su intención de cobrarles más a los ricos. De ahí la insistencia en que la clase media colombiana no tiene nada que temer por lo que pueda suceder aquí y que los pobres serán los mayores beneficiados.

Tiempo y alcance

Aun si ese planteamiento es bien recibido por la opinión, va a ser difícil que el articulado reciba luz verde en el Capitolio antes de que termine la presente legislatura. A menos que haya convocatoria a sesiones extras, se podría concluir el paso por comisiones en junio, para que las plenarias se pronuncien una vez comience el nuevo periodo de sesiones el 20 de julio.

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El riesgo es que el cronograma se prolongue, con lo cual podrían surgir complicaciones inesperadas en medio de un clima difícil que puede empeorar. Bajo ese punto de vista, lo mejor sería actuar rápido con el fin de eliminar la incertidumbre y evitar que el país pierda el conocido "grado de inversión" en sus títulos de deuda.

Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

Foto:

Archivo / ELTIEMPO

Sobre el asunto, los conocedores señalan que no se trata tan solo de hacer la tarea a tiempo, sino de comprobar que los nuevos ingresos serán suficientes para despejar el horizonte fiscal. En tal sentido, vendrá controversia pues parte de las tarifas que se suben y las exenciones que se suspenden tendría carácter temporal.

Adicionalmente, es de imaginar que algunos economistas dirán que así se aplique aquel dicho según el cual "lo mejor es enemigo de lo bueno" y que esta solución sirve dadas las circunstancias, queda otra vez aplazado el objetivo de una verdadera reforma tributaria estructural. Así no sea políticamente viable actualmente, tarde o temprano habrá que pensar en gravar más a las personas y menos a las empresas, acabar con múltiples preferencias y pedirle un mayor esfuerzo a la clase media.

De lo contrario, el país seguirá metido en el círculo vicioso de hacer ajustes cada 18 o 24 meses -como ha sido la norma en los últimos 30 años- para cubrir sus necesidades. A pesar de que el imaginario popular dice otra cosa, no está de más recordar que en Colombia el recaudo de impuestos es inferior al promedio de América Latina y se encuentra muy lejos de los parámetros de las naciones desarrolladas.

Por cuenta de esa realidad, poner en marcha estrategias que conduzcan a que mejore sustancialmente la distribución del ingreso será casi un imposible, a menos que tenga lugar una verdadera cirugía de fondo. Para que eso ocurra se requerirán condiciones de gobernabilidad muy distintas a las presentes, lo cual involucra el prestigio de las instituciones y la capacidad de liderazgo.

Mientras llega ese día habrá que buscar soluciones que se acomoden a las realidades presentes. Y en este caso la salida que propone el ministerio de Hacienda es la única factible, si se trata de evitar una crisis fiscal de marca mayor.

Al respecto, Bruce MacMaster, presidente de la Andi, se muestra optimista. "Veo un ambiente favorable que permitiría llegar a una solución de consenso sobre los puntos centrales de la propuesta del Gobierno, que en todo caso deberá ser de corte minimalista", sostiene.

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Así, una vez más, se comprueba la validez de aquel dicho según el cual la política es el arte de lo posible. Por ello vale la pena destacar que hay maneras de enmendar la plana, tras el descalabro reciente.

Si bien el resultado previsible puede no ser el ideal, el mensaje de fondo es poderoso: que se pueden construir acuerdos cuando se hace un esfuerzo genuino de escuchar al que piensa distinto y que el diálogo es la salida al inmovilismo. Ojalá esa lección sea aplicada para lograr una solución a las muestras de inconformidad que hoy siguen siendo la constante en la calle.

RICARDO ÁVILA PINTO
ANALISTA SÉNIOR
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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