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Los que regresan y todos los que faltan
Vivienda

La construcción jalona también a un número importante de trabajadores dedicados a oficios varios, que aún no pueden retornar a sus actividades.

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Luis Lizarazo

Los que regresan y todos los que faltan

Algunos trabajadores retoman actividades mientras que otros no saben si podrán conservar su empleo. 

Al cierre de febrero pasado, el sector de la construcción generó 79.000 empleos nuevos, pero veinte días después, parte de esa mano de obra recién enganchada en los proyectos de vivienda y de otros usos quedó en el limbo, al lado de 1’170.000 empleados más que ya estaban trabajando en diversas áreas de esa industria en el país.

Y no fueron los únicos. Según Fedesarrollo, en Colombia hay más de 22 millones de trabajadores en grandes grupos de ocupaciones impactados de una u otra forma con el aislamiento obligatorio que decretó el Gobierno el 24 de marzo para combatir el Covid-19.

En el caso específico de la construcción, la cifra suma (según este centro de investigación, con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane (GEIH)) 1’246.499 personas que laboran de diversa manera: 138.346 a término indefinido; 116.288 asalariados formales, que no están a término indefinido; 345.686 que son asalariados informales y 646.178 que son independientes.

Alguna mano de obra vinculada a las firmas edificadoras retornó el pasado 27 de abril a los proyectos para recibir capacitación y orientación sobre los protocolos que deben cumplir con el fin de evitar cualquier contagio, cuidarse y cuidar a otros, en una primera fase que tomará dos semanas o más. La idea, como lo ha expresado el Gobierno, es que el proceso se surta gradualmente y con responsabilidad.

En este grupo también están las empresas que forman parte de la cadena de suministros, insumos y proveedores, cuyo regreso está habilitado, claro, con el cumplimiento de las normas de rigor, entre ellas, que se encuentren bajo una empresa legalmente constituida, registrada en Cámara de Comercio y con un domicilio social. Y otros, por su parte, siguen en casa teletrabajando porque su función lo permite.

Así, mientras que unos llegan, otros, cuyo sustento depende de lo bien que le vaya al sector edificador y a las familias (en la medida en que estas conserven los empleos y demanden sus servicios), siguen apretando sus presupuestos, viviendo en la zozobra y esperando que la certidumbre retorne.

En ese grupo están Óscar Piña y Mauricio Espinel, quienes se han hecho a pulso y como personas naturales e independientes, están estirando unos ahorros que se agotan.

Piña, un duro para las cortinas, la está viendo complicada, pero no pierde la fe, mientras que Espinel, un experto en trabajos eléctricos y pintor de los buenos, dejó de recibir ingresos, y, en consecuencia, no pudo pagar la seguridad social y está corto con otras obligaciones. Ellos están en el grupo de trabajadores que esperan que las estrategias del retorno también los tengan en cuenta. 

(También puede leer: 'La cotidianidad de los colombianos, un cambio en construcción')

GABRIEL E. FLÓREZ
Especial para EL TIEMPO

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