El largo camino de Kristalina Georgieva hasta el FMI

El largo camino de Kristalina Georgieva hasta el FMI

La candidata europea deberá superar el obstáculo de la edad e imponerse a los aspirantes emergentes.

FMI

Un pacto no escrito dice que un europeo siempre ha estado al frente del FMI y un estadounidense, a la cabeza del Banco Mundial.

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Efe

Por: Álvaro Sánchez López - Ediciones EL PAÍS
06 de agosto 2019 , 08:55 p.m.

Kristalina Georgieva conoce bien la derrota. Su meteórica carrera, repleta de puestos de relumbrón como la vicepresidencia de la Comisión Europea o la dirección del Banco Mundial, ha pasado también por los sinsabores de lo que pudo ser y no fue.

No llegó a la Secretaría General de la ONU, aunque pujó por el puesto. Tampoco a la cúpula de las instituciones comunitarias, donde en el reciente reparto de poder sonó con fuerza como jefa de la diplomacia o presidenta del Consejo Europeo.

Superados esos traspiés, la economista búlgara de 65 años está ahora muy cerca de convertirse en la segunda mujer de la historia en alcanzar la jefatura del Fondo Monetario Internacional tras erigirse en la candidata de la Unión Europea al puesto.

Reconocida como una de las personalidades más poderosas del Este del continente, la travesía de Georgieva hacia una de las instituciones económicas más influyentes del planeta puede encontrarse todavía con curvas. Un pacto no escrito dice que un europeo siempre ha estado al frente del FMI y un estadounidense, a la cabeza del Banco Mundial. Pero esa alternancia nacida hace 75 años en Bretton Woods puede no ser eterna.

Tras semanas de negociaciones, los ministros de finanzas de la UE fueron incapaces de encontrar un candidato de consenso. El recurso final para romper el bloqueo fue el voto, pero la fórmula escogida por el titular de economía francés, Bruno Le Maire, aunque útil para presentar un único nombre, aireó las profundas divisiones entre los socios sobre quién debía ser el elegido. Georgieva contó con la oposición de casi la mitad de los países, entre ellos Alemania y España, un mensaje de debilidad que no pasará desapercibido para sus eventuales rivales.

Hace tiempo que los países emergentes ven con desagrado su marginación en las instituciones internacionales, un marco que estiman concebido para uso y disfrute de Europa y EE. UU. El bloqueo de la dirección del FMI por sus candidatos ya tuvo una primera edición en 2011, cuando el mexicano Agustín Carstens disputó la plaza a la francesa Christine Lagarde, ahora de salida hacia el Banco Central Europeo.

El exgobernador del Banco de México y actual director general del Banco de Pagos Internacionales viajó entonces a Brasil, Argentina, Canadá e, incluso, Alemania para hacer campaña exigiendo que la elección se basara en mérito y no en nacionalidades.

Sus demandas cayeron en saco roto, pero ocho años después, el vínculo transatlántico se ha debilitado con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. Y movimientos que se daban por descontados son ahora imprevisibles. Carstens podría reincidir en el intento respaldado por los países emergentes, pero el asedio puede venir por otros lados.

El gobernador del Banco Central sudafricano, Lesetja Kganyago, o el reputado economista Raghuram Rajan también suenan para entrar en la carrera.

© ÁLVARO SÁNCHEZ LÓPEZ 
EDICIONES EL PAÍS
En Twitter: @el_pais

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