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Cómo pagar deuda externa defendiendo al planeta del cambio climático
Laguna de Suesca

Los líderes del mundo buscan acuerdos para enfrentar el calentamiento.

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César Melgarejo/ EL TIEMPO

Cómo pagar deuda externa defendiendo al planeta del cambio climático

Los líderes del mundo buscan acuerdos para enfrentar el calentamiento.

Propuesta suena en Glasgow. Investigadores de Los Andes y el Rosario explican como aterrizarla.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2021 (COP26), que comenzó el domingo en Glasgow, y va hasta el viernes de la semana entrante, es el mejor escenario para que países como Colombia hagan la propuesta –que ya han venido ventilando de tiempo atrás– de pagar deuda externa con el avance en objetivos para combatir el cambio climático.

El pasado 8 de septiembre, la idea fue mencionada por los presidentes de Argentina, Colombia y Costa Rica, en el ‘Diálogo de alto nivel sobre acción climática en las Américas’ organizado por los gobiernos de estos países junto a los de Barbados, Chile, Panamá y República Dominicana.

(Le puede interesar: Solo la mitad de los planes educativos abordan el cambio climático: Unesco).

En palabras del presidente Iván Duque, “es necesario que tengamos herramientas novedosas desde los organismos multilaterales de crédito y, a mi juicio, eso implica que establezcamos sistemas de condonación o de neutralización de deuda contra objetivos logrados en materia de acción climática. Que en la medida en que se vayan cumpliendo muchas de estas metas, pueda existir conmutación o condonación efectiva de créditos”.

Sobre el tema, un grupo de investigadores de las universidades de Los Andes y del Rosario acaba de presentar el ensayo ‘Con una ayudita de mis amigos: renegociación de deuda y cambio climático’. En este documento, los autores presentan sus propuestas para llevar a la práctica la idea.

El trabajo fue elaborado por Juan Camilo Cárdenas, Diana León, María del Pilar López y Hernando Zuleta, de la Universidad de los Andes, y Fernando Jaramillo y Mauricio Rodríguez, de la Universidad del Rosario.

(Puede leer: Los compromisos del Gobierno colombiano en la COP26).

En qué consiste la conexión covid-Glasgow

Para quienes proponen la idea, es urgente acogerla por la manera en que las deudas de los países aumentaron a causa de las crisis que trajo la pandemia, que ha obligado a mayores gastos tanto en salud como en proteger los ingresos de la gente más pobre y de subsidiar el empleo, entre otros.

Las iniciativas y compromisos que tienen los diferentes países frente al cambio climático son numerosas pero también onerosas, y el aumento de la deuda las puede poner en jaque. Por ejemplo, Colombia llega a Glasgow con el compromiso de reducir las emisiones en 51 por ciento para el 2030, y alcanzar la neutralidad de carbono en el 2050.

“Para los países de ingresos medianos altos –dicen los investigadores de Los Andes y del Rosario–, el acceso actual al financiamiento es limitado y esto puede potencialmente limitar el espacio para la acción climática en el corto y mediano plazo”. Y agregan que “retrasar la acción climática puede generar una señal negativa sobre la sostenibilidad fiscal debido a los riesgos físicos y de transición del cambio climático”.

“Es clara la conexión covid-Glasgow”, dice Juan Camilo Cárdenas, uno de los coautores y en la actualidad profesor en la Universidad de Massachusetts. Cárdenas subraya el “golpe brutal que significó la pandemia para economías de ingresos medios”.

Las economías más pobres, señala, tienen acceso a otro tipo de mecanismos y ayudas, pero las de ingreso medio deben responder por sus crecientes deudas.

En el mismo sentido, el presidente Duque sostiene que la posible condonación de deudas “es importante por el contexto que se vive en América Latina de limitada capacidad fiscal para atender las emergencias derivadas del covid 19”, y por eso invita a revisar la idea a instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Frente a la propuesta, el presidente de CAF, Sergio Díaz-Granados, señala: “Estamos de acuerdo. Lo hemos venido conversando con los equipos económicos. Es un mercado de deuda que hay que crear. La preservación y, en especial, la adaptación, es costosa y de difícil acometimiento con gobiernos endeudados (especialmente por la pandemia). Lo que corresponde ahora es un sistema que permita el monitoreo/protección de las áreas protegidas y globalizar su costo”.

(De interés: Colombia firmará programa de crédito para adaptación y mitigación climática).

Países con deuda creciente y altas emisiones

El tema es clave para todo el planeta, pero especialmente sensible para Colombia. Si bien, como lo recordaba el presidente Duque en el ‘Diálogo de alto nivel sobre acción climática en las Américas’, Colombia solo representa el 0,6 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, está entre los 20 países más amenazados por efectos de cambio climático.

De acuerdo con los investigadores de Los Andes y del Rosario, comparativamente el país está entre los que tiene tanto la deuda y como las emisiones de CO2 por encima de los niveles medianos en el mundo.

La deuda externa de Colombia se acerca a los 160.000 millones de dólares y supera el 50 por ciento del producto interno bruto (PIB). Entre tanto, las emisiones del país superan las 84 millones de toneladas de CO2, frente a la mediana mundial de 20 millones de toneladas.

Al revisar esos datos, Cárdenas señala que “Colombia tiene las condiciones para que sea ideal este tipo de negociación”.

Los canjes de deuda por acción en favor del ambiente ya se han hecho desde los años 80. El texto de los investigadores recuerda que una primera propuesta fue la de Thomas Lovejoy, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), y una primera experiencia se registró en Bolivia en 1987 con una deuda con Citicorp por 650.000 dólares.

Posteriormente ha habido otras operaciones, pero, en general, se trata de montos relativamente pequeños y los logros en materia ambiental no han sido tan significativos.

Por ejemplo, hubo un canje en el 2011 entre los gobiernos de Estados Unidos e Indonesia para reducir un remantente de casi 30 millones de dólares en capital e intereses que se le debían a la agencia Usaid. En el intercambio participaron, además, las organizaciones Conservation International y la ONG de Indonesia Kehati.

En el 2012, la granja de energía eólica de Sierra de los Caracoles, en Uruguay, fue financiada parcialmente por un intercambio de deuda de ese país con España.

Esas experiencias han aportado aprendizajes, pero la propuesta que se mueve en la actualidad apunta a que los intercambios tengan un peso significativo de la deuda de cada país.

(Le recomendamos: La transición a una economía verde es inevitable, pero tendrá su precio).

Coaliciones para negociar con acreedores

“Un país se puede beneficiar con un alivio a su deuda, pero la acción ambiental puede terminar siendo pequeña”, dice Cárdenas.

“Si es en grupo –dice–, los países que comparten la cuenca del Amazonas, por ejemplo, podrían negociar juntos y conseguir logros significativos”.

Así, una de las propuestas centrales del estudio es que países que tengan características similares en su perfil de deuda, así como en emisiones, armen coaliciones para negociar los intercambios de deuda por acción climática.

Hernando Zuleta, profesor de Los Andes y también coautor del documento, dice que “hay muchos países en situación similar a la de Colombia, con poco poder de negociación en el mercado internacional de deuda. Eso implica que la posibilidad de conseguir renegociaciones es baja. Una coalición de países deudores incrementaría el poder de negociación. Lo novedoso acá es que la forma de agrupar a los países deudores es a través de su ‘poder’ de reducir contaminación”.

Si se trata de países con situación similar a la de Colombia en cuanto a deuda y emisiones –es decir, por encima de los niveles medianos en los dos aspectos– se pueden citar, de acuerdo con el estudio, a Argentina, Brasil, Ecuador, México y Perú. Fuera de la región, a Turquía, Tailandia, Suráfrica y China, entre otros.

“La propuesta –dice Zuleta– no es solo convocar países para más poder de negociación sino que ese poder de negociación esté atado a la posibilidad de transformar la senda de calentamiento global que tenemos”.

El estudio se refiere también a la posibilidad de entenderse con diferentes tipos de acreedores: en deudas bilaterales, con entidades multilaterales de crédito o acreedores privados.

Al respecto, Zuleta dice que “el ideal es que estuviéramos hablando con acreedores institucionales o grandes acreedores. El ideal es que los grandes acreedores pudieran concentrar la deuda de países con poder de cambiar la senda de cambio climático. Pero lo que sabemos es que tenemos una gran cantidad de acreedores dispersos.”

(Lea también: El clima está entrando a un territorio desconocido, según informe).

Si parte importante de la deuda está en muchas manos, como por ejemplo, tenedores de bonos, un posible incentivo es que los acreedores, a cambio de los bonos, puedan obtener participaciones en los proyectos que se emprenden en el país para enfrentar el cambio climático. Se trata de proyectos de transición energética, transporte con vehículos eléctricos, o con la meta de cero deforestación fijada para el 2030, o relacionados con la ruta del hidrógeno.

Cárdenas señala que hay diferentes frentes de negocios que pueden ser atractivos para los inversionistas como en el terreno de la transición energética, con generación eléctrica con biomasa o proyectos eólicos o solares, “que en la actualidad ya pueden ser tan rentables y tan competitivos como los combustibles fósiles”.

Por lo pronto, como lo dijo el presidente Duque, “Colombia está comprometida con acciones concretas, y esperamos que, como región, el mensaje que salga de Glasgow nos permita tener soluciones prácticas empezando por la disponibilidad de recursos y la creación de herramientas de compensación de deuda frente a los cumplimientos de los objetivos derivados de esta acción climática”.

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía
@galmau

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