Colombia necesita un ‘simulacro inteligente’

Colombia necesita un ‘simulacro inteligente’

La prioridad es la salud, pero debe haber estrategias para garantizar el sustento y la salud mental.

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La reapertura del aeropuerto El Dorado ha generado diferentes opiniones sobre las consecuencias que podría traer esta decisión.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Por: Juan Rodríguez Medina*
29 de abril 2020 , 01:40 a.m.

Analizando la situación actual y el efecto que recae sobre el sector turístico, vale la pena resaltar que hoy, algunos de nuestros gobernantes en Colombia, sobre todo en el ámbito local y regional, están sesgados en sus juicios de la realidad solo por atender los puntos de vista de los epidemiólogos y expertos en analizar las progresiones en los tiempos de emergencia sanitaria y pandemia. Reconozco que esa es la primera verdad que hay que buscar. Una que busca proteger la vida. 

Sin embargo, no es menos importante la protección del sustento o del mínimo vital de subsistencia para que una parte importante de la población sobreviva con un aparato económico en su mínima expresión.

Por ello se deben analizar datos sobre el tiempo real que una ‘familia tipo’, ya sea perteneciente a la economía formal como a la informal, en una sociedad como la nuestra, puede resistir sin los ingresos suficientes que garanticen su supervivencia. Esa es la segunda verdad que hay que buscar.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) anunció que el efecto económico de la pandemia del covid-19 puede duplicar el número de personas en situación de hambre aguda y calcula que para el final de 2020, unos 265 millones de personas podrían estar cerca de morir de hambre.

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Colombia no será la excepción si no se permite que la actividad productiva se reanude con controles y por etapas, para que los menos favorecidos vuelvan a tener ingresos.

Y hay una tercera, y está basada en la protección de la salud mental, quizás la más olvidada de todas en estos tiempos de cuarentena. Significa proteger la libertad de un niño para ir a un parque, de un adulto a montar una bicicleta, o visitar un familiar en un pueblo cercano.

Ahora estos hechos básicos de libertad individual al desplazamiento y al desarrollo creativo se han convertido en un pecado con amenazas de sanción, porque ponen en riesgo la salud de toda la comunidad.

La ecuanimidad

Hay que buscar información y datos que conduzcan a explicar mejor y entender estas tres verdades; no podemos depender solamente de un sistema de información, seguramente el más científico.

Este es con el que trabajan los organismos de salud, los alcaldes y gobernadores con el fin de evaluar si la capacidad hospitalaria y las UCI disponibles serán suficientes, frente a las proyecciones del número de personas que se van a contagiar.

No es suficiente tomar decisiones solo con el criterio de frenar la pandemia, sin medir las consecuencias, que sobre los otros dos derechos se está afectando una comunidad.

Proteger integralmente los tres derechos básicos –salud vital, sustento y salud mental– nos permitiría tomar decisiones más ecuánimes para salir de esta compleja crisis.

No estamos proponiendo pasar del confinamiento a la anarquía en la movilización. Sabemos que una apertura sin planeación lo único que traería sería caos al sistema de salud e infraestructura hospitalaria de un país como Colombia.

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Pero, como en otras esferas, este fenómeno no se debe analizar, como muchos lo están haciendo, entre lo blanco (cuarentena total y obligatoria con sanciones incluidas, porque primero es frenar la expansión del virus, caso extremo Filipinas con la lectura del problema que hace Rodrigo Duterte), y lo negro (primero la economía, y si han de morir muchos, fue que les tocó; casos extremos Brasil con la lectura que hace Bolsonaro, Estados Unidos con Trump y el Reino Unido con Jonhson a la cabeza). ¿En qué extremo de este dilema blanco y negro está cada uno de nuestros dirigentes y gobernantes?

Apertura del turismo

Siguiendo la colorida analogía, pertenezco a la doctrina de que para tomar las mejores decisiones, debemos explorar y analizar diferentes puntos de vista, esto es, ubicarnos en una escala de grises, para que el impacto de las decisiones que se tomen afecte lo menos posible los tres derechos que en este momento se deben proteger. ¿Y eso qué significa en materia turística?

En el campo práctico, esto significa analizar de manera muy juiciosa el impacto que generan decisiones como: mantener cerrado un aeropuerto, vetar el acceso terrestre a una ciudad o región o, sencillamente, no permitir el libre desplazamiento de una comunidad privilegia la protección de la salud vital, conteniendo la expansión del coronavirus, pero desprotegiendo el derecho al sustento, evitando otras enfermedades y muerte por hambre, así como desprotegiendo el bienestar mental básico de una persona, una pareja, una familia o toda una sociedad.

Qué tal si a partir de junio se hace un ‘simulacro inteligente’ retomando las dos filosofías de los líderes políticos más relevantes hoy en Colombia. La alcaldesa de Bogotá inició un simulacro de aislamiento el fin de semana del viernes 20 hasta el lunes 23 de marzo, con la iniciativa ‘Bogotá se queda en casa’.

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Este ejercicio, complementado con la cuarentena nacional iniciada el mismo 23 de marzo, ha mostrado una sociedad disciplinada que aprende a contener desde el impulso inercial de ir a trabajar hasta el más puro deseo por viajar, cerrar el día cenando con la pareja en un restaurante o compartiendo los fines de semana unas cervezas o copas con amigos.

Ese fenómeno ha permitido frenar la expansión del virus. Por otra parte, el presidente Duque planteó a partir del próximo 27 de abril el plan “aislamiento colaborativo e inteligente”, que no es otra cosa que empezar a abrir la economía para que la protección del sustento deje de ser una teoría y comience a ser la otra verdad que evitará miseria y hambre.

Las dos medidas han generado críticas de lado y lado.

La reacción de la alcaldesa de Bogotá frente a la posibilidad estudiada por el Gobierno Nacional de abrir a partir de mayo el aeropuerto El Dorado para vuelos nacionales de manera escalonada fue hecha con epítetos como el del martes pasado en Blu Radio: “... sobre mi cuerpo muerto vuelven a reabrir ese aeropuerto el 27 de abril”.

Ha llegado la hora de fusionar la visión de los dos mandatarios, cada uno con su verdad, para mostrar que somos capaces de escuchar, procesar, entender y decidir lo mejor para Bogotá y Colombia, porque sí es posible llegar a la protección de los tres derechos.

La apertura de cielos nacionales en primera instancia y del transporte terrestre interdepartamental es el primer paso para garantizar una paulatina y responsable reapertura de la actividad turística. Sin accesibilidad no existe el turismo. Ese debe ser el primer paso para que se encienda la locomotora de la actividad turística.

Somos capaces de escuchar, procesar, entender y decidir lo mejor para Bogotá y Colombia

Sin aviones en el aire y sin vehículos en movimiento no existe turismo, primera máxima de la industria de los viajes del siglo XXI en Colombia. Por ello es tan importante esta decisión, que más que técnica va a ser política.

Porque de allí se desprenden todos los subsectores que hacen parte del turismo: hoteles e industria de alojamiento, agencias de viajes (mayoristas, receptivas y turoperadoras), restaurantes y bares, parques nacionales, para citar los básicos que podrían entrar en una operación escalonada.

Es decir, no menos de 1,5 millones de empleos directos e indirectos que puede llevar el sustento a cerca de 5 millones de personas, es decir, más del 10 % de la población.

La responsabilidad

He aquí una primera lista primaria de acciones que los empresarios, agentes independientes y empleados del ecosistema turístico nacional muy seguramente deben estar preparando para salir adelante en esta etapa de la crisis generada por la pandemia:

Programando vuelos en aeronaves en las que el espacio entre sillas evite contagio.

En los counters de aeropuertos y terminales de buses de pasajeros, tomando exactas medidas que las actuales en supermercados (1,5 m de distancia entre personas, tapabocas obligatorio, gel antibacterial en puntos de acceso y lugares claves), midiendo capacidad de carga de baños y zonas comunes.

En hoteles, implementar protocolos y procesos de bioseguridad, los cuales incluyen nuevas formas de hacer hotelería desde el acceso al establecimiento, hasta procesos de check in-out, uso de ascensores, operación de alimentos y bebidas y sanitización reforzada, garantizando la asepsia de habitaciones y áreas sociales.

Eliminando temporalmente en hoteles los servicios de spa, zonas húmedas, gimnasios, salones de eventos y reuniones de más de 30 personas.

Controlando la capacidad de carga (un 30% máximo en una primera etapa) de restaurantes, cafeterías y bares.

Readecuar los comedores de restaurantes con mamparas de metacrilato para 2 o 4 comensales.

Seguramente se quedarán muchas por reseñar de lo que corresponde a un manual de bioseguridad, pero debemos empezar ahora.

Si nuestros mandatarios se sientan con una misma visión de garantizar los tres derechos básicos (salud vital, sustento y salud mental) que inciden de manera más específica sobre la actividad turística, y no que los colombianos sigamos viendo el espectáculo que se repite cada semana, en el que el Gobierno Nacional anuncia unas medidas un día e inmediatamente vienen las réplicas de los gobernadores y alcaldes, cada uno interpretando el problema desde una sola de las ópticas; con seguridad, bajo un escenario más de concertación se tomarán decisiones ecuánimes que seguramente servirán de ejemplo en otros países.

Tenemos 5 semanas para prepararnos con el fin de que el primero de junio iniciemos el ‘simulacro inteligente’ por 60 o 90 días, que permita la apertura de sueños, de viajes, de visitas a parientes y familiares, pero siempre de manera responsable y aplicando lo aprendido en más de dos meses de cuarentena total, minimizando las posibilidades de contagio de este odioso covid-19.

JUAN RODRÍGUEZ MEDINAEspecialista en planeación y desarrollo de servicios Turísticos-SIST-OMT, Roma (Italia).

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