¿Cómo va el edificio de la inclusión financiera?

¿Cómo va el edificio de la inclusión financiera?

Un reciente informe demuestra un importante avance del proceso de bancarización en Colombia.

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En 2019, un total de 29,4 millones de colombianos tuvieron acceso a un producto de depósito o a un crédito en bancos.

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Por: Freddy Castro
12 de julio 2020 , 10:20 p.m.

Hoy los equipos de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades divulgan la novena versión del Reporte de Inclusión Financiera. Estos resultados ratifican que, en promedio, pasamos de tener un edificio en obra negra a uno en obra gris. Y lo ratifica porque al cierre de 2019 el 82,5 por ciento de los adultos colombianos accedía al sistema financiero, mientras que hace un decenio solo lo hacía el 57,3 por ciento. Es decir, de los 35,6 millones de adultos, 29,4 tenían un producto de depósito o crédito. Más de 12 millones de personas ingresaron al sistema financiero en 10 años y 1,4 millones lo hicieron en el último año.

Es claro el avance de la obra de un país en el que, desde 2015, todos los municipios tienen al menos un corresponsal bancario, cuando en 2009 ni siquiera el 30 por ciento contaba con esta alternativa.

Sin embargo, resulta oportuno mirar más allá de los promedios y señalar que algunas zonas del edificio de la inclusión financiera seguían en obra negra, no solo por ese 17,5 por ciento de colombianos (6,3 millones) que estaba excluido financieramente. Para ello revisemos algunos indicadores y los retos de un proceso en el que los avances siguen, pero en los que se deben redoblar esfuerzos para nivelar tramos en los que estamos lejos de los acabados.

Indicadores de acceso

Cuando se mide acceso, se evalúa cuántos colombianos abrieron en algún momento un producto de depósito o tienen un crédito. Pues bien, ya dijimos que el año pasado 29,4 millones de colombianos accedieron, al menos, a un producto de depósito o crédito (82,5 por ciento). Al desagregarlos, 28,3 millones contaban con un depósito (79,4 por ciento), y 13 millones tenían uno de crédito (36 por ciento).

Algunos se preguntarán por el origen de estas cifras. Resulta que establecimientos de crédito, Sedpes (Sociedades Especializadas en Depósitos y Pagos Electrónicos), cooperativas con actividad financiera y ONG microfinancieras reportan información de estos productos a las centrales de riesgo.

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Banca de las Oportunidades calcula indicadores a partir del cruce de datos agregados de tenencia de productos financieros de TransUnion, una de las dos centrales de riesgo del país, con la información poblacional del DANE. No está de más aclarar que esta será la primera vez que se utilice la información del Censo 2018, en años anteriores era la de 2005. Esto explica algunas variaciones frente a estadísticas previas.

Alguien que tenía una cuenta de ahorros, un depósito electrónico y una cuenta de ahorros de trámite simplificado, sumó una vez en el indicador de adultos colombianos con productos de depósito. En diciembre eran 28,3 millones. Un hecho que debemos considerar es que los avances en el último decenio se explican, principalmente, por el aumento de estos productos, principalmente por la cuenta de ahorros tradicional.

Igualmente, si esa misma persona tenía tarjeta de crédito y deuda hipotecaria, le aporta un solo individuo al número de adultos con productos de crédito, 13 millones en la misma medición. Ese individuo con varios productos de depósito y crédito solo cuenta una vez dentro de los 29,4 millones de adultos con productos de depósito y crédito.

Los datos de acceso son una buena representación del avance de nuestro edificio. También reflejan zonas que están lejos de los retoques finales. Pues bien, aún persisten brechas entre zonas rurales y urbanas; por regiones y por género.

Así que es posible observar que el 90,4 por ciento de los colombianos que viven en ciudades y aglomeraciones accedían a un servicio financiero, mientras que solo el 55,7 por ciento hacía lo propio en municipios rurales dispersos. También se encuentra que, si dividiéramos el edificio entre apartamentos, en el de la Región Centro Oriente accedía el 91,1 por ciento de sus habitantes, mientras que en la Región Caribe lo hacía solo el 70,4 por ciento.

Mención especial merece la diferencia entre hombres y mujeres, tema de la agenda conjunta con el Banco de Desarrollo de América Latina y la Superfinanciera; debido a cambios censales la brecha de acceso en favor de los hombres se acentuó. En 2018 era de 2,6 puntos porcentuales y en 2019 de 5 puntos. Asimismo, los montos de crédito desembolsados, en todas las modalidades, siguieron siendo menores para las mujeres, pese a que son más cumplidas a la hora de pagar.

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El Plan de Desarrollo

Cuando se analiza la inclusión financiera no solo se piensa en quienes tienen algún crédito o producto de depósito. También se contempla si efectivamente tienen esos productos activos, es decir, que realicen por si mismos algún movimiento, como hacer pagos. Acá surge otro indicador que realza otro reto de nuestro edificio. Solo 23,5 millones de colombianos usaban activamente sus productos en 2019 (de los 29,4 que habían realizado la apertura). Mejor dicho, si la inclusión financiera se limitara al hecho de contar con productos activos, solo 66 por ciento de los colombianos estuvo incluido el año pasado.

Precisamente, en abril pasado se utilizó esta información para consignarle a los beneficiarios de Ingreso Solidario que tenían cuenta activa. Población vulnerable, pobre y pobre extrema que recibió de manera expedita este subsidio del Gobierno.

La inclusión financiera no solo es acceso y uso a productos de ahorro y crédito

Aunque no sea evidente, este último indicador deja reflexiones complementarias. Sabemos de la existencia de colombianos que, tal vez por desconfianza o desconocimiento, utilizan sus cuentas de ahorro para retirar, iniciando el mes, el valor del subsidio, la pensión o el sueldo. En otras palabras, menos del 66 por ciento de los colombianos aprovecha plenamente los servicios transaccionales y de ahorro del sistema financiero.

De las cifras de acceso y uso se desprenden tres metas del Plan de Desarrollo. Que el 85 por ciento de los mayores de 18 años acceda a productos de depósito o crédito (vamos en 82,5 por ciento); que el 68 por ciento de quienes viven en zonas rurales hagan lo propio (vamos en 61 por ciento); y que el 77 por ciento tenga productos activos (vamos en 66 por ciento).

Probablemente en el futuro sea necesario desarrollar indicadores y metas complementarias que aporten a una visión más integral. Estas deberían reconocer que la inclusión financiera no solo es acceso y uso a productos de ahorro y crédito. Además, es calidad y bienestar. Asimismo, se debe recordar que es más que acceso a microcréditos. También es facilitar alternativas para ahorrar, transferir fondos y asegurarse contra eventuales pérdidas.

Las caras de la inclusión

Algunos de los saltos referenciados son explicados por el crecimiento de los canales físicos que tuvieron un incremento promedio anual de casi el 17 por ciento en los últimos diez años. Pasamos de 158.416 a 755.989. En 2019 teníamos más de 580.000 datafonos, casi 160.000 corresponsales bancarios, más de 16.000 cajeros automáticos y casi 8.000 oficinas.

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Se debe destacar que los corresponsales han sido el cemento para unir los servicios financieros con las necesidades de la población. En un contexto en el que el año inmediatamente anterior 213 municipios del país no tenían sucursales financieras, el corresponsal ha permitido satisfacer esas demandas. Aun así, algunos departamentos presentan bajos niveles de transaccionalidad y sigue siendo común que algunos ciudadanos ignoren la existencia misma de los corresponsales o la gama de servicios allí ofrecidos.

La expedición del Decreto 222 de este año, ejercicio liderado por la Unidad de Regulación Financiera, es una buena noticia para afrontar estos retos. Porque no solo amplía el alcance de los “créditos de consumo de bajo monto” y unifica la regulación de los “depósitos de bajo monto”, sino también porque habilita esquemas de corresponsalía digital, en los que no será necesario dirigirse a un lugar físico determinado para disponer de los servicios de su entidad financiera. Acá es esencial el trabajo de conectividad en el territorio, realizado por el MinTIC.

Sobra recordar que la consolidación de procesos de innovación nos ofrecerá servicios que no alcanzamos a imaginar, todo a un clic de distancia o desde nuestro dispositivo móvil. Ya se vislumbran desarrollos de entidades financieras y emprendimientos 'fintech' que han llegado a la Arenera regulatoria y al Hub Innova de la Superintendencia Financiera.

En los próximos meses veremos estadísticas consolidadas del crecimiento en el acceso y uso, especialmente mediante alternativas digitales

El frente de obra

Afortunadamente, y bajo el liderazgo del presidente Iván Duque, funcionarios de un grupo de entidades como la Unidad de Regulación Financiera, Banca de las Oportunidades, las Superintendencias Financiera y de Economía Solidaria, Planeación Nacional, Prosperidad Social, Finagro, Bancóldex, Innpulsa y el Fondo Nacional de Garantías, redoblan esfuerzos para seguir mejorando el entorno y acompañar el trabajo de los sectores financiero, solidario y asegurador.

Buscamos contribuir al desarrollo de indicadores, productos, canales, esquemas de financiamiento y garantías, y materializar un ecosistema de pagos digital. Sin duda, el avance del edificio es y será producto de un trabajo en equipo entre Gobierno, multilaterales y entidades financieras.

Todo esto en momentos en que la pandemia aceleró el cambio. En los próximos meses veremos estadísticas consolidadas del crecimiento en el acceso y uso, especialmente mediante alternativas digitales. Las cifras preliminares de Ingreso Solidario y de comercio electrónico dan cuenta de ello.

Del mismo modo, los reflectores deben estar puestos en la modernización de los sistemas de pago de bajo valor, un Decreto que está próximo a expedirse y que sentará las bases de una infraestructura financiera que sirva de autopista a la nueva economía digital. Adicionalmente, no pierdan de vista los seguros inclusivos, Fasecolda y Banca de las Oportunidades harán anuncio en las próximas semanas.

Algunos de los retos señalados en este texto se discuten en el documento CONPES (Consejo Nacional de Política Económica y Social) de educación e inclusión financiera. De éste se desprenderán acciones para reforzar el edificio de la inclusión financiera, acompañado de capacidades que generen bienestar. Esta hoja de ruta es fundamental en un Gobierno que se la juega por la equidad.

FREDDY CASTRO
Para EL TIEMPO
* Freddy Castro es el director de Banca de las Oportunidades.
En Twitter: 

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