Los números del Festival Petronio Álvarez que muestran su fortaleza

Los números del Festival Petronio Álvarez que muestran su fortaleza

En esta actividad se mueven 20.000 millones de pesos solo en la Ciudadela Petronio.

Actividad

Grupo de danzas del Instituto Popular de Cultura, participando del festival de música del Pacífico Petronio Álvarez.

Foto:

Juan B Diaz N.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de marzo 2019 , 08:33 p.m.

El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez no nació como una actividad para promover la economía naranja. Su razón de ser, desde hace 23 años, es salvaguardar y promover los saberes, las tradiciones y los sonidos del Pacífico colombiano.

Empezó como un festival pequeño en el teatro al aire libre Los Cristales, y hasta allí llegaban las comunidades del Pacífico residentes en Cali para oír a los grupos tradicionales que venían de apartados lugares de este sector del occidente colombiano.

Cuenta Yamilé Cortés, directora del festival, que allí no se vendía el viche, bebida tradicional del Pacífico, sino que las colonias llevaban sus botellitas con ese licor ancestral para disfrutar de la música, así como de tomaseca y arrechón.

Con los años, todo tuvo que cambiar para bien: desde el lugar de su realización (hoy, en la Ciudadela Petronio, en la unidad deportiva Alberto Galindo) hasta la forma de ver y sentir el festival, que se ha vuelto una actividad económica, “pero, repito, salvaguardando la ancestralidad, las músicas y los conocimientos de los sabedores”, sigue Cortés. Y un estudio que hizo el año pasado la Facultad de Economía de la Universidad Javeriana de Cali, contratado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el Petronio muestra este encuentro como un gran impulsor de la economía naranja del Pacífico colombiano.

El mes de agosto 

Durante su realización (una semana en el mes de agosto) genera 1.600 empleos, y “la movilización de recursos económicos generó un impacto aproximado de 50.342 millones de pesos”, dice el informe.

Al Petronio llegan gentes del lugar, personas de la región Pacífica (los departamentos de Valle, Cauca, Nariño y Chocó), extranjeros de Europa y Estados Unidos, especialmente, y colombianos en general.

Con todos estos datos, consignados a través de encuestas durante los días del festival, “para nosotros como Alcaldía de Cali es muy importante tener este primer estudio de la Univesidad Javeriana, entidad educativa experta en este tipo de mediciones, pues anualmente presentan el impacto de la Feria del Cali”, sigue.

Sonidos unidos

Cada año, al Petronio Álvarez llegan 44 grupos musicales que compiten en las modalidades de marimba de chonta, violín caucano, chirimía y libre.

A su vez, estos grupos han competido en los zonales, que se hacen, entre otros lugares, en Cali, Buenaventura, Quibdó, Guapi y Tumaco, lo cual “genera otro movimiento económico en transportes, instrumentos, vestuario, comida...”, agrega Cortés.

Y en Cali, durante la celebración del festival, “las bebidas tradicionales llegaron a los estands; hubo que poner fogones para las comidas típicas, y aparecieron además las artesanías, los peinados, los diseños de ropa. Los creativos han venido transformando sus productos, y hoy encontramos que con distintos alimentos de la zona se elaboran vinos, helados, sorbetes, de maneras diferentes, novedosas y atractivas”, dice Cortés.

Los creativos han venido transformando sus productos, y hoy encontramos que con distintos alimentos de la zona se elaboran vinos, helados, sorbetes, de maneras diferentes, novedosas y atractivas

Algunos modelos 

Pone un ejemplo: la empresa Kiero Coco, cuyo dueño empezó a ir al Petronio Álvarez en el 2008. “Ese año vendió 3 millones de pesos y en el 2018, solo en el festival, comercializó 80 millones. Hoy tiene cuatro sedes en Cali, una tienda en el barrio San Antonio y 100 trabajadores, entre Cali, Guapi y Buenaventura”.

En este proceso de fortalecimiento ha sido fundamental el trabajo de entidades como la Alcaldía de Cali, la Secretaría de Salud de la ciudad, el Invima y otras.

Las cifras 

El informe agrega que el gasto de cada persona en un día de festival es de 42.000 pesos para los que viven en Cali y 166.000 pesos para los visitantes del resto del país y del extranjero, y cada asistente (un promedio de 100.000 personas en cada noche de las finales, de jueves a domingo) concurre al menos tres días al encuentro.

Además, según cifras de Cotelvalle, durante la edición 22, el año pasado, hubo un 74 por ciento de ocupación hotelera, y de esta, el 28,4 por ciento fue de extranjeros (llegaron 5.667). “El 33,5 por ciento de los turistas visitaron Cali por primera vez, y el 37 por ciento de estos llegaron a la capital del Valle exclusivamente motivados por el festival”.

Este informe del Petronio se presentó en el segundo Consejo Nacional de Economía Naranja, realizado en Cali la semana pasada, “y para nosotros es muy claro que el festival sigue siendo un modelo para promover las tradiciones y preservar el patrimonio, pero es muy importante saber que durante la realización del evento, solo en la ciudadela se mueven 20.000 millones e pesos”, comenta Cortés.

En la ciudad de Cali

La Alcaldía de Cali realiza el festival desde 1997, y, agrega Cortés, “se ha convertido en una ventana para lo musical y una escena para mostrar productos y saberes, no solo dentro de la ciudadela sino en el suroccidente del país”.

La temporada de festivales de Cali tiene dos grandes eventos –agrega Cortés–, el Petronio Álvarez y la feria de diciembre, “y nos sentimos muy orgullosos de que estas dos actividades den un poco más de 500.000 millones de pesos cada año, moviendo la economía de la ciudad y dándole a la gente acceso a la cultura”.

A la ciudad le costó 4.690 millones de pesos el festival el año pasado, y el 85 por ciento del presupuesto lo puso la Alcaldía de Cali. La entrada de los asistentes es gratuita durante todo el festival.

A la ciudad le costó 4.690 millones de pesos el festival el año pasado, y el 85 por ciento del presupuesto lo puso la Alcaldía de Cali

Y cada año, quienes van a ‘petroniar’ regresan a sus casas no solo ‘aperados’ de viche y tomaseca, sino también de hojuelas de coco deshidratadas, leche de coco en polvo, pulseras, collares, anillos, ropa de colores vivos e instrumentos musicales. El festival sigue cumpliendo con su objetivo: que sea la tradición lo primordial, pero que los productos de ese Pacífico profundo lleguen más lejos y generen dinero para la región.

REDACCIÓN EL TIEMPO

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