¿Cómo es vivir con una notificación de embargo?

¿Cómo es vivir con una notificación de embargo?

Han pasado siete años desde que David recibió la primera notificación y aún no ha pagado su deuda.

Dinero

De tres a 12 millones de pesos ascendió la deuda que tiene el hombre con la entidad bancaria.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Mario Perlaza
12 de octubre 2018 , 07:05 p.m.

Después de siete años de haber adquirido un crédito de tres millones de pesos con un banco, hoy David* tiene una deuda superior a los 12 millones por intereses. La entidad ya le ha advertido dos veces que lo va a embargar. Pero, él se ampara en el dictamen de la Superintendencia Financiera que afirma que las cuentas con montos menores a $36'050.000 millones de pesos no pueden ser embargadas.

En 2011, David abrió una cuenta bancaria, tiempo después la misma compañía le ofreció un crédito de libre inversión más una tarjeta de crédito con cupo de 1'200.000 pesos. Ese crédito consistía en 2'000.000 de pesos para uso libre; es decir, David podría invertir ese dinero en lo que quisiera. En esa época, ganaba 800.000 pesos mensuales y ya contaba con una deuda de más de tres millones.

“Yo estaba manejando bien la plata porque sabía que no me podía exceder”, afirma el deudor, pero un día su suegra le pidió que le prestara para invertir en un negocio. David no dudó y retiró todo lo que la empresa bancaria le había suministrado en sus servicios. Pasó el tiempo y ella le admitió que no tenía cómo saldar el préstamo. El negocio al parecer no funcionó y las cuentas de David tampoco. El sueldo no le iba a alcanzar para pagar y ni modo de cobrarle a la suegra.

“Me empezaron a llamar y a llamar que estaba en mora, que me iban a meter con abogado y que me iban a embargar. Yo les dije que hiciéramos un acuerdo de pago y me empezaron a llegar las cuentas de casi 400.000 pesos. Entonces dije: ‘no puedo pagar eso, no me alcanza’”. Desde ese momento, la entidad dejó de contactarlo.

El saldo en mora va en siete millones”, fue la notificación que dos años después recibió David. Él trató de negociar los pagos con $180.000 mensuales, sin embargo, el banco negó la solicitud. No era suficiente para saldar la deuda.

Ante la respuesta, la entidad les pasó el proceso a unos abogados para que David efectuara los pagos y le exigió que debía cubrir los gastos de los profesionales que tomarían su caso y le volvieron a notificar que lo embargarían. “Yo dije: 'Hágale porque igual no tengo nada que me puedan quitar'. Yo no tengo carro, no tengo moto, no tengo nada”. Nunca hubo movimientos extraños en su cuenta bancaria, aún así, él tomó medidas.

Igual no tengo nada que me puedan quitar: no tengo carro, no tengo moto, no tengo nada

Habló con sus jefes para que dejaran de consignarle el sueldo a su cuenta y que lo hicieran a la cuenta de su hermana. Los empleadores accedieron por ley.

El artículo 138 del Código Sustantivo del Trabajo dice que “salvo convenio por escrito, el pago debe efectuarse en el lugar donde el trabajador presta sus servicios, durante el trabajo o inmediatamente después de que este cese”. El pago de salarios debe efectuarse donde se establezca un acuerdo entre las partes o en su defecto, en el lugar de trabajo.

Dos años después, en 2016, el saldo en mora había aumentado a 12 millones de pesos. Ante el temor, David acudió a un amigo abogado que le dijo que el embargo no se había llevado a cabo porque las entidades financieras no pueden efectuar una acción de esa índole si la cuenta no tenía al menos 34.878.178 pesos. En la actualidad él gana 1.400.000 pesos mensuales. Un profundo suspiro fue su reacción.

“Ustedes no me pueden embargar, no tengo toda esa plata que piden”, le dijo el hombre al banco. Ellos respondieron que hablarían con los abogados y desde entonces no lo han vuelto a llamar. Han pasado casi dos años.

“Lo malo es que si yo quiero solicitar un crédito o sacar un electrodoméstico por cuotas, no lo puedo hacer porque estoy reportado en las centrales de riesgo, pero realmente no tengo cómo pagar”.

MARIO PERLAZA
@marioperlaza
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
ELTIEMPO.COM* No publicamos su apellido de quien da el testimonio por petición suya.

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