Así es el abismo en los ingresos de los hogares colombianos

Así es el abismo en los ingresos de los hogares colombianos

Aumentó el dinero que llega a las familias, pero la desigualdad no cedió de forma apreciable.

Ingresos de los hogares colombianos

Aunque los hogares colombianos reciben más dinero que hace diez años, la desigualdad se mantiene.

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John Jairo Bonilla / Archivo EL TIEMPO

Por: Mauricio Galindo
01 de septiembre 2018 , 11:15 p.m.

Los ingresos en dinero que hoy perciben los colombianos les alcanza, en promedio, para un 23 por ciento más de compras que hace diez años. Según la Encuesta de Presupuestos de los Hogares, del Dane, ese salto en el poder adquisitivo fue mayor en los hogares de menores ingresos, en los que el aumento fue de casi el 30 por ciento.

Sin embargo, esto es insuficiente para lograr avances apreciables contra la desigualdad. Frente a los resultados de la encuesta, “la primera conclusión es que Colombia es un país de ingresos bajos”, dice Cecilia López Montaño, exministra y exdirectora de Planeación Nacional, “y eso se olvida cuando se habla de las pensiones o el IVA. Es de ingresos bajos aún en los estratos altos, y eso se ve cuando en el 10 por ciento de hogares de más ingresos, en los que el promedio es de algo más de siete millones”.

El también exjefe de Planeación y exministro de Protección Mauricio Santa María comenta: “El PIB per cápita de Colombia es eso. Puede que la encuesta no alcance a los verdaderos ricos –eventualmente aparece un registro de alguien con ingresos de 100 millones–, pero tampoco alcanza a los indigentes que viven en la calle”. Y expresa una visión más optimista: “Se ha avanzado bastante. El país tiene una clase media fuerte. Hoy es un país de clase media”.

Pero López no está de acuerdo. La economista piensa que “Colombia no es de clase media, sino de vulnerables. El 30 por ciento puede ser clase media, y el 36 por ciento, vulnerable: personas que salieron de la pobreza pero que tienen un riesgo significativo de volver a esa condición. Si amplían sobre ellos el pago del impuesto de renta, automáticamente vuelven a estar debajo de la línea de pobreza”.

Al mirar esa población intermedia, que logra estar por encima del 20 por ciento de menores ingresos, “el reto es que escalen más como grupo”, dice Juan Carlos Ramírez, director en Colombia de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), de las Naciones Unidas.

Y para eso, dice Ramírez, son claves los avances en productividad, en inclusión económica, en estabilidad y en consumo; por ejemplo, en el transporte urbano, no necesariamente en el costo, sino en tiempo, lo que abriría posibilidades de ir por más ingresos o, sencillamente, de tener más tiempo libre o consumir otras cosas.

Una encuesta gigante

La encuesta, que el Dane hace cada diez años, deja ver de qué viven y en qué gastan los colombianos. Todos los hogares del país tenían la posibilidad de ser incluidos en la muestra, que finalmente fue de 87.201 hogares visitados.

Por hogar se entiende un grupo de personas que habitan una misma vivienda, con un presupuesto común y que generalmente comparten las comidas. Otro de los hallazgos del Dane es que el tamaño de los hogares sigue reduciéndose: el año pasado (cuando se recogió la información) eran de 3,3 integrantes, en promedio, frente a los 3,8 del 2007, con dos de ellos obteniendo ingresos.

Sin embargo, hay casi tres millones de hogares conformados por cinco o más personas, y llama la atención que dentro de ellos hay unos 668.000 que reciben menos de un salario mínimo como ingreso monetario.

La encuesta también confirmó la tendencia a vivir solos. Los hogares de una sola persona ya son el 14,7 por ciento, frente al 10 por ciento del 2007.

El Dane también observó los ingresos que se reciben en especie, que no son insignificantes, en particular en el segmento más pobre, en el que superan a los ingresos monetarios.

Los ingresos monetarios provienen de salarios, trabajo independiente, otros trabajos secundarios, labores ocasionales, ingresos por inversiones y transferencias, que para los más pobres son claves, bien sea de familiares o del Gobierno.

Un salto en el poder de compra

El aumento ha sido mayor para los estratos más bajos.

La capacidad de compra de los ingresos personales aumentó, en promedio, 23 por ciento durante la última década. El año pasado (cuando se recogió la información), a cada persona le correspondía un promedio de 580.000 pesos mensuales del ingreso monetario total de los hogares. Diez años atrás este promedio estaba, a precios actuales, en 472.000 pesos.

La Encuesta de Presupuestos de los Hogares encontró que los 14,5 millones de hogares del país perciben, en conjunto, 27,5 billones de pesos mensuales, y cada hogar, en promedio, 1,9 millones.

Según Juan Carlos Ramírez, de la Cepal, esta mejora no es fruto solamente de los subsidios estatales, sino que influyen también los avances en educación y un ‘efecto derrame’ en los años de más crecimiento –por el alza de los precios del petróleo–, que mejoró la distribución, “aunque pudo lograrse más”.

Y el menor tamaño de los hogares también tiene que ver, añade. Esto se evidencia en el hecho de que, mientras el poder de compra del ingreso monetario por hogar se incrementó apenas 6,4 por ciento en promedio en los últimos diez años, al aumento por persona fue del 23 por ciento.

Así mismo, el incremento fue mayor para los hogares de menores ingresos. Entre el 2007 y el 2017, el ingreso monetario promedio del 10 por ciento de los hogares correspondiente a los más pobres aumentó en 29,7 por ciento.

Entre tanto, el aumento para el 10 por ciento de los hogares correspondiente a los de mayores ingresos fue de solo 4 por ciento.

Ese dinero es percibido por un promedio de dos personas por hogar, frente a uno de 1,6 en el 2007. Así, más de tres de cada diez hogares tienen a dos personas percibiendo ingresos (5,2 millones de hogares). Luego están los 5,1 millones de hogares con un solo perceptor de ingresos.

El 17 por ciento de los hogares, 2,45 millones, cuenta con tres personas que obtienen dinero, y 1,4 millones tienen cuatro o más. Como es de esperarse, los hogares grandes tienen más gente recibiendo dinero. En los hogares de cinco o más personas hay más de tres perceptores en promedio.

Aunque la fuente principal de ingresos en dinero son los salarios, no alcanzan a ser la mitad de la plata recibida. Los salarios ponen el 48 por ciento, y les siguen los ingresos por trabajo independiente, que son el 26 por ciento. Una fuente de ingresos muy significativa, que aporta el 15 por ciento del total, son las transferencias, es decir, pensiones, ayudas de otros hogares, subsidios del Gobierno y apoyos de ONG. Las transferencias son particularmente fuertes en el primer decil (el 10 por ciento de los hogares correspondiente a los más pobres). Para estas personas, las transferencias representan el 37 por ciento de los ingresos, lo que supera en más de cuatro veces sus ingresos por salarios.

Donde pesan más los salarios es en el noveno decil (el 10 por ciento de los hogares correspondiente al segundo grupo de mayores ingresos). Allí, el ingreso monetario promedio por hogar es de 3,1 millones de pesos mensuales, y el origen del 55 por ciento de esa suma son los salarios.

Los ingresos del trabajo independiente pesan más en el segundo 10 por ciento más pobre (grupo cuyos ingresos monetarios promedio son de 396.000 pesos por hogar). Allí, el ingreso por trabajo independiente es el 53,2 por ciento.

Donde pesan más los ingresos de capital (las rentas que generan las inversiones, como arriendos de inmuebles) es en el 10 por ciento de mayores ingresos. En este segmento, los ingresos de capital representan el 7,2 por ciento del total. Vale la pena anotar que en uno de los grupos más bajos (el segundo 10 por ciento de menores ingresos) también se destacan las rentas que genera el capital: llegan al 4,8 por ciento del ingreso total, lo que muestra que incluso entre las familias pobres persiste el esfuerzo por adquirir propiedades que les generen un ingreso.

La desigualdad, un mal duro de matar

El 10 % más rico recibe 65 veces el ingreso del 10 % más pobre.

Los resultados de la investigación del Dane muestran avances demasiado tímidos frente a la desigualdad. Los ingresos monetarios promedio de los hogares del 10 por ciento más rico son 65 veces lo que se recibe en el 10 por ciento más pobre.

El ingreso monetario del 10 por ciento de los hogares correspondiente a los más pobres a duras penas pasó de ser el 0,5 por ciento del total en el 2007 al 0,6 en el 2017. El 10 por ciento superior recibía el 42,6 por ciento del total en el 2007, que se redujo al 41,5 por ciento.

“Resultan obvias la terrible concentración y la pésima distribución del ingreso”, dice la exministra Cecilia López, quien se lamenta además porque “en los análisis no se miran las diferencias por género”.

Los hogares de mayores ingresos monetarios reciben en promedio ocho millones de pesos al mes, mientras que los del 10 por ciento más pobre manifiestan que para ellos el promedio es de 121.000 pesos. Por eso la importancia de lo que reciben en especie, que permite que el ingreso se eleve a 261.000 pesos.

Dentro del leve avance frente a la concentración, los hogares del 30 por ciento de más ingresos pierden 2,3 puntos porcentuales de participación en los ingresos monetarios totales, y ese porcentaje lo gana el 70 por ciento de hogares restantes.

Según Juan Carlos Ramírez, de la Cepal, el alivio en la desigualdad puede relacionarse con una mejora relativa en los ingresos de personas pobres como los pequeños productores rurales, frente a un estancamiento real de los salarios de los profesionales calificados.

“La encuesta también muestra que la desigualdad en el consumo es menor que en el ingreso”, comenta el exministro Mauricio Santa María. ¿Cómo ocurre eso? “La gente es inteligente para usar su ingreso. Se apoya en transferencias y subsidios que permiten más consumo, a lo que se suma el menor nivel de precios en el que compran los estratos bajos”.

Las grandes distancias entre el campo y las ciudades también persisten, y el ingreso de los hogares urbanos termina siendo, en promedio, más del doble que el de los del campo.

Entre ciudades también hay grandes brechas. El ingreso total promedio de los hogares de Bogotá es de 3,8 millones de pesos mensuales, frente a 1,8 millones en Tumaco, 1,6 millones en Quibdó y 1,5 millones en San José del Guaviare.

“Algunas cosas de la política pública se han hecho muy bien. Pero otras, muy mal. Por eso la desigualdad de la costa Pacífica”, señala Santa María.

Ante la desigualdad, dice el exministro, “el gran reto es garantizar que todos tengan las mismas oportunidades al nacer. En los años 70 y 80 vivimos una gran revolución de la educación, y fue la primera vez que casi todos pudieron estudiar. Pero el siguiente paso es que para todos haya educación de igual calidad, y ese paso no lo hemos podido dar”.

Cuando el efectivo llega de afuera: subsidios, pensiones, regalos...

Las transferencias de dinero que hace el Gobierno no solo van a los estratos bajos. También llegan a los estratos altos, para los que incluso se destinan mayores sumas. Urgen reformas pensionales y asistenciales.

Los hogares más pobres de Colombia, los que están en el grupo del 10 por ciento de menores ingresos, dependen en gran medida de las transferencias. Estas corresponden a pensiones, plata que les dan otros hogares u ONG, y subsidios del Gobierno. El 37 por ciento del dinero que reciben estos hogares son transferencias, y la mitad de estas son dinero que les dan otros hogares. De esta manera, el 19 por ciento del dinero de los más pobres se lo regalan allegados.

El peso de las transferencias baja a medida que los hogares tienen más ingresos, pero –curiosamente– vuelve a subir en los tres segmentos de mayores ingresos. Así, en el 10 por ciento de hogares más ricos, las transferencias son el 16 por ciento de sus ingresos monetarios.

En este repunte tienen mucha importancia las pensiones, que son el 81 por ciento de las transferencias que reciben los más ricos y en las que, a juicio de algunos analistas, hay un gran componente de subsidio. “Eso muestra la tragedia del sistema pensional”, dice el exministro Mauricio Santa María. “No se trata –aclara– de las pensiones de magistrados o congresistas, que son una vagabundería, porque no son esas las que están en el resultado de la encuesta. El país paga 40 billones en pensiones, la mayoría no financiadas, y recauda 37 billones con el IVA. Las pensiones se pagan a punta de IVA”.

Pero los hogares de mayores ingresos también reciben transferencias del Gobierno, y no son despreciables: casi el 9 por ciento de sus ingresos monetarios. Si bien como porcentaje de sus ingresos están por debajo de las que reciben los pobres, en términos absolutos es mucho más dinero: mientras el 10 por ciento correspondiente a los hogares de menores ingresos recibe cada mes 27.000 millones de pesos de transferencias del Gobierno, el 10 por ciento más rico recibe 164.000 millones, o sea, cinco veces más. Lamentablemente, el Dane no especifica en razón de qué reciben estos dineros públicos.

Según la exministra Cecilia López, “vale la pena pensar en si se hace un cambio en la política asistencial, hacia una que haga más énfasis en estimular la producción”.

En relación con ese punto, Juan Carlos Ramírez, de la Cepal, menciona la posibilidad de mejorar los programas combinando asistencia y promoción.

La magnitud de la pobreza

Más de cuatro millones de hogares tienen ingresos monetarios inferiores al salario mínimo. Y más de 660.000 de ellos tienen cinco miembros o más.

Pese a los saltos en los ingresos y a que estos son mayores entre los pobres, aún hay 4,4 millones de hogares en los que el ingreso monetario total disponible cada mes es de menos de un salario mínimo. Lo más dramático es que hay 668.000 con cinco o más personas que dependen de menos de un mínimo.

¿Cómo vivir con ese dinero? La encuesta del Dane encuentra que los hogares que están en el 10 por ciento más pobre reciben, además de dinero, un 116 por ciento adicional en especie, es decir bienes o servicios, como alimentos, posibilidad de alojamiento, etc., bien sea en parte de pago por su trabajo o como donaciones.

No hay que desconocer que hay cierto avance entre el 2007 y el 2017, pues los hogares que manifiestan que sus ingresos disponibles son inferiores al salario mínimo pasaron del 32 al 30 por ciento. Pero también es muy diciente que haya 138.000 hogares en los que, sencillamente, ninguno de sus integrantes percibe ingresos.

Así mismo, de los ingresos en dinero de los hogares más pobres, solo el 8,6 por ciento corresponde a salarios. El principal ingreso en dinero, el 43 por ciento, es por trabajos independientes. De hecho, en toda la franja del 30 por ciento más pobre de hogares, el trabajo independiente es la principal fuente, y aporta el 49 por ciento del dinero que perciben. También son claves las transferencias, especialmente dinero que les dan allegados y el Gobierno (ver ‘Cuando el efectivo llega de afuera’).

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía EL TIEMPO
En Twitter: @galmau

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