Universitarios pagan 20 % más por matrículas que hace 9 años

Universitarios pagan 20 % más por matrículas que hace 9 años

Además, Ocde reveló que 33 % se retira en el primer semestre de formación y 71 %, en el décimo.

Estudiantes universitarios en Manizales

En los últimos 9 años los precios reales de las matrículas universitarias (descontando la inflación) se han incrementado en 20 por ciento.

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Jonh Jairo Bonilla

25 de febrero 2018 , 01:50 a.m.

Los más de 9 millones de pesos, en promedio, que cuesta ingresar a un programa en una universidad privada en Colombia no solo trasnochan a los padres de familia de los 92.555 estudiantes que presentarán este domingo las Pruebas Saber, con la intención de entrar a la educación superior en el segundo semestre del año.

También es un asunto que tiene sentadas a varias instituciones de educación superior, haciendo cuentas para elaborar un documento sobre sostenibilidad financiera, el cual pondrán en manos de los candidatos a la presidencia con el fin de incluir la situación en el debate público.

Según cálculos realizados en EL TIEMPO, a partir de las estadísticas del Dane, en los últimos 9 años los precios reales de las matrículas universitarias (descontando la inflación) se han incrementado en 20 por ciento.

Además, hay diferencias para los hogares según su nivel de ingresos. Así, para los altos, el incremento real en este gasto fue de 23,22 por ciento, mientras que para los medios las matrículas subieron 20,25 por ciento y para los bajos, 17,27.

Si los precios de las matrículas no hubieran subido más allá del Índice de Precios al Consumidor (IPC), a una familia de ingresos bajos que tiene un hijo con deseos de estudiar administración de empresas en una institución en la que un semestre cuesta 1’542.148 pesos, le hubiera tocado pagar 1,3 millones de pesos.

Entre tanto, una matrícula para ingresos medios que hoy cueste 5 millones de pesos valdría 800.000 menos, es decir, 4,2 millones de pesos. Y la entrada a la universidad para el joven de ingresos altos, en una carrera que hoy cueste 10 millones pesos, saldría en 8,1 millones de pesos.

Hay que destacar que la canasta familiar total subió 38,9 por ciento en los 9 años del análisis, mientras que el salario mínimo lo hizo en 54 por ciento. Sin embargo, las matrículas se incrementaron 66 por ciento nominal (es decir, sin descontar la inflación).

La situación se presenta en un país en el que el 80 por ciento de los trabajadores ganan hasta 2,2 salarios mínimos, y es el mismo país en donde, en el 2017, el promedio del costo de la matrícula en las instituciones más costosas era de 13,4 salarios mínimos, según los datos revelados en un estudio del Observatorio de la Universidad Colombiana (OUC).

La calidad cuesta

No se trata de pensar en un costo paupérrimo para la educación superior, pues, como lo advierte el investigador de la Universidad Nacional Jorge Iván González, “la calidad comienza a mejorar a partir de cierto nivel de gasto”. Sin embargo, tampoco se puede poner en segundo plano que, según el monitoreo que hace el Ministerio de Educación, la variable socioeconómica es la segunda razón de la deserción, fenómeno mayoritario en las instituciones privadas.

Incluso, la primera causa que argumentan los estudiantes que interrumpen su formación universitaria, identificada como “motivos personales”, también estaría ligada a la dificultad para financiar los altos costos educativos, dicen algunos expertos.

En el país, si bien la deserción en el nivel superior ha disminuido, pues en el 2009 era de 12,4 por ciento y pasó a 9,3 por ciento, un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) en Colombia halló que, en el primer semestre de formación profesional, el 33 por ciento de los estudiantes se retiran, y la cifra se va incrementando hasta alcanzar 71 por ciento en el décimo semestre.

Por el lado de la cobertura, también se ha mejorado: en el 2009 esta era de 35,7 por ciento de la población de entre 17 y 21 años y ahora, según la rendición de cuentas presentada por la ministra de Educación Yaneth Giha, está cerca del 51 por ciento.

Otro efecto de los altos costos de las matrículas es sobre la meta inscrita en el Plan de Desarrollo, de hacer de Colombia “la más educada”. Sin contar con que hay señales de alerta para el financiamiento de las universidades (privadas), según indicó el OUC. “Cada año es más costoso, en salarios mínimos, pagar un semestre, pero es llamativo que en los últimos tres años (salvo el programa de medicina), la mayoría de valores se han mantenido casi estables, lo cual refleja un síntoma de desaceleración en el sector”. El problema requiere una solución de raíz, según lo expresa Carlos Mario Lopera, director del OUC. “Todas las instituciones de educación superior (IES), tanto públicas como privadas, pueden subir –por norma del Ministerio de Educación– hasta el IPC, y la costumbre que ha hecho carrera es que estas suben, en promedio, uno y dos puntos por encima”.

Tales incrementos, de conformidad con las normas, los pueden hacer solo justificando ante el Ministerio el incremento establecido. “El sistema universitario y los controles del Estado permiten pescar en río revuelto. El hecho es que estos aumentos por encima del IPC lo que hacen es encarecer la educación superior”, agrega Lopera.

Según el experto, este panorama presiona hacia dos puntos que para nada convienen a la calidad educativa ni al desarrollo del país: “El aumento de oferta de IES de bajo perfil, al igual que la baja demanda –matrícula– en el actual periodo”. Como lo señala un pronunciamiento oficial de la Universidad de los Andes, “la metodología utilizada por la Universidad de los Andes para determinar el valor de sus matrículas es resultado de los análisis y modelos financieros de largo plazo propios de la institución”.

Agregan que “para el 2018, el ajuste en el precio de las matrículas fue de dos puntos porcentuales por encima del valor del IPC, justificado por la misión institucional de proveer una oferta académica de excelencia”.

Pero muchos colombianos reclaman que las instituciones educativas son sin ánimo de lucro y, aun así, no dejan ver esa condición especial en los cobros de las matrículas.

Según el comunicado oficial de la Universidad de los Andes, “la totalidad de los ingresos se destina a servicios de docencia, investigación y bienestar estudiantil. Los recursos de la universidad se administran bajo la premisa de formar egresados que con su talento contribuyan al desarrollo del país”.

Disparidad en cobros

Otro fenómeno que llama la atención de algunos expertos es la disparidad en los cobros por el mismo programa. “Hay que revisar y hallar la razón del amplio rango entre la matrícula de una universidad y la de otra, pues a veces el rango de cobros va de 1 a 15 millones en la misma carrera”, sostiene el presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún), Carlos Hernando Forero.

Al respecto, Miguel Diago, vicerrector financiero de la Universidad del Rosario, manifiesta que todas las instituciones no se pueden medir con la misma vara. “Hay unas que solo hacen docencia y, por lo tanto, sus costos están ligados al pago de profesores. Otras –sin embargo–, hacemos investigación, y destinamos hasta 20 por ciento de sus presupuestos a ese rubro, por lo cual los estudiantes tienen buenos laboratorios, sedes, lugares para hacer prácticas; además, hay incentivos a maestros por publicación, entre otras”.

Contratos incompletos

El presidente de la Anif, Sergio Clavijo, advierte que hay que reavivar el debate sobre el aseguramiento para enfrentar los mayores costos en matrículas, alrededor de los cuales se aplica el problema del contrato incompleto: “Una vez ingresado el estudiante a la institución, le empiezan a ajustar la matrícula por encima de la inflación (rompiendo el equilibrio costo-ingreso)”. Los incrementos se justifican con mejoras que solo podrán disfrutar los estudiantes nuevos.

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