Pedro Gómez: de constructor a activista político y social

Pedro Gómez: de constructor a activista político y social

A los 90 años, este referente en temas de paz y asuntos con Venezuela, lidera la Fundación Compartir

Pedro Gómez

Hoy, Pedro Gómez Barrero aprecia en el espejo retrovisor las actividades sociales, de las cuales aún tiene grandes aportes.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Gabriel E. Flórez G.
14 de marzo 2019 , 10:59 a.m.

Las labores previas a la reconstrucción de Armero, Tolima, tras la avalancha del 13 de enero de 1985, le generaron trabajo y sufrimiento a Pedro Gómez Barrero, incluso mucho más que sus crisis económicas. 

Durante el proceso que lideró con la Fundación Resurgir presentó problemas de salud, pero lo que más recuerda es el dolor de ver las secuelas en la gente que sobrevivió y que meses después aún preguntaba por sus familiares desaparecidos.

Hoy, a sus 90 años –nació en 1929 en el municipio de Cucunubá, Cundinamarca–, don Pedro, como lo conoce la mayoría, aprecia en el espejo retrovisor este tipo de actividades, sin dejar de lado su paso como gerente de firmas edificadoras, a mediados de los años sesenta, o creador de Pedro Gómez y Cía.

Con esta, precisamente, desarrolló a partir de los setenta el primer centro comercial Unicentro, en Bogotá, al que le siguieron otros 23 en el país y un sinnúmero de urbanizaciones como Metrópolis, Calatrava y Sindamanoy, entre otras.

Sin embargo, el trabajo social de este abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, a través de la Fundación Compartir, ocupa ahora la mayor cantidad de citas en su agenda, aunque desde hace dos años también está en la dura tarea de vender bienes para saldar las deudas que –según le dijo a EL TIEMPO– “le dejaron cuatro desastres, producto de la inseguridad jurídica y otros temas”.

Pero no es la primera crisis que enfrenta. A finales de los noventa, la debacle inmobiliaria afectó muchos empresarios del sector, y él no fue la excepción. De 180 empleados, la compañía pasó a 7 y de la misma forma tuvo que deshacerse de su avión privado, de su negocio hotelero y de invaluables obras de arte, para citar solo algunas cosas. Hoy, la compañía no tiene proyectos en marcha y se soporta en una gerente y sus dos hijos mayores, que hacen parte de la junta directiva.

Saldando cuentas

“Ese es su talante”, comenta Roberto Moreno, presidente de la constructora Amarilo, quien recuerda cómo después de la crisis de finales de los noventa, y con el fin de unificar gastos, compartió oficina con don Pedro. “Fui testigo de cómo a pesar de las dificultades, él puso la cara y a todo el mundo le cumplió. Hoy, solo puedo definirlo como una persona honorable a quien aprecio como ser humano y visionario”.

De hecho, Moreno recuerda que fueron tiempos “para reestructurar algunos proyectos inmobiliarios frenados; incluso, participamos en la gestión de las ciclovías en Bogotá y en la transformación de las oficinas de Pedro Gómez y Cía. en Unicentro, que se convirtieron en la actual plaza de comidas”.

El presidente de Amarilo también destaca cómo en esa época, cuando decidió incursionar en el negocio de centros comerciales con Palatino y Unicentro de occidente, la experiencia y su tesón y caballerosidad, siempre con una frase de aliento para no desfallecer, fueron determinantes e inspiradores”.

Algo en lo que Emma García, secretaria privada de don Pedro durante treinta años, coincide: “No hay mejor medicina que una palabra amable y un trato amable…”, anota, apropiándose de una frase de Sigmund Freud, que –señala– “lo define tal y como es con la gente”.

En la crisis de finales de los noventa, a pesar de las dificultades, Pedro Gómez puso la cara y a todo el mundo le cumplió

Serio, pero afectuoso

Para confirmar esto, el arquitecto e inmobiliario Luis Eduardo Jiménez recuerda cómo hace 38 años, recién egresado de la universidad, fue entrevistado por don Pedro: “Yo tenía 28 años y estaba buscando trabajo en su empresa, a la cual querían ingresar una innumerable cantidad de profesionales. Entré a su oficina y lo que recuerdo ahora es una imagen que aún conservo: elegante, sentado en su despacho, serio pero afectuoso”. Jiménez trae a colación esta historia porque ese contacto tuvo un impacto grande en su futuro. “Verlo y hablar con él me dieron pistas claras de que sí era posible hacer empresa en el país y trabajar día a día para construir un nombre. Fue una inspiración”, reconoce el ahora presidente de la firma inmobiliaria Jiménez Nassar y Asociados.

Andrés Arango, expresidente de Ospinas & Cía., coincide con Jiménez en “el lenguaje siempre firme pero afectuoso” de Gómez. “Él ha sido un colega y, sobre todo, un amigo con el talante y la seriedad de un líder, y la sencillez de un gran ser humano que ha tenido la capacidad de entregar obras que vinculan emocionalmente su nombre con la marca, y que ha asumido innumerables retos”.

Así lo advierte Emma, a quien las tres décadas como secretaria del empresario le han servido para ser testigo de sucesos importantes, “muchos de ellos exitosos y alegres, y otros difíciles, pero todos, sin excepción, de gran impacto para nuestro país, entre ellos su gestión como embajador en Venezuela”.​

El embajador

Y es que don Pedro ocupó ese cargo entre 1987 y 1989, durante el gobierno de Virgilio Barco, donde culminó su labor con el llamado Acuerdo de Caracas, que fue muy importante para el futuro de la Comisión Permanente de Conciliación, determinante cuando Colombia y el gobierno del entonces presidente de Venezuela, Jaime Lusinchi, estuvieron ad portas de un conflicto armado por la presencia del ARC corbeta Caldas en aguas que estaban en discusión.

Según Emma, “el país y la historia reconocerán sus aportes”, que también estuvieron marcados por su participación en la Comisión Colombo Venezolana de Negociación, que fue el origen de otras reuniones cuyo objetivo era trazar la delimitación de áreas marítimas y submarinas que llevaban más de 50 años de negociación frustrada.

Entre 1987 y 1989, durante el gobierno de Virgilio Barco,
Pedro Gómez impulsó el llamado Acuerdo de Caracas

Al respecto, don Pedro explica que en el trabajo realizado “se identificó cómo debían ser los límites. Otra cosa fue que el presidente Chávez no llevó el acuerdo al parlamento venezolano para convertirlo en mandato, y, por su parte, el presidente Uribe tampoco lo pudo hacer. Actualmente, ese acuerdo está ahí”, explica el empresario, quien hoy, aparte de mantenerse activo en su tarea social con la Fundación Compartir y de sumar textos que en un futuro serán un libro, dedica más tiempo a su entorno familiar.

En familia

Padre de Pedro, Luisa y María Fernanda, de su primer matrimonio con María Teresa, y de María, su hija de 19 años con su segunda esposa, la arquitecta Piedad Gómez, reconoce que la construcción es una actividad que ya no ejerce, pero que ha trascendido a la nueva generación, pues su cuarta hija decidió estudiar arquitectura.

Al respecto, hay una anécdota del congreso de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) del 2012, cuando el gremio –junto con el presidente Juan Manuel Santos– sorprendió a don Pedro con la máxima distinción: la Orden al Mérito Líder de la Construcción en el grado presea de oro, la cual recibió en tarima con María, en ese entonces de 12 años. Aplaudido por cerca de 1.500 personas que estaban en el auditorio, esa imagen de él con su pequeña fue una premonición.

Precisamente, sobre el legado que deja para la familia y el que le hereda al sector, la presidenta de Camacol, Sandra Forero, señala que “él siempre ha tenido una visión optimista y emprendedora frente a la realidad de Colombia y así logró proyectar el sector de la construcción hacia nuevas oportunidades y fronteras. Él fue uno de los primeros en fomentar la internacionalización del gremio gracias a su liderazgo, comprensión del negocio edificador y obras de gran envergadura”, anota la directiva.

Anécdota: negociador en el Caguán

Pero hay un capítulo aparte de Pedro Gómez Barrero como negociador del gobierno de Andrés Pastrana en el fallido proceso de paz en el Caguán. Recuerda que un día se acercó a Manuel Marulanda ‘Tirofijo’ y le dijo: “Yo sé que nuestro partido Liberal no se ha portado tan bien, y en eso nos identificamos”.

Recuerdo que se iluminó al escuchar eso, pero no pasó más. Creo que no se trataron a fondo los verdaderos problemas y al no haber propuestas específicas me retiré, con la sorpresa de que las Farc organizaron un almuerzo de despedida. Meses después, tras una charla sobre guerra y paz que dicté en la Universidad del Rosario, recibí una invitación de él para vernos; claro, le dije al Presidente qué hacía, fui, y Marulanda me dijo: ‘Dr. Gómez, aspiramos que haya normas que impidan que tanta gente corrupta sea parlamentaria'".

GABRIEL E. FLÓREZ G.
SUBEDITOR EL TIEMPO
TWITTER: @GabrielFlorezG

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.