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Mauricio Molano Camacho, maestro y sabio empresario
Mauricio Molano

Miembro de la junta directiva de la empresa Ramo

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El Tiempo / cortesía

Mauricio Molano Camacho, maestro y sabio empresario

Tras su fallecimiento, es recordado por dedicarse al sector empresarial y la filantropía. 

El pasado 14 de mayo, el empresario bogotano Mauricio Molano Camacho les rompió el corazón a centenares de personas que lo apreciaban, con su muerte inesperada. Estaba próximo a cumplir 72 años de edad y era un roble.

Era un hombre difícil de calificar y clasificar, pues fue orador inspiracional, profesor, científico social, humanista, líder cívico, vegano, dirigente gremial, escritor, mecenas, políglota, pastelero, filántropo, entre otros tantos roles.

Como a veces sucede con los hijos de personas sobresalientes, Mauricio Molano Camacho quería ser reconocido y recordado por sus propios méritos y no principalmente por ser el hijo mayor de los fundadores de Productos Ramo, empresa muy querida y emblemática en el país, de la que hacía parte de su junta directiva.

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Desde niño fue un rebelde y le gustaba vivir en contracorriente. A pesar de admirar profundamente a su padre, don Rafael Molano Olarte, un hombre genial, recio e impositivo, Mauricio se graduó de economista en la Universidad de los Andes, pero luego contrarió las decisiones paternas y tomó su camino, viajó a Europa y Estados Unidos y estudió lo que quiso. Su verdadera pasión era el servicio a los demás.

Siendo un niño y luego un adolescente estudiante del Liceo Cervantes, influenciado por los padres agustinos, manifestó que quería ser sacerdote. Su padre se lo impidió. A pesar de ello, y aunque no siguió una carrera religiosa, siempre se caracterizó por su espiritualidad y su desprendimiento de las cosas materiales.

Amó los libros hasta el fin de sus días. Escribió siete y tenía en preparación otros cinco. Su apartamento era una biblioteca y estaba literalmente invadido por los libros, que ocupaban todos los espacios posibles, ofreciendo un panorama digno del paraíso soñado por Jorge Luis Borges, y dejaban solo pequeñas áreas para el tránsito de este lector y escritor voraz, sabio y curioso como pocos, al punto de que muchos lo calificaban como la ‘Mente Maestra Creadora’ (MMC), en alusión a las iniciales de su nombre Mauricio Molano Camacho.

Estaba casado y tenía dos hijos. Sus cuatro nietos lo consideraban otro niño de su edad y sus juegos con ellos fueron los momentos más creativos y felices de la última parte de su vida, al punto de que su nieta Valentina le agradeció por enseñarle “la imaginación y la fantasía”, y los mellizos, según aseguraba alborozado, lo consideraban un tercer trillizo.

Uno de sus nietos dijo una vez a su arribo: “Llegó el hombre-niño”.

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Ayudaba a quien lo necesitara. Personas que obtenían becas en el exterior pero no tenían cómo pagar el viaje eran financiadas de su bolsillo, pues creía que la educación y el talento no podían ser cercenados. Recientemente pagó las operaciones que salvaron la vista de una joven. Apoyaba a personas desvalidas y fueron innumerables y silenciosas las ayudas que impartió a diestra y siniestra durante toda su vida, pero más que dinero, regalaba sabiduría.

Fue alumno de Deepak Chopra y de muchos de los gurúes más famosos del mundo, en busca de encontrar el camino a la felicidad. Decía que el sentido de su vida era que quienes se acercaran a él encontraran el sentido de su propia vida. Era un maestro y diseñó sus propios modelos para alcanzar la paz, el control y la felicidad. Aseguraba no tener sueños propios, solo quería ayudar a cumplir los de quienes lo rodeaban.

Estudio y servicio

Molano Camacho estudió economía en la Universidad de los Andes; obtuvo Licencia Especial en Ciencias del Trabajo de la Universidad de Lovaina en Bélgica, Master of Science in Education of Nova Southeastern University, Fort Lauderdale, Estados Unidos; Ciencias y Sistemas de Información en Florida Atlantic University, Boca Ratón, Estados Unidos; se especializó en Planeación y Desarrollo Urbano en la Universidad Externado de Colombia; Operaciones Financieras en Banca de Fomento y Comercio (G, P y R); Técnicas Modernas de Entrenamiento para la Competitividad Internacional, American Association of Training and Development (ASTD) Atlanta, Estados Unidos.

Al momento de morir elaboraba sus disertaciones doctorales para la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Maastricht School of Management de Holanda. Recibió la distinción de Fellow en liderazgo en desarrollo internacional de la Fundación Kellogg de Estados Unidos.

Fue director de la carrera de Administración de la Universidad Javeriana, investigador de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) y del Instituto SER de Investigación; columnista en varios medios de comunicación; profesor de las universidades del Rosario, los Andes, Sergio Arboleda y Javeriana, y director del Centro Superior de Estudios Empresariales (Cesem) en Cali. Dictó cientos de conferencias y era un reputado orador inspiracional para transformar vidas.

Se fue un ser especial, un hombre que celebraba la vida y que recibió el más grande honor, que es ser respetado y admirado.

De los siete libros que escribió se destacan De la calidad total a la calidad integral, publicado por Leasing Ganadero S. A., cuando el tema de la calidad integral en 1992 era pionero en Colombia; Coaching en acción en coautoría con Gilberto Salazar Triviño, publicado por McGraw Hill, un abordaje también pionero en el país en ese momento, que tiene plena actualidad; Descubra el empresario que hay en usted, publicado por la Cámara de Comercio de Bogotá en su serie Crear Empresa; Desarrollo institucional en el sector público, en el que abordó las relaciones virtuosas que pueden existir entre la gestión pública y la gestión privada; Cervantinos-Agustinianos para la Colombia del siglo XXI, en 2013, en el que plantea un compendio teórico de caminos para avanzar hacia la felicidad individual y social, enriquecidos con sus propios aportes conceptuales y metodológicos.

Preparaba más libros, entre los que se pueden mencionar –títulos provisionales–: ‘Una nueva manera de ser feliz’, ‘Gracias virus’, ‘Chocolate para el alma’, ‘Colombia hacia una sociedad 5.0: desafíos’, ‘¿Cómo optimizar la gestión deportiva en Latinoamérica?’, ‘Mi ruta para una nueva Colombia’ y otros sobre la historia desconocida de sus padres, y el relato de sus propios éxitos y fracasos con una visión didáctica y prospectiva.

Estaba conformando la Editorial Lides como un surtidor de pensamiento para el mejoramiento individual y colectivo.

Como si fuera poco, hizo parte de la junta directiva de Ramo, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), representante del Presidente de la República en la junta directiva del Banco del Estado, miembro del Consejo Directivo Nacional del Sena, asesor del ministro de Educación Nacional, miembro del Consejo Departamental de Planeación de Boyacá, presidente de la Asociación de Empresarios de Sabana Occidente, asesor de la Asociación Colombiana de Micros, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), miembro de la junta directiva de la Asociación Nacional de Fabricantes de Pan (Adepan), pertenecía al Foro de Presidentes, y a la Comisión de Anticorrupción de la Cámara de Comercio de Bogotá, en la cual fue fundador y primer director del Departamento de Desarrollo Empresarial, que apoya y entrena a multitud de emprendedores en el desarrollo de sus empresas.

Como empresario desarrolló iniciativas en los campos más diversos: salud humana con una IPS; tecnología con una empresa dedicada a las instalaciones eléctricas y a montajes de todo tipo; vestidos de baño con ambiciones de colocar en el mercado ropa deportiva; tuvo fábrica de colchones, de productos alimenticios sin agentes contaminantes; una especie de cooperativa para otorgar micropréstamos y un sinfín de emprendimientos en los más inesperados sectores.

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Dos de sus grandes proyectos eran dictar unos seminarios-talleres de liderazgo y desarrollo que fortalecieran el camino de los seres humanos hacia la felicidad y el bienestar individual y colectivo, pues no consideraba como una meta el enriquecimiento personal, excepto que estuviera acompañado del impacto social que beneficiara a los otros, como lo aprendió de sus padres.

Otro proyecto era fundar una editorial dedicada a temas educativos y de superación personal.

Bajo el símbolo de la unión de geo (tierra), fauna, flora y psique, creó hace ya cuatro décadas la Fundación Social Molano, cuyo énfasis es apoyar especialmente a la infancia y a la mujer, defender el medioambiente y respetar todas las formas de vida.

Invitaba a sumarse a sus proyectos diciendo “súbase al avión para tener el panorama completo”, pero sus amigos y compañeros de trabajo le decían que su mirada no era la que podría observarse desde la simple cabina del avión, sino la que quizá mostraba el transbordador espacial, extensa, inabarcable, ambiciosa.

Amó a su país, al que recorrió conociendo a su gente, sin importar su condición social. Dispensaba especial trato a mendigos, dirigentes de empresa, vendedores ambulantes, políticos, altos funcionarios públicos, indígenas, académicos o afros, siempre invitando a ejercer la ciudadanía, defender la democracia y contribuir al cambio social con trabajo voluntario.

Planeaba construir una sede para ofrecer en forma gratuita servicios médicos y atención psicológica en San Andrés. En Bogotá desarrollaba varios proyectos para mujeres vulnerables, jóvenes y niños. Tenía grandes planes en el departamento de Boyacá, tierra a la que apreciaba por ser la de sus ancestros, y esperaba intervenir en muchos otros departamentos, especialmente los más abandonados por el Estado.

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Tenía un grupo numeroso y variopinto de gente de todos los estratos, que lo apreciaban y aprendían de él en largas sesiones virtuales o telefónicas. Era un trabajador incansable desde el amanecer hasta el anochecer, incluyendo fines de semana y feriados.

Tras su muerte, decenas de personas de Colombia y otros países manifestaron su dolor y muchas de ellas lloraron sus ojos en tristes reuniones de Zoom, asombrados todos de que este hombre hubiera sido tan íntimo y cercano a un colectivo tan numeroso y desconocido de seres humanos.

Se ha ido un ser especial, un hombre que celebraba la vida y que recibió el más grande honor, que es ser respetado, admirado y sinceramente querido: un verdadero ‘rompecorazones’.

GUSTAVO RIVERO DÍAZ*
Para EL TIEMPO

*Periodista y escritor

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