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Mario Hernández responde a críticos: ‘quien no arriesga, no gana’
Mario Hernández

Mario Hernández, empresario colombiano.

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Mario Hernández responde a críticos: ‘quien no arriesga, no gana’

Mario Hernández, empresario colombiano.

El empresario habló con EL TIEMPO de las recientes críticas y lo que viene para su compañía.

Una publicación en Twitter bastó para que a Mario Hernández le ‘pegaran una revolcada’ en esa red social, como él mismo afirma. La crisis en la que estuvo envuelto, pero que prefiere llamar enseñanza, se podría decir que estuvo ‘made in China’.

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Algunos dirían que el tiro le salió por la culata, porque mientras estaba haciendo un reclamo en esa red contra Avianca por un aumento de precio al cambiar un tiquete, fue su empresa la que terminó en el centro de la polémica.

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“Así me sentí cuando pedí un bolso y una maleta por su página web y pagué más de un millón y medio de pesos por ambas cosas y cuando me llegaron la etiqueta decía que eran hechos en China. ¿Tan feo que lo estafen a uno, cierto?”, le dijo una ciudadana.

La respuesta de Hernández no se hizo esperar, pues asegura que él es el primero que sale a dar la cara cuando su empresa, a la que le ha dedicado 66 de los 80 años de edad que está próximo a cumplir, es cuestionada.

En esta oportunidad, las críticas le llovieron porque muchos se disgustaron con el hecho de que algunos de sus productos se hicieran en otros países y no en Colombia.

Sin adornar sus palabras, admitió que efectivamente no todo lo que produce es fabricado en territorio nacional. Y detrás de esto hay una razón.

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En su oficina ya perdió la cuenta del número de reconocimientos que tiene. En medio de los cuadros, tiene colgada una foto de sus padres y su diploma honoris causa de administrador de empresas.

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Desde su fábrica ubicada en la zona industrial de Bogotá, Mario Hernández habló con EL TIEMPO sobre este episodio, pero también sobre su familia, su esposa que se encuentra bien de salud después de padecer cáncer, el libro que está próximo a salir a la venta, -‘Pulga arrecha’ - y lo que sigue para su compañía ahora que está soltando un poco las riendas.

Vestido con jean, mocasines café, una camisa morada cuyo cuello resalta sobre un saco vino tinto que porta, Hernández, sentado en su oficina repleta de logros enmarcados que están colgados en la pared, cuenta que el objetivo de MH es seguir creando una marca internacional, no una local.

Para ello necesita trabajar con materiales que no se consiguen en Colombia, afirma. Sin embargo, aclara que de su producción “el 60% es colombiano y todo lo que es en cuero se hace en la fábrica”, la misma que está ubicada en la capital”.

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“Yo he capacitado gente y hemos desarrollado materias primas acá. Vendemos nuestro país, tratamos de hacer lo que más podamos con productos colombianos, pero si no quiero que me quiebren los de afuera tengo que competir igual. Es como un hijo, tengo que prepararlo para que compita en la vida”, continúa.

Esos “hijos” de afuera los tiene en países como China, donde realiza las maletas de viaje que no son en cuero; Brasil, donde produce los zapatos, y Perú, donde fabrica las camisetas de algodón.

“Acá (en Colombia) hacemos todo lo que es cuero: bolsos, cinturones, billeteras, cachuchas, todo eso. ¿Qué hacemos afuera? Equipaje en Asia, ¿por qué allá? Porque Asia hace el 95% del equipaje del mundo porque tiene los materiales. Los zapatos en Brasil, porque el desarrollo de allá es impresionante y esa calidad no la consigo acá para poder competir con los europeos, aun teniendo excelentes zapateros en Bucaramanga, Duitama, El Restrepo. Hacemos en Perú las camisetas porque allá tienen algodón pima. Todas las marcas importantes usan eso”.

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Vendemos nuestro país, tratamos de hacer lo que más podamos con productos colombianos, pero si no quiero que me quiebren los de afuera tengo que competir igual

Según explica, acudió a esos destinos porque es lo que le permite estar a la altura de sus competidores internacionales que al igual que él venden lujo, como Louis Vuitton. Para eso, insiste, no se puede quedar solo con bolsos de cuero.

Aclara, además, que todos los diseños que se envían a dichos países nacen en nuestro país. “Mandamos planos y especificaciones de materiales” y en cada uno de esos sitios trabaja con personas que verifican que la calidad sea la mejor. “Esto es un trabajo en equipo”, continúa.

Y entonces, ¿qué se hace en Colombia?

Todo arranca en el departamento de diseño compuesto por seis personas, y allí, según explica Hernández, se encargan de imprimirle la identidad colombiana a los productos. Con el equipo de ingeniería planean las colecciones y garantizan que cada pieza va a ser usada correctamente para evitar desperdicios.

Luego dichas ideas se hacen realidad en la fábrica de Bogotá donde trabajan 180 artesanos, de los cuales 80% son mujeres. Pero en total, sumando el trabajo de otras áreas administrativas y de logística, son al menos 400 personas las que tienen un empleo directo allí, como Yolanda, la asistente de Mario Hernández, quien empezó como empacadora en la empresa y hoy ya lleva 36 años haciendo parte del personal de esta compañía que nació en 1978.

En la fábrica de Mario Hernández trabajan al menos 400 personas. En el mundo hay 20 tiendas y por fuera de Colombia tiene al menos 100 empleos directos y otros 100 indirectos. 

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Los artesanos están ubicados en el primer piso de la fábrica, en donde el ruido de las máquinas por donde pasan los materiales con los que hacen los productos de cuero se mezcla con el de la música ‘guapachosa’ que suelen poner.

Una de las trabajadoras del sitio cuenta que en alguna oportunidad intentaron escuchar música clásica, pero no funcionó. Los aburrió. Desde ahí decidieron que mientras trabajan es mejor oír salsa o merengue a todo volumen.

Cada artesano tiene su propio sitio de trabajo, pero todos están ubicados en el mismo piso divididos según la labor que desempeñan: corte manual, cortes en troqueles con máquinas, devastación de cueros, bordados, pegado y armado.

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Este es el área de revisión de calidad.

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

A cuero poco huele allí, pero cuando se entra a una de las salas que queda al lado de este espacio es innegable darse cuenta que allí guardan este material, el cual, de acuerdo con Hernández, 80 % proviene de Colombia, específicamente de algunas curtiembres del Eje Cafetero, Santander y Bogotá.

“Aprendimos a fabricar con lo que lo hacen los europeos, capacitamos a nuestra gente, invertimos el capital en la empresa, no nos llevamos la plata, pagamos impuestos. Toda nuestra gente es artesana, todos son mi familia, entro por el mismo lado por donde lo hacen ellos. Todos tienen mi número. No permito que se les pague tarde”, cuenta el santandereano, quien durante la crisis económica por la pandemia fue uno de los empresarios que no despidió personal de su compañía.

“El año pasado mi gerente dijo: ‘vamos a liquidar gente’ y le dije no vamos a liquidar a nadie. Le vamos a pagar el sueldo a todo el mundo. Uno no puede abusar de la gente y no puede ser que me han trabajado y en el momento en que me necesitan, echarlos”, enfatiza.

Cuando puede, cuenta que les da mercados a sus trabajadores y procura incluir en estos papel higiénico, porque en su infancia, muchas veces no lo tuvo.

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‘Quien no arriesga, no gana’

Al empresario no le tiembla la voz para aceptar que hay productos que se hacen y se venden fuera de Colombia. Explica que esa decisión hace parte de los riesgos que debe tomar para seguir consolidándose como una marca internacional.

“Quien no arriesga, no gana”, repite constantemente y dice que lo hace a diario para poder estar a la vanguardia de los cambios que exige la sociedad.

Tiene claro que no se puede quedar atrás y para lograr que un bolso con las letras MH esté a la altura de uno con las letras LV, afirma que debe mirar más allá de las fronteras sin descuidar la producción local.

Fábrica de Mario Hernández.

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

“El problema es la competencia de afuera. Toca reinventarnos, hay que traer materias primas y tecnologías. Somos tan pobres que solo hay cuatro ricos en Colombia, patentes tenemos muy poquitas, creemos que somos los más verracos y eso no es cierto”, afirma, refiriéndose al panorama empresarial del país, el cual le preocupa.

Mario Hernández ya ha ido ‘soltando el cuero’

A sus casi 80 años son pocas las cosas que le quitan la tranquilidad a ‘don Mario’, como lo llaman en su empresa. De salud está bien y su esposa también.

Admite que soltar las riendas de ciertos aspectos de su compañía no ha sido difícil. “Hay que soltar para que la gente vuele”, cuenta entre risas, aunque aclara que su experiencia es necesaria para guiar al equipo de jóvenes que lo acompaña, incluido su hijo Lorenzo, quien a sus 27 años se está involucrando lo suficiente en el negocio para liderarlo.

La clave para que no le afectara delegar responsabilidades, dice, ha sido valorar los lujos. Pero no los lujos que se ven en sus tiendas y que pueden llegar a costar más de un millón de pesos. “Como bien, duermo bien, hago ejercicio. Lujo no es tener cosas ni plata, el lujo es estar feliz con uno mismo”, asegura.

Dejando a un lado la polémica, el empresario afirma que uno de sus proyectos personales ya está a punto de ser una realidad. Para noviembre se tiene estipulado el lanzamiento de su libro ‘La pulga arrecha’, escrito por él.

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“Lo de pulga es porque a los 14 años yo empecé a trabajar como mensajero en una empresa y siempre traía lo que me mandaban a traer. Si no conseguían algo el dueño decía: manden a pulga arrecha y mi hijo Lorenzo recomendó ese nombre analizando todo. En Planeta dijeron no, eso transmite sexo, pero en Santander eso significa verraco y pues yo soy bueno para ambas cosas”, asegura.

Corre al ritmo de la política, pero no quiere ser político, a pesar de que le dijeron que fuera la fórmula vicepresidencial del exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández.

Tanto con el presidente Iván Duque, como con la alcaldesa Claudia López, se habla de tú a tú. Incluso dice que tras su reclamo por los huecos que hay en Bogotá, el IDU ahora le cuenta mensualmente cuántos huecos han tapado en las calles de la capital.

Entre sus confesiones dice que las redes sociales le han pegado duro, que por ser honesto se ha ganado problemas.

De la polémica insiste en que se enfocará en verle su lado positivo y que seguirá haciendo lo que ha hecho toda su vida: trabajar sin miedo al cambio, pues lo único que lo llena de temor es que llegue el día en el que se quede sin hacer nada.
Aura Saavedra Álvarez
Redactora ELTIEMPO.COM

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