Big Mac: 50 años del símbolo de la comida y el capitalismo de EE. UU.

Big Mac: 50 años del símbolo de la comida y el capitalismo de EE. UU.

La hamburguesa insignia de McDonald’s, presente en 119 países, surgió en Pensilvania.

Big Mac: 50 años de un símbolo de la comida y el capitalismo de EE. UU.

Solo en América Latina se venden 250.000 unidades de Big Mac cada día.

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Paul J. Richards / AFP

Por: Juan Manuel Flórez Arias
04 de agosto 2018 , 10:00 p.m.

Inventar la Big Mac no fue un gran hallazgo, ni siquiera para su creador, Jim Delligati. La idea que lo hizo millonario y que este año cumple 50 años fue agregar un segundo piso a la hamburguesa clásica de la cadena de restaurantes McDonald’s.

“No fue como descubrir la bombilla”, dijo en una entrevista en 1986. Lo que hizo, en sus propias palabras, fue tomar esa bombilla –la cadena existe desde 1940– y ponerla en el zócalo correcto para que brillara con más fuerza. Lo sigue haciendo hasta hoy.

La Big Mac es el producto más exitoso de esta multinacional, presente en 119 países. Solo en Estados Unidos se venden al año 550 millones de unidades, 17 cada segundo, en sus 14.339 locales repartidos por todo el territorio estadounidense. En América Latina se consumen unas 250.000 Big Macs diarias.

Su éxito ha sido tal que se ha convertido incluso en una referencia para la economía. En 1986, teniendo en cuenta la presencia de la hamburguesa en gran parte del mundo, la revista The Economist creó el Índice Big Mac, el cual mide el poder adquisitivo de los países tomando como base la creación culinaria de Jim Delligati.

El índice consiste en tomar la hamburguesa como un bien estándar y comparar cuánto dinero se requiere para comprarla en cada país. Usando lo que la publicación llama burgernomics, se llegan a conclusiones como la siguiente: con el dinero que hay que destinar para comprar una Big Mac en Estados Unidos, se pueden obtener cuatro en China. Esto permite determinar si una moneda está devaluada con respecto a otra.

También permite calcular cuánto tiempo de trabajo debe emplear una persona para comprar una Big Mac en diferentes ciudades del mundo. Por ejemplo, mientras que en Los Ángeles basta con 13,6 minutos de una jornada laboral, en Bogotá se requiere trabajar por 1 hora y 4 minutos.

El índice no rige en los 105 países en los que la multinacional no tiene presencia, como Corea del Norte, Nepal y Siria. A pesar de ello, este indicador demuestra que McDonald’s y su hamburguesa estrella han trascendido lo comercial y se han convertido en un símbolo de la cultura e influencia de Estados Unidos a nivel mundial y, para algunos, en el símbolo internacional del capitalismo.

La revista The Economist creó el Índice Big Mac, el cual mide el poder adquisitivo de los países tomando como base la creación culinaria de Jim Delligati

De innovación a símbolo

Delligati, quien falleció en el 2015 a los 98 años, fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial. A su regreso a Estados Unidos viajó por el país, trabajando en varios restaurantes de comida rápida. En 1955 estuvo en Chicago, en una convención de restaurantes y conoció a Ray Kroc, un exvendedor de batidos que recién comenzaba a trabajar para los hermanos Richard y Maurice McDonald, fundadores de la cadena de restaurantes.

Kroc y Delligati tenían en común la ambición por crecer. Años después, el primero se convertiría en el dueño de la marca, en el artífice de su expansión mundial; el segundo abriría en 1957 la primer franquicia en el oeste de Pensilvania y luego, tras el éxito de su Big Mac, llegaría a ser dueño de otras 47 en Estados Unidos.

Delligati se inspiró en la Big Boy, una hamburguesa doble, vendida desde 1936 por un restaurante del mismo nombre. En 1967, siendo dueño ya de una docena de franquicias en Pensilvania, empezó a comercializar en uno de sus locales de Oniontown un producto similar a la Big Boy: con dos carnes, tres rebanadas de pan, cebolla, pepinillos, lechuga, queso y una salsa secreta que Delligati elaboró personalmente en su cocina.

Al principio, los ejecutivos de McDonald’s no estaban seguros si sería rentable. La Big Mac costaba 45 centavos, más que su clásica hamburguesa con pan, carne y queso. Pero Delligati logró convencer al gerente regional, Ralph Lanphar, y un año después de su debut en Oniontown la Big Mac comenzó a venderse en combo con gaseosa en todos los locales de Estados Unidos.

Su éxito estuvo impulsado por la bonanza económica de la década del 60 en ese país y por los bajos precios de la comida, lo que permitía a los clientes pagar porciones más grandes. Para 1969, ya representaba el 19% de las ventas totales de Mc Donald’s.

A su triunfo comercial le siguió la masificación publicitaria. La pieza más icónica salió en 1975, creada por Keith Reinhard. En ella, varias personas intentan recitar de memoria los ingredientes de la Big Mac, olvidando siempre alguno, hasta que una pegajosa canción se los recuerda.

Ese componente, la publicidad, ha sido fundamental para que la Big Mac se haya mantenido vigente, asegura Carlos Britto, profesor de geopolítica y relaciones internacionales de la Universidad de Antioquia.

La hamburguesa está asociada con un momento histórico, a la sociedad industrial. Por esa razón su característica fundamental es que se prepara en menos tiempo, pues el tiempo es el factor que mide la productividad. Si un empleado se toma 10 minutos menos almorzando, eso significa dinero”, explica.

Sobre su influencia en la época de la Guerra Fría, Britto agrega que en esos años “el ícono de una Big Mac sobre el mapa de un país llegó a representar si hacía o no parte del llamado mundo libre”. Sin embargo, la compañía Arcos Dorados, dueña de la franquicia en toda Latinoamérica, tiene otra opinión: “La Big Mac revela el espíritu emprendedor y abierto a la innovación de la cadena McDonald’s, ya que fue creada por una familia de franquiciados y no directamente por la compañía”.

En cualquier caso, uno de los signos más concretos de la caída de la Unión Soviética fue la apertura del restaurante de McDonald’s en Moscú, el 31 de enero de 1990. En plena perestroika, el proceso de transición tras la caída del comunismo, se abrió un local en la plaza Púshkinskaya. Titulares de prensa de la época sugirieron que el fin del comunismo fue decretado por una multitud de rusos haciendo fila para comprar una Big Mac.

Titulares de prensa de la época sugirieron que el fin del comunismo fue decretado por una multitud de rusos haciendo fila para comprar una Big Mac

¿Otros 50 años de éxito?

A partir del 2006, y tras varios pleitos judiciales, McDonald’s hace públicos los valores nutricionales de sus productos. Estos varían de país en país: mientras una Big Mac en Estados Unidos tiene 540 calorías, en Colombia registra 490.

Como explica Carlos Mendevil, médico diabetólogo de la Universidad de los Andes, el problema no es la cantidad de calorías, sino “el tipo de ingredientes que se usan para su elaboración, altamente procesados y con bajo valor de saciedad, por lo que al poco tiempo las personas tienen hambre de nuevo”.

Ángela Franco, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Antioquia, es de la misma opinión: “La composición de la hamburguesa tiene todo lo que debe tener un almuerzo: carbohidratos (pan), proteína (carne) y verduras. Lo que la hace poco saludable es su alto contenido de sodio –753 miligramos en Colombia–, que genera riesgo directo de hipertensión. Además, nadie se come una hamburguesa sola. Y si sumamos las papas y la gaseosa, ya hay un desbalance calórico”.

El aumento del debate en torno al valor nutricional de la Big Mac no parece haber afectado los números de McDonald’s. Al cierre del 2017, la compañía obtuvo unas ganancias netas de 5.192 millones de dólares, 10,8% más que las del año anterior. Así mismo, el primer trimestre del 2018 fue el quinto consecutivo en el que registró más clientes.

Para Frederic Kaufman, autor del libro A Short History of the American Stomach, la continuidad del éxito de McDonald’s está en esas leves o drásticas variaciones de sus productos dependiendo del país. En Colombia, por ejemplo, ofrecen almuerzos con fríjoles, pollo y arroz, como una imitación del popular corrientazo.

Esa capacidad de reinventarse, sumada a una cultura creciente por la comida sana, podría llevar, en opinión de Pedro Medina, primer gerente de McDonald’s en Colombia, a que la Big Mac sea sustituida como producto estrella por un alimento menos procesado. A que su reinado concluya como también sucumbió la Guerra Fría, época decisiva en la que surgió.

JUAN MANUEL FLÓREZ ARIAS
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
Twitter: @juanduermevela

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