‘Colombia puede ser ejemplo para la revolución moral en las empresas’

‘Colombia puede ser ejemplo para la revolución moral en las empresas’

Jacqueline Novogratz, directora de Acumen, dice que es necesario un tipo de liderazgo corporativo.

‘Colombia puede ser un ejemplo para la revolución moral en las empresas’

Para Novogratz, los negocios por sí mismos no son los que van a resolver los problemas del capitalismo, pero sí las historias reales de éxito que ya se están logrando.

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Hindustan Times / Getty Images

Por: Ricardo Ávila
26 de septiembre 2019 , 10:15 p.m.

No es usual que un banquero exitoso decida dejar atrás la comodidad de su cargo para dedicarse a luchar contra la pobreza a través de un modelo distinto. Eso fue precisamente lo que hizo Jacqueline Novogratz, quien en 2001 fundó Acumen, un fondo de inversión con propósitos sociales que invierte en empresas alrededor del mundo.

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Con el apoyo inicial de la Fundación Rockefeller, la entidad se ha convertido en un referente global, con presencia en Colombia. En el país, Acumen se juntó con Usaid con el propósito de crear un fondo para invertir en zonas de posconflicto. Novogratz estuvo en días pasados en Medellín y habló con EL TIEMPO.

¿Por qué se convirtió en defensora de lo que se conoce como liderazgo moral?

En este momento de la historia, uno mira alrededor y ve división o fragmentación.

Culpamos a otros de nuestros problemas y encontramos factores que son capaces de sacar lo peor de nosotros. También hemos construido una definición de éxito que está basada en el poder y la fama, en un momento en el que en el mundo interdependiente en el cual estamos se necesita una nueva definición de comunidad, conexión y cooperación.

Esto es difícil de lograr, pues significa que no solo se está centrado en los accionistas o consiguiendo ganancias basadas en las pérdidas de otras personas, sino que no se desarrollan compañías y organizaciones pensando en el resto de las personas. No tenemos una hoja de ruta para ello, y es por eso que el liderazgo moral nunca ha sido tan importante.

Aunque parece que el mundo va en una dirección totalmente contraria, como muestra el ejemplo de Estados Unidos…


Estamos viendo un efecto dominó. Eso sí, la buena noticia para nosotros en Acumen es que mostramos que existen otras vías y estamos tocando a muchos líderes que quieren dar un paso adelante y hacer las cosas de otra manera.

Y de ahí viene el sentimiento de urgencia de llevar a cabo un contramovimiento que rechace la fragmentación, incluyendo las identidades nacionalistas, y reconozca que necesitamos las herramientas para enfrentar esa tensión.

Tenemos que crear los sistemas con los cuales vivir y tenemos que trabajar duro para que esos incluyan a todos

Esa es la esperanza, pues estamos en un punto de inflexión en el que podemos ir hacia un lado o al otro, no se trata solo de tener esa visión optimista del mundo, porque no es así. Tenemos que crear los sistemas con los cuales vivir y tenemos que trabajar duro para que esos incluyan a todos.

Más allá del discurso, ¿tiene hechos que prueben ese argumento?


No hay más que ver cómo funciona Acumen en Estados Unidos, Colombia, Pakistán, Nigeria, Etiopía... todos estos países tienen grandes divisiones y fragmentaciones, por lo que, sin duda, Acumen se establece como un ejemplo de nuevos modelos para el mundo y para los negocios. Esto es llevando la idea de que podemos construir un tipo de capital que sirva como herramienta para resolver problemas y no como instrumento para hacer más dinero; que la inversión sea un mecanismo y no un fin.

Un ejemplo de esto: Thomas Edison descubrió la electricidad hace 140 años, y hasta hace 10 años, 1.500 millones de personas no tenían acceso a ella.

Ante esto, tomando un punto de vista moral, dos jóvenes decidieron a que iban a buscar una solución a ese problema e iniciaron una compañía de energía solar, a la cual hemos estado apoyando con cinco millones de dólares en inversión.

Hasta hoy han llevado electricidad a 100 millones de personas y han creado un movimiento que muestra que esto es una posibilidad y que las poblaciones más desfavorecidas pueden revolver sus propios problemas. Hoy tenemos 122 empresas de diferentes sectores, que generan enorme impacto en sus respectivas comunidades.

¿Son rentables?

No todas son rentables, pero las que no lo son realmente van camino a lograr ganancias.

La intención es servir para lograr ese éxito y, obviamente, para ayudar a resolver los problemas; las empresas deben ser autosuficientes y rentables.

También, otras compañías se han vuelto rentables porque se han asociado con el Gobierno. Por eso nuestro objetivo es ayudarlas a lograrlo, pues creemos en el poder de los negocios y en la sostenibilidad.

Cabe decir que cuando abrimos las puertas para estas solicitudes de jóvenes emprendedores con aspiraciones de realizar cambios para el mundo, recibimos más de 1.000 en cada país, incluido Colombia.

Incluso, diría que este país tiene la oportunidad ahora mismo –y no lo digo por estar aquí– de ser un ejemplo para esta revolución moral. Casi más que en cualquier otro lado del mundo, estamos viendo jóvenes talentosos que pueden lograr cualquier cosa y que toman la decisión de invertir años de sus vidas tratando de construir compañías rentables que sirvan a las personas más vulnerables en la sociedad.

Y esto es un aspecto clave para construir nuevos modelos de capitalismo entre todos.

Por ejemplo…

Azahar Café es un ejemplo de cómo se puede trabajar en este sentido, pues se dedica a crear una comunidad de confianza, entender los costos de producción y negociar para que los agricultores puedan planear sus vidas. Eso es revolucionario. Cuando hablé de esto por primera vez en el mundo, la gente pensó que era algo idealizado, pero sí que es cierto: cada vez hay un mayor número de consumidores que quieren saber quiénes son los cultivadores y cuánto se les ha pagado.

Muchos emprendedores en Nigeria están preguntando qué se está haciendo en Colombia. Esto es una gran esperanza

Y lo mismo se está haciendo con el cacao, como nuestra empresa Cacao Hunters, que va a las zonas más necesitadas, negociando el precio con los agricultores y dándoles estabilidad. Creo que estos modelos son muy importantes para el mundo. De hecho, muchos emprendedores en Nigeria están preguntando qué se está haciendo en Colombia. Esto es una gran esperanza.

¿Cuándo tuvo la epifanía que le hizo ver la posibilidad de iniciar este proceso?

Para mí ha sido un viaje completo. Yo estaba en Chase Manhattan Bank en los años 80, y mi trabajo era analizar créditos y los casos de negocios para las distintas oficinas que teníamos. Y veía que muchos millones de dólares no se llegaban a utilizar para muchas de las cosas que se decían.

Luego fui a Brasil, y después de ver proyectos allá que realmente ayudaban al desarrollo del país, fui donde mi jefe y le conté la propuesta, y básicamente me dijo que no fuera ingenua. Ese fue el momento en que la humillación se tradujo en coraje y convicción. A mí me encantan las herramientas de la banca y creo que son perfectas para ayudar a los más pobres, y ese fue el inicio del viaje para mí. Los mercados son un lugar muy poderoso, pero es muy fácil sentirse seducido por ellos, y es nuestra labor mantenerlos en su lugar.

¿Los emprendimientos en los que están trabajando le dan esperanzas con respecto del mundo?

Mucho más que esperanza: muestran que es realmente posible hacer las cosas de otra forma. Y también enseñan que los negocios por sí mismos no van a resolver los problemas, pero sí las historias reales de éxito, que tienen herramientas que van más allá de la imaginación, que saben cómo escuchar a la gente y construir con esa perspectiva.

Estos casos no solo deberían generar inspiración, la cual se aplaude, sino liderar el camino para el cambio. Esa es la próxima frontera, que sean modelos que motiven al resto para cambiar la forma en la que se hacen los negocios.

¿Qué mensaje debería recibir la comunidad de negocios de Colombia?

Yo creo que el principal mensaje es que el cambio es posible. Lo veo todos los días en lo que hacemos, incluso en las circunstancias más complejas, con gente a la que toda la vida le han dicho que no vale la pena intentarlo. El cambio es difícil y no podemos dejar solo a unos pocos que creen un mundo diferente, que nos incluya a todos, pues la única forma de hacer ese mundo sostenible es cambiando nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

¿Ha visto ejemplos en grandes empresas?

He visto cada vez más, y he hablado con presidentes de las 100 principales empresas del mundo que están buscando maneras de ser más sostenibles y asociarse con este tipo de compañías con objetivos sociales, y eso también genera esperanza.

Algunos lo hacen porque saben que hacia allá va la opinión pública o porque saben que no podrán contratar a la próxima generación de talentos si no muestran un mayor nivel de seriedad frente a estos temas. Pero muchos de ellos realmente sí quieren hacer la parte difícil y comprometerse con ello.

En Colombia hemos trabajado con algunas de las compañías más grandes de chocolate, que saben que el campo tiene unas condiciones terribles, y nos han preguntado qué más pueden
hacer

Por ejemplo, en Colombia hemos trabajado con algunas de las compañías más grandes de chocolate, que saben que el campo tiene unas condiciones terribles, y nos han preguntado qué más pueden hacer, cómo ser parte de la solución. Es un paso pequeño, pero importante.

Aquí hay un completo ecosistema de emprendedores que quieren la paz y utilizar los negocios para ello. Cada vez más nuestro trabajo es encontrar a esas personas que están tratando de generar cambios y ponerles una bandera para impulsarlos.

¿Es justo decir que tratan de que el capitalismo se salve a sí mismo?

Nunca lo había pensado de esa manera y no suena muy humilde, pero diría que estamos tratando de ser parte de la revolución para que el capitalismo se salve a sí mismo, porque si no lo hace, como se ve desde el otro lado, no es un buen escenario.

¿Cómo se ve desde ese otro lado?

Con tanques en las calles, periodistas que desaparecen, donde otras personas deciden lo que es la libertad. Muchos se han preguntado qué significa la paz, y muchos hombres poderosos piensan que es la ausencia de violencia, pero eso no es la paz. La paz es la presencia de la libertad, de la elección, de las oportunidades y la dignidad.

Las estructuras del capitalismo están basadas en un tipo de libertad, pero si no se controla, el que siente miedo seguirá siendo el que no tiene dinero. Tenemos las herramientas que se necesitan, pero tenemos que llevarlas hasta el final para lograr nuestros objetivos.

Esta es la presencia de la firma en el país

Las empresas de Acumen en Colombia incluyen: Siembra Viva, que conecta a pequeños productores de hortalizas orgánicas con clientes en Medellín; Cacao Hunters, que produce chocolates finos hechos con cacao de Tumaco, la Sierra Nevada y Arauca; Azahar Coffee, que compra café prémium a precios fijos a pequeños productores en Huila, Cauca y Nariño; la Central de Beneficio de Gigante, que facilita el acceso a mercados para los caficultores de esa zona del Huila; Selva Nevada, que produce helados prémium con frutas de la biodiversidad colombiana, y BioGuaviare, que compra açaí y frutos amazónicos a pequeños productores y comunidades indígenas. Todas las empresas contribuyen a generar mejores ingresos para familias productoras, especialmente en zonas de posconflicto.

RICARDO ÁVILA
Especial para EL TIEMPO

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