Don Germán Montoya Vélez, ejemplo de emprendimiento y servicio al país

Don Germán Montoya Vélez, ejemplo de emprendimiento y servicio al país

Retomamos testimonios inéditos de este altruista emprendedor. Una reflexión oportuna.

Germán Montoya Vélez

En la vida pública sirvió al país como secretario general de la Presidencia durante el gobierno de Virgilio Barco, y también fue embajador de Colombia en Canadá.

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Archivo particular

Por: Carlos Zambrano Torres
22 de junio 2020 , 01:54 a.m.

Aunque la vida de este emprendedor antioqueño fue terreno ignoto para la mayoría, por su modestia y deseo de mantener un bajo perfil, se trató de uno de los empresarios más insignes de Colombia en el siglo XX. Desde joven fue un hombre de trabajo, y su trayectoria es bien recordada en su paso por Coltejer, Colmotores y TransGas de Occidente.

Sus cualidades lo llevaron a la presidencia de la ANDI y del grupo Bavaria, y también a participar en juntas directivas como la del Banco del Comercio y de Caracol Radio y Televisión. En la vida pública sirvió al país como secretario general de la Presidencia de la República durante el gobierno de Virgilio Barco, y también fue embajador de Colombia en Canadá.

Todo esto lo hizo merecedor de múltiples distinciones, al punto que quizás es el único colombiano en haber recibido en tres ocasiones la Cruz de Boyacá. “La primera fue durante el gobierno del presidente Turbay, la segunda fue en la administración de Virgilio Barco, y la tercera en la presidencia de Álvaro Uribe”, señalaba don Germán.

Aunque muchos quisieron ahondar en su biografía, su respuesta era la misma: “No me gusta hablar de mí. Nada”. A pesar de ello, su legado al desarrollo del país fue innegable. “Una cosa como la de Colmotores, la de Coltejer o la de TrasGas no se esconde. Lo único que puedo decir es que he sido un hombre de trabajo en Colombia y que he sido de buenas”.

Con motivo de los 20 años de TransGas, en 2017, accedió a dar pinceladas sobre las circunstancias que lo convirtieron en uno de los empresarios más notables del país.

“Yo me vine a Bogotá en el año 1946”. Por esa época, varios emprendedores antioqueños como él migraron a la capital para establecer industria y generar desarrollo. Por ejemplo, Hernán Echavarría Olózaga, gestor del grupo Corona. “Estando aquí sentado y ya retirado, considero que éramos un grupo muy curioso y muy echado para adelante. Fueron personas que brillaron con luz propia y con mucho esfuerzo”.

Entre ese grupo de notables estuvieron ‘Don Guti’ (José Gutiérrez Gómez), gestor de la ANDI y miembro emérito de la Junta Directiva del Banco de la República, y Juan Gonzalo Restrepo, ministro de Trabajo en el gobierno de López Michelsen y gerente del Banco Comercial Antioqueño", señalaba don Germán.

Vale la pena señalar que don Germán también hizo parte de la legendaria Escuela de Minas de Antioquia. Al respecto, recordaba: “La Escuela la fundaron el general Pedro Nel Ospina y su hermano Tulio. De joven, yo estudié allí. Tomaba cursos de cálculo y de otras cosas. Allá lo preparaban a uno, pero no le daban título. Era una gran cosa. Muchos hicieron carrera allí, como Nicanor Restrepo, porque daban clase los mejores ingenieros de Medellín. Ha sido una institución muy reconocida”.

Emprendimientos

Don Germán fue el principal gestor de Colmotores, una companía que empezó con socios ingleses, reemplazados luego por socios estadounidenses, primero la Chrysler Corporation, y actualmente la General Motors. Sobre sus inicios, en plena época de posguerra, don Germán hizo memoria: “Para el lanzamiento de la planta, que produjo su primer modelo de la marca Austin, logramos traer al príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel, en 1962. En ese momento yo no tenía ni un peso. Viajé a Caracas, donde había más carros que en toda Colombia. Yo me sentí muy pobre.
Conseguimos algunos recursos y mandamos gente a Caracas para que estudiara la legislación del impuesto de ventas y a México para que mirara el impuesto de aduanas. Es que la necesidad tiene cara de fe. Para esa época, en plena posguerra, el gobierno de Mariano Ospina Pérez sacó una ley para ayudarle a Acerías Paz del Río, en la que concedían estímulos para los que consumieran el acero nacional. Se nos ocurrió crear Colmotores, y yo fui el primero en la dirección de la companía. Por ese entonces conocía un señor que era el agente de la British Motor Corporation, a quien se le ocurrió que en lugar de estar vendiendo carritos menudeados, lo mejor era montar una planta de ensamble. Ese fue el principio del desarrollo de paises como México y Brasil, que hicieron plantas ensambladoras de diversos productos: radios, televisores y carros. A mí me pareció una cosa muy interesante, y era algo de bastante desarrollo tecnológico, porque había mucho de ingeniería mecánica y de ingenierías básicas. Juntando la postura de él y la ilusión del incentivo de la ley, le pedimos al gobierno que nos autorizara a montar la ensambladora. Así comenzó la historia de Colmotores, que hoy en día es una cosa enorme, aunque no usamos los beneficios de esa ley”.

Un aspecto esencial de su forma de concebir los negocios era la convicción profunda de que lo que hacía contribuye al desarrollo regional y nacional

Otro rasgo clave de don Germán fue el excelente manejo con los inversionistas extranjeros. Sobre el emprendimiento con Colmotores y su relación con los ingleses, recordaba: “fueron unos socios especiales. Cuando hicimos el negocio con Chrysler, uno de los puntos del acuerdo era que los ingleses certificaran nuestras relaciones financieras con ellos. Entonces, un representante de la Chrysler y yo viajamos a Londres. Nos habían dado una cita a las diez de la mañana y nosotros llegamos a la hora en punto. Nos saludamos, y cuando yo le iba a explicar el motivo de nuestra visita al inglés que nos atendió, él dijo: ‘No se preocupe, nosotros aquí tenemos todo sobre Colmotores. No podemos sino hablar bien’. No hubo más que decir y yo me sentí increíble”.

Un aspecto esencial de su forma de concebir los negocios era la convicción profunda de que lo que hacía contribuye al desarrollo regional y nacional. Eso lo aprendió en su paso por Coltejer, y luego lo plasmó en proyectos como el de Colmotores y de TransGas. “Con la ensambladora hicimos una buena cosa con Manizales. Yo envié allá dos ingenieros, uno inglés y otro colombiano, para que les enseñaran a los fabricantes de autopartes a ser proveedores nuestros. Les decían ‘aquí está la pieza, aquí está quien le vende la máquina, aquí está quien le va a vender la materia prima’, y también ‘tome plata para que arranque’.

Hombre de Estado

En su paso por el Gobierno, como secretario general durante la presidencia de Virgilio Barco, don Germán ayudó a establecer las bases del país moderno y abierto que hoy conocemos. Y aunque esa es una de sus facetas más conocidas, su paso por la política fue breve comparado con su devenir emprendedor. “Desde el Gobierno preparamos varias reformas, entre ellas reducir las tarifas de impuestos para las empresas, porque los cobrábamos muy altos. Con el tiempo se vio que esa fue una buena reforma que logramos”.

Al Gobierno llegó por invitación del presidente Barco, luego de una amistad que los acompañó por varias décadas. “A Virgilio lo conocí hace más de cuarenta años. Yo tenía un amigo muy especial que se llamaba Rodrigo Uribe Echavarría, que era presidente de Coltejer y que estudió en MIT. En MIT estudiaron Rodrigo, Virgilio y otro grupito de colombianos. Y Rodrigo, en un viaje a Bogotá, me dijo: ‘Te voy a presentar a Virgilio, un compañero de MIT’. Y en un viaje que hicimos de Medellín a Bogotá, me lo presentó”.

Aporte a la Academia

Otra faceta de don Germán fue su cercanía con el entorno universitario, en especial con Eafit: “Yo ayudé a su fundación, junto con Echavarría. Él estuvo ocho días en Bogotá, tocando puertas, y recogió toda la plata que necesitaba para lanzar el proyecto”.

También fue muy cercano a la Universidad de los Andes, en Bogotá. “Yo he tenido muy buena relación con la universidad. Con Don Pedro Navas, padre del antiguo rector de la universidad; con los miembros del Consejo Directivo, y con los Cepeda, padre e hijo. Recuerdo que con Gustavo González, uno de los docentes y directivos, organizamos todo un esquema de prácticas empresariales para los muchachos. El objetivo era prepararlos para que fueran exitosos y no tuvieran un choque traumático al saltar de la vida de universidad a la vida laboral”.

Don Germán también hacía énfasis en la importancia que tiene la academia para rescatar el patrimonio empresarial del país. “Un trabajo clave que está haciendo la Universidad de los Andes es la construcción de la historia de las empresas. Eso se debe hacer más y muy rápido, porque se va el aroma. El país no conoce la gente ni el trabajo que hay detrás de las empresas. ¿Cómo sería si se supiera todo lo que hay detrás de quien funda una fábrica y la convierte en una potente empresa? Hace más de 65 años fundamos Colmotores y se fue desarrollando con cariño, con mucho cariño”.

El altruísmo

Un aspecto desconocido sobre don Germán Montoya fue su vinculación a diversas y nobles causas. Su paso por Coltejer le dejó la visión grande de que siempre lo importante es ayudar. “Yo aprendí allá que hacer el bien no cuesta mayor cosa”.

Y ese espíritu es algo que está al alcance de todos. Don Germán recordaba, por ejemplo, a Juan Guillermo Restrepo Jaramillo, ministro de Agricultura en el gobierno de Mariano Ospina Pérez, quien cuando se retiró se fue a Medellín a ayudarle a la curia. “Yo admiraba mucho a Juan Guillermo porque nadie ayuda para estas causas.
Imagínese un tipo con todo en la vida, dedicado a ayudarles a los curitas. Él organizó unas pólizas para que los sacerdotes, cuando llegaran a los setenta años, tuvieran una vejez tranquila. Él hizo toda la parte financiera para ayudar a la curia. Con parte de lo que se recoge de limosnas crearon el seguro para los sacerdotes. La curia de Medellín es un ejemplo y el aporte de Juan Guillermo fue increíble. Yo no sé hoy en diaa cómo será, pero en este país todavíaa hay muchas cosas para hace”.

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Finalmente, otra faceta poco conocida de don Germán fue su apoyo entusiasta a las causas sociales. Por ejemplo, por más de una década perteneció a la junta de la Fundación Casa de la Madre y el Niño, desde donde se promueven iniciativas para favorecer a miles de niños colombianos que se encuentran en situación de abandono.

“Bienestar Familiar tiene como cinco mil niños para dar en adopción. De los que están ayudando, ya hay como cuatro mil identificados con alguna deficiencia. Algunas ONG los conocen, pero nadie vela por ellos. Y cuando digo nadie es nadie. Por eso, estamos desarrollando un proyecto para mejorar las condiciones de esos niños. Lo más inquietante es que nadie habla de ellos. En la Fundación hemos conseguido grupos que en Estados Unidos y en Europa nos ayudan a adoptarlos, y eso es algo que no tiene precio”, señalaba.

CARLOS ZAMBRANO TORRES
PARA EL TIEMPO

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