Empleo: más allá de un discurso

Empleo: más allá de un discurso

Una revisión detallada de las cifras de ocupación muestra datos interesantes.

Productividad del 0,52 % es la que suma en alza del mínimo

En las pequeñas compañías se dio una reducción de ocupación de un millón de personas, en tanto que en las de más grandes creció la ocupación en 500.000 plazas.

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Juan Pablo Rueda / Archivo EL TIEMPO

Por: Silverio Gómez Carmona
08 de diciembre 2019 , 10:04 p.m.

La tasa de desempleo en Colombia ha rondado el 10 % en promedio en la última década, que podría ser considerada como un nivel de una economía en recesión, pero no es así, pues el PIB en el país no ha tenido tasas negativas en los últimos 20 años. El consenso es general acerca de la incapacidad del sistema productivo para absorber un volumen importante de esa desocupación, el lastre y deuda social usado para justificar buena parte de los problemas, incluyendo la delincuencia, la guerrilla y el mismo narcotráfico.

Aunque solo se ha hecho una reforma laboral grande en dos décadas (Ley 50 de 1990), sí se han dado muchos ajustes a la economía con el objetivo de generar empleo, dentro de los cuales se incluyen varias reformas tributarias para reducir los tributos generales, recorte sustancial de los parafiscales, como aportes a Sena, ICBF y salud, y prudentes aumentos del salario mínimo pensando que es una variable que afecta seriamente la ocupación y la inflación, teoría que hoy deja dudas entre los mismos economistas y tecnócratas.

Ahora se ha abierto la discusión de una reforma laboral que se ajuste a las prácticas modernas de trabajo, ligadas a la tecnología e innovación, lo cual es cierto, pero a renglón seguido se hace ruido innecesario pidiendo que se deben quitar los festivos y horas extras, cuando en la realidad se debe estudiar es un cambio en el modelo de contratación, lo cual es muy distinto, sin desmejorar las condiciones para el cada más productivo pero costoso talento humano. Son muchos los temas por revisar, pero con un sentido integral y no de coyuntura.

Por el espíritu mediático que nos inspira se está tomando la tasa de desempleo de ahora, poco más del 10 %, para pregonar la necesidad de esa reforma, lo cual de nuevo es errático y oportunista. Un aumento del desempleo de 0,7 % (de 9,5 a 10,2 %) en el año hasta septiembre da para un plan de choque, pero no puede ser la razón central para la requerida reforma estructural en la materia.

Las cifras del Dane sobre desempleo a septiembre son un ejemplo elocuente. El dato global muestra que se perdieron 409.000 puestos de trabajo en el año, lo cual lleva a afirmar que hay un desastre contra la clase obrera y estimula protestas y consignas. Si se desagregan las cifras, se comprueba que el número de empleados y obreros particulares subió 280.000, se contrataron 96.000 jornaleros y peones adicionales, hay 58.000 personas más vinculadas a trabajos domésticos, 15.000 nuevos trabajadores sin remuneración y en el Gobierno no hubo un cambio relevante en la nómina, lo que suma en total 445.000 nuevos empleos.

¿Y entonces por qué subió el desempleo? Por dos motivos, de acuerdo con los datos del Dane: el número de patronos y empleadores cayó de 935.000 a 831.000 en el período, esto es, 104.000, y los trabajadores por cuenta propia se redujeron en 643.000, para una reducción total de casi 750.000, lo cual no compensó los 445.000 que entraron al mercado laboral. En principio, solo en principio, hay una explicación para esto: la obligatoriedad de presentar la factura electrónica y el trabajo de la Dian para normalizar está comenzando a sincerar el mercado laboral en el país y es mejor no decir mentiras.

Y hay otra paradoja. El sector de la construcción fue el único que mostró un retroceso en las cifras del PIB a septiembre y, sin embargo, aumentaron en cerca de 60.000 las contrataciones. La gran recuperación de las obras civiles compensó la caída de trabajo en la edificación y la VIS, que va bien, no aporta PIB pero trae empleo. Podría ir mejor y las cifras de la edificación son bastante mediocres.

Pero hay más temas. El desempleo castiga más severamente a los niveles con baja o ninguna educación, que son los más pobres. El aumento en su vacancia se incrementó casi en 700.000 en el último año, en tanto que hubo un enganche adicional de 500.000 entre quienes tienen educación universitaria, técnica y posgrado.

La ocupación por tamaño de empresas también da una reflexión. En las pequeñas compañías (menos de 10 empleados) se dio una reducción de ocupación de un millón de personas, en tanto que en las de más grandes creció la ocupación en 500.000 plazas.

Así, sin duda que el desempleo existe y golpea en particular a los jóvenes menos calificados, pero el análisis que se está haciendo no necesariamente es el correcto y tiene una visión demasiado cortoplacista en un tema con características estructurales.

Una reforma laboral debe ir más allá de la calentura y pensarse para que sus resultados se compadezcan con el país del siglo XXI, en el que el talento es hoy el capital más costoso porque es el más productivo y rentable. O, si no, pregúnteles a los empresarios.

SILVERIO GÓMEZ CARMONA
Director de Induarroz - Andi

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