‘Es duro no poder pagarle a la gente el salario que merece’

‘Es duro no poder pagarle a la gente el salario que merece’

Diseñador industrial destaca las ventajas de trabajar con empleados directos en pequeñas empresas. 

MADERA

Las contrataciones directas permiten establecer un control de calidad sobre los productos.

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Archivo EL TIEMPO

Por: ECONOMÍA Y NEGOCIOS
01 de octubre 2019 , 03:46 p.m.

Evitar que los empleados se marchen, sea por cuestión de bajo salario o maneras de trabajar, es uno de los aspectos más difíciles de controlar para un pequeño empresario.

Por lo menos lo es para Leonardo Páez Lancheros, diseñador industrial de la Universidad Nacional (2003), quien decidió dejar de lado la contratación directa de personal para pasarse mejor al esquema de proveedores, así esto implicara sacrificar un buen margen de sus ganancias.

Con 17 años de experiencia, cuatro de estos al frente de su firma ‘Livink Muebles Diseño Arquitectura’, debía lidiar con carpinteros acostumbrados a trabajar al ‘destajo’, a recibir dinero por trabajo hecho. Igual sucedía con los diseñadores, a quienes no se les podía pagar un salario elevado no porque no lo merecieran, sino porque es lo que impone el mercado, por lo que terminaban marchándose y elevando la rotación del personal.

"Todo eso elevaba el costo y la carga operacional del taller y lo hacía difícil de mantener", sostiene Páez Lancheros, quien, no obstante, destaca las bondades de contar con empleados directos, como la posibilidad de tener mayor control de los procesos, tiempos de producción y de entregas; calidad y manejo de la cadena de valor, lo cual redundaba en una mayor ganancia del negocio.

Los costos de una nómina son el reto mes a mes de cualquier empresario, sobre todo en ciertas temporadas que son prioritarias para las familias, como la escolar. Ser formal también trae sus compromisos y mantener al día el tema tributario exige un esfuerzo grande cuando los ingresos de una empresa son variables y dependen de tantos factores.

En Colombia al diseñador industrial lo ven como un ‘todero’, lo remuneran mal, casi que tiene que regalar su trabajo.

“Me muevo en una profesión que no es nada fácil. En Colombia al diseñador industrial lo ven como un ‘todero’, lo remuneran mal, casi que tiene que regalar su trabajo, mientras vive en permanente riesgo de que al presentar un proyecto, sus ideas las termine desarrollando otra persona que está dispuesta a hacer el trabajo por menos dinero”, comenta.

Por eso, después de mucho pensarlo, de tener un portafolio de clientes que le permite asegurar el desarrollo del 80 por ciento de los proyectos presentados, optó por trabajar con un grupo de proveedores con quienes el tema más complicado es la confianza para soltarles los proyectos, así como el manejo de la calidad.

“Es un tema de economía colaborativa, donde el tema de los costos depende de la capacidad de trabajo que tenga el proveedor entre los que se seleccionan aquellos que garanticen cumplimiento y calidad de los productos entregados, de tal manera que el cliente final quede satisfecho. Miro todas esa variables, el costo es importante pero más aún la satisfacción del cliente que está por encima de un margen de utilidad más alto”, explica.

Pero, ¿cómo mantenerse a flote? Para este diseñador industrial es complicado no solo por el manejo de los grupos de proveedores, sino también porque el mercado en el que se mueve se compite con empresas que producen en serie mientras que su trabajo es más personalizado. "Incluso teniendo un cliente grande es complicado, porque si quiere replicar su proyecto en otra ciudad o distintos locales, cada espacio tiene sus propias características que obligan a hacer ajustes y eso tiene sus costos y desgastes", puntualiza.

ECONOMÍA Y NEGOCIOS 

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