Volver a estado previo a covid no es lo deseable: vicepresidente de BM

Volver a estado previo a covid no es lo deseable: vicepresidente de BM

Hay tres áreas claves: la agenda digital, el capital humano y la internacionalización.

Carlos Felipe Jaramillo

El colombiano Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe

Foto:

Cortesía Banco Mundial

Por: Mauricio Galindo
16 de julio 2020 , 10:43 p.m.

Desde el primero de julio el Banco Mundial tiene nuevo vicepresidente para América Latina y el Caribe, pero 16 días después, nada que asoma por la oficina.

Como un reflejo de la situación que sufre todo el planeta, el colombiano Carlos Felipe Jaramillo ha debido asumir el cargo desde el confinamiento en su casa actual en Nairobi, Kenia, donde llevaba dos años como director regional del banco para África del Este. Mientras que lleva la cuenta de 117 días de encierro, espera que a comienzos de agosto la reapertura gradual le permita ir a su nuevo lugar de trabajo, en Washington.

En su nueva posición debe orientar, justamente, la acción del banco para contribuir a enfrentar la epidemia en la región, y luego, el rescate una vez haya una solución a la situación sanitaria. Por eso Jaramillo habla, en este diálogo, de lo que viene con las deudas, los focos que se deben encarar en desigualdad, la agenda digital o el reacomodo del trabajo.

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Los cálculos de caída de la producción mundial que hacen entidades como la suya no dejan de actualizarse y cada vez más abajo. ¿Aún pueden empeorar?

Esto no se puede normalizar hasta que haya una vacuna o un tratamiento médico. Estamos así desde noviembre, diciembre, y todo indica que vamos a tener otro buen trecho. El impacto económico vino un poco después, con las medidas tan restrictivas. Estamos aprendiendo que esta es una de las crisis más grandes de tiempos recientes, que el golpe económico es masivo y posiblemente va a ser más grande de lo que hemos estimado en los últimos meses.

En el Banco Mundial hemos ya reestimado por lo menos tres veces en los últimos cuatro meses el crecimiento de América Latina. Las últimas cifras son de hace tres semanas; estamos hablando de una caída de 7,2 por ciento. Pero como la cosa sigue y los cierres han tenido que regresar, creería que vamos a ver cifras peores.

Al comienzo había la impresión de que tras una caída dura, podía venir una fuerte recuperación. Pero, en la medida en que la crisis se alarga ¿podría dejar daños estructurales?

Todavía no sabemos el panorama de secuelas, pero creo que va a dejar secuelas muy importantes. Sospechamos que habrá cambios estructurales a mediano plazo en sectores que es difícil que reboten rápido y regresen a una situación anterior con la misma fuerza o las mismas condiciones de trabajo u operación, como restaurantes o el turismo.

¿Hay manera de compensar esas pérdidas de trabajos?

Se vienen cambios estructurales muy grandes, y parte de lo que los gobiernos van a tener que hacer es apoyar y facilitar para que se den. Hay que ayudar a que el empleo que se pierda se reinvente. Que a esa mano de obra que se quedó sin buenos trabajos se les ayude a que encuentren en otros sectores, o si, en el mismo sector, simplemente se necesita unos cambios. Hay una parte que el sector privado va a tener que hacer pero también hay un papel importante para las políticas públicas, para facilitar esos cambios y que se suavice, se amortigüe, el periodo de reestructuración y podamos pasar rápidamente a una etapa de recuperación plena. 

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¿Qué sectores podrían compensar en empleos?

Con humildad diría que no lo sabemos bien aún. Lo que vengo diciendo es que en América Latina tenemos que aprovechar esta crisis para repensar el futuro. Pasa por reconocer que entramos a esta crisis no muy bien. El crecimiento per cápita de los últimos 10 años apenas alcanza el 0,6 por ciento, de los más bajos de todo el mundo. Y llevamos una década con pobreza en 24, 25 por ciento, sin cambir. Esto está ofreciendo la oportunidad para repensar, porque todos queremos un futuro mejor, un desarrollo más rápido, más incluyente, con menor desigualdad, menos dañino para el ambiente.

Es un buen momento para reflexionar. Para que cada país repiense un poco sobre su futuro y que ojalá no regresen a su status quo anterior. Me preocupa un poco que todos quieren volver a hace cuatro o cinco meses. Esta crisis está ahondando la situación que ya era muy mala.

¿Que avances están en riesgo?

No es secreto que América Latina tiene las peores cifras de desigualdad. Se había logrado algo en los últimos 15 o 20 años, pero estamos perdiendo en ese frente. En clase media, que crecía mucho y ayudaba al desarrollo, y sobre todo, en pobreza. Los cálculos del Banco ven que por lo menos 50 millones de latinoamericanos van a volver a caer en situación de pobreza en este año. Es muy triste perder más o menos casi el número de latinoamericanos que habían salido de la pobreza desde el 2003, que fueron 60 millones.

Pensando en la desigualdad, ¿qué líneas de acción se pueden sugerir?

Cada país traza su ruta y nosotros apoyamos técnicamente. En mi opinión personal señalaría tres áreas críticas tanto para la desigualdad como para el crecimiento económico: uno, el tema digital. Estamos viendo en la crisis que quien tiene acceso a herramientas digitales le está yendo mil veces mejor que los que no. Los que no, están sufriendo muchísimo. Hay una agenda digital pendiente que empieza con que haya acceso para el ciento por ciento de la gente a internet y ojalá a precios asequibles para todos.

Es crítico para la productividad de la economía como para equiparar y dar igualdad de oportunidades. Es algo que he podido ver aquí en África. En Kenia, más del noventa por ciento de la población tiene acceso a internet por teléfono. Hay unas políticas muy agresivas de acceso a banda ancha y opciones muy baratas de suscripción.

En el tema del capital humano, también tenemos que rehacer la agenda, en todas las áreas, incluyendo el tema de la medicina. Pero en este momento el que me parece más interesante, por la cantidad de experimentos que están haciendo los países, es la educación a distancia. A todos los niveles, desde la educación para niños chiquitos hasta educación vocacional para la gente que necesita aprender como se diseñan las apps, la gente que está buscando empleo rápido, para que el mercado les reconozca. Eso podría revolucionar el sector educación.

Y el tercer tema gordo es el de fomentar más una iniciativa privada más internacionalizada, en lo que América Latina se ha quedado muy atrás. Las grandes exportaciones de América Latina siguen siendo lamentablemente minerales, petróleo, níquel, oro y unos cuantos productos agropecuarios tradicionales. El único que ha podido tener una diversificación más seria, aprovechando los tratados con Estados Unidos, es México.

Esta área es la más relevante para el tema de generar empleo. Hay que dar más espacio a la iniciativa privada a las ideas nuevas, a los empresarios nuevos, a los que traigan tecnologías nuevas… darles el espacio y los apoyos que necesitan. Me ha sorprendido positivamente la la Misión de Internacionalización lanzada en Colombia, que el Banco ha estado apoyando mucho. 

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Claramente la deuda está creciendo y habrá que dedicar más parte de los ingresos a pagarla. ¿Qué gastos se podrían sacrificar?

Es una decisión de cada país. Habría que hacer, desde ya, revisiones detalladas de los presupuestos y tratar de eliminar o postergar gastos suntuarios, menos esenciales, inversiones que eran interesantes, y de posible buena productividad, pero no urgentes. Y aumentar la eficiencia del gasto. En toda Latinomérica hay mucho espacio para que se aumente lo que se obtiene por cada peso de gasto. En las áreas de infraestructura todavía tenemos demoras, problemas con los contratos que terminan generando intereses de mora. También la selección más óptima de los proyectos más crítico o más productivos.

Todos los países de la región vamos a salir con una carga de deuda mayor. Habrá que buscar maneras de ir repagando gradualmente ojalá en periodos más largos. Las buenas políticas de endeudamiento son las que permiten a los países sacar estas deudas a largo plazo. De diez años para arriba, para que esto no sea tan costoso y con la posibilidad de roll over: de que para los bonos que había que pagar en 2025 se puedan emitir otros bonos a 10 o 20 años.

¿Qué alcance podría tener el crecimiento de la deuda?

Si esto sigue creciendo hay quienes dicen que puede llegar a las magnitudes de las crisis de la deuda de los años 80. No estamos en ese escenario pero tampoco lo puedo descartar. Si se llega a esos escenarios tendremos que pensar en soluciones diferentes. En esa época muchos países salieron de la crisis tras los bonos Brady. Todavía no estamos en ese orden de magnitud pero hay que mantener esa historia fresca porque, si es necesario, tendremos que hablar de cosas creativas.

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MAURICIO GALINDO
Editor de Economía y Negocios
En Twitter: @galmau

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