Todo lo que quería saber de Jessica Cediel

Todo lo que quería saber de Jessica Cediel

Aquí está todo lo que quería saber de Jessica Cediel y algo más: estas fotos están destinadas a convertirse en el fetiche preferido de todos nuestros lectores.

Jessica Cediel

Jessica Cediel

Foto:

Hernán Puentes

19 de mayo 2011 , 04:35 p. m.

No usa Facebook, no le gustan las mollejas de pollo y lo único que guarda de su infancia es un osito de peluche tuerto. Está convencida de que la obsesión de los hombres por los senos es porque son maternales y que el juguete sexual número uno es el cuerpo humano. Aquí está todo lo que quería saber de Jessica Cediel y algo más: estas fotos están destinadas a convertirse en el fetiche preferido de todos nuestros lectores.

Por Jaime Andres Monsalve
Fotografía Hernán Puentes

De mi infancia sólo conservo un oso de peluche que me regaló mi papá. Hace poco se le cayó un ojo de lo viejo. Sigue siendo un objeto con un vínculo sentimental enorme.

De niña, siempre estuve entre las 10 mejores estudiantes de todo el colegio, y en mi curso nunca bajé del tercer puesto. Pero una cosa es ser pila y otra, ser ñoña. Yo no era "comelibros", simplemente prestaba atención en clase y tuve un muy buen grupo de trabajo.

Hace un rato modelé para esta misma revista en corsé. Es una prenda muy sensual. Nunca había usado uno y no me lo he vuelto a poner. Para la intimidad me gusta la lencería chiquita, el hilo dental...

Para mí, estudiar fue una retribución al esfuerzo de mis papás. Conozco a muchos a los que eso les vale hongo, pero la educación es lo mejor de la herencia que le dejan a uno y que puede uno dejar.

Siempre he trabajado de la mano de la sinceridad.

Crecí en una finca en Chía, con muchas praderas y a unos metros de la montaña. Con mis hermanas éramos muy micas: corríamos, jugábamos con los animales, nos trepábamos a los árboles..., menos mal que nunca pasamos de llegar a casa llenas de raspones.

Insisto: que te admiren los senos es porque también tienen un lado maternal.

Antes de acabar mi etapa en Muy buenos días nos fuimos para el campo a hacer una nota, y del equipo entero, integrado por camarógrafo, técnicos y maquilladora, yo fui la única que logró ordeñar una vaca. Ayuda haber sido criada en el campo.

Acabo de llegar de Cancún, y quedé enamorada. Es un paraíso. La comida es picante, pero deliciosa. Espero poder ir pronto a Barcelona.

Yo salí del Santa Mariana de Jesús, un colegio de monjas. Ellas son muy estrictas con el tema de los uniformes, las faldas muy altas, etcétera, pero nunca tuve ningún problema más allá de que, por alguna razón inexplicable, las hermanas Cediel siempre llegábamos tarde a clase.

Siempre fui muy sana. En la universidad, por mucho, salí a rumbear unas tres veces. Cuando salía a tomarme algo era con el novio de la época o con las amigas de la U.

Si todo el mundo te quiere, estás haciendo algo mal. Ni a Juan Pablo II, que es santo, lo quieren todos.

Me acuerdo del despertar del amor. Mi primer novio apareció a mis 16. Pero hoy no me interesa nada diferente a quien está conmigo.

Conservo a lo sumo dos amistades de infancia. Mis verdaderas amigas son mi mamá y mis hermanas.

En el colegio me ganaba todos los concursos de modelaje. Eso nunca me separó de mi prioridad, que era estudiar. Tuve muchas propuestas, pero no me vinculé laboralmente a nada hasta llegar a octavo semestre.

No soporto a los que se las dan de tumbalocas y de ostentosos. Esos hombres suelen ser los más inmaduros. Odio a la gente que se cree más que los demás. Muchos hombres así lo intentaron conmigo y, ya ven, nunca lo lograron.

Vinculada a una agencia de modelaje y estando en segundo semestre de Comunicación Social en la Universidad de La Sabana, me propusieron entrar al concurso de Señorita Bogotá. Yo no quería aceptar porque mido 1,66. Pero aun siendo la de menos estatura entre niñas de 1,70 hacia arriba, logré ocupar el segundo lugar.

En los reinados norteamericanos no es raro ver a las candidatas mostrando habilidades particulares. Si me hubiera tocado eso, les habría pedido a los organizadores que me montaran un set de televisión para presentar un programa.

La primera indicación para hacer un programa en vivo es perderle el miedo al oso.

Una vez, haciendo una nota sobre kickboxing para Bravíssimo, se me abrió la cremallera del saco y durante un rato, en vivo y en directo, estuve exponiendo más de lo que he mostrado hasta hoy. Tenía 21 años. En esa época, aquello pudo haber sido una tragedia familiar.

Yo no llevo a cualquiera a mi casa. Ese es el espacio cerrado que uno tiene que tener para sí y su gente nada más. Las veces que he hecho una que otra rumba allí, ha sido con los tíos, los primos...

Me encanta la televisión en vivo porque obliga a mantener la chispa arriba, a estar pendiente de todo, de la llamada, de la nota, del contenido, de lo que dicen, de lo que vas a informar. La consigna, y eso lo aprendí de Jotamario, es que todos los días son el primero. Hay que perder el miedo al ridículo y saberla desembarrar.

Soy muy calmada, pero cuando se me salta la piedra, es con toda. Odio la hipocresía y la envidia. Me parece terrible que inventen, que destruyan, que no se admita el crecimiento profesional de los demás.

Mi política es ser el mismo ser humano adelante o atrás de la pantalla. Creo que por eso la gente me quiere. Hay que estar informado de las cosas que competen en tu trabajo, pero no hay que tener miedo en preguntar al aire por lo que no se sabe.

Me conquista la sinceridad, la transparencia, los buenos sentimientos, el trabajo y el sentido del humor. Y, obviamente, la fidelidad.

Me gustaba la música de Pipe (Bueno) antes de que fuera mi novio.  Mi canción preferida suya es Me enamoré. Por supuesto, me dedicó un tema antes de que tuviéramos algo, Si yo fuera ladrón. Lo que más valoro de esos ocho meses de flirteo es que fue muy perseverante hasta enamorarme. Cuando lo conocí yo tenía otro novio, y pretendientes nunca me han faltado. Él los desplazó por completo.

Soy supercomelona. Como de todo, menos mollejas del pollo.

De Pipe admiro que es una persona fuerte, de carácter, trabajadora. Si pudiera, le cambiaría el genio. Pero los dos somos humildes. Nunca peleamos, siempre dialogamos.

El juguete sexual número uno es el cuerpo humano. Desde que tú te sientas seguro de lo que tienes, confiado y satisfecho, cualquier cosa que lleves encima, así sea una flor en la cabeza, será un adorno y un complemento de tu cuerpo.

Yo adoro a las fanáticas de Pipe porque son las que lo apoyan, compran sus discos y van a sus conciertos. Debe haber alguna que no me quiera, pero el cariño que me manifiestan es lindo. Seguramente existe el admirador mío que no quiera a Pipe tampoco.

Ojo: yo no estoy en Facebook. Ninguna de las cuentas que hay ahí a mi nombre es mía. Sólo tengo Twitter y es @jesicacediel, así, con una ese.

En materia de admiradores, los hombres son mucho más respetuosos que las mujeres. Cuando estoy con Pipe, los hombres le piden permiso para darme un abrazo o un beso. En cambio las niñas son más directas: muchas se le mandan al cuello y después medio me saludan con el rabillo del ojo.

Repito: me fui de Muy buenos días simplemente porque cumplí una etapa muy bonita, sentí la necesidad de crecer. El nuevo programa, Nuestra semana, me tiene feliz. Ha sido la locura.

Odio las películas de terror, Pipe las ama. Siempre negociamos para verlas. Hace poco vimos El Rito, con Anthony Hopkins. Pero no me desvelé. Dormí tranquila porque dormí con él.

En diez años me veo con chinos, casada... Para ellos quiero tener campo y ciudad. No viviría de nuevo en una finca, pero sí tendría que tener campo para parchar los fines de semana.

MÁS:

- Galería de fotos: Jessica Cediel, una tentación toda la semana

- Julieth Restrepo es el misterio detrás de quién es esta chica.

- Antología del topless DONJUAN

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