Los dueños de la noche: todo lo que tiene que saber sobre los murciélagos

Los dueños de la noche: todo lo que tiene que saber sobre los murciélagos

Los murciélagos han sufrido el desprestigio a lo largo de la historia, pero son criaturas extraordinarias para los ecosistemas, la cultura y la ciencia.

Los dueños de la noche: todo sobre los murciélagos

Los dueños de la noche: todo sobre los murciélagos

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28 de mayo 2020 , 07:51 p. m.

A principios de febrero, los pobladores de Culden, un caserío perdido entre las ciudades de Cajamarca y Chiclayo, en el norte de Perú, llegaron con antorchas a una caverna cercana y atacaron con fuego una colonia de cientos de murciélagos. Temían un posible contagio en su comunidad después de escuchar que la enfermedad covid-19 venía de este tipo de animales.

“¡Es vandalismo contra los murciélagos!”, me dijo Rodrigo Medellín, desde su estudio en Ciudad de México. Medellín es conocido como el “Bátman mexicano”, trabaja en el Instituto de Ecología de la UNAM y lleva más de 20 años enfocado en la conservación del único mamífero volador que existe sobre la tierra. Por eso tiene razones para estar preocupado. Sus expediciones lo han llevado por noventa países en Asia, África y América Latina, donde ha visitado toda clase de cuevas, chozas, árboles y plantaciones donde habitan los murciélagos; los ha visto por miles y con solo ver la forma de las alas o las orejas puede reconocer, exactamente, a qué especie pertenecen. Hace poco, en Madagascar, visitó la cueva de Anjohibe y durante tres días atrapó especies endémicas. Uno de los que cayeron en su red de niebla fue el Hipposideros commersoni, un animal al que comúnmente llaman Val ur, u “ocho narices”. Una especie que, como muchos otros murciélagos, se encuentra en peligro de extinción.

El investigador de murciélagos Rodrigo Medellín con un murcielago magueyero (Leptonycteris yerbabuenae). Foto: Cortesía Rodrígo Medellín.

–El SARS-CoV2 es un virus que se transmite entre humanos. Nunca podríamos adquirirlo de un murciélago. Lo que sabemos hasta el momento es que existe la posibilidad de que este virus haya compartido uno de sus ancestros con los virus de un murciélago; pero eso no quiere decir que exista la posibilidad de un paso directo. Si los murciélagos fueran los culpables, yo, que he tenido contacto con miles, estaría muerto. ¿No? Se me cayó el pelo, pero eso es por otra cosa –dice en tono de broma.

En las montañas del norte del Valle del Cauca, en Andinápolis, el rumor de que el virus se había originado en una sopa de murciélago en Wuhan también fue una alarma tóxica, y mi propia mamá –que siempre me inculcó el amor por la naturaleza– ahora los mira con desconfianza. “Espero que después de esto el gobierno chino diga ‘ok, tenemos que ser más higiénicos aquí’. Es un poco medieval eso de comer murciélagos”, le dijo Paul McCartney a mediados de abril al periodista musical Howard Stern en un programa de radio. Sin embargo, hay hipótesis más precisas. A principios de marzo hablé con Carlos Zambrana-Torrelio, un ecólogo boliviano que trabaja en Nueva York como vicepresidente de EcoHealth Alliance, una organización que monitorea la relación entre la vida silvestre y las enfermedades emergentes, y me explicó que lo más cercano a una hipótesis científica es que un murciélago con el virus activo había sido capturado y llevado vivo a uno de los mercados de vida silvestre de Wuhan; al debilitarse su sistema inmunitario, quizá por falta de comida, el virus había saltado a un animal huésped o intermediario.

–Se dice que en ese mercado de vida silvestre el virus saltó a un pangolín, una civeta o una serpiente; o a ninguno, porque aún no hay nada claro. Ese animal desconocido fue el que transmitió el virus a los humanos. Ahora, lo que sí se descarta es que el virus haya salido de un laboratorio, porque en un análisis genético que hicieron y que se publicó en una investigación de la revista Nature, mostraron evidencia de que el SARS-CoV-2 es un virus que ha evolucionado naturalmente. Esto descarta todas las teorías de conspiración.

Y pese a que le conté todo esto a mi mamá, ella seguía insistiendo en que la culpa era del murciélago.

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El 20 de mayo del 2004, el Centro de Salud del municipio chocoano de Pizarro, en el Bajo Baudó, registró un caso inusual de gripa en un menor de edad. Parecía paludismo, pero después de seis días de fiebre, malestar general y dificultad respiratoria, el paciente murió. Pocos días después, fueron llegando reportes similares de pueblos cercanos como Villamaría y Birrinchao, donde ya habían muerto dos niños. Se había dado un brote de rabia en las comunidades embera que vivían en la zona y las misiones médicas comprobaron que los afectados tenían mordeduras del murciélago vampiro, como se le conoce a la especie Desmodus rotundus, los quirópteros que se alimentan de sangre de animales que viven en el lugar.

Este brote de rabia ha sido un tema de análisis de varios científicos colombianos. Un grupo del Instituto Nacional de Salud que viajó a la zona para investigar qué era lo que estaba sucediendo y coordinar la vacunación de la población, cuenta que las viviendas de las comunidades eran, en su mayoría, de madera y con techos de paja y que las personas solían dormir en el suelo, por lo general, sin anjeos ni toldillos para protegerse. Además, su único acceso a la salud eran las brigadas semestrales que llegaban desde Pizarro, lo que había evitado una intervención temprana.

"El sueño de la razón produce monstruos", de la serie Los Caprichos, de Goya (1799).

Más adelante, durante otra expedición para investigar a los vampiros, otro grupo llegó a las mismas comunidades para averiguar si había razones que explicaran por qué un animal que nunca suele atacar a los seres humanos había cambiado su comportamiento. Encontró que el desequilibrio ambiental y la desaparición de varias especies de plantas y animales –que se daban por diferentes factores– habían producido un aumento en la población de murciélagos hematófagos, y ese desequilibrio había afectado a las personas que vivían cerca de las colonias.

Los murciélagos no eran los culpables, sino las condiciones de abandono de estas comunidades. Hubiera bastado con la presencia de energía eléctrica, por ejemplo, para evitar que estos animales –que son fotofóbicos y se mantienen a buena distancia de cualquier fuente de luz– se acercaran a la gente.

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La relación de los murciélagos con las enfermedades es legendaria. Solo hay que pensar en Drácula: Bram Stoker se apoyó en la idea de los murciélagos que se alimentaban de sangre, los hematófagos, y popularizó la figura de un vampiro que, con su mordida, convertía a sus víctimas en una especie de muertos vivientes. Aunque el vampiro, en la novela, era un símbolo del deseo y del mal, lo que transmitía era una especie de enfermedad que podía contagiarse y que, además, era curable con el método infalible de la estaca en el corazón.

Durante décadas, el mito de Drácula alimentó la mala fama de los murciélagos. Sin embargo, hay algo en la idea de los muertos vivientes que no resulta tan negativo para las 1.300 especies de murciélagos que hay en el mundo y que, al contrario, los hace aún más extraordinarios: se trata de la inmortalidad.

Los murciélagos tienen una esperanza de vida relativamente larga –algunas especies pueden llegar a vivir hasta 40 años–, y aunque es cierto que sus cuerpos son reservorios de muchos patógenos y bacterias, también guardan varios secretos: su adaptación evolutiva, que les dio la capacidad de volar, también modificó su sistema inmunitario, convirtiéndolos en unos superanimales resistentes a cientos de virus.

Un murciélago del género Histiotus captado en el departamento de Boyacá. Foto: Felipe Villegas / Instituto Humboldt.

Amanda Vicente Santos sigue de cerca ese tema. Es bióloga y experta en murciélagos, pero está interesada de forma particular en las enfermedades de estos animales y en su sistema inmunitario. Estudia un doctorado en Emory University, en Atlanta, y cuando contesta la llamada en su casa, está pasando el aislamiento frente a un microscopio para realizar conteos de células en muestras de sangre de murciélago que recogió en diferentes cuevas de Costa Rica. Quiere comparar cómo los niveles de perturbación de las cuevas afectan a las poblaciones que viven allí.

–Recientemente, la investigación en inmunología de murciélagos encontró que puede haber una relación con el metabolismo de estos animales –explica–. Cuando una persona corre a toda velocidad, el metabolismo aumenta su tasa de trabajo máximo tres veces; en cambio, cuando empieza a volar, un murciélago puede llegar a aumentarla hasta por 15. Se supondría que este gasto tan exagerado de energía y la generación de agentes oxidativos –que son los mismos que generan el envejecimiento– generarían mucho daño celular, pero en los murciélagos esto se sale de la norma porque ellos vienen con muchas estrategias para contrarrestarlo.

Amanda explica que los murciélagos tienen mecanismos para reparar daños en el ADN celular y que, posiblemente, estos mismos mecanismos, que se mantienen en alerta máxima, neutralizan fácilmente los efectos de cualquier enfermedad peligrosa, a veces sin necesidad de eliminar el virus que la está causando.

–Hay que entender que los murciélagos y los virus llevan una larga batalla evolutiva en donde se han dado muy duro, pero cuando los virus saltan a otras especies que no tienen esa historia evolutiva, suelen ganar. Recientemente, se han hecho investigaciones en las que, en ambientes muy controlados, han logrado infectar a los murciélagos con rabia y ha sido muy interesante porque no solo no se mueren, sino que logran eliminar el virus sin desarrollar anticuerpos: es como si los murciélagos estuvieran inflamados y afiebrados todo el tiempo, algo que es imposible de pensar en los seres humanos, porque muchas veces son estas reacciones del sistema inmune las que causan la muerte.

Sin embargo, el conocimiento de la relación entre los murciélagos y las enfermedades apenas está comenzando. Como hay tanta variedad de especies, elegir la correcta para hacer la investigación siempre supone un reto. Además, las condiciones de bioseguridad tienen que ser extremadamente altas por el riesgo que supone trabajar con patógenos activos.

–Es un campo que avanza lento y que es muy reciente. Hasta ahora estamos empezando a describir qué es lo que es normal en los murciélagos, ya después se puede empezar a pensar en experimentar.

Sin embargo, hay algo que sí está claro: como en todos los seres vivos, el sistema inmune de los murciélagos puede presentar variaciones. Lo más probable es que un animal estresado por causas como la deforestación o la falta de alimento tenga las defensas más bajas y se vuelva más vulnerable a las infecciones.

En otras palabras, si los murciélagos están contentos, no hay que preocuparse: ellos, gracias a la velocidad de su vuelo –y de su cuerpo– lo tienen todo bajo control.

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Los murciélagos están presentes en todos los continentes del mundo, excepto en la Antártida. En los lugares donde el invierno los obliga a resguardarse, son capaces de hibernar. Son los únicos mamíferos capaces de volar y de ubicarse por medio de la ecolocación, una especie de radar biológico que les permite captar el rebote de las ondas de sonido gracias a un oído superior. Y hay tanta diversidad en ellos que sería imposible hablar de forma separada de cada una de las especies que existen: en todo el mundo hay más de 1.300, y 209 de ellas están presentes en Colombia. De hecho, varios biólogos coinciden en que Colombia ostenta el récord de la mayor variedad de murciélagos, por encima de Indonesia.

El zorro volador gigante de la India (Pteropus giganteus), el murciélago más grande del mundo. Foto: (CC BY-SA 3.0)  MUSE - Science Museum.

 

Entre las ocho especies endémicas que hay en el país está el Saccopteryx antioquensis, un pequeño mamífero que vive en las cuevas del suroriente antioqueño y en el norte de Caldas, en las vertientes de los ríos que dan hacia el Magdalena Medio. “Su hábitat es de los más aporreados”, cuenta Sebastián Cifuentes desde su Villa de Leyva, donde trabaja como investigador en las colecciones del Instituto Humboldt. “Allí no solo hay minería, sino proyectos energéticos que exponen a estas poblaciones a mucho estrés”. Este joven biólogo se emociona contando curiosidades de este tipo de animales. Dice, por ejemplo, que los murciélagos están presentes en todo el territorio, desde los desiertos de La Guajira hasta las selvas húmedas del Chocó y del Amazonas, y desde el nivel del mar hasta los bosques altoandinos. Es un grupo tan variado que hay animales de gran tamaño, como el Vampyrum spectrum o vampiro espectral, un murciélago carnívoro que se alimenta de animales pequeños y que, con las alas abiertas, pude llegar a tener hasta un metro de envergadura, y tan pequeños como todos los del género Lasiurus, que cazan insectos en pleno vuelo.

–Sin embargo, sabemos muy poco sobre murciélagos –dice Cifuentes–, los estudios en Colombia son relativamente nuevos.

Hugo Mantilla-Meluk, director del Centro de Estudios de Alta Montaña de la Universidad del Quindío, es probablemente el colombiano que más sabe sobre murciélagos. Lleva más de 20 años haciendo estudios sobre estos animales y ha participado en la descripción de varias de las especies endémicas que hay en Colombia. Desde su casa en Armenia, donde pasa la cuarentena, recuerda cuando comenzó a realizar expediciones por las selvas del Chocó, antes de descubrir que el centro del departamento era el lugar con más diversidad de murciélagos en el planeta.

–En la selva siempre llueve y hay lugares que registran 12.000 milímetros de agua cayendo –recuerda–. ¡Son 12 metros de agua que caen siempre, uno encima de otro! Cuando no tienes que caminar a una temperatura mayor a 30 grados centígrados, debes soportar tormentas tropicales que no permiten ver a más de dos metros y acostumbrarte a los truenos que hacen vibrar el suelo.

Durante sus expediciones, él y otros investigadores, entre los que estaba Alex Mauricio Jiménez, navegaron por los ríos Atrato y Cabí, y se acostumbraron a caminar y a escalar las cumbres selváticas durante días. En los campamentos, que estaban en medio de la jungla, las tiendas de campaña apenas resistían la lluvia y las exploraciones a veces los llevaban a capturar murciélagos en árboles de más de treinta metros de altura. Finalmente, después de diez años de investigaciones, el grupo logró cubrir más de 180 km2 de selva chocoana y en un solo lugar, el corregimiento de Pacurita, logró describir setenta especies de murciélagos.

El investigador de murciélagos Rodrigo Medellín, mejor conocido como el "Bátman mexicano", observa un Vampyrum spectrum. Foto: Cortesía Rodrigo Medellín.

–Es una esquina privilegiada de selva y agua, donde se encuentra una comunidad afro con una conciencia ambiental enriquecida y donde las palabras “biología”, “diversidad”, “ciencia” y “conservación” no son desconocidas –dice Mantilla–. Además, el lugar fue declarado la primera Área de Importancia para la Conservación de Murciélagos, un título que comienza a garantizar su protección.

Así, la frontera del conocimiento y la conservación de los murciélagos, poco a poco, se ha ido moviendo. Pero aún queda mucho por explorar. Más allá de la biología, otras ramas de la ciencia también se han encargado de estudiar a los murciélagos: en universidades como MIT y la Universidad de Columbia, en Canadá, por ejemplo, se han hecho modernas simulaciones para entender a fondo la aerodinámica de los murciélagos y su forma particular de vuelo, que les permite cambiar repentinamente de dirección. Todo ese conocimiento, eventualmente, se podría aplicar con éxito en la creación de drones o de otros objetos voladores.

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En 1999, hubo una masacre sistemática de murciélagos en Indonesia, Malasia, Vietnam y Tailandia. Después de investigar de dónde provenía una enfermedad letal que les inflamaba el cerebro a las personas afectadas, encontraron que el origen era un virus que provenía de los cerdos de algunos criaderos que estaban rodeados de árboles de mango, donde anidaban unos murciélagos frugívoros llamados zorros voladores: la envergadura de sus alas, que supera el metro y medio, los convierte en los más grandes del mundo. Los gobiernos de esos países comenzaron una guerra total contra los zorros voladores.

Dos zorros voladores. Foto: (CC BY-SA 4.0) Charles J. Sharp - Sharp Photography.

Rodrigo Medellín tiene su teoría de cómo comenzó el contagio: un zorro volador defecó en algún mango o quizá, con su saliva, infectó la fruta; luego, un cerdo se comió el mango infectado y, siguiendo con la cadena, algún ser humano se comió al cerdo y terminó contagiado con el virus Nipah. Sin embargo, cuando se enteró de la masacre, organizó a varios especialistas en murciélagos de todo el mundo y logró coordinar el envío de más de 300 cartas a funcionarios de todo el sudeste asiático. En las cartas, los biólogos contaban que el durián –una fruta apestosa que es uno de los alimentos básicos de la zona y que solo en Tailandia representa ventas por 160 millones de dólares al año– era polinizada por los mismos zorros voladores que estaban acabando.

–La carta decía que matar a los murciélagos era como matar a la gallina de los huevos de oro –recuerda Medellín–. Yo no sé si fue por nuestras cartas o por qué, pero el caso es que dos semanas después habían dejado de matar murciélagos.

Los murciélagos son polinizadores por excelencia. Desde el durián de Tailandia hasta los agaves de México –de donde se extrae el mezcal–, el árbol de ceiba en Colombia y los cultivos de arroz en España están en las “manos” de los murciélagos. Mientras los pájaros dispersan entre una y dos semillas por metro cuadrado cada noche, un murciélago puede dispersar entre dos y cinco, según los estudios que ha hecho Rodrigo Medellín.

–¿Al final pudieron convivir los zorros voladores con los cerdos y la gente?

–Claro, los murciélagos siguen ahí; en todo el mundo los seres humanos coexistimos con los murciélagos por millones. En Ruanda, en más del cuarenta por ciento de las casas, la gente vive con los murciélagos mops, y en ningún caso los molestan.

Fotograma de Batman Begins, de Christopher Nolan (2005).

Los murciélagos, incluso, pueden llegar a establecer alianzas con los seres humanos. En los cultivos de arroz, los murciélagos son quienes controlan los insectos que se comen los tallos. Y desde el siglo XVI, en la biblioteca de la Universidad de Coímbra, en Portugal, hay una colonia de dos especies de murciélagos que mantienen a raya a las polillas que se comen el papel de los incunables guardados en el edificio medieval.

–Nada más en la franja fronteriza entre México y Estados Unidos hay una población de 20 a 40 millones de murciélagos guaneros –que también se encuentran en Colombia– y que juntos destruyen 200 toneladas de insectos cada noche. ¿Cómo se ven 200 toneladas de insectos? ¡Yo no me las puedo ni imaginar!

Y tampoco es posible imaginar cómo funcionaría el mundo sin ellos. No podemos seguir atormentados como el personaje de Los Caprichos, de Goya, que, en sus pesadillas, tiene encima la sombra de un murciélago gigante. El superhéroe más pop de todos los tiempos ha lidiado contra los peores villanos vestido de murciélago. Hay dos escenas emblemáticas de Batman Begins, de Christopher Nolan, la del joven Bruce Wayne rodeado de murciélagos en su futura baticueva y la de Batman escapando de un edificio de Ciudad Gótica protegido por una nube de murciélagos. Tal vez es el momento de mirarlos como aliados y –como dijo Paul McCartney– no como un plato de sopa. En sus cuerpos puede estar el secreto de la cura.

 

TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 158 - MAYO 2020

 

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