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Carlos Vives: regresa el más grande

Carlos Vives: regresa el más grande

Su música siempre produce el milagro de hacer sentir joven al más viejo. Este es el perfil de un juglar que vuelve al escenario.

Carlos Vives

Carlos Vives

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Hernán Puentes

Carlos Vives es un ícono colombiano. Toda una generación creció con él y con sus canciones y sus hijos pequeños, seguramente, tendrán que soportar el asedio de sus compañeros de curso para tener un autógrafo suyo. Vives no se detiene, juega fútbol con "el Pibe" y tiene el espíritu de un Rolling Stone. Su música siempre produce el milagro de hacer sentir joven al más viejo. Este es el perfil de un juglar que vuelve al escenario.

Por: Alejandra López González - Fotografía: Hernán Puentes

UNO

El ídolo de ídolos, el que ha sido galán de telenovela, publicista, comediante, productor, compositor, cantante y futbolista frustrado, es un hombre que no usa loción; odia que le regalen ropa, no le gustan las corbatas, pero cuando tiene que ponerse una lo hace sin chistar; tiene tres bicicletas y a todos sus hermanos y amigos del alma les ha regalado una; es mecatero a morir, ama los chitos, las papitas, las chocolatinas, las frunas de limón, los bombones y las gaseosas; en la nevera de su casa puede faltar cualquier cosa, excepto el agua de panela con limón; hace años sufrió de cálculos en los riñones y esto lo hizo pasar muy malos ratos.

Al pie de su cama tiene una imagen del Sagrado Corazón y de La Milagrosa de Santa Marta y en su mesita de noche casi siempre hay libros de historia. Adora a Cantinflas y tiene toda la colección de sus películas (que uno de sus hermanos le trajo de México). Así es Carlos Vives, el hombre de carne y hueso.

-¿Un recuerdo de la niñez? -pregunta Guillermo Vives.
-Sí, un recuerdo, algo que nunca se te haya olvidado.

-Mi papá nos llevaba al quirófano para que viéramos cuando él operaba -dice cuando por fin levanta los ojos que ha tenido puestos en el teclado de su computador-. El tío Rodrigo y mi papá son médicos. Los demás se dedicaron a la política.

-¿Y veían operaciones así en el quirófano, de corazón y cosas por el estilo?

-Mi papá es otorrinolaringólogo y oftalmólogo, entonces nos llevaba a ver cirugías, pero no de corazón y esas cosas. Veíamos, por ejemplo, cómo le sacaban las amígdalas a alguien... Me acuerdo que nos ponían las baticas, esa ropa..., ¿cómo se llama?
-Esterilizada.
-Eso, esas baticas esterilizadas y tapabocas... Para nosotros era todo un plan. Me acuerdo diciéndole a mi papá: "¿Papi, hoy nos puedes llevar?", pero no siempre se podía...

Un labrador dorado entra a su oficina e interrumpe la conversación.

-¿De niños también tenían animales?
-Como mi papá es médico, muchas veces, en visitas de caridad, la gente le pagaba con animales, esa es la usanza en la Costa. La casa siempre estaba llena de gallinas, patos, monos, loros, perros, gatos, chivos...

De niños, los Vives vivían en una casa grande al lado del mar y de la montaña. Desde muy pequeños los hermanos iban a la Sierra Nevada de Santa Marta y de ahí esa cercanía que tienen con sus paisajes y con los indígenas. Ellos siempre han sido parte de sus vidas.

La casa en donde vivían tenía un patio grande, árboles frutales, lotes y potreros al lado. Con los vecinos de la cuadra se iban de paseo al mar, a pescar, a bucear o simplemente a jugar al fútbol en los potreros cercanos.

La oficina de Guillermo Vives queda en el tercer piso de Gaira, el restaurante-bar que administra y gerencia desde hace 14 años y en el que Carlos entró como socio hace cuatro. Carlos es el encargado de toda la parte creativa, mientras que Guillermo es el que está a cargo de los números y la administración.

-Nunca hemos peleado por cuenta de los negocios, pero a veces tengo que decirle qué podemos hacer y qué definitivamente no.

La casa en donde funciona Gaira, ubicada en la calle 96 con 13 en Bogotá, muy lejos de aquella casa cerca del mar, curiosamente es a la que Aracely Restrepo llegó recién separada con sus cuatro muchachos: Luis Francisco, Carlos, Guillermo y Juan Enrique. Es muy probable que la oficina en la que Guillermo atiende a sus empleados, haya sido hace años la habitación que compartía con Carlos.

-Carlos y yo compartimos la habitación toda la vida hasta los 20 años. A mí no me gustaba mucho la tarea de ir a dormir y como no teníamos televisor en el cuarto, Carlos me contaba historias hasta que yo me quedaba dormido.

Esto quizás explique que, pese a tener dos hermanos más, Juan Enrique y Luis Francisco, la relación más estrecha es la que tiene, justamente, con Guillermo.
-Cuando éramos niños nos reuníamos con todos los amigos de la cuadra en Santa Marta, mi mamá siempre prefirió que los otros niños vinieran a la casa y no que nosotros estuviéramos en las casas ajenas, así que todos los de la cuadra nos reuníamos en la terraza de mi casa a oír Kalimán en el radio. ¿Te acuerdas de t? Creo que ese es el recuerdo que siempre llevo conmigo.

DOS

La imagen es la siguiente: un niño de unos seis años, metido en un disfraz de lucha libre -con una máscara que le cubre el rostro-, sale corriendo a la calle, se choca contra un poste y se abre la cabeza. Hay sangre, hospital y puntos. Y hay una cicatriz en una ceja.

-Todavía, si tú te fijas bien, puedes verle la cicatriz -dice Aracely Restrepo, la madre de Carlos, una mujer menudita próxima a cumplir los 80 años, con el pelo plateado que habla pausado y cuando se emociona, deja salir un acento costeño, a pesar de ser paisa.

-Entrada la adolescencia, Carlos ya era un soñador enamoradizo que les daba serenatas a las amigas y a las novias de sus amigos.

De aquella época, cuando los Vives ya vivían en Bogotá, Aracely recuerda las clases con el profesor Quiñones y con el profesor Piedrahíta (quien hoy día vive en Brasil), los dos maestros privados que llegaban todos los días a las seis de la tarde a dictarles dos horas de matemáticas a Carlos y a Guillermo.

-Era malo para las matemáticas -dice-. Pero jamás perdió un año. Se graduó de bachiller a los 18 años.

Uno de los momentos más recordados por Aracely es el día en que Carlos se graduó de publicista de la Universidad Jorge Tadeo
Lozano.

-El auditorio estaba llenísimo, y por el apellido, a Carlos le tocaba recibir el diploma casi de último. Cuando por fin dijeron su nombre todo el auditorio se puso de pie y toda la gente empezó a aplaudir fuerte. Ese día tuve un sentimiento de orgullo y de alegría muy grande.

Carlos tiene fama de desprendido. Casi todos sus amigos lo definen como alguien sumamente generoso con sus conocimientos y con lo que tiene, incluso con las cosas materiales. Su madre recuerda que en la época de la universidad llegaba gente de la calle a tocar a la puerta de la casa.

-Doña Aracely que Carlos le manda a decir que los tenis tales o los patines tales, que están en tal parte, son para mí -recuerda-. Él regala todo. Es feliz regalando.

El fútbol. Ese es el otro recuerdo que Aracely saca a flote. Carlos es hincha furibundo del Unión Magdalena (así no gane nunca) y para él, el Mundial de Sudáfrica se acabó el día en que eliminaron a Argentina y a Brasil. Es casi un hecho que irá al Mundial de Brasil junto a su familia en el 2014.

-Es enfermo por el fútbol. Para él no hay nada mejor. Incluso hace cuatro años vino Carlos Enrique, su hijo, a celebrar el cumpleaños acá en Colombia y en lugar de hacer una fiesta o una reunión en la casa, alquilaron una de esas canchas y se fueron a jugar al fútbol cinco horas con la familia y los amigos.

TRES

El día que "el Pibe" Valderrama le dijo adiós al fútbol colombiano reunió a sus amigos más cercanos para jugar un partido de fútbol con ellos. En ese partido, que tuvo como director técnico a Hernán Darío Gómez, jugaron, entre otros, José Luis Chilavert, Enzo Francescoli, Jorge Campos, Iván Zamorano, Faustino Asprilla, Iván René Valenciano, Adolfo Valencia, "el Pipa" de Ávila, Leonel Álvarez, "el Chicho" Serna y... Carlos Vives.

Carlos Vives, quien se enteró por su hermano Juan Enrique de que el Pibe lo andaba buscando para invitarlo a jugar con él en su despedida, reconoce que ese, sin duda, ha sido el partido de su vida.

Fue el 1º de febrero de 2004 con el estadio Metropolitano de Barranquilla a reventar, más de 30 grados de temperatura, y uniforme blanco. Diego Armando Maradona (al que Vives idolatra) vio el show desde una de las tribunas. Ese día jugó como medio izquierdo adelantado -con el apoyo de Leonel Álvarez, que no lo desamparó durante el tiempo que estuvo en la cancha-.

Claro, el mismo Vives ha contado que lo sacaron del partido al terminar el primer tiempo luego de haberse comido un gol de manera inexplicable. Haber mandado esa pelota por encima del palo, mientras Chilavert la veía pasar asombrado, es algo que aún lo desvela y la anécdota le costó años de burlas en su natal Santa Marta.

De todas formas, al final del partido Vives dio la vuelta olímpica a petición del público y la anécdota y la foto quedan para siempre como el hecho más digno de mostrar en su hoja de vida de futbolista frustrado.

Vives es amigo personal del Pibe. Cada vez que se encuentran se van a jugar un picadito a Pescaíto, Gaira o al Country Club de Santa Marta. No puede ser casualidad que ambos se llamen Carlos Alberto, ambos tengan las mismas iniciales: CAV, ambos hayan nacido el mismo año (1961), ambos sean samarios, ambos hayan crecido en el mismo lugar y ambos sean ídolos e íconos para varias generaciones.

-Carlos es mi hermano, él sabe que cuenta conmigo, cuando estamos en Santa Marta, siempre me llama. Yo sería incapaz de decirle "Pibe llévame a jugar", pero él me invitó a su partido de despedida. Yo le sacaba el cuerpo, pero al final jugué.
-¡Y se comió un gol hecho!
-Chilavert me asustó, ¡pa qué!  

CUATRO

Egidio Cuadrado pasa la mayor parte de su tiempo en su finca en la vereda de Tobia, cerca de Villeta. Allá tiene gallinas y pollos criollos y hasta esa casa han llegado las grandes leyendas del vallenato. Incluso el maestro Rafael Escalona, antes de morir, hizo varias parrandas memorables en ese lugar. Pero por esas cosas del destino Carlos jamás lo ha visitado ahí.

Egidio es el músico más cercano a Carlos. Es su acordeonista, su escudero, su compañero incondicional. Su carrera musical ha estado permanentemente cerca de él. Juntos hicieron Escalona, aquella serie de televisión que le partió la vida a Vives en dos. Desde entonces, Carlos y Egidio han sido inseparables y Egidio ha estado en todos los discos que ha grabado La Provincia, y obviamente en todas las giras que han hecho hasta hoy.

Por esas ironías de la vida, quizás lo que más los ha acercado, más allá de la carrera artística que han hecho de la mano, ha sido la muerte de Heberth, el hermano de Egidio. Era la mitad del año 1997, estaban en plena grabación del disco Tengo fe (el tercer álbum de Vives que siguió a La tierra del olvido), después de una jornada larga de trabajo en los estudios de Sonolux, decidieron ir a jugar al fútbol para liberar el estrés. Todo iba bien, ya nadie recuerda cómo iba el marcador, cuando Heberth Cuadrado cayó al suelo y quedó inmediatamente inconsciente.

El partido se detuvo, todos corrieron a auxiliarlo, Carlos intentó reanimarlo, le dio respiración boca a boca, le hizo masajes en el pecho, mientras el resto de los integrantes de la banda miraban impotentes. Luego lo subieron a la camioneta de Gaira, arrancaron a mil para la clínica San Pedro Claver, pero al llegar a la puerta, Heberth ya estaba muerto. Esa es la razón por la que Tengo fe, que fue lanzado en agosto de 1997, está dedicado a su memoria.

Con ese álbum, La Provincia tuvo alrededor de 80 conciertos. De hecho, desde que Vives comenzó su carrera musical ha realizado casi mil conciertos; ha tocado, además de Colombia, en la mayoría de los países de Latinoamérica, en Estados Unidos y en Europa; ha vendido más de 12 millones de discos en el mundo; ha ganado más de treinta premios, incluido el Grammy Anglo y cuatro veces el Grammy Latino.

Ha obtenido discos de oro, platino y diamante. Vives fue el primer artista colombiano en generar ventas de un millón de discos con una sola producción en su país natal. El disco de la banda sonora de la telenovela Escalona ha sido uno de los más vendidos en la historia de Colombia y su más reciente trabajo, Clásicos de la Provincia II, vendió 42.000 unidades en un solo día.

Vives -además- es considerado por la crítica especializada como el creador de un género musical que posteriormente fue imitado por toda una generación de artistas y fue quien le abrió el camino internacional a megaestrellas como Juanes y Shakira.

Carlos Iván Medina, el tecladista de La Provincia, quien también ha estado junto a Vives casi desde el principio, coautor de canciones como "Tengo fe", "Interior", "Déjame entrar", "Como tú", "El rock de mi pueblo", "Qué tiene la noche", entre otras, conserva en su memoria los días en que se reunían en el apartamento de Carlos ubicado en la calle 71, en Rosales, al norte de Bogotá, frente a la quebrada La Vieja.

-Carlos tenía un piano, que es el piano que hoy día está en Gaira y en ese apartamento ensayábamos horas, días enteros. Tomábamos tinto, agua de panela con limón, a veces el mismo Carlos, que es un excelente cocinero, cocinaba para todos y fumábamos Marlboro rojo como locos.

En ese piano y con la quebrada La Vieja como testigo, se compusieron casi todas las canciones de La tierra del olvido y Tengo fe.

Carlos Iván, además, ha compartido con Carlos su afición, que es casi una fiebre, por el rock argentino (Charly García, Nito Mestre, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porchetto o David Lebón) y su gusto por la música colombiana de todas las corrientes.

-Carlos es un apasionado por lo local y quizás esa sea la razón por la cual jamás ha cantado en inglés y aún se resiste a hacerlo. Simplemente no le interesa -comenta Carlos Iván.

Vives explica que se ha sumergido en la música colombiana, se ha alimentado de la diversidad rítmica del país, "hemos encontrado códigos nuevos que nos conectan con las cumbias, con las champetas, con los chandés, con los vallenatos..., al final nuestro trabajo es haber encontrado en el lenguaje del rock and roll, de las baterías, de las guitarras eléctricas, de los bajos, conexiones para esos ritmos tradicionales.

No nos despegamos de los ancestros o de las raíces, pero tenemos códigos nuevos", dice.

-Mi resistencia a cantar en inglés -continúa- no es ningún complejo, es simplemente una circunstancia, cantar en inglés no ha sido muy natural para mí. Nunca he pensado que lo pueda hacer bien y hay gente que lo hace muy bien; tampoco he tenido aspiraciones de crossover ni ha estado en la naturaleza de mi vida.

CINCO

Hoy en día, a los 51 años de edad recién cumplidos (nació el 7 de agosto de 1961), Carlos Vives vive con su esposa Claudia Elena Vásquez y sus hijos Elena (de cuatro años), Pedro (de dos) y Carlos Enrique (de veinte años, hijo de su segundo matrimonio con la puertorriqueña Herlinda Gómez).

Son una familia normal, con las rutinas de todas las familias: los niños al jardín, Carlos Enrique a la universidad (estudia Administración de Empresas en la Sergio Arboleda) y Pedro, el chiquitín de dos años, pateando el balón con su papá cada vez que pueden en los espacios que encuentran medio libres en la casa y estrenando además el uniforme del Unión Magdalena que su padre -por supuesto- ya le regaló.

-La historia del Unión siempre ha estado vinculada al Cali o al América. Cuando el Unión fue campeón en el 68 le ganamos al Cali, cuando casi fuimos campeones nuevamente en el 79 fue con el América y este año con el América... El Unión es un dolor -dice Vives realmente emocionado.

La familia salta de Medellín (donde vive la familia de su esposa) a Santa Marta (en donde aún vive su padre) y Carlos se debate entre las arepas de huevo costeñas y las arepas de maíz paisas. Ama la comida de ambas regiones. Pero Carlos Vives además es un amante de la fría Bogotá. Y en Bogotá lo han visto sus fans montando en bicicleta temprano en las mañanas por la Circunvalar o caminando por la calle o haciendo mercado como cualquier paisano.

Su hija Lucía hoy tiene 17 años. Ella es el otro amor de su vida. Vive en Puerto Rico, junto a su madre Herlinda, y está terminando el bachillerato. Quiere estudiar Derecho, pero es hija de tigre, así que también es muy musical. Toca bien el piano y le encanta cantar. Le fascina Nueva York, tanto que una vez le pidió a su padre de regalo de cumpleaños que se fueran juntos, los dos solos, a esa ciudad.

Contrario a lo que muchos piensan, Vives no se parece en nada a los rock stars que andan en yates, aviones privados, helicópteros y apartamentos lujosos en Nueva York o Londres. Tiene, eso sí, su apartamento en Bogotá y es socio de Chairama, el spa que gerencia su esposa, y que fue bautizado así en honor de un pueblo tayrona.

SEIS

El día que le entregaron las primeras mezclas terminadas del primer sencillo de su nuevo disco, Vives a duras penas podía hablar. La voz casi no le salía de la garganta y parecía que de un momento a otro iba a ponerse a llorar.

-Es que imagínate, son muchos años de trabajo. Con La Provincia a veces tocamos y estamos juntos, pero tener un proyecto con canciones nuevas, grabar un disco, volver a tener a Egidio en estudio y a todos y a cada uno de la banda, sentir lo que hemos crecido con la música, sentir que no hemos dejado de hacer lo que hemos hecho desde el principio, por eso... ¡imagínate lo que significa regresar! Es muy emocionante.

Estoy muy contento y para que yo te diga esto es porque de verdad es así. Yo nunca estoy contento ni satisfecho con mis cosas. Nunca he sido una persona que haya quedado completamente satisfecho con lo que hace, pero este nuevo disco me tiene feliz -dice Vives.

Desde hace dos años su vida ha estado volcada en la preparación de su nuevo disco, "es mi propuesta, son los patrones de la nueva música colombiana. Este disco lo siento más fuerte, más contundente porque ha pasado el tiempo...".

Su cabeza está centrada en este proyecto. Vives regresa a lo suyo de la mano del expresidente de Universal Music Latino, el empresario y representante Walter Kolm y con Andrés Castro, su gran amigo, como productor.

-Para mí, hacer parte de este proyecto con Carlos, es una oportunidad para aprender y volver a la complejidad de lo básico. Cada cosa que hacemos tiene un porqué. La música es una materialización de sentimientos. Primero hablamos, recordamos historias, sentimos (alegría, nostalgia, y todo lo que va pasando en nuestras vidas) y luego viene la música, que trae implícita su propia letra, y Carlos la descubre con gran facilidad.

A todo esto, que hacemos con tanto cariño, le buscamos el mejor sonido, buenos estudios e ingenieros, y por supuesto la magia de La Provincia, para que el sentimiento quede como lo escuchamos en el momento de hacerlo -cuenta Andrés Castro, productor y uno de los amigos más cercanos de Carlos.

El disco completo será presentado en el 2013, tendrá 12 temas, entre ellos una canción dedicada a su natal Santa Marta, "porque queremos lo mejor para Santa Marta", dice. Según Vives, este disco se siente más joven que todos sus discos anteriores. "Yo tengo un amigo samario en Miami, se llama Juan de Luque, y después de grabar los coros de este nuevo disco, me dijo: ¿sabes qué? Yo siento una evolución en este disco. Y le digo: 'ajá, ¿de verdad?, ¿y cuál es la evolución?'. Y me dice: 'está más joven'. Y yo le digo: 'entonces la evolución es ¡pa atrás!' Cuando nos vamos haciendo viejos, todos vamos corriendo pa atrás".

Todas las canciones son inéditas y todas originales de Vives, y el próximo año habrá una gira mundial que incluirá América Latina, Estados Unidos y Europa.
-Todo se lo debo a ella -dice señalando a Claudia Elena. "Claudia de Colombia", como le dice él.

Y ella se ríe, le da besos y cuenta que, contrario a lo que se podría pensar, vivir con él la concepción de un disco es lo máximo. "Es cero neura, 'se la solla' totalmente. Me muestra las letras de las canciones, me las canta, se sienta y cambia cosas, es supercharro, porque a veces se levanta a las dos de la mañana y yo le digo: '¿adónde vas?'. Y él me contesta: 'a escribir una cosita' o 'espérame que se me ocurrió una melodía'".

-Si tuviera que definir a Carlos lo definiría como una persona trabajadora, hiperactiva, dinámica, creativa, que piensa en veinte mil cosas al mismo tiempo. Entrar al mundo de Carlos Vives es como llegar a Walt Disney -sostiene Claudia Elena.

Los días de Vives generalmente empiezan a las cinco de la mañana, a esa hora hace algo de ejercicio, sale a correr (le fascina correr. Corre cada año las carreras 10K de Barranquilla y de Bogotá y lo logra en 50 minutos). Algunas veces, cuando corre, lleva una grabadora y graba melodías tarareadas.

Ahora que anda en el rollo del nuevo disco ha pasado mucho tiempo en el estudio de grabación. Su rutina se ha trastocado y se ha vuelto más nocturno, pero a pesar de eso no ha dejado de lado todo lo que adora: su familia, Gaira, el fútbol, Santa Marta, la bici, el baile, el ejercicio, sus amigos, su música y sus libros. Ahora anda leyendo Mujeres libertadoras, de Enrique Santos Molano y las obras completas de Eduardo Caballero Calderón.

Cuando no está de gira, cuando no anda produciendo algún disco (propio o ajeno), cuando no está dando algún concierto, Carlos Vives es un tipo talla L, poco trasnochador o rumbero que se acuesta a las nueve de la noche; un tipo que todavía guarda en su clóset unos Converse viejos que compró cuando nació su hijo Carlos Enrique; un tipo que les prepara batidos con yogur, frutas y helado a sus hijos a la hora del desayuno; un tipo que reza junto a sus músicos antes de cada concierto; un tipo al que la fama ya lo tiene sin cuidado y que prefiere no ver ni leer nada de lo que se escribe sobre él; un tipo que no ve noticieros porque no le gustan las noticias tristes y tampoco ve películas violentas; un cocinero experto al que le encanta hacer asados; un tipo que todavía guarda la cadenita de oro italiana con la medalla de la Virgen que su padre le regaló cuando cumplió 15 años; un tipo para el que su familia es lo primero y lo último.

Cuando no está encerrado con sus músicos inventando cosas nuevas, Carlos Vives sencillamente es un hombre de carne y hueso.

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