Memorias de una dominatrix

Memorias de una dominatrix

Un relato sobre dominio y erotismo en el que la dominatriz alemana Virginia Nox demuestra que el BDSM puede ser una experiencia muy sofisticada.

Memorias de una dominatrix

Memorias de una dominatrix

Foto:

Ricardo Pinzón

23 de junio 2020 , 07:31 p. m.

Virginia Nox siempre quiso dominar a los hombres. Cuando tenía 18 años descubrió el BDSM –el estilo de vida que reúne prácticas como la dominación, el sadomasoquismo, la sumisión, la disciplina y el bondage– y desde entonces no se ha cansado de explorar nuevas maneras de disfrutar al máximo todo lo que, para ella, implica el erotismo. Es alemana, vive en Düsseldorf y trabaja como dominatriz profesional en varias ciudades de Europa. El fotógrafo Ricardo Pinzón lleva varios meses trabajando con ella para documentar el mundo del BDSM, y en esta sesión, realizada justo cuando comenzó la pandemia, captó los mejores momentos de una videollamada con fotos directas a la pantalla del computador. Además, Virginia relató por qué, para ella, dominar es un placer.


Tal vez conozcas el estereotipo del hombre de negocios que necesita experimentar todas las sensaciones que no puede tener en su vida cotidiana, el típico jefe que quiere saber qué se siente estar, de vez en cuando, sin tener el control. Muchos hombres me buscan por eso, pero la verdad es que cada uno tiene sus propias razones. La sumisión, en el fondo, se trata de perder la voluntad sobre ti mismo y confiar en otra persona para que te guíe con cuidado, te lleve hacia alguna sensación y maneje tus deseos. Pero no te confundas; en un encuentro no es lo mismo ser sumiso que ser pasivo: una dominatriz como yo, por ejemplo, puede ser pasiva si su sumiso –o sub– tiene un deseo de servicio tan fuerte que cumple con mis órdenes sin que sea necesario actuar ni castigar. Aunque, por lo general, los hombres que se rinden en la sumisión son humildes y cometen errores. Algunos, incluso, lo hacen intencionalmente, entonces ellos deben ser engañados en nombre del placer, porque, como dice esa canción: “Girls just want to have fun”. ¿Verdad?

Foto: Ricardo Pinzón

Todo esto hace parte del BDSM, un mundo tan diverso como los individuos que lo practican. Lo primero que piensas cuando escuchas la palabra “sadomasoquismo” es todo lo que implica el impact play, que es golpear o dejarte golpear por tu pareja. Eso fue lo que al principio me excitaba del BDSM y es lo que todavía me excita de mayor manera. Mis primeras fantasías eran algo inocentes y consistían, principalmente, en bondage: imagínate una chica que tiene un crush por un chico y, tratando de entender lo que siente, fantasea en todo lo que le podría hacer sin que nadie la interrumpa. ¡No podía dejar de pensar en eso! Pero estaba abierta a experimentar y por eso, antes de convertirme en una dominatriz, quise explorar mi lado sumiso. Realmente lo disfruté –sé lo que significa entregar el control–, pero cuando me di cuenta de que la mayoría de los hombres eran sumisos frente a mí, reconocí mi llamado: disfruto al máximo el poder físico que ejerzo, me complace de una manera que todavía no puedo explicar de una manera adecuada.

Ahora, si te preguntas cómo alguien como yo pudo convertirse en una dominatriz, puedo decirte que el conocimiento vino naturalmente, pero hubo muchas prácticas específicas que debí entrenar hasta dominarlas por completo: el BDSM, con todos sus trucos técnicos y sus gadgets, puede llegar a ser peligroso, pero una vez dicho eso, el deseo de asumir riesgos, combinado con la empatía y con un buen sentido de la seguridad, además de la tenacidad y, claro, la pasión, es todo lo que se necesita.

Foto: Ricardo Pinzón

Otra parte importante del BDSM son los juegos de rol eróticos. Convertirme en una doctora, una profesora, una agente inmobiliaria o una novia enfadada –solo por dar algunos ejemplos de los que más me divierten– también me llamó la atención. Estas son situaciones más relajadas físicamente que algo como el bondage, pero exigen un gran reto psicológico que ofrece un gran potencial de encuentros intensos y pasionales para mí.

Si te interesa este mundo tal vez hayas escuchado hablar de los calabozos, o dungeons. Muchos de estos lugares son espacios de trabajo profesional para dominatrices, pero hay otros que son clubes privados que se pueden alquilar para hacer sesiones o fiestas. Los hay de todas las formas: algunos son de la vieja escuela, tienen colores oscuros y parecen mazmorras, pero también hay otros que son llenos de luz y muy coloridos. Pero el diablo está en los detalles. La mayoría de dungeons tiene un enorme arsenal de equipamiento disponible para practicar sesiones de BDSM: lugares para atar a tu sub, cruces de San Andrés [una plataforma en forma de X con correas para sujetar a alguien], jaulas, asientos ginecológicos, látigos, cadenas, etc. Nada de esto es absolutamente necesario para tener una sesión de BDSM, pero todo está ahí, ciertamente, para ofrecer un escenario. Y sí, hay música, que siempre añade algo a la escena. En medio de una sesión se escuchan risas, música fuerte, susurros, latigazos, gritos, lágrimas, gemidos… Todo lo inherentemente natural al ser humano: dolor, alegría y gritos de placer.

Y, claro, lo bueno de tener este tipo de lugares es que los vecinos no es que disfruten mucho tener este tipo de ruidos, ¿verdad?

Foto: Ricardo Pinzón

Para mí, los dungeons son campos de juego. En los más grandes, donde trabajan varias dominatrices, hay habitaciones que tienen distintas temáticas: imagínate en un juego de roles, como el de la clínica y la enfermera, y piensa en una habitación totalmente equipada para tener un look absolutamente auténtico. Pero también puede ser divertida la suite de un buen hotel, con un interior sobrio, paredes gruesas y mi maleta llena de gadgets. ¡Eso también tiene su encanto! Al final, todo es cuestión de gusto personal.

Creo que los fetiches, consciente o inconscientemente, juegan una parte muy importante en el erotismo. Yo diría que los principales son los zapatos, el látex y el nailon. Solo imagínate estar desnudo frente a una mujer que te gusta o que idolatras y que está completamente vestida. ¿Qué te suscita? Piénsalo bien: la ropa es, por su misma definición, una provocación. ¿Acaso la hoja en el vientre de Eva no era consecuencia de haber probado la fruta prohibida? Si te gustan las mujeres que se visten de una manera particular lo que tienes, más o menos, es un fetiche. Antes se decía que los fetiches eran algo así como una desviación sexual, pero hoy el término pierde esa connotación oscura porque los humanos empezamos a darnos cuenta de que somos más complejos de lo que creíamos.

En mi caso, vestirme adecuadamente enfatiza mi sentimiento superior, de convertirme en una diosa, que tengo por ser una dominatriz. Porque, para mí, la dominación se trata de expresión, de exageración sexual y de provocación. Aparte de eso, no me gusta caer en clichés ni en convenciones. Al contrario, me gusta romper esquemas y por eso en ocasiones he tenido sesiones en las que estoy totalmente desnuda, algunas veces con personas totalmente desconocidas, solo porque yo he querido, y si les permito tocarme es solamente con su lengua y en la suela de mis pies.

Foto: Ricardo Pinzón

Hoy, mucho del BDSM está sucediendo en el mundo digital. Creo firmemente que la virtualidad es una muy buena manera de dar los primeros pasos si eres un principiante absoluto y quieres explorar cosas nuevas. Pero es mejor experimentarlo en carne propia: la conexión física y el intercambio de poder solo suceden en la vida real. ¿Cómo podrías sentir ese hormigueo que recorre tu espina dorsal cuando una dominatriz camina lentamente alrededor tuyo mientras estás arrodillado y con los ojos vendados, sin saber cuándo ella va a hacer el siguiente movimiento? Además, el bondage no sería posible en el mundo virtual, ¡y nalguearte a ti mismo no tendría ningún sentido!
Sin embargo, desde que la pandemia del coronavirus llegó a Europa tuve que dejar de viajar y volcarme al mundo digital para mantenerme en contacto con mis subs. A los más cercanos los llamo para estar con ellos en estos momentos tan retadores. Pero, como dije, no es lo mismo. Para mí, va a ser un alivio absoluto y habrá momentos muy felices cuando todo esto acabe.

Así que, si te interesa el BDSM, tómate tu tiempo. Disfruta el proceso de descubrir y trabaja siempre en tener una buena comunicación con tu contraparte. Irás descubriendo tus propios fetiches. Y descubrirás, como yo lo hice, que cada conexión trae experiencias nuevas y profundas, con más cosas que quedan por explorar. El BDSM es un proceso de aprendizaje que nunca se acaba y por eso es tan interesante y excitante para mí: siempre aprendo de mis subs tanto como ellos aprenden de mí.

Foto: Ricardo Pinzón

VIRGINIA NOX
FOTOGRAFÍA RICARDO PINZÓN
REVISTA DONJUAN
EDICIÓN 159 - JUNIO 2020

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