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La tenista Cata Castaño superó el desafío más difícil de su vida
Valientes mujeres que han enfrentado el cáncer de seno

La tenista paisa Catalina Castaño decidió dejar su carrera por un tiempo para enfocarse en su salud. En el 2015, luego de varios meses de tratamiento, la deportista superó la enfermedad.

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Juan Diego Buitrago / EL TIEMPO

La tenista Cata Castaño superó el desafío más difícil de su vida

Una de las más emblemáticas deportistas de Colombia recuerda cuando le diagnosticaron cáncer de mama

En la cancha era una guerrera. Corría hasta la última bola sin importar que estuviera perdiendo por un gran margen de diferencia. Su derecha tenía esperanza y combatividad. Se dio el gusto de jugar los cuatro torneos de grand slam y ser la 35 de la clasificación mundial de la WTA (Women’s Tennis Association). Uno de sus rasgos físicos más característicos era ese cabello largo y dorado, ese mismo que unos años no la acompañó, mientras ella luchaba contra el rival más fuerte que enfrentó: el cáncer de mama. La tenista colombiana Catalina Castaño es una fiel muestra de positivismo y de que sí se pueden superar épocas difíciles.

Aunque lo inesperado llegó. Empezó con una sensación constante de agotamiento que encendió las alarmas. De hecho, Catalina recuerda que estaba sintiéndose muy cansada desde agosto del 2013, en los meses previos al diagnóstico del cáncer de seno. En ese momento había perdido en el US Open la ronda de clasificación. En Nueva York hubo un día en que le sangró la nariz. Recuerda que habló con las fisioterapeutas y les contó su situación.

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“En enero del 2014, yo compartía cuarto con Mariana Duque, porque estábamos disputando la Copa Confederación, y le dije que me sentía muy mal y tenía una bolita en el seno. Ella y el cuerpo técnico me dijeron que me hiciera un chequeo, la situación no era normal”, aseguró Catalina antes de recibir la fuerte noticia sobre su cáncer.

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“En febrero sentí unas punzadas en el seno muy fuertes. En ese momento yo estaba en una gira jugando tenis profesional en Brasil. Cuando terminé el evento le conté a mi mamá que me estaba doliendo y ella me llevó a hacer los exámenes. Una semana después me entregaron los resultados, y el 11 de marzo del 2014 confirmé que estaba enferma. Tenía 34 años”, contó.

Una semana después me entregaron los resultados, y el 11 de marzo del 2014 confirmé que estaba enferma

Esto fue un baldado de agua fría para Castaño, quien, más allá de esta tragedia que comenzaba a afrontar, jamás se resignó a poder ganar este match point que le puso la vida. Sabía que debía mantenerse positiva.

“Fue un momento difícil, porque estaba activa, estaba pensando en el retiro, pero mi fortaleza viene de Dios, a él le doy la gloria. Mi familia, mis amigos, todo el país me acompañó en una noticia que le dio la vuelta al mundo. Cuando recibí la noticia pedí fortaleza a Dios y al mundo. Fue un suceso sobrenatural y, a pesar que estaba pasando esa situación de luchar por mi vida, siempre fui muy positiva, echaba bromas, chistes… salía calva sin ningún tipo de complejo. Siempre he sido así, de tratar de ver las cosas positivas, que al final sale uno diferente y Dios me fortalece”, añadió.

Fue un suceso sobrenatural y, a pesar que estaba pasando esa situación de luchar por mi vida, siempre fui muy positiva, echaba bromas, chistes…

Una vida de éxito

Con esta filosofía había construido una carrera brillante. Debutó como profesional a los 18 años, ganó un torneo WTA y 5 ITF. Alcanzó un récord de 421 victorias contra 369 derrotas. Sus mejores resultados en torneros grandes fueron las segundas rondas en Roland Garros y el US Open. Pero más allá de cualquier resultado positivo, lo más importante fueron su carisma y su don de gente. Una tenista muy querida dentro del circuito.

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“A mí siempre me gustó estar en el Tour, jugué mucho tiempo tenis. Desde los 18 hasta los 33 sin parar. Nunca tuve una lesión. También se viven momentos difíciles, como en todo”, le dice a EL TIEMPO.

“El tenis me apasionaba, pero sí se debe decir que se vive una vida solitaria. Uno es el que tiene que hacer todo, porque, claro, cuando uno está muy arriba tiene su mánager, pero cuando no, con el entrenador toca empujar ese carrito”.

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Quizá no fue la mejor tenista del mundo, pero junto con Fabiola Zuluaga abrió el camino del tenis femenino en Colombia. Además, siempre se valoró toda la entrega. Sabía que podía estar en desventaja, pero nunca ocultó su raqueta de la pelota y siempre intentó de una y mil formas ir al frente en todos los partidos. Hasta que las fuerzas la dejaron lo dio todo.

“Anécdotas habrá muchas. Recuerdo, especialmente, cuando enfrenté en Wimbledon a Martina Navratilova, ex número uno del mundo, múltiple ganadora de torneos de grand slam, y yo previo al partido que debía ganarle, porque ella ya estaba de salida. Recuerdo que me pegó un baile. Me venció por 6-0, 6-1, me paseó por toda la cancha y al otro día estuve en todos los periódicos de Londres por lo que había dicho”, narró.

Castaño sabe que no le quedó, como jugadora, ninguna deuda pendiente. Ganó lo que pudo, y lo importante para ella fue haber respetado el deporte entregándose al máximo.

“Siempre digo que gracias a Dios siempre di mi máximo, no me arrepiento de nada; cometí errores, como todos. Era obvio cometer esos errores. Estoy segura de que lo hice bien, que no vuelvo porque di el 110 por ciento. Puedo decir que hablo con Venus Williams, Kim Clijsters y Martina Hingis. Todas reconocieron mi trabajo dentro del tenis”, relata.

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Estoy segura de que lo hice bien, que no vuelvo porque di el 110 por ciento.

¿Por qué yo?

Esa vitalidad tuvo un viraje con el diagnóstico. Las reacciones ante una noticia de estas varía de una persona a otra. Saber que se empieza una carrera contrarreloj para salvarse de la muerte es indescriptible. En el caso de Catalina, entró en una fase de no aceptarlo y buscó una segunda valoración.

“Me hice los exámenes en Pereira, pero entré en una etapa de negación. Por eso viajé a Bogotá para hacerme los exámenes otra vez”, dice.

“Les sorprendió que me doliera: por lo general esta enfermedad es silenciosa. En medio de todo hubo algo bueno: la detección fue temprana. Es que uno nunca se imagina que esto le puede pasar. Además, siendo deportista, mi vida era muy sana. Nunca he tomado ni fumado y mi alimentación siempre ha sido muy equilibrada. Por eso me preguntaba: ¿qué hice de malo? Por eso la negación. Incluso llegué a pensar que se habían equivocado”, recuerda.

Además, siendo deportista, mi vida era muy sana. Nunca he tomado ni fumado y mi alimentación siempre ha sido muy equilibrada. Por eso me preguntaba: ¿qué hice de malo?

Ya con la cabeza en alto y sabiendo que debía afrontarlo, quiso estar muy feliz y positiva, pero siempre hubo momentos desatinados en los que le destruían su alma y podía entrar en lapsos de bajo estado de ánimo.

“En un momento, todos los periodistas me buscaban, tomaba fuerzas para dar las entrevistas. A diario daba tres o cuatro entrevistas. Sacaba fuerzas para demostrarle al país que se podía sacar adelante esto. Pero algunas personas me sacaban estadísticas de cuantas personas se morían por este cáncer en el mundo, si Dios me iba a sanar. En esos momentos recordaba que mi oncólogo decía que tenía que hacer que esos comentarios me resbalaran. Yo no le creo al hombre, sino a Dios. Pese a esas entrevistas imprudentes, la gente me vio de otra manera, de guerrera”, cuenta con un tono de voz de seguridad.

Yo no le creo al hombre, sino a Dios. Pese a esas entrevistas imprudentes, la gente me vio de otra manera, de guerrera

Resiliencia

Catalina fue muy juiciosa a la hora de ir a las quimioterapias, saber resistir el dolor, porque en su mente estaba que se iba a recuperar pronto, y así fue. “A las quimioterapias me preparaba como para las competencias: me iba con una sudadera cómoda, dejaba lista mi cama para llegar y reposar. Además, tomaba mucho líquido, cortaba los lácteos tres días antes y me acostaba temprano. Era lo mismo que hacía como deportista antes de una competencia”.

Y fue así, con disciplina y mentalidad positiva, que terminó ganando esta batalla. “La verdad que obviamente a mitad de año del tratamiento me hice un examen para revisar, fui con mi papá, uno está positivo, pero le da susto; y cuando me dijeron que está todo limpio eso fue una bendición. Me arrodillé, agradecí y canté la canción de Pharrell Williams Happy”.

Hoy, Catalina lleva una vida normal y solo recomienda seguir a Dios y ser positivos.

FELIPE VILLAMIZAR M.
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @FelipeVilla4

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