Qué le falta a Tiger Woods para ser el mejor de la historia del golf

Qué le falta a Tiger Woods para ser el mejor de la historia del golf

Con el Masters tiene 15 'Majors', tres menos que Jack Nicklaus. A los 43 años, aún puede alcanzarlo.

Tiger Woods

Tiger Woods celebra su triunfo.

Foto:

AFP

Por: Gastón Saíz (La Nación, Argentina, GDA)
15 de abril 2019 , 09:49 p.m.

Hasta se decía livianamente, sin pestañear: “No hay dudas de que Tiger Woods superará los 18 majors de Jack Nicklaus”. Sin embargo, luego de la conquista del US Open 2008, a sus 32 años, el astro debería atravesar innumerables obstáculos de toda índole, desde problemas familiares hasta lesiones que lo dejaron mucho tiempo inactivo, sumado a los sinsabores propios del golf.

Aquella imagen inmaculada del deportista intratable, que acababa de conseguir su 14.º título de grand slam, mutó en un golfista en completa retirada, casi dando pena y arrastrándose. Las opiniones fueron lapidarias, a tal punto que Brandel Chamblee, exjugador y comentarista de Golf Channel, llegó a decir: “Veo a Tiger y no puedo dejar de pensar que parece un anciano”. Fue después de retirarse del Desert Classic de Dubái, en febrero del 2017.

Desde su triunfo en Torrey Pines el 16 de junio del 2008 hasta este domingo de ensueño en Augusta pasaron 10 años, nueve meses y 27 días; nada menos que 3.954 jornadas sin la caricia de un gran campeonato. Un collar de frustraciones para quien ocupó la cima del ranking mundial durante 683 semanas, más que los cinco siguientes juntos (Greg Norman, Nick Faldo, Rory McIlroy, Dustin Johnson y Severiano Ballesteros). La última vez que Woods vio a todos desde lo más alto fue el 11 de mayo del 2014: llegó a este Masters en el 12.° lugar del listado y ahora quedará 6.°.

Pero más allá de lo que indica el ranking, la grandeza en el golf se mide en títulos de grand slam. En un principio, Tiger tomó la delantera respecto de Jack Nicklaus, un pulso imaginario con diferencia en el tiempo y atendiendo que se trata de un deporte mucho más competitivo hoy que cuando el Oso Dorado brilló, entre las décadas de los 60 y 80. A saber: Woods ya se había llevado su primer major a los 21 años (Masters del 97), mientras que Nicklaus tuvo que esperar hasta los 22 (el US Open de 1962).

Cuando ambos tenían 26 años empezó a expandirse la brecha: Tiger ya acumulaba ocho certámenes grandes y duplicaba los cuatro del oriundo de Ohio. A los 31 años de las dos estrellas, el ritmo ganador de Woods no se detenía, aunque la diferencia entre uno y otro ya se había reducido: 13 contra 9. Y ya los dos con 36 años quedaron empatados en 14 majors.

Lo que vino después fue el estancamiento del californiano, que se plantó en aquellos hasta 2008. En cambio, Nicklaus siguió disfrutando de años de muy alto rendimiento en plena madurez. Aprovechando la competencia ante menos adversarios de nivel con chances de opacarlo en el PGA Tour, supo recolectar 17 hasta los 43 años, la misma edad que tiene Tiger hoy, que este domingo agregó una nueva joya. Sin embargo, el Oso Dorado se dio un enorme gusto al consagrarse a los 46 en el Masters de Augusta de 1986, ya cuando un golfista empieza a pensar en la gira de veteranos. Así, disfrutó de los máximos trofeos durante 24 años y llegó hasta la imbatible cifra de 18 majors, que le proponen todo un desafío al último campeón de Augusta.

“Me tiene temblando en mis botas”, bromeó Nicklaus, y reconoce que Tiger está jugando hoy mejor que cualquier otro golfista. ¿Qué puede pasar en los próximos años? Lógicamente, la salud física será la base fundamental para que Woods finalmente pueda igualar o superar ese mojón. Resultará clave que, temporada tras temporada, elija qué torneos jugar del calendario, una selección que ya viene haciendo para no recargar su castigada espalda con la acumulación de swings, además de esa tensión competitiva generadora de estrés. En el descanso, la recuperación y la oxigenación de la cabeza estará la llave.

Si su organismo no le juega una mala pasada, Tiger puede apoyarse en dos pilares con total confianza que ya atesora: su perseverancia a la hora del mantenimiento físico –es un fanático del entrenamiento, al estilo Cristiano Ronaldo– y su motivación, que está en el punto más alto después de semejante gesta en Augusta National.

Pero este ya no es solo un incentivo personal, sino que también abarca a sus hijos: quiere que Charlie y Sam vean a un padre rozagante deportivamente y apto para levantar trofeos por muchos años más. Desea que las imágenes que se sucedieron el domingo, esos abrazos con los chicos luego del green del 18, se repitan con frecuencia.

Tiger sabe lo que es triunfar en todos los majors y en muchos escenarios: suma 5 Masters, 3 US Open, 3 Abiertos Británicos y 4 PGA Championships. Cuenta con un margen de tres temporadas –hasta sus 46– para empardar a Nicklaus, aunque lógicamente los años pasan para todos y cada vez hay más figuras emergentes en el PGA Tour para dificultar esta búsqueda.

Además, nombres como Rory McIlroy, Dustin Johson, Brooks Koepka, Jason Day y Rickie Fowler, entre muchos otros, estarán al acecho para ponerle vallas a su último gran objetivo: ser el más ganador en títulos grandes. No dependerá solo de él, pero tiene con qué.

De vuelta a lo más alto, tras 11 años de sufrimiento

El 27 de noviembre del 2009, Tiger Woods cayó del pedestal en el que estaba en el golf mundial. Ese día, tras un accidente de tránsito, se descubrió una serie de infidelidades que, primero, le costó su matrimonio con Ellen Nordegren y después estuvo a punto de costarle también su carrera.

Desde un año antes, ya Tiger venía con problemas físicos, pero aun así su enorme talento le permitía seguir brillando: ganó en una pierna el US Open de 2008, tras terminar empatados a la cabeza de la tabla con 283 golpes (-1) con Rocco Mediate.

Fue su major número 14 y nadie tenía en la cabeza que Woods iba a entrar en un cono de sombra. Pocos días después entró por primera vez al quirófano, para operarse el ligamento cruzado de la rodilla izquierda. Estuvo ocho meses por fuera de las canchas.

Aparte de sus problemas personales, Tiger sufrió con su físico. En mayo del 2011, luego de hacer 42 golpes en los primeros nueve hoyos de The Players, se retiró del torneo aquejado de dolores en la rodilla y en el tendón de Aquiles. Dos meses después cortó su relación profesional con el cadi que lo acompañó en sus mejores años, Steve Williams.

En 2012 y 2013 tuvo un regreso fugaz al primer lugar del escalafón mundial, pero después los dolores de espalda se hicieron insoportables. En abril del 2014 le hicieron una primera operación, por la cual se perdió por primera vez el Masters desde 1996. En septiembre del 2015 lo volvieron a operar, pero los resultados no fueron buenos, y un mes después Woods anunció una “pausa indefinida”.

La quinta y definitiva cirugía en la espalda fue en abril del 2017, cuando decidió tomar un camino arriesgado: una fusión de vértebras. Eso implicaba que no podría volver a jugar el resto del año, inicialmente, pero si las cosas no salían, podía ser el fin de su carrera.

Las cosas no parecían salir bien. El 29 de mayo del 2017, Tiger Woods fue detenido por la policía, acusado de conducir bajo los efectos de sustancias tóxicas. Había mezclado varias medicinas para tratar de aliviar los dolores de espalda.

“No me di cuenta de que la mezcla de medicinas me había producido un efecto tan fuerte. Soy consciente de la gravedad de lo que hice y me responsabilizo por ello”, explicó entonces.

No me di cuenta de que la mezcla de medicinas me había producido un efecto tan fuerte. Soy consciente de la gravedad de lo que hice y me responsabilizo por ello

Woods se armó de paciencia. Lo primero era recuperar su salud. Luego, si podía, pensaría en competir de nuevo. “Mi agenda es la que me dice el cirujano”, dijo en octubre del 2017. Volvió a pisar un campo de golf en diciembre del 2017, para jugar el Hero World Challenge, el torneo en el que siempre fue anfitrión.

En 2018, el californiano dio muestras de que podía volver a ser el de antes: peleó por el título en los dos últimos majors: fue sexto en el Abierto Británico y llegó como líder a la última ronda del PGA Championship. Cerró la temporada ganando The Tour Championship. Y el domingo pasado volvió a ganar el Masters de Augusta. Otra vez se subió al pedestal.

GASTÓN SAÍZ 
LA NACIÓN (ARGENTINA - GDA)

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