Rahm, el golfista que domó su carácter para ser el número 1 del mundo

Rahm, el golfista que domó su carácter para ser el número 1 del mundo

Esta es la historia del segundo español en llegar a lo más alto de la clasificación mundial. 

Jon Rahm

Jon Rahm, nuevo número uno del mundo, celebra con su cadi el triunfo en el Memorial Tournament.

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AFP

Por: José Orlando Ascencio
27 de julio 2020 , 09:19 p.m.

La consagración del español Jon Rahm, como nuevo número uno del mundo del golf, no pudo ser más emotiva: entre lágrimas, recibiendo el trofeo de campeón del Memorial Tournament de manos de Jack Nicklaus, el mejor jugador de la historia de este deporte.

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“Me comprometí con ese objetivo desde muy joven, cuando tenía 13 o 14 años. Comencé a trabajar por eso y todo lo que he hecho en el golf ha sido para ser número uno del mundo, para convertirme en el mejor jugador que pueda ser. Es increíble pensar que haya sucedido esta semana”, dijo Rahm el pasado 19 de julio, al ganar su primer torneo en el PGA Tour en esta temporada y el cuarto en su carrera: ya en enero de 2017 se había impuesto en el Farmers Insurance Open; en el 2018, en el CareerBuilder Challenge, y en el 2019, en el Zurich Classic de Nueva Orleans.

Ese pronóstico que hizo Rahm lo ratifica su primer maestro, Eduardo Celles, quien lo recibió en su escuela en Bilbao cuando la madre de Jon, Ángela, lo puso en sus manos: “Jon le pegaba muy fuerte a la bola, tenía mucha ilusión por el golf. A los 14 años me dijo, camino a la escuela: ‘Eduardo, voy a ser el número 1 del mundo’ ”.

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Era 2008. Ya Nicklaus había marcado el camino en el golf y ya Tiger Woods había tenido su brillante irrupción en este deporte, con 14 victorias en los majors. Pero el espejo de Rahm no era ninguno de ellos. Su ídolo había nacido en su propio país. Se trata de Severiano Ballesteros, el primer español en llegar a lo más alto del escalafón mundial. Lo hizo en 1986, cuando aún faltaban ocho años para que naciera Rahm (el 10 de noviembre de 1994).

Me comprometí con ese objetivo desde muy joven, cuando tenía 13 o 14 años. Comencé a trabajar por eso y todo lo que he hecho en el golf ha sido para ser número uno del mundo

“Juego al golf por Seve Ballesteros y sueño con emularle y alcanzar todo lo que él ha logrado en el golf. Mi admiración por él será eterna. Quiero darle las gracias a mis padres por enseñarme el camino y la disciplina para llegar a donde hoy he llegado”, dijo Rahm cuando apenas comenzaba a abrirse camino en este deporte.

Pero no solo Seve fue su espejo. Había otros dos españoles que también fueron ejemplo, ambos ganadores de majors: José María Olazábal y Sergio García. “La verdad es que cada golpe de Seve me enseñaba el camino a seguir. Olazábal me ha demostrado que la constancia tiene premio y de Sergio García he aprendido a no tirar la toalla cuando las cosas se quedaban en el aire por un solo golpe, porque al final trabajando él también pudo vestirse con la chaqueta verde del Masters de Augusta”, expresó.

Exigente consigo mismo, Rahm empezó a buscar la forma de seguir creciendo. Consiguió el apoyo de la Federación Española y se fue a vivir a Madrid, donde entró a la Escuela Nacional Blume para perfeccionar su juego. Y después decidió irse a Estados Unidos, para jugar por la Universidad de Arizona State.

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Cuando llegó a este país, Rahm no hablaba inglés. Y eso le causó algo de rechazo. Incluso en algún momento pensó en devolverse a España, pero finalmente decidió luchar.

“Como inmigrante hispano en Estados Unidos, aunque ni siquiera estoy cerca de experimentar lo que algunas personas han sufrido en este mundo por discriminación, sí he podido comprobar cómo por el solo hecho de hablar español, incluso conmigo mismo, me han mirado mal y de forma despectiva”, le dijo Rahm al diario español El País.

Eso lo fue solucionando poco a poco, primero, con el conocimiento del idioma; segundo, con un mánager en Arizona que lo hizo crecer aún más como golfista, y, finalmente, porque encontró el amor en suelo estadounidense: conoció a Kelley Cahill, hoy licenciada en biología, que estudiaba en la misma universidad y que también es deportista: hizo parte del equipo de tenis y practicó lanzamiento de jabalina. Se casaron en diciembre del año pasado en Bilbao.

Su etapa universitaria fue brillante. Durante 50 semanas fue número uno de la clasificación mundial amateur, fue dos veces ganador del Premio Ben Hogan (2015 y 2016) y obtuvo 11 victorias. En ese 2016 jugó sus dos primeros torneos de grand slam: fue el mejor aficionado del US Open (puesto 23) y también superó el corte en el Abierto Británico.

Una nueva lucha

Además de lidiar contra la barrera del idioma (una batalla que ganó holgadamente, porque hoy tiene un inglés como cualquier nativo estadounidense), Rahm tuvo que pelear contra otra cosa para abrirse pasó: su carácter.

Está comprobado desde niño que no le gusta perder. “Yo valoro un segundo puesto, un tercero, pero como competidor quiero ganar. Es así de simple. Vivo para competir”, ha dicho en más de una ocasión. Y a veces eso le jugaba en contra.

“Es un jugador muy caliente, pero lo sabe canalizar muy bien. De pequeño se mosqueaba muchísimo y luego lo transformaba en birdies o águilas, mientras los demás, o al menos yo, perdía la naturalidad en cuanto me enfadaba”, explicó Mario Galiano, uno de sus amigos y compañeros en la época de Blume, al diario La Vanguardia.

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“Ama tanto competir y ganar que a veces le supera. Ya era así cuando era amateur y yo lo veo como algo positivo, es una muestra de que vive el golf al cien por cien”, dijo otro compañero suyo, Scott Fernández, junto al que Rahm se coronó campeón de España en 2014.

Jon Rahm

Jon Rahm, golfista español.

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Pero no siempre fue así. Una vez fue expulsado de un torneo por una mala reacción y en otra rompió las marcas de salida en un hoyo por haber hecho un mal tiro, a pesar de que iba ganando por amplio margen.

Poco a poco, Rahm ha trabajado también en ese control mental y para ello ha puesto como ejemplo a otro ídolo del deporte español, pero no en la misma disciplina: el tenista Rafael Nadal.

Me gustaría ser como Rafa Nadal, que tiene esa rabia, es un gran competidor y lo tiene bajo control. Posee una gran fuerza mental. Ahí es hacia donde intento caminar. Es un trabajo continuo

"Me gustaría ser como Rafa Nadal, que tiene esa rabia, es un gran competidor y lo tiene bajo control. Posee una gran fuerza mental. Ahí es hacia donde intento caminar. Es un trabajo continuo. Esas ganas de ganar, esa rabia, hay que tenerlas, y me han ayudado mucho”, explicó.

Esa rebeldía también la aplica para que en España le den al golf la importancia que se merece. En una entrevista con el periodista Iñaki Cano, del diario 20 Minutos, lanzó munición gruesa: “Solo hablan de nosotros cuando ganamos o hacemos un hoyo en uno. Y, tú que eres de fútbol y golf, debes hacer todo lo posible para que los aficionados no golfistas valoren lo que lleva haciendo Sergio García por España y por este deporte. Hacer portadas cuando se gana es fácil, pero debes encontrar un hueco para alguien que lleva años estando entre los diez mejores del mundo y no solo cuando falla”.

Hacer portadas cuando se gana es fácil, pero debes encontrar un hueco para alguien que lleva años estando entre los diez mejores del mundo y no solo cuando falla

Y aunque les lanzó un dardo a los periodistas que solo hablan de fútbol, también es fanático de este deporte, y específicamente del Athlétic de Bilbao, un amor que ya le transmitió a su esposa, quien, al igual que él, se confiesa hincha de ese club. Rahm también jugó al fútbol en su niñez: aprovechando su estatura (hoy mide 1,91 metros) fue arquero. Y uno de sus grandes amigos es un referente del Athlétic, Aritz Aduriz, quien, poco antes de su retiro, le rindió un homenaje a Rahm en un partido en el que estaba en las gradas: cobró un penalti simulando un putt, con un golpe seco y a poca distancia de la pelota.

La consagración y su ascenso a lo más alto del golf mundial se dio el pasado domingo 19 de julio en Dublin, Ohio, en un torneo que se jugó en condiciones difíciles, que tuvo una suspensión por lluvia, pero en el que finalmente se impuso por amplio margen, tres golpes de ventaja sobre el segundo, Ryan Palmer.

Llegó a estar ocho arriba y el triunfo pudo haber sido por cinco, de no ser por una penalización de dos golpes: en el hoyo 16, en el que había hecho birdie, fue castigado porque cuando hizo el approach para sacar la bola del rough, esta alcanzó a moverse. Pero eso no empañó un torneo inolvidable.

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“Desde muy joven quería ser el mejor golfista del mundo. Ser el segundo español y uno de los pocos europeos en lograrlo es un sentimiento único. Es una motivación adicional en mi carrera, pero sinceramente no cambiará mi vida personal. El golf es mi trabajo, pero no mi vida entera. Seguiré tratando de ser el mejor esposo y padre que pueda”, declaró al final del torneo.

Seve no pudo ver al segundo español en llegar a lo más alto del golf mundial: murió en 2011. Pero lo que sí es seguro es que Rahm, con un carácter ya domado, quiere alargar ese legado.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes
@josasc

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