El tesón de Pancha para sobrevivir con el baloncesto

El tesón de Pancha para sobrevivir con el baloncesto

La colombiana, que triunfa en EE. UU., lucha por su sueños, tras la muerte de su mamá adoptiva.

Pancha

La colombiana María Esperanza Delgado es una de las jugadoras con mayor proyección en el baloncesto de Estados Unidos. Ha recibido reconocimientos.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

03 de octubre 2018 , 09:42 a.m.

En una calle del barrio San Miguel, de Bucaramanga, una pequeña de cuatro años de edad veía cómo la vida pasaba sin que ella la entendiera. Miraba a la derecha y no había nadie, miraba a la izquierda, y tampoco. Se sentía sola. Un “ciudadano”, como lo describió y al que no recuerda muy bien en su físico, le habló, le preguntó por sus familiares, respuesta que ella, María Esperanza Delgado, nunca tuvo y de momento no tendrá. Esta talentosa basquetbolista colombiana se ha formado con tesón.

Pancha, como le gusta que le digan sus amigos más cercanos y familiares, ya tiene 22 años y, gracias a su amor por el baloncesto, está triunfando en las ligas universitarias de Estados Unidos. Ni los golpes que le ha dado la vida desde muy pequeña han borrado sus ganas de cumplir sus metas, sino que los convirtió en una motivación muy especial.

A muy temprana edad, su vida sufrió un cambio. De estar de la mano con sus padres biológicos, de jugar con sus muñecas y peluches o estar corriendo con la inocencia de una niña, pasó a caminar por las calles de este barrio de la capital de Santander sola y desamparada. Una vez fue hallada y remitida a la policía, y de ahí al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Fue un giro de 180 grados; estaba abandonada en el mundo.

En el ICBF, su vida se transformaría para bien. “Soy adoptada”, afirma sin ningún problema y con mucho carácter. “Esperanza Delgado Suárez me adoptó cuando tenía cinco años. Por esa época, mi mamá (Esperanza), que era la directora del ICBF, estaba dictando un seminario y en una de sus charlas aseguró que quería ser madre, que quería adoptar. Por cosas de la vida le contaron que había llegado una niña, que se desconocían sus padres; me describieron, y mi mamá dijo: ‘Esa es mi hija’. Fue ahí cuando comencé mi vida con ella”, le contó Pancha a EL TIEMPO.

Pancha

María Esperanza con su madre adoptiva.

Foto:

Archivo particular

Fue como vivir en un paraíso. Esperanza Delgado tomó la decisión de adoptar a esta indefensa niña a los 48 años. Una edad que podía ser un arma de doble filo, pero que ella supo aprovechar para darle una vida llena de amor y cariño.

...La crianza de Pancha fue bajo la premisa de una libertad controlada para crear un carácter luchador, una exigencia por el éxito y la fuerza para nunca desfallecer. Quizá Esperanza sabía que en algún momento partiría. Pero lo importante era brindarle a su pequeña los mejores momentos. Siempre la animó a explotar el mundo, a realizar lo que a ella le gustara y en donde se pudiera desarrollar.

Otra estocada

Triunfando en la Asociación Nacional Americana de Junior College (NJCAA, por su sigla en inglés), María Esperanza sufriría un golpe seco, sin poder hacer nada. Su mamá partió de este mundo sin poder despedirse. Volvió a quedar desamparada.

“Primero quiero decir que mi mamá lo era todo para mí. Yo estaba en Estados Unidos cuando recibí la noticia. Un martes estaba bien, el miércoles tuvo dolor en la parte baja de la espalda. A mí me llamaron a contarme todo. La llevaron al médico, le dieron un calmante para el dolor, no le hicieron exámenes, no la tocaron. Solo le dieron medicina para el dolor. Eso fue el miércoles. Yo la llamé el jueves; no pude hablar con ella de inicio y después, sí. El sábado, mi mamá estaba adormecida y tenía dolor y no se podía mover. El domingo en la mañana, mi mamá se sintió muy mal, la llevaron a la UCI del hospital Los Comuneros. Yo vi mi celular, y en el chat de la familia hablaban todos los tíos. De inmediato llamé a mi tía y me pidió tranquilidad, que mi mamá estaba estabilizada”, narró con un tono de voz quebrado.

Pero las horas pasaban, y la paciencia no era la misma. La fe se mantenía, pero era condicionada. “Luego, mi tía me llamó y me dijo que mi mamá había salido de dos paros cardiorrespiratorios, pero que ella estaba bien; la escuché muy angustiada, pero yo tenía la fe de que no pasaría nada. Ahí fui a donde un amigo español a esperar antes de viajar a Colombia. Fueron mi entrenador del equipo, una jugadora belga, una eslovaca, y yo estaba rezando. Me volvió a entrar la llamada de mi tía, y me dijo que mi mamá había muerto. Lloré muchísimo, todo el mundo me agarró. Fue el momento más duro de mi vida, ¡el más duro de mi vida!”, relató desgarrada por el dolor del recuerdo.

El deporte, su aliado

Desde muy pequeña, Pancha vio que en el deporte estaba su forma de vivir. Comenzó practicando natación, patinaje y hasta tenis. Sin embargo, todos los días se paraba a ver los entrenamientos de la escuela de baloncesto de Iván Olivares. Se fijaba mucho en la estética de este juego, y en momentos de los partidos movía su cuerpo para intentar, desde las barreras, poder encestar.

Yo estaba muy chiquita, y mi mamá decidió meterme a deportes. Comencé haciendo patinaje y natación en Recrear, en Bucaramanga. Allí estaba ubicada la escuela de baloncesto de Iván Olivares

“Yo estaba muy chiquita, y mi mamá decidió meterme a deportes. Comencé haciendo patinaje y natación en Recrear, en Bucaramanga. Allí estaba ubicada la escuela de baloncesto de Iván Olivares. Siempre, después de mis entrenamientos, me bajaba a las canchas de básquet a ver los partidos y entrenamientos. Yo tenía cinco años. Esa semana lo hice varias veces. Adriana Sánchez, la esposa de Carlos Parra (directivo del baloncesto), me vio, y ella se me acercó y me preguntó si quería jugar. Lo dije que sí, pero estaba muy pequeña. En la escuela recibían niños desde los seis años, y yo tenía tan solo cinco. Ella me mandó a decirle a mi mamá para ver si podía hacer una prueba. Fui, me vieron, y desde ahí comencé a jugar baloncesto”, recuerda.

Siempre le ha gustado jugar como poste. Jugaba en todas las funciones, pero era el ‘4’ del equipo. En este momento, así la talla no me dé, juego de poste. Hoy, con mis 1,71 metros, me desempeño de la mejor manera allí”, agregó Pancha.

Su llegada a Estados Unidos fue algo por lo que siempre trabajó, algo que soñó. El comienzo no fue fácil. Una vez terminó su colegio tuvo que irse a estudiar inglés a Australia, seis meses. Regresó e hizo cuatro semestres de odontología en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga. Fue entonces cuando le hicieron la llamada de su vida.

Cuando estaba terminando el cuarto semestre de mi carrera me entró la llamada de Eliana Fernández, que se fue de Colombia a trabajar a Estados Unidos. El entrenador de ella estaba pidiendo jugadoras y se contactó conmigo por intermedio de la mamá del jugador de la Selección Colombia Hansel Atencia, y le dije que sí, que estaba interesada. Le conté a mi mamá, le consultó a mi tía, y me apoyó siempre porque sabía que era lo mejor. En agosto 17 de 2015 comencé mi vida en el baloncesto estadounidense. Conseguí mi primera beca”, añadió.

Y es que María Esperanza ha brillado con luz propia en Estados Unidos. La santandereana estuvo en el First Team All-American (primer equipo de la nación) de la NJCAA. Con Northeastern Oklahoma A&M fue la mayor anotadora y mejor basquetbolista de la temporada. Ha pasado por otros dos equipos, en los que también se ha destacado. El baloncesto le ayuda a olvidar sus momentos más difíciles.

Fuerte carácter

Además de practicar el baloncesto, Pancha estudia sociología y, a partir de ella y de todo lo que su madre le enseñó, tiene un plan B en su vida si no se convierte en jugadora profesional: ayudar a niños en Colombia es su misión desde su propia fundación.

“Las fuerzas para salir adelante fueron gracias a su educación, porque me hizo independiente, libre y que tomara buenas decisiones. Y eso fue lo que pienso que ella sintió. Trato de hacer las cosas bien y con transparencia. Me formó de una manera increíble y se lo agradeceré en la vida”, dijo, y luego añadió: “Recuerdo que a lo largo de mi infancia, muchas personas criticaron la educación que me dio mi mamá porque siempre fue muy libre. Eran cosas que veían que era así, pero mi mamá me dio libertad para ser una persona autónoma y libre, y cuando ella murió entendí el porqué. El mayor miedo de ella fue dejarme sola muy pequeña, pero me dejó grande para seguir su legado”.

Pancha

Una de las grandes pasiones de Pancha es compartir tiempo con su familia y amigos cercanos.

Foto:

Archivo particular

Las oportunidades que tuvo Pancha quiere llevarlas para que otros niños las tengan. “Asociación para el Desarrollo, Amar y Servir es mi fundación, que tiene el propósito de trabajar por la niñez. Pienso meter muchas cosas de desarrollo de la niñez. Quiero poder ayudar a muchos niños talentosos, por lo que viví. Lo merecen”, concluyó.

La niña que caminaba por las calles del barrio San Miguel ya no lo hace sola, aunque así parezca. Detrás de ella hay grandes enseñanzas y un carácter potente para poder jugar baloncesto profesional, así como unos amigos que la acompañan. Feliz, como suele estar, sigue en pie de lucha para seguir haciéndole frente a una vida que no ha sido injusta con ella, pero sí le ha dado vivencias para fortalecer el alma. El deporte, especialmente el baloncesto, es su refugio, y ahora le hace un dribbling al dolor para poder conquistar Estados Unidos con su talento.

FELIPE VILLAMIZAR
EL TIEMPO
En Twitter: @FelipeVilla4

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