Las anécdotas desconocidas de la infancia de Caterine Ibargüen

Las anécdotas desconocidas de la infancia de Caterine Ibargüen

El DT, una compañera del colegio, entre otros, relatan momentos con la mejor atleta del mundo.

La infancia de CaterineCaterine Ibargüen
Caterine Ibarguen

EFE

Por: Lisandro Rengifo
17 de diciembre 2018 , 10:38 a.m.

La pista del estadio municipal de Carepa, Antioquia, eje de la zona bananera, no está apta, no sirve para las competencias de atletismo, por eso, las delegaciones de los 11 municipios no pudieron llevar a cabo el final del atletismo de los Juegos Regionales en ese escenario, en busca de seleccionar los deportistas que representarán a esa región en la fase departamental, que será del 12 al 21 de diciembre en Rionegro, Carmen de Viboral y Guarne.

Una vez la organización de los Regionales se dio cuenta de que era imposible hacer las competencias, comenzaron la labor de inspeccionar las calles pavimentadas de Carepa para que decidir dónde se disputarán las competencias de relevos. Midieron varios sectores, la idea era que fuera una calle larga, sin huecos y tomaron la determinación de hacerla en la calle 20 de julio, cerca de la carretera principal que comunica al resto de municipios bananeros.

Los atletas estaban inquietos, sabían que era la única oportunidad de pelear un cupo para la fase departamental y sin importar que el asfalto fuera el mejor calentaron.
Los relevos de 100, 200, 300 y 400 metros partieron. Cada uno de los participantes llevaba en su mente a su ídolo del momento, para ellos, la figura de Caterine Ibargüen Mena es sinónimo de superación, de triunfos, de un salto a la victoria, por eso cada uno dispuso lo mejor. Algunos con tenis rotos, otros con una camiseta con el letrero de su municipio que casi no se leía por lo vieja y unos más descalzos, sin importarles que una piedra se metiera en su pie y dejara atrás la oportunidad de ser uno de los seleccionados.

Wílder Zapata y Diana Murillo y Diana Rivas estaban pendientes de sus atletas. Ellos tres forman parte del grupo de técnicos y de descubridores de talentos del atletismo de Apartadó y todos tienen algo que ver con Caterine.

Caterine Ibargüen

Catherine Ibargüen, atleta colombiana.

Foto:

AFP

Zapata fue quien la descubrió, Murillo estudió y comenzó en el atletismo con ella y Rivas vivió en la Villa Deportiva de Medellín con Ibargüen. Cada uno tiene su historia, relata cómo vivieron momentos importantes en sus vidas con la mejor atleta del mundo del 2018. Se les iluminan los ojos cuando hablan de Caterine, se sienten orgullosos por haber estado tan cerca de ella, por ser testigos de su crecimiento deportivo y personal y no se cansan de repetir que la atleta de 34 años se merece todo lo que le pasa.

No hay turnos para que hablen de Ibargüen, cada uno quiere hacerlo y hasta se pisan en sus comentarios. Zapata es el más incisivo, claro, es el que más la conoce, la descubrió en un chequeo rutinario que hizo en el colegio San Francisco de Asís. En fin, los tres son unas ‘cajitas de música’.

Wílder les da indicaciones a los atletas juveniles que están a punto de competir. No les habla al oído, los reúne y les dice cómo hay que hacer para ganar, hace énfasis en que en la entrega y la recepción del testimonio y la velocidad está la clave para el triunfo.

Se voltea, le da la espalda al sol, habla de Caterine, se ríe antes de contar las curiosidades, lo que vivió con ella.


Se refirió a Wílmar Murillo, que conoció a Caterine. Era uno de los atletas que compartían concentración con ella y, además, viajaba, pero había una particularidad en él: se la ‘tenía montada a Ibargüen’, no la dejaba en paz, le decía cosas, se le burlaba, la recochaba, en fin, cada vez que la veía aprovechaba para molestarla.

Caterine Ibargüen

Esta es la cuarta medalla de oro en las olimpiadas para Colombia. Caterine logró junto a María Isabel Urrutia, Mariana Pajón y Óscar Figueroa sellar un logro histórico para el país.

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Caterine puso las quejas, pero nadie la escuchó. Ningún directivo ni técnico le ‘paró bolas’. Un día, Ibargüen se encontró con Wílmar y, como siempre, este hizo su tarea, pero en esa ocasión la atleta colombiana estaba de ‘malas pulgas’, su genio no era el mejor y le dijo que no la molestara. Murillo no entendió el mensaje y siguió, de un momento a otro, Caterine empuñó su mano y le lanzó un golpe en la cara. Cual boxeador encima del cuadrilátero, Wílmar tambaleó y se fue a la lona, en este caso al piso, se levantó, se llevó la mano derecha a la boca, emanaba sangre y se dio cuenta que el recto de derecha le voló un diente. Esa vez, Caterine fue sancionada. “No me acuerdo cuál fue la suspensión, pero lo que creo, es que en alguna parte de la mano debe estar marcado el diente de su compañero”, recordó Zapata.

En otra ocasión, el director del Índer de Apartadó le entregó unos spikes (el calzado especial para los atletas) a Zapata para que nos repartiera. De una, sin pensarlo, destinó un par para Caterine. Eran de color negro, estaban nuevos, pero eran para pruebas de velocidad, no para los saltos. Sin embargo, Ibargüen los calzó y cuando terminó la competencia, con un triunfo, como siempre, Zapata fue a donde estaba ella y le pidió los zapatos. Caterine se los entregó y cuando Wílder los examinó se dio cuenta de que estaban despegados, rotos, los dejó inservibles. “Ahí me di cuenta de que la fuerza que utiliza Caterine para saltar es inusual, brutal, parece de un hombre. ¿Destrozar los zapatos? Increíble, la verdad”, contó el DT.

Alguna vez, en el estadio Santiago Santacruz de Apartadó, Zapata citó al grupo para el entrenamiento. Ese día Ibargüen estaba despachada, feliz, inmensamente feliz. Se reía por todo, le buscaba la charla a sus compañeros, disfrutaba de la recocha, de molestar. Wílder se dio cuenta de que no quería entrenar y que el objetivo de ella era, sin querer queriendo, sabotearle la práctica, pero no lo consiguió. Zapata se puso serio, dejó de dar indicaciones, se puso de frente a Caterine y la enfrentó. “La regañé. Le dije que no la quería en el entrenamiento y la expulsé. Ella, salió de la práctica y se sentó a un lado de la cancha y se puso a llorar. Le dije que se fuera para la casa y lo hizo”, contó Zapata. Eso fue clave en la vida de Caterine, porque el entrenador le dijo que necesitaba hablar con los acudientes y él se reunió con Ayola Rivas, la abuela de Ibargüen, y formalizaron un solo grupo de trabajo.

Caterine Ibargüen

Caterine Ibargüen, atleta colombiana.

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“Luego de eso no tuvimos problemas. Lo que hicimos fue aunar fuerzas, vincular a la familia en ese proceso llamado Caterine Ibargüen y recibimos mucho apoyo para que ella estudiara y tuviera el aval de la familia para entrenar. Ellos fueron a mi casa y de palabra firmamos ese compromiso”, declaró Wílder.

En la Villa Deportiva, en Medellín, Caterine siempre llamaba a su compañera de cuarto, Diana Rivas, para que la peinara. “Le gustaba que le hiciera trenzas, algunas veces rastas, pero recuerdo que una vez alguna deportista que vivía ahí mismo se burlaba de mí, no sé qué le disgustaba, tal vez se aprovechaba porque yo era pequeña. En alguna ocasión, yo estaba con Caterine y la muchacha llegó a molestar, Ibargüen la encaró, pero la otra no se dejó. Caterine le pegó patadas y no volvió a molestar”, precisó Rivas, muerta de la risa.

Es que nosotros queríamos llegar rápido y competir, defender el colegio y lo hicimos

Murillo fue más allá. Contó la odisea que vivieron en un viaje entre Apartadó y Medellín, iban a competir en unos Juegos Intercolegiados. Diana y Caterine estudiaban en el San Francisco de Asís y fueron seleccionadas. El traslado fue tortuoso. El primer trayecto fue en carro, pero se varó. En la carretera paramos un jeep Willis, se montaron algunos de la delegación, pero en alguna parte del trayecto se presentó un derrumbe, por ende, les tocó bajarse del auto, pero la idea de llegar y competir estuvo siempre, no podían fallarle a la cita. Bajaron al río, se montaron en una chalupa. A esa altura el viaje ya llevaba 10 horas y la delegación de Apartadó no llegaba a su destino. Tras la chalupa, volvieron a coger carretera, esta vez los deportistas se pararon en la vía y le pidieron el favor a un conductor de un furgón que los transportara, el conductor les pidió $100.000 y ellos cuadraron el viaje. Luego de 20 horas y casi sin comida, la delegación llegó a Medellín. “Éramos entre 22 o 25 personas. La verdad, nunca habíamos vivido una situación con tanta angustia. Es que nosotros queríamos llegar rápido y competir, defender el colegio y lo hicimos”, relató Diana, quien se especializó en la impulsión de la bala, pero hoy entrena a nuevas figuras y educa a su hijo.

Caterine Ibargüen

Caterine Ibargüen, la mejor atleta del 2018.

Foto:

AFP

José Íber Cuesta, conocido en el barrio Obrero como ‘Bubalú’, es un hombre de fuerte contextura, que se levantó con Caterine, la vio jugar voleibol y comenzar en el atletismo.

‘Bubalú’ se enorgullece cuando habla de la atleta que ha ganado la Liga de Diamante en seis ocasiones, cinco de ellas en el salto triple y una en el salto largo, pues la conoce como la palma de su mano. Le lleva tres años, salían a entrenar juntos, porque él fue lanzador. Vive a cuadra y media de los Rivas y era un constante visitante. Es tan buena la amistad desde la infancia, que José tiene un restaurante y Caterine le hizo un video invitando a la gente a que fuera al lugar.

muchas veces íbamos a entrenar con hambre, pero ella logró ganar esa batalla

“Ella (Caterine Ibargüen) se merece todo lo que le ha pasado porque su vida fue muy dura, es de las pocas del grupo que le ganó al hambre, lo digo porque muchos de nosotros, y ella, muchas veces íbamos a entrenar con hambre, pero ella logró ganar esa batalla. Recuerdo que llevábamos bolis o sobres de sabores, los mezclábamos y con galletas o un pan calmábamos por el momento la ansiedad de comer. Fueron días duros, comíamos en el intermedio o después de los duros entrenamientos”, contó Cuesta.

Cuesta es uno de los que la conoce de cerca, asegura que fue de las pocas que sorteó la vida, que superó los obstáculos, porque algunas de sus compañeras eran buenas atletas, pero terminaban embarazadas o dedicadas a otros trabajos.

Caterine se dedicó al atletismo y mire a dónde ha llegado. Ella era inocente, así como ustedes la ven en la televisión, con sus juegos, su sonrisa, levantando los brazos, así era ella acá en Apartadó”, cuenta ‘Bubalú’.

Caterine Ibargüen

Estadio Caterine Ibargüen.

Foto:

Juan David Jaimes / CEET

A él no se le borra de la mente un hecho curioso. Cierto día, a las 6 de la mañana, estaba citado el grupo de atletas para entrenar, pero Ibargüen no llegó. Wílder Zapata, el DT, cogió la bicicleta y fue por ella. La sacó de la cama y llegó con Caterine sentada en el manubrio y en medio de un mar de lágrimas.

Ella lloraba mucho, por eso es que digo que era inocente. Fue la mejor cuando hicieron los chequeos, esos que programaban entre los profesores del colegio y los del Inder. Ibargüen fue la mejor en la velocidad, en los saltos, por eso ella practicó las pruebas múltiples, pero se quedó en el salto alto, triple y largo, porque rindió al máximo allí”, dijo Cuesta.

Mientras se limpia el sudor de la cara, ‘Bubalú’ sigue recordando viejas épocas, levanta la cabeza y se ríe, muestra la dentadura blanca, muy parecida a la que tiene su amiga de infancia y comienza a rememorar cuando, a veces, les tocaba entrenar sin zapatos, porque cuando la pista del estadio de Apartadó era de arena, pues el barro les llegaba hasta las rodillas y tiempo después cuando se utilizó la carbonilla, el fango era el mayor enemigo.

“A todos no nos gustaba, nos fastidiaba, pero había que entrenar. Caterine lo daba todo, no le importaba que la pista estuviera enfangada, ella corría con o sin zapatos y lo hacía bien, con las mejores marcas, por eso es que le va bien, porque fue la única del grupo que superó las adversidades, porque muchas veces entrenaba todo el año esperando la competencia intermunicipal y no se hacían, no había plata para el viaje y como se todo se truncaba”, agregó.

Caterine Ibargüen

Wilder Zapata, DT que descubrió a Caterine Ibargüen.

Foto:

Juan David Jaimes / CEET

Zapata retomó la palabra. Se impulsó, como si le estuviera diciendo a uno de sus dirigidos cómo alistarse para cuando sonara el pistoletazo y salir a correr. Contó un hecho que le relata siempre a sus dirigidos. Lo hace porque ha sido testigo de que muchos de los atletas que han comenzado se han ido, se han retirado por diferentes causas y con unas condiciones hasta mejores que las de Ibargüen, pero les pesa la responsabilidad, no superar el poder de sufrimiento y el amor por el deporte.
Con varios de ellos ha hablado y le comentan que si hubieran seguido estarían como Caterine, triunfando.

Uno de ellos es José Abel Palacios. Zapata se acuerda mucho de él, porque tenía un potencial inmenso, pero pudieron más otras cosas que le impidieron llegar lejos.
Cuando Caterine ganó la medalla de bronce en el salto triple en el Mundial de Daegu (Corea) en el 2011, en Apartadó se organizó una bienvenida. La población se volcó a las calles, Ibargüen iba encima del carro de bomberos, parecía una reina, bueno, era la reina, en ese tiempo del atletismo. La caravana pasó por el centro del municipio, por una calle que se estaba pavimentando y uno de los obreros que echaban pala era Palacios, quien levantó la mano y la saludó. Caterine Ibargüen, en medio de la fiesta, lo reconoció, hizo parar el carro y le dijo: “Si hubieras seguido en el atletismo estuvieras acá conmigo”. Palacios agachó la cabeza y siguió echando pala, pensando en que pudo haber sido uno de los mejores atletas del país y del mundo, como Caterine.



LISANDRO RENGIFO
Enviado especial
Apartadó
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @lisandroabel

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