La experiencia de Éider Arévalo en Australia

La experiencia de Éider Arévalo en Australia

El marchista se sometió a pruebas con dietas de carbohidratos y nutrientes.

Éider Arévalo

Éider Arévalo y las pruebas en Australia.

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@EiderArevalo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de febrero 2019 , 08:10 p.m.


Desde el tres de enero emprendimos camino al otro lado del mundo. Hicimos una parada en Santiago de Chile y luego, 19 horas hasta Sidney, fueron muchas horas, porque cuando llegamos había tormenta y tuvimos que ir a otra ciudad hasta que pasara la tormenta.

Al llegar a Sidney perdimos el bus que nos llevaría a Canberra y tuvimos que quedarnos en casa de una amiga un poco apretados, 6 personas en una habitación. Sin embargo, logramos descansar para el siguiente día coger el bus a Canberra.


Ya era seis de enero cuando llegamos a Camberra, preparados para empezar algo nuevo, diferente, algo que no sabíamos que pasaría.

Desde ese momento entramos a la dieta control, donde todos los atletas consumíamos carbohidratos y nutrientes normales, lo que necesita el cuerpo para un rendimiento óptimo en la marcha atlética, que es una prueba de fondo.

Los primeros cambios que tuvimos fue, empezar a comer comidas totalmente diferentes de lo acostumbrado en Colombia,
cero sancochito, ajiaco o frijolada.

No estoy acostumbrado a comer dulces y eso sí tiene mucho la dieta normal, dulces por montones, principalmente en la noche, también porque en la noche es la comida principal en Australia.

El cambio de un desayuno colombiano, con huevos al gusto, pan o arepa, caldo, calentado etc, aquí es pan tostado con mermelada y jugo de manzana, al menos así estaba en la dieta siempre, con el fin de cumplir con las calorías totales diarias, dependiendo del entrenamiento del día.

Por la falta de forma física en la que llegué se me hizo complicado entrenar muy bien en los primeros días, (hay que tener en cuenta el cambio de horario, 16 horas de diferencia con Colombia).

Eider Arévalo

Eider Arévalo probando en Australia.

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@EiderArevalo


Durante la primera semana empezamos a realizar estudios fisiológicos como: VO2, Consumo de gases en reposo
, hormonas en la noche, controles de glisemia, lactato y cetonas.

También hicimos una carrera de 10 km, un test de 25km para así saber cómo se comportaba nuestro cuerpo en condiciones normales de alimentación, luego repetir todo esto en la semana de intervención que fue cuando empezamos la dieta (LCHF) que por sus siglas en inglés significa, bajo en carbohidratos y alto en grasas.

Todo esto para poder comparar el comportamiento del cuerpo, tanto de dieta alta en grasa, como en dieta normal. Así poder llegar a una conclusión y poder saber si se puede utilizar la energía de las grasas y la energía del glucógeno que es el combustible de los músculos.

Era una incertidumbre antes de empezar la dieta, porque no sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo ante esta dieta.

Los dos primeros días fueron normales porque tenía reserva de glucógeno, pero luego que hicimos un entrenamiento fuerte se acabó la energía por completo, ahí fue donde comenzó el sufrimiento.

Al tercer día me daba vueltas todo, me mareaba con facilidad y sudaba, creo que ese fue el momento en que realmente mi cuerpo se quedó vacío totalmente de glucógeno. Ese día había amanecido con dos kilos menos, por la pérdida total de glucógeno y líquidos.

Cada entrenamiento era un sufrimiento, dolían las piernas, los brazos, por momentos parecía que me iba a dar un calambre. Cada zancada era un dolor constante como si se quemaran por dentro los músculos.

Por momentos daban ganas de llorar, por la sensación tan frustrante de sentir esa sensación en todo mi cuerpo.

Esto realmente es duro, ¿por qué estoy aquí sufriendo?


Llegaron a pasar pensamientos negativos, mientras hacía un entrenamiento largo como: “Esto realmente es duro, ¿por qué estoy aquí sufriendo? Sin embargo, sabía que me sentía así por la dieta y que debía tranquilizarme y pensar claramente, entonces mi pensamiento cambiaba y me decía: “Aguanta, aguanta esto será pasajero”, entonces solo me dedicaba a avanzar y disfrutar del momento.

Suena raro decirlo, pero al distraer mi mente en cosas positivas puedo lograr cualquier objetivo, pensamientos como, disfruta del clima, la brisa, de los árboles que ves a tu alrededor, los animales que ves pasar y hasta del mismo dolor, porque sé que esa capacidad para soportar el dolor después me servirá en cualquier competencia que haga. En mi modalidad cuando se compite, desde que se sale, se empieza a sentir fatiga, porque se compite en umbral de ácido láctico.

Estar entrenando en la dieta baja en carbohidratos se sentía la fatiga, el dolor, pero no era del ácido láctico, sino, del mismo cuerpo intentando buscar energía de las grasas.

Algunas noches tuvimos que hacer exámenes de hormonas, entonces debíamos tener un catéter y mientras dormíamos nos sacaban sangre cada 20 minutos, para ver el comportamiento hormonal. Se sentía cada momento que me movían el brazo y cuando me estaba durmiendo me volvían a despertar.

Eider Arévalo

Éider Arévalo en Australia.

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@EiderArevalo


Hicimos un test de 25km donde marchábamos 5km en la calle y 1km en el laboratorio a mayor velocidad, donde nos median los gases para medir el consumo de oxígeno y el gasto calórico y que fuente de energía gastábamos, si era de las grasas o si era del glucógeno.

Estando en la dieta de intervención (alta en grasas), cuando me subía a la banda a marchar rápido me debía concentrar mucho,
porque la fatiga que sentía era demasiada, lo único que pasaba por mi cabeza, era imaginarme marchando hacia alto de patios vía La Calera, pura montaña. Allí siento casi la misma sensación de fatiga entrenando fuerte.

Un día antes del test de 10000m empecé a consumir carbohidratos, esto fue como, “uff por fin energía”. Con la dieta alta en grasas no se sentía hambre, sin embargo, sabía que al estar en esa dieta no tendría colágeno en mis músculos y seguía soportando el dolor mientras entrenara.

En la mañana antes de hacer la carrera, hicimos un test en el laboratorio de fisiología que era marchar a determinada velocidad
y medir los niveles de glucosa, cetonas y lactato, esto para compararlo con la anterior carrera de diez mil metros que se hicieron los mismos test. Cuando estaba en esas pruebas en el laboratorio me sentía muy fatigado, sin energía, se puede decir que ese fue el calentamiento para ir a la competencia.


“Solo sal a hacer los tiempos que hiciste en la carrera pasada, ¡si se puede!”, esto me decía antes de empezar la carrera, mientras me sentía tieso y sin energía.

Se dio la salida a la competencia y con gran actitud comencé a cumplir con los tiempos que debía pasar por vuelta, ya había pasado cualquier tensión y me decía: “Tranquilo hasta la mitad y a partir de ahí empiezas a aumentar el ritmo progresivamente”.

Cuando llegue al km 5 comencé a aumentar la velocidad y en tan solo un kilómetro se me fue la energía, cuando anteriormente pensé hacer una carrera un poco fuerte al final. Estando en el km6 cuando ya me sentía sin energía iba cada vuelta más lento.

Me mentalicé en aguantar cada vuelta hasta el final, sintiendo la fatiga en cada pasa. “Saber que quieres ir más rápido pero tu cuerpo no responde”. Esto sucedió por la dieta baja en carbohidratos, solo me dispuse a completar la carrera.

Cuando llevaba varios días en la dieta normal en carbohidratos, me sentía más fuerte que antes de empezar la dieta alta en grasas. Cumplí cada entrenamiento que debía hacer.

Claro, hubo algunos entrenamientos fuertes que por más energía que tuviera, sentía dolor muscular. Sin embargo, sentía el cansancio normal de entrenamiento pero podía ir más rápido, primero, porque me sentía con energía y segundo porque, había aguantado toda esa fatiga la semana de dieta de intervención, luego solo era avanzar con fortaleza y pensar en la técnica.

En conclusión sobre la investigación, la dieta baja en carbohidratos para atletas de fondo de alto rendimiento, se puede manejar,
solamente en periodos de tiempo cortos en la preparación, para luego hacer recarga de carbohidratos y por ende carga de glucógeno en los músculos y poder logrera una recuperación más rápida al momento de querer hacer entrenamientos muy fuertes, igualmente antes de competencias, como lo hacen algunos equipos de ciclismo como lo es el Mitchelton donde se encuentra Esteban Chaves, un gran amigo, quien estuvo pendiente de la investigación en la que me encontraba en Australia.

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